4) Una cita perfecta
Thiago:
La noche había caído. El aire fresco se colaba por las ventanas abiertas, moviendo las cortinas con una delicadeza casi hipnótica. Me gustaba ese sonido: el susurro del viento colándose en la habitación, mezclado con el lejano bullicio de la ciudad apagándose poco a poco. Era una de esas noches donde uno se siente más solo de lo habitual, incluso cuando la casa está entera a oscuras, como si respetara ese estado de ánimo silencioso.
Estaba recostado en mi cama, con los brazos detrás de la cabeza, mirando el techo como si esperara alguna respuesta escrita ahí arriba. Mi hermano aún no había llegado. Desde que nos mudamos, sus horarios se volvieron un misterio para mí. Salía temprano, volvía tarde. Y aunque yo también intentaba distraerme durante el día, al llegar la noche, todo lo que sentía se hacía más intenso, más doloroso.
Esto de cambiar de casa era algo a lo que todavía no lograba acostumbrarme. Dejamos atrás todo: amigos, lugares conocidos, rutinas, recuerdos. A veces me sorprendía pensando en mi antigua habitación, en la forma en que la luz entraba por las ventanas por la mañana o en cómo crujía la madera al caminar. Pequeñas cosas que no sabía que iba a extrañar tanto.
Era doloroso. Más de lo que me gustaba admitir y eso que apenas era mi segunda noche aquí.
Pero hoy fue distinto. Hoy fue como una tregua para mi cabeza, como un pequeño curita para el corazón.
Noah.
Pensar en él hacía que algo dentro de mí se ablandara. Había algo en su forma de ser que me resultaba… acogedora. Como si estuviera hecho de ternura y luz. Cuando estuve en su cuarto, hablando de mil cosas, sentía que el mundo no podía tocarnos, que incluso mis pensamientos se estabilizaban. Me miraba con esos ojos suyos tan curiosos, tan vivos, y sin decir mucho, lograba que me sintiera visto, escuchado, entendido. Me desnudaba el alma.
Hoy, cuando nos despedimos, y dije esas palabras. Fue apenas un segundo. Pero lo suficiente para saber que mi corazón latía por él. Suena raro porque a pesar de conocerlo hace algunos meses... siento que llevo toda una vida haciéndolo.
Y no quería soltarlo.
No sé qué estamos construyendo exactamente, es confuso. A veces hablamos de anime, de música, de tonterías… pero hay algo más, algo que se esconde en los silencios cómodos entre los dos. Algo que va creciendo sin prisa. Algo que ninguno de los dos puede nombrar.
Suspiré, cerré los ojos, y me dejé llevar por el sonido del viento y por el recuerdo de su tacto mientras caminamos en esos pasillos. Las miradas no importaban, solo importaba él. Noah.
Tal vez, solo tal vez, mudarme no fue tan terrible después de todo.
Tal vez, este nuevo lugar tenía algo que valía la pena descubrir.
O alguien.
Entre pensamientos caí en un sueño profundo, me sentía tan ligero como una pluma pero incluso en mis sueños él estaba... sus hermosos ojitos, su cabello negro, y esa sonrisa que siempre ilumina mis días. Era perfecto.
Esa noche dormí como bebé, sentía que todo era perfecto...
Las horas pasaron hasta que mi alarma sonó tirándome de la cama solo del susto.
—Agh, que forma más tranquila de iniciar mi mañana — murmuré con frustración.
Me levanté del piso, aventando las cobijas a la cama de nuevo y empecé a prepararme; planche mi uniforme, limpie mis zapatos, me bañe. Preparándome para salir a la escuela.
Antes de seguir caminando me detuve en un espejo frente a mí, observé todo en mi para luego dar una sonrisa fingida tratando de aparentar que todo estaba bien. Aunque en el interior estaba roto, la muerte de mis padres y todo lo que pasaba me hacía enloquecer. Ataques de ansiedad llegaban sin avisar... Nunca le he dicho a nadie... Pero solo quiero rendirme, acabar con esto pero soy una persona cobarde, nunca lo haría... No ahora con Noeh a mi lado.
Salí de mi casa con esa sonrisa. Crucé la calle a la casa de Noah y toque el timbre.
Pasaron unos segundos, luego minutos. Nadie abrió. En el interior empecé a sentir decepción.
Estaba a punto de irme cuando escuché la puerta abrirse. Noah estaba corriendo de sus hermanos a los cuales les cerró la puerta en la cara sin pensarlo. Una sonrisa se formo en mi rostro, y está vez era de verdad.
Era él, la única persona que me hacía feliz. Con él no tenía que fingir porque todo era natural.
Me quedé unos minutos observándolo. Estaba claro que no le había dado tiempo a peinarse pero aún así... Se veía tan tierno. No sabía si estaba bien, si era lo correcto pero me gustaba. Me gustaba sentir esto.
Todos los pensamientos se redujeron a un insignificante gesto. Cuando sentí la mano de Noah tomando la mía.
Noah me miró de reojo, para luego empezar a caminar.
—Buenos días, Otaku —dije sosteniendo su mano con más fuerza mientras lo miraba de reojo.
—Ya te dije que no me digas así —exclamó con un enojo fingido en su mirada.
—¿Entonces como te digo?, ¿Amor o mi vida? —empecé a reír.
Noah se puso rojo instintivamente. Evitaba mi mirada pero sin soltar mi mano.
—Oye tenía una idea —hablé rompiendo la tensión que se hizo.
—¿Qué idea? —me miró de reojo con curiosidad.
—¿Quieres ir a una cita? —confesé
El silencio cayó entre nosotros. Nadie dijo nada. Las manos seguían unidas pero las palabras de quedaron atascadas en la garganta.
—¿Cómo amigos?
—I don't know, como lo quieras tomar —sonreí rascándome la cabeza con la mano libre.
Noah asintió lentamente.
Nuestros pasos continuaron hasta la escuela. Noah no soltó mi mano en todo el trayecto y aún no lo hacía.
Todos los chicos nos vieron peor que el día de ayer pero a mí no me importa, no hay momento más especial que esto.
Entramos al salón. Nos sentamos, esperando el comienzo del día escolar. Todo está bien, creí, hasta que recordé que no hice la tarea.
IDIOTA, IDIOTA. COMO OLVIDASTE LA TAREA.
De inmediato abrí mi libreta checando qué era la tarea para mí mala suerte eran ecuaciones. Empecé a entrar en pánico y mi corazón se aceleró. No tenía que bajar de calificaciones.
Me mordí el labio con frustración y una pizca de preocupación, maldiciendo en voz baja.
—Que tonto fuí, ¿Como pude olvidar esto? —me cuestione a mi mismo.
Intenté resolver los ejercicios, pero eran muy complicados. En mi escuela pasada aún no veíamos esto. ¿Cómo se supone que lo voy a saber?
Noah puso su mano en mi hombro, y con la otra me tendió su libreta.
—Toma, para que acabes más rápido —sugirió comprensivamente.
Tomé la libreta y rápidamente comencé a pasar los trabajos. Ni siquiera dije gracias para mí lo importante era apurarme.
El día pasó rápido, como un relámpago. Las clases fueron un borrón, una tras otra, sin que realmente prestara atención. Las clases mías y de Noah aveces no coincidían. Pero no importaba… porque Noah seguía en mis pensamientos.
Estaba en todas partes: en la banca donde solía esperarme, en el pasillo donde solíamos bromear, incluso en el aire que respiraba. No verlo no cambió nada. Porque él ya era parte de mí.
Noah se había vuelto una presencia constante, una voz silenciosa que me acompañaba aunque no estuviera. Como si su esencia se hubiera mezclado con la mía sin que yo me diera cuenta.
Era más que un amigo. Más que un simple recuerdo de verano. Era una parte de mi alma. Y por más que intentara enfocarme en otra cosa, siempre terminaba regresando a él.
Más tarde, después de clases, habíamos quedado de vernos en el parque justo cuando comenzara a caer el sol. No podía dejar de mirar el reloj mientras los minutos se arrastraban con lentitud en el salón. La emoción me latía en el pecho como si mi corazón hubiera tomado una sobredosis de cafeína. ¿Esto contaba como nuestra primera cita oficial? Supongo que sí. Y eso me ponía más nervioso de lo que me gustaría admitir.
Al llegar a casa, me miré al espejo por unos segundos. Pensé en cambiarme, en ponerme algo más “especial”, pero terminé eligiendo lo de siempre: mi camiseta negra de Nirvana, algo desgastada pero cómoda, y los pantalones holgados que siempre me han hecho sentir como yo mismo. No quería fingir ser alguien más. Quería que me viera tal como soy.
Tomé mi guitarra y salí. Caminé hasta el parque con el estuche colgando del hombro, sintiendo el peso tanto del instrumento como de los nervios. Llegué antes que él, lo suficiente para prepararlo todo. Elegí una sombra cerca del lago, donde la luz del atardecer hacía brillar el agua como si fuera de oro líquido. Extendí un mantel a cuadros en el césped, coloqué con cuidado la pequeña tarta que había comprado —sabía que era su favorita— y revisé por última vez que las cuerdas de la guitarra estuvieran bien afinadas.
Me había pasado las últimas noches practicando su canción favorita, una de Billie Eilish. Quería sorprenderlo, hacer que este día se quedara en su memoria, aunque fuera con algo tan simple como una canción.
Todo tenía que salir perfecto. No porque creyera que necesitaba impresionarlo, sino porque me importaba. Porque desde que él apareció, mis días tenían un brillo diferente.
Y ahí, en ese rincón del parque, con el cielo empezando a teñirse de naranjas y rosas, esperé por él... con el corazón latiéndome fuerte y una sonrisa tonta que no podía quitarme.
Los minutos pasaron rápido pero para mí eran eternos. Ya estaba empezando a desesperarme hasta que a lo lejos lo ví. Se veía tan lindo y a la vez.... tan Otaku; iba vestido con una playera de anime con personajes que ni conozco y un pantalón casi parecido al mío pero de un tono más claro.
Era perfecto.
El sol iluminaba sus rasgos, y la manera en la que estaba sonrojado me encantaba. Ojalá pudiera guardar o vivir en este momento para siempre.
Mi sonrisa se hizo más grande mientras lo veía acercarce. Me incorpore con algo de temblor. Me acerque a él y sin pensarlo más. Lo abraze. El abrazo fue fuerte como si tuviera miedo de que al soltarlo se fuera.
—Hoy te vez muy lindo —confesé con mi cabeza unida en su cuello.
—Tu también....
Me alejé de él, pero sentía que mi corazón aún latía entre sus manos.
Solté un suspiro profundo, intentando calmar el torbellino dentro de mí.
Lo tomé suavemente de la mano y lo guié para que se sentara junto a mí al lado del árbol.
Sin decir una palabra, acomodé su cabeza sobre mi pecho y empecé a acariciar su cabello con ternura, como si, a través de mi toque pudiera decirle todo lo que mi voz no se atrevía.
Me acerque a él un poco más enredandolo en mis brazos.
Noah ya estaba a punto de estallar de la vergüenza, su carita estaba tan roja como un tómate.
—Hueles a bebé —comenté sonriendo, mientras olía su cuello.
—¡Cállate!
—Uyy, hoy andas muy agresivo.
—Sí, ¿Algún problema?
Sin decir una sola palabra le di un beso en la mejilla, fue corto pero muy tierno.
—Ya deja de estar de cursi y romántico, mejor dime qué sorpresa tenías —gruñó fingiendo que mi presencia no le afectaba.
Tomé mi distancia un poco para poder tomar mi guitarra.
—Mira, sinceramente desde que me dijiste que te gustaba Billie Eilish, he estado aprendiendome una canción. No fue fácil pero lo logré —guarde silenció y acomode la guitarra en mi regazo— Pon mucha atención y no se te ocurra poner una mano en mi guitarra que se seguro se rompe.
La última frase hizo reír un poco a Noah, al igual que a mí. Mi mano temblaba pero me arme de valor para empezar a tocar.
De un momento a otro... solo se escuchaba la dulce melodía... era halley's comet.
Esa canción marcaba el principio de nuestra historia. Esos atardeceres de verano que fueron confidentes de nuestra historia de amor.
Todo era perfecto, no podía comparar la felicidad de ese momento. La felicidad en la cara de Noah y las lágrimas a punto de caer en sus ojos, valían más que cualquier cosa.
Pronto la melodía fue parando. Mis manos se quedaron fijas en la guitarra y mi mirada no se movía de los trastes.
Pero... cuando levanté la mirada... Noah ya estaba llorando, las lágrimas escurrían por sus mejillas y su voz era un susurro cálido:
—Thiago... gracias por todo esto... —sollozó
Coloqué la guitarra a un lado y sin decir nada lo abraze.
—Gracias a ti Noah, por dejarme entrar en tu mundo y dejarme ver tus miedos. Gracias por estar conmigo a pesar de que soy un desastre.
No hicieron falta más palabras. Las lágrimas escaparon de mis ojos. Y sin decir una palabra más tomé su cara entre mis manos y lo besé.
Sus labios eran tan suaves y aunque fue un beso corto, estaba lleno de sentimientos.
Era nuestro primer beso.
El beso duro unos segundos más, ninguno se quería separar. Hasta que Noah fue quién rompio, su cara estaba roja y sus manos temblaban.
Sus brazos me enredaron en cuestión de minutos.
—Te amo, Thiago... —susurró contra mi hombro.
—Te amo mucho más —correspondí.
Me separé ligeramente de su abrazo. Tomé sus manos y lo mire fijamente a los ojos.
—Noah quiero que esté momento sea más que un recuerdo. Quiero que formemos una historia juntos... —guardé silencio mentalizado lo siguiente—. ¿Me harías el honor de formar parte de tu vida?, no como amigos. Sino como novios...
Las lágrimas cayeron más rápido de las mejillas de Noah.
—Claro que sí —tartamudeo
Sonreí en cuanto escuché esas palabras. Sentía una gran felicidad pero también orgullo.
—Ahora tengo al chico más guapo del mundo siendo mi novio
Noah sonrió.
Las horas pasaron lentamente entre risas, y recuerdos que alguna vez fueron un comienzo. El anochecer se acercaba pero ninguno de los dos se quería ir; comimos tarta, Noah intento tocar guitarra mientras yo intenté aprender a dibujar, también me intento peinar poniéndome florecitas en el cabello.
Fue un día inolvidable que quedaría en mi mente por el resto de mi vida.
Ya de regreso la noche ya había caído. Jugamos todo el camino, haciendo chistes tontos, o empujandonos como niños pequeños.Nuestros pasos eran lentos, intentando alargar el momento.
Casi cuando llegamos, en el patio estaban jugando los gemelos los cuales cuando me vieron se aventaron sobre mi.
—¡THIAGO!, ¡THIAGO! —gritó Coraline.
—¿Viniste a jugar? —cuestiono Newt.
Enserio quería jugar con ellos pero seguramente mi hermano ya me estaba esperando.
—Perdón pequeños. Tengo que llegar a casa —respondí culpablemente—. Mañana vengo, ¿Si?
Asintieron para luego jalar a Noah hacia la casa. Sonreí y me despedí con un ligero gesto de la mano. Cuando me di la vuelta para cruzar la calle y caminar hacia mi casa, lo vi.
Mi hermano ya estaba en la puerta, con los brazos cruzados y una expresión que no prometía nada bueno.
—¿Otra vez con él? —soltó apenas puse un pie en la acera.
—¿Hay algún problema con eso? —respondí sin detenerme.
—Sabes perfectamente que no me gusta que estés con ese chico —gruñó, dando un paso hacia mí.
—Y yo no te pedí permiso —le espeté, sintiendo cómo la rabia me subía por el pecho.
Él chasqueó la lengua, frustrado.
—No entiendes, Thiago. No es buena idea meterte con alguien así, y más si es un chico
—¡¿Y tú qué sabes?! —grité, dolido. Me dolía que no pudiera ver a Noah como yo lo veía. Como alguien que, aunque no fuera perfecto, me hacía sentir en casa.
Mi hermano me miró con una mezcla de enojo y decepción. Yo bajé la mirada por un segundo, sintiendo cómo todo lo que había sido un buen día empezaba a desmoronarse.
—Haz lo que quieras, solo recuerda que nuestros papás estarían decepcionados —murmuró al final, metiéndose a la casa.
—¡Ellos me hubieran entendido! —grité para que Tom escuchará— No como tú, ellos estarían decepcionados de ti, al ver en lo que te has convertido.
Él se quedó congelado.
—¡Ellos ya no están Thiago!, ¡Ellos ya se fueron! —grito sin compasión.
—¿Eso es lo único que sabes decir cuando te sientes herido? —añadí sin bajar mi tono.
Tom camino unos pasos hacia mi hasta quedar casi juntos.
—Tu no sabes nada.
—Tal vez no sepa nada, pero lo único que se esque tú eres la decepción aquí.
Tom levantó la mano. Pensé que me pegaría pero no lo hizo, solo se dio la vuelta y subió las escaleras.
Las lágrimas empezaron a caer. Y en media de la soledad me permiti ser débil.
Todo en mi se había roto.
Ya no podía más.
Ya no quería estar aquí.
Mi día feliz se había convertido en dolor en solo unos segundos pero lo que tenía claro era que no importará que complicado fuera todo, no iba a dejar solo a Noah, iba a luchar por él y seguir construyendo nuestra historia.