Chapter 1
La lluvia habΓa cesado hacΓa solo unos minutos, y la bruma aΓΊn se deslizaba entre los campos hΓΊmedos como una bestia dormida. El joven herido se arrastraba entre las raΓces, con sangre en la pierna y barro hasta el pecho, cuando encontrΓ³ refugio entre los pilares de una ruina antigua.
AllΓ, en el corazΓ³n de un altar olvidado, Γ©l lo vio por primera vez.
Un hombre de cabello oscuro como la noche sin luna, ropajes antiguos decorados con sΓmbolos que ningΓΊn humano reconocerΓa ya, y ojos que no miraban desde arribaβ¦ sino a su altura.
βΒΏEstΓ‘s perdido? βpreguntΓ³ el desconocido, con una voz suave como viento en el trigo.
El muchacho jadeΓ³, sin fuerzas, y apenas logrΓ³ levantar la mirada.
βΒΏQuΓ©β¦ eres?
βUn caminante. Un testigo. Tal vez, un amigo βrespondiΓ³ la figura, arrodillΓ‘ndose a su ladoβ. ΒΏTe duele?
βSΓβ¦ pero no quiero morir.
Una sonrisa cΓ‘lida, tan fuera de lugar en alguien tan imponente, cruzΓ³ el rostro del ser.
βNo morirΓ‘s hoy. No mientras alguien aΓΊn escuche tu deseo de vivir.
El Soberano no debΓa intervenir.
Las leyes del Equilibrio eran claras: la vida debΓa seguir su curso sin la mano directa de los divinos.
Pero ese dΓa, Thalor rompiΓ³ el primer mandamiento, no con violencia, sino con compasiΓ³n.
ExtendiΓ³ la mano. De su palma brotΓ³ una llama suave, como la que danza en los hogares, no para destruir, sino para calentar.
La herida cerrΓ³ lentamente. El muchacho, boquiabierto, apenas podΓa creer lo que veΓa.
βΒΏEres un dios?
Thalor lo mirΓ³ con seriedad, pero sin arrogancia.
βSoy algo que olvidaron cΓ³mo nombrar.
Y tΓΊ eres mΓ‘s fuerte de lo que sabes.
No por lo que puedes hacerβ¦
sino por lo que puedes elegir.
Desde lo alto del firmamento, una sombra observaba.
Una presencia que no necesitaba ojos para ver.
Istaroth sintiΓ³ cΓ³mo el hilo del destino se alteraba levemente.
El muchacho dormΓa ahora, su cuerpo en paz sobre la piedra hΓΊmeda, respirando como si nada hubiera pasado. La llama de Thalor ya se habΓa desvanecido, pero el calor de su compasiΓ³n seguΓa en el aire.
Entonces, el mundo se detuvo.
El canto de los grillos se silenciΓ³. Las gotas de agua suspendidas en las hojas dejaron de caer.
El tiempo no se rompiΓ³. Fue contenido.
Y con un leve susurro de viento helado, ella apareciΓ³.
Ronova.
La que camina descalza sobre tumbas.
La que canta al final de todos los caminos.
La que no necesita presentarse, porque su sola presencia recuerda a todo ser lo que significa desaparecer.
Sus ropas eran negras como ceniza. Su cabello caΓa como agua oscura, y sus ojos, de un gris inmutable, no miraban: juzgaban.
βNo deberΓas estar aquΓ βdijo sin rabia, pero sin ninguna dulzura.
Thalor no se volviΓ³ inmediatamente. SiguiΓ³ observando al mortal dormir.
βSolo necesitaba ayuda.
βΒΏY crees que eres tΓΊ quien debe decidir quiΓ©n vive y quiΓ©n muere?
βNo. βThalor se incorporΓ³, lentamenteβ. Creo que Γ©l debe hacerlo.
Ronova entornΓ³ los ojos. No con enojo, sino con decepciΓ³n.
βΒΏEntonces ahora los mortales decidirΓ‘n su destino? ΒΏTe crees mΓ‘s sabio que la balanza eterna? ΒΏMΓ‘s justo que el orden que juraste proteger?
Thalor se acercΓ³ a ella, sin temor, con la tristeza de quien ya sabe lo que vendrΓ‘.
βΒΏCuΓ‘ndo dejamos de verlos como hijosβ¦ y comenzamos a tratarlos como errores?
El silencio fue denso. Una bruma gΓ©lida comenzΓ³ a envolver la ruina.
Ronova hablΓ³ entonces con un tono mΓ‘s bajo, casi dolido.
βCreΓ que tΓΊ, entre todos, lo entenderΓas. Que tu amor por la risa no te harΓa olvidar la solemnidad de nuestro deber.
βY tΓΊ, ΒΏrealmente disfrutas verlos morir?
βNo es cuestiΓ³n de disfrute βdijo Ronovaβ. Es necesario. Cada alma que salvamos mΓ‘s allΓ‘ de su tiempo es una grieta en el equilibrio. Un eco que puede traer oscuridades peores que la muerte.
βO quizΓ‘s sea solo miedo. Miedo de ver que no los controlamos como creΓamos.
Los ojos de Ronova brillaron, por un instante, con esa vieja ira que incluso los dioses ocultan.
βNo juegues a ser redentor, Thalor. La compasiΓ³n puede ser mΓ‘s cruel que mi abrazo.
Se dio la vuelta, su silueta desvaneciΓ©ndose entre la niebla.
βCelestia sabrΓ‘ lo que hiciste.
Y entonces desapareciΓ³.
Thalor se quedΓ³ solo entre las ruinas, mirando al chico dormir, sabiendo que la rueda ya habΓa comenzado a girar.
No por odio.
No por ambiciΓ³n.
Sino porque, por primera vezβ¦
un dios habΓa escuchado de verdad.