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Summary

Un dios que desafio el orden celestial al ayudar a los humanos entrometiendoce en el orden natural de las cosa, fue exiliado y paso mas de diez mil aΓ±os vagando en la tierra mientras seguia ayudando a la humanidad

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

La lluvia habΓ­a cesado hacΓ­a solo unos minutos, y la bruma aΓΊn se deslizaba entre los campos hΓΊmedos como una bestia dormida. El joven herido se arrastraba entre las raΓ­ces, con sangre en la pierna y barro hasta el pecho, cuando encontrΓ³ refugio entre los pilares de una ruina antigua.

AllΓ­, en el corazΓ³n de un altar olvidado, Γ©l lo vio por primera vez.

Un hombre de cabello oscuro como la noche sin luna, ropajes antiguos decorados con sΓ­mbolos que ningΓΊn humano reconocerΓ­a ya, y ojos que no miraban desde arriba… sino a su altura.

β€”ΒΏEstΓ‘s perdido? β€”preguntΓ³ el desconocido, con una voz suave como viento en el trigo.

El muchacho jadeΓ³, sin fuerzas, y apenas logrΓ³ levantar la mirada.

β€”ΒΏQué… eres?

β€”Un caminante. Un testigo. Tal vez, un amigo β€”respondiΓ³ la figura, arrodillΓ‘ndose a su ladoβ€”. ΒΏTe duele?

β€”Sí… pero no quiero morir.

Una sonrisa cΓ‘lida, tan fuera de lugar en alguien tan imponente, cruzΓ³ el rostro del ser.

β€”No morirΓ‘s hoy. No mientras alguien aΓΊn escuche tu deseo de vivir.

El Soberano no debΓ­a intervenir.

Las leyes del Equilibrio eran claras: la vida debΓ­a seguir su curso sin la mano directa de los divinos.

Pero ese dΓ­a, Thalor rompiΓ³ el primer mandamiento, no con violencia, sino con compasiΓ³n.

ExtendiΓ³ la mano. De su palma brotΓ³ una llama suave, como la que danza en los hogares, no para destruir, sino para calentar.

La herida cerrΓ³ lentamente. El muchacho, boquiabierto, apenas podΓ­a creer lo que veΓ­a.

β€”ΒΏEres un dios?

Thalor lo mirΓ³ con seriedad, pero sin arrogancia.

β€”Soy algo que olvidaron cΓ³mo nombrar.

Y tΓΊ eres mΓ‘s fuerte de lo que sabes.

No por lo que puedes hacer…

sino por lo que puedes elegir.

Desde lo alto del firmamento, una sombra observaba.

Una presencia que no necesitaba ojos para ver.

Istaroth sintiΓ³ cΓ³mo el hilo del destino se alteraba levemente.

El muchacho dormΓ­a ahora, su cuerpo en paz sobre la piedra hΓΊmeda, respirando como si nada hubiera pasado. La llama de Thalor ya se habΓ­a desvanecido, pero el calor de su compasiΓ³n seguΓ­a en el aire.

Entonces, el mundo se detuvo.

El canto de los grillos se silenciΓ³. Las gotas de agua suspendidas en las hojas dejaron de caer.

El tiempo no se rompiΓ³. Fue contenido.

Y con un leve susurro de viento helado, ella apareciΓ³.

Ronova.

La que camina descalza sobre tumbas.

La que canta al final de todos los caminos.

La que no necesita presentarse, porque su sola presencia recuerda a todo ser lo que significa desaparecer.

Sus ropas eran negras como ceniza. Su cabello caΓ­a como agua oscura, y sus ojos, de un gris inmutable, no miraban: juzgaban.

β€”No deberΓ­as estar aquΓ­ β€”dijo sin rabia, pero sin ninguna dulzura.

Thalor no se volviΓ³ inmediatamente. SiguiΓ³ observando al mortal dormir.

β€”Solo necesitaba ayuda.

β€”ΒΏY crees que eres tΓΊ quien debe decidir quiΓ©n vive y quiΓ©n muere?

β€”No. β€”Thalor se incorporΓ³, lentamenteβ€”. Creo que Γ©l debe hacerlo.

Ronova entornΓ³ los ojos. No con enojo, sino con decepciΓ³n.

β€”ΒΏEntonces ahora los mortales decidirΓ‘n su destino? ΒΏTe crees mΓ‘s sabio que la balanza eterna? ΒΏMΓ‘s justo que el orden que juraste proteger?

Thalor se acercΓ³ a ella, sin temor, con la tristeza de quien ya sabe lo que vendrΓ‘.

β€”ΒΏCuΓ‘ndo dejamos de verlos como hijos… y comenzamos a tratarlos como errores?

El silencio fue denso. Una bruma gΓ©lida comenzΓ³ a envolver la ruina.

Ronova hablΓ³ entonces con un tono mΓ‘s bajo, casi dolido.

β€”CreΓ­ que tΓΊ, entre todos, lo entenderΓ­as. Que tu amor por la risa no te harΓ­a olvidar la solemnidad de nuestro deber.

β€”Y tΓΊ, ΒΏrealmente disfrutas verlos morir?

β€”No es cuestiΓ³n de disfrute β€”dijo Ronovaβ€”. Es necesario. Cada alma que salvamos mΓ‘s allΓ‘ de su tiempo es una grieta en el equilibrio. Un eco que puede traer oscuridades peores que la muerte.

β€”O quizΓ‘s sea solo miedo. Miedo de ver que no los controlamos como creΓ­amos.

Los ojos de Ronova brillaron, por un instante, con esa vieja ira que incluso los dioses ocultan.

β€”No juegues a ser redentor, Thalor. La compasiΓ³n puede ser mΓ‘s cruel que mi abrazo.

Se dio la vuelta, su silueta desvaneciΓ©ndose entre la niebla.

β€”Celestia sabrΓ‘ lo que hiciste.

Y entonces desapareciΓ³.

Thalor se quedΓ³ solo entre las ruinas, mirando al chico dormir, sabiendo que la rueda ya habΓ­a comenzado a girar.

No por odio.

No por ambiciΓ³n.

Sino porque, por primera vez…

un dios habΓ­a escuchado de verdad.