Parte 1 – "Nadie Me Esperaba
El tren estaba por partir, y Rubí no tenía a nadie que la despidiera.
Sostenía su varita nueva entre los dedos fríos, mientras el resto de los niños se despedían entre abrazos, lágrimas y sonrisas. Ella no. Solo el eco del silencio y la ausencia. Su madre había muerto hacía un mes, su padre no había ido siquiera a verla abordar. Hogwarts era su escape, pero también su condena.
Rubí subió al tren con pasos inseguros, buscando un compartimento vacío. No quería hablar con nadie. No quería que la miraran como si notaran su tristeza. Pero, al abrir una puerta, se encontró con unos ojos grises que la atravesaron como si leyeran todo lo que callaba.
—Estás en mi asiento —dijo el chico, frío, arrogante.
—¿Perdón? Hay lugar para los dos.
—No me gusta compartir —gruñó.
Rubí no contestó. Se sentó igual. Y eso fue lo que lo sorprendió.
—Tenés agallas —dijo él, tras un largo silencio.
—¿Y a vos qué te importa?
—Nada me importa —respondió.
Ese fue su primer diálogo.
Draco Malfoy era un niño de sonrisa quebrada y corazón endurecido. Había aprendido a herir antes de que lo hieran. Y Rubí… Rubí solo quería que alguien la eligiera, por una vez en la vida. Pero eligió mal.
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En el banquete de bienvenida, Rubí no probó bocado. Sentía un nudo en la garganta. Cuando el sombrero gritó “¡Slytherin!”, Draco no miró a nadie. Hasta que Rubí se sentó junto a él.
—Te lo dije —le susurró.
—Nunca hablamos de casas.
—No importa. Vos pertenecés conmigo.
Rubí sintió algo retorcerse en su pecho. Draco Malfoy la hacía sentirse vista... pero no comprendida.
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La primera noche en el dormitorio, Rubí lloró en silencio. Nadie lo notó. Nadie… excepto Draco. Desde la puerta entreabierta de su habitación, la escuchó. No dijo nada. Solo la escuchó. Y al día siguiente, actuó como si nada hubiera pasado.
Así sería su relación siempre:
Dolor en la noche.
Silencio al amanecer.
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Y en ese primer año, aunque apenas hablaban, siempre estaban cerca. Como si sus sombras se buscaran sin permiso. Draco no era amable. No era dulce. Pero cuando Rubí no podía respirar, él aparecía. A veces solo con una mirada. O con una frase cortante:
—Dejá de llorar. No sirve de nada.
—¿Y vos qué sabés de llorar?
—Todo.
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Ese primer año no hubo amor. Pero hubo un hilo invisible. Uno que se enredó tanto que cuando quisieron soltarlo… ya dolía demasiado.
Rubí aún no lo sabía, pero lo que estaba empezando con Draco Malfoy no era amor.
Era un incendio.
Y ella... no sabía cómo salir.