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Un Sísifo Rubio

Summary

Sasuke sabe que el mundo carece de sentido. Lo aprendió la noche que perdió todo. Hasta que observa a Naruto correr por los tejados y pintar bigotes en los rostros de los Hokages. Riendo como si nada importara. ¿Cómo alguien puede sonreír de corazón en un mundo sin sentido? Una historia de como rebelarse contra el vacío... con bigotes de colores.

Genre
Young Adult
Author
MJGM
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Un Sísifo Rubio

Sasuke se enderezó sobre los hombros de Itachi, oyendo el escándalo. Naruto corría por los tejados, riendo, lleno de pintura. Los ninjas lo perseguían, resbalando sobre las tejas. Los rostros esculpidos en el monte tenían bigotes, labios y cejas de colores.

—Tiene muy claro a donde saltar— murmuró Itachi, la mirada fija en el espectáculo. El palillo de los dangos giraba entre sus dedos.

Sasuke se detuvo, con los ojos abiertos. Las uñas dibujaron medialunas rojas en sus palmas. Su hermano... ¿estaba elogiando a ese perdedor? No podía ser. Ese idiota siempre faltaba o dormía en las clases, siempre con sus travesuras.

—¡Es el peor de la clase!

Itachi no respondió, seguía fijo en Naruto. Sonrió. Casi imperceptible. Era la sonrisa que Sasuke solo veía cuando entrenaba por horas. Ahora salía tan fácil, solo con la payasada de ese rubio idiota.

La risa de Naruto seguía en su cabeza cuando se unió a otro eco familiar. Vibrando en consonancia. Sasuke parpadeó, el viento le golpeó la cara. Sus pies aterrizaron en el suelo, aquellos hombros se habían desvanecido. Solo estaba el mismo espectáculo de Naruto el bufón.

Al ver sus manos, Sasuke las vio temblar. No había hombros donde sentarse. Solo tierra bajo sus pies y el hedor de la pintura barata que flotaba en el aire. Y por un segundo, el aroma dulzón de los dangos se coló.

Sasuke quería vomitar.


— 虚 —


Sasuke masticó el pescado, escupiendo las espinas que se le pegaban a la lengua. El tic-tac vibraba por las paredes, el reloj marcaba los segundos con un pulso odioso. El té estaba amargo. Itachi solía sonreír cuando se quejaba de eso, ofreciendo dangos para que se le pasara. Pero los dangos están en la basura, aplastados.

La silla de su padre acumulaba polvo. Seguía a la cabeza. Sasuke nunca se atrevió a sentarse cerca. Ni ahora ni antes. Ese lugar era de Itachi.

Apretó los dedos sobre el vaso. El té pintó las tablas del piso, el vaso rodó. Sasuke pisoteó hacia su cuarto. Una telaraña se le enredó en el rostro, la apartó de un manotazo. Las malditas arañas corrían por la pared. Sasuke quería aplastarlas junto con la casa.

La puerta se abrió y fue cerrada con un portazo. Al volver a abrirse, Sasuke arrojó algo por el pasillo. El vidrio y el marco estaban rotos, pero la sonrisa de Itachi no.

El aire olía a té y polvo. El maldito reloj seguía sonando.


— 虚 —


Sasuke se sentó en el muelle, pateando el agua, mirando como la superficie oscilaba. Se quedó quieto. El aire soplaba agitando los mechones rebeldes de su rostro, olía a hierba fresca, el agua se sentía tibia sobre sus pies.

Este muelle era todo lo que quedaba. Y aún así, estaba teñido de tonos oscuros.

Su padre le enseñó su primer jutsu aquí. Bola de fuego. Pero no fue tan bueno como el de Itachi. Practicó semanas, sus labios tuvieron quemaduras que su madre curó con una pomada. Su padre no dijo nada. Él tampoco merecía una palabra, no merecía su mirada.

Pateó su reflejo, las ondas distorsionaron su rostro. ¿Qué tan profundo sería ese lago? Tal vez lo suficiente para dar un chapuzón, sin salir nunca más. ¿Sería frío y helado en el fondo?

¿Alguien notaría si decidía desaparecer? Probablemente esas odiosas chicas llorarían. Podía oir el «¡Sasuke-kun!» en su cabeza. Si esas chicas fueran más listas se darían cuenta de cuánta aversión sentía por ellas. Iruka se daría cuenta, sospecharía. Él nunca faltaba a sus clases con él. Llamaría al Hokage y este desplegaría a sus ninjas. Todo porque el «último Uchiha» ya no está. Sasuke resopló, si su apellido fuera otro, nadie lo voltearía a ver. Sería como... como Naruto.

Ese idiota. Con ese cabello rubio lleno de tierra, ese traje naranja que le enfermaba de solo verlo. Ese usuratonkachi conseguía robarse la atención de todos. Incluso la de Itachi. Era un perdedor. Un imbécil que Sasuke no llegaba a comprender.

Era un bufón, pero Sasuke se preguntaba que tipo de pensamientos tendrá. En esos momentos en los que se queda quieto, mirando al vacío y esos vivaces ojos azules se vuelven opacos. Cuando se sienta en aquel columpio, cubierto por las sombras del árbol. Naruto, el odiado. El ignorado. Naruto, que aún seguía sonriendo y bromeando. ¿Cómo podía? Era absurdo.

Sasuke se parecía a él. Pero jamás lo admitiría a nadie.

Sasuke lo odiaba, era como verse en un espejo. Viendo su reflejo, a veces tenía el cabello rubio y sus ojos eran azules.

El abismo lo saludaba. Sasuke se inclinó, el agua subió por sus pantorrillas. Después los muslos. Después la cintura. El lago lo jalaba. Trepaba por su cuerpo como las manos de un espectro.

¿Alguien lloraría cuando ya no estuviera? Era demasiado fantasioso pensar que así era. Después de todo, él era el único que quedaba.

Sasuke contempló el cielo, se volvía difuso por las sombras acuáticas, las sombras que lo abrazarían muy pronto.

Viendo el sol, pensó en Naruto. En su cabello dorado y ese horrible mono naranja.

El sol se apagó, todo lo hizo. Escuchó un burbujeo, luego nada. Solo silencio, por fin.

Ya no volvería a escuchar el odioso tic-tac de ese maldito reloj.


— 虚 —


El aire escapaba de Sasuke. Luces borrosas le acribillaban los ojos. Algo le golpeaba el pecho con insistencia, algo burbujeaba en su garganta. ¿Así se sentía estar muerto?

El golpeteo no paraba, el esternón le dolía. Su pecho se hundió y el agua brotó a borbotones por su boca. Su espalda se curvó en un espasmo, su torso se elevó.

Sasuke inhaló, el aire le raspaba la garganta. Los pulmones le ardían. La piel pesaba sobre sus huesos. La niebla se aclaró. Una mancha amarilla se movía frente a él, Sasuke parpadeó. Naruto. ¿Por qué? ¡¿Por qué tenía que ser él?!

—¡¿Qué demonios estabas haciendo teme?!— gritó Naruto, tirando de su camisa. Sasuke tosió, el agua seguía saliendo, la garganta le ardía —¡¿Qué hacías en el lago?!

—N-No te metas. No es tu problema— Sasuke dio un manotazo, como si el rubio fuera un mosquito.

—¡¿Querías morir?!

—¡No te incumbe! ¡Vete y déjame en paz!

—¡¿Por qué lo haces?!

—¡Te dije que no es tu problema!— Sasuke clavó las uñas en su brazo. Naruto ni siquiera parpadeó

—Teme...— Sasuke lo vió retroceder. Los ojos azules habían cambiado. Eran opacos, como cuando se columpiaba debajo del árbol —. Sé que se siente. ¡Pero no te hundas dattebayo! Aún eres muy fuerte.

El puño de Sasuke hizo girar la cabeza de Naruto pero el rubio solo volvió a mirarlo, desafiante aunque su labio sangraba. No tan fuerte como Sasuke lo haría. ¿Quién era este chico que veía?

—¡Cállate! ¡Me repugnas!— Sasuke sintió el ardor al gritar. Naruto abrió los ojos —¡No soy como tú! ¡Jamás lo seré! Yo...

La voz de Sasuke se quebró como el vidrio, su espalda se dobló en otro ataque de tos. Naruto solo seguía mirando, con esos malditos ojos azules suyos. ¿Por qué? ¡¿Por qué de todos los malditos integrantes de la aldea tuvo que ser él?!

—Vamos al hospital teme— Naruto le tendió la mano, llena de barro y sangre —. A tí si te van a atender. ¡Te acompañaré datte-!

Naruto guardó silencio cuando Sasuke abofeteó su mano. Los ojos negros se habían incendiado, volviéndose carmesí. El tomoe de cada ojo giraba con furia.

—Dime cómo.

—¿Eh?

—¡¿Cómo es que eres así?! No lo entiendo. Yo...—Sasuke volvió callar, apretando los puños, clavando las uñas en sus palmas.

—¿Así como? ¿De qué hablas dattebayo?— Naruto frunció los labios, inclinando la cabeza. Sasuke apretó los dientes, una vena bombeando en su cuello.

—¡Todos te odian! ¡No tienes nada ni nadie!— Naruto dió un paso atrás ante el grito de Sasuke —¡¿Cómo sigues bromeando?! ¡¿Cómo es que sigues sonrien-?!

La voz se Sasuke se rasgó, comenzó a toser de nuevo. Naruto se acercó, solo se detuvo cuando la mirada carmesí lo fulminó.

—¿Có-Cómo es que puedes ser feliz?— La voz de Sasuke sonaba rota. Las manos le temblaban, su mirada estaba fija en el suelo.

—Ya estuve triste mucho tiempo dattebayo— Sasuke alzó la cabeza. Los ojos azules se veían grises, Naruto tenía una sonrisa ligera —. Ya todos me odian, ¿que puedo perder? Al menos con mis bromas, me odian por algo mío. Sigo sonriendo porque ellos lo odian. No dejaré que ganen.

—Eso no tiene sentido.

—¡Pero igual me divierto!

Sasuke guardó silencio, mirando al rubio por un largo rato mientras fruncía el ceño. No hay nada. No hay lógica, sentido o estrategia. Solo un chico rubio vestido de naranja.

—Te sangra el labio, usuratonkachi.

—¡¿Eh?!

Sasuke lo observa palparse el labio con frenesí. Es tan ridículo que le da risa. No puede entender nada, ahora tampoco puede despreciarlo. Solo siente algo que se desinfla en su pecho. ¿Cómo se puede sonreír mientras se vive así? No tiene sentido. A menos que-

—¡Oye teme! ¿Quieres ir por ramen? El puesto del viejo Teuchi sigue abierto.

Aún con el labio sangrando, solo pensaba en comida. Sasuke resopló. Estúpido rubio amante del ramen.

—Eres un imbécil— Naruto abrió la boca indignado, iba a reclamar pero Sasuke se puso de pie. Comenzando a caminar —¿Vienes o no?

—¡Sí!

Naruto corrió tras él.


— 虚 —


—Apúrate usuratonkachi.

—¡Shhh! Cállate teme.

Naruto deslizó la brocha por la roca. El kanji de viejo fue dibujado en la frente del Sandaime con pintura roja. Bigotes rizados, un parche, labios provocativos. Naruto soltaba una risilla con cada detalle. Sasuke lo observaba, el cubo de pintura chorreaba sobre su ropa. Ya no era tan importante.

—¿Quieres intentarlo?— Naruto se volvió, tendiéndole la brocha con su mano roja. Sasuke contempló el brazo extendido. Dejó el cubo en el suelo y tomó la brocha, manchando sus dedos.

Mirando el rostro esculpido, solo pensó «¿qué puedo pintar?» Ese dobe ya había cubierto casi todo. La brocha dibujó el contorno de los ojos, delineándolos. Naruto intentaba no reírse, tapando su boca con las manos. Sasuke sonrió.

Su muñeca se deslizó con avidez, añadiendo gruesas pestañas al cuadro. Naruto ya no pudo contenerse y se carcajeo. La sonrisa de Sasuke se hizo más amplia.

—¡Naruto Uzumaki!

La voz los congeló. Voltearon, un giro lento y nervioso. Iruka se aproximaba a ellos. Sasuke solo alcanzó a parpadear, cuando la mano de Naruto se cerró sobre su muñeca.

—¡Hora de correr!— Naruto le dio un tirón a su muñeca. Ambos saltaron. Sasuke registró la expresión sorprendida de Iruka al verlo, poco antes de cerrar los ojos por el viento.

Naruto se carcajeó mientras sentía el viento al caer en picada. Sasuke lo vio como un demente, luego pensó que él era el demente, porque se encontró disfrutando de lo mismo. El viento le arrancó un lágrima, o tal vez era una gota de pintura. No importaba.

Naruto corrió por los tejados. Sasuke se dejó arrastrar, perdido en la mano que tiraba de su muñeca. La risa de Naruto convertía los gritos de Iruka en ecos distantes.

«¿Por qué estoy haciendo esto?»

Sasuke sonrió. Porque era divertido. Empezó a reírse, la risa brotaba de su pecho sin control. Naruto no tuvo tiempo de sorprenderse, Sasuke tomó la delantera. Ahora era él quien lo arrastraba por otro callejón.

Iruka pasó frente a ellos, sin lograr verlos. Sasuke reventó en carcajadas cuando se alejó. Naruto lo veía con los ojos muy abiertos, antes de sonreír y pasar las manos tras la cabeza.

—¡Nunca te había oido reír dattebayo!— Sasuke se detiene, pareciendo tan sorprendido como Naruto —. Luego tendremos que limpiar— Naruto se quejó, con un puchero.

Sasuke observó al rubio enfurruñarse. Sonrió. Alzó la mano, bajó la banda de su frente hasta cubrirles los ojos. Naruto volvió a subirla con los labios fruncidos.

—Pero mañana lo haremos de nuevo— Naruto lo observó sorprendido. Volvió a sonreír, mostrando todos sus dientes, los ojos como rendijas brillantes.

—¡Sí!


— 虚 —


—¡No puedo creer que ahora arrastres a Sasuke a tus travesuras!— Naruto bajó el rostro con un puchero ante el grito de Iruka. El cepillo de Sasuke se detuvo sobre la roca.

—Nadie me arrastró a nada, no sea estúpido— Sasuke chasqueó la lengua. Iruka abrió los ojos —. Y deje de gritar. Estamos limpiando, ¿de qué se queja?

Sasuke volvió a cepillar la roca. La pintura comenzó a disolverse con el agua.

—No se irán de aquí hasta que el muro esté limpio, en especial tú Naruto— Sasuke volteó los ojos ante el ridículo profesor. Miró de soslayo a Naruto agarrar el cepillo, cabizbajo.

—Hey— Naruto alzó la mirada, viendo a Sasuke, pero este siguió cepillando —. Él no sabe nada. Así que ya quita esa cara de perdedor.

—¡¿Eh?! ¡Yo no tengo cara de perdedor dattebayo!— Naruto dio un cepillazo mientras gritaba. Sasuke sonrió.


— 虚 —


—Mastica con la boca cerrada, dobe— Sasuke se queja mientras ve a Naruto. Las migajas caen de su boca junto a gotas de saliva.

—No me digas que hacer, teme— Naruto frunce el ceño. Sasuke notó, que aunque molesto, ya no lo hace —. Tu casa da miedo, es demasiado oscura.

Sasuke arquea una ceja, observando como disparaba miradas a todo el lugar. Sonrió divertido.

—¿Le temes a los fantasmas?— Naruto palidece al instante.

—¡¿Fantasmas?!— Sasuke estalla en carcajadas —. ¡No es divertido teme!

—Eres un miedoso.

Naruto se sentó enfurruñado, murmurando cosas ininteligibles. Tomó un sorbo de té y miró a Sasuke.

—Teme— Sasuke lo observa con cuidado —. Este té sabe asqueroso.

Sasuke carraspeó, la risa igual pudo vencerlo. No podía recordar si alguna vez había reído así. Pero ahora resultaba fácil.

En un rincón del cuarto, hay tablas oscuras y números caídos, junto a agujas filosas. Ya no hay tic-tac, solo la risa de Sasuke.

El té estaba amargo. Sasuke lo bebió. Tampoco importaba.


— 虚 —


Iruka observó los rostros esculpidos. Asintió satisfecho al ver que la pintura se fue. No notó las firmas en la frente del Yondaime.

Naruto y Sasuke.

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