1
Lee Taeyong no estaba de buen humor.
—Todavía no entiendo porque no puedo tener a un fisioterapeuta que conozca. No conozco a ese tipo.
La mirada que su asistente personal le dedicó podría considerarse profundamente sufrida en el mejor de los casos.
—Porque los fisioterapeutas del club ya están tapados de trabajo —dijo ella—Y, el Dr. Wong quiere que trabajes con un terapeuta de su confianza.
Taeyong chequeó la hora en su teléfono.
—El tipo está demorado. No tengo todo el día.
Volteó el rostro para ocultar su sonrisa mientras Choi apretaba los dientes. Sin embargo, su voz sonó increíblemente calmada mientras decía— Él está solo 17 minutos demorado, Taeyong. Y es la tercera vez que dices eso durante los últimos 5 minutos.
Taeyong le dedicó una mirada inocente.
—¡Pero él está llegando tarde!
—Tu llegas tarde todo el tiempo princesa —Choi murmuró bajito, claramente sin intención de que él la oyera. A pesar de ser su asistente personal durante un año, Choi aún no tenía idea de cuán aguda era su audición y tenía el hábito de decir cosas sucias sobre él cuando pensaba que no podría oírla. Era bastante molesto.
Taeyong evitó sonreír. Sabía que probablemente debería dejar de irritarla deliberadamente, pero estaba tan aburrido. Ahora que él estaba lesionado y bastante confinado dentro de la casa, molestar a su asistente personal era la única cosa remotamente interesante para hacer. Era casi gracioso ver a Choi tratando de contener las respuestas ingeniosas que deseaba dar. Casi.
—Jung JaeHyun está altamente recomendado —dijo Choi más fuerte.
—Estoy segura de que hay una buena razón para su tardanza. Es un fisioterapeuta, y entrenador personal, exageradamente costoso. Debe ser bueno.
Taeyong se encogió de hombros. El médico de su equipo le prometió encontrar al mejor fisioterapeuta para ayudarle a recuperarse de su lesión en la ingle, pero Taeyong no había pedido ningún detalle; ese era el trabajo de Choi.
—¿De qué me sirve eso a mí si él no está aquí? Mi lesión no va a curarse por sí sola. Estoy cansado de esperar.
—Entonces volvamos dentro —dijo Choi, con una nota de exasperación arrastrándose en su voz de nuevo— de todos modos, estoy bastante convencida de que no se supone que estés caminando.
Apoyándose contra el árbol, Taeyong miró la casa y frunció el ceño.
—Estoy harto de estar atrapado dentro durante todo el día. No soy un inválido —Esta vez no se quejaba solo para molestar a Choi. La falta de actividad realmente lo estaba volviendo loco. Extrañaba el fútbol.
Extrañaba la sensación de estar sano y en forma, el viento en su cara mientras corría hacia la portería, la alegría que sentía cuando metía un gol, el rugido de la multitud cantando y coreando su nombre. El fútbol era su vida. Lo único que importaba.
Taeyong miró al cielo gris. Ya estaban en marzo. La Copa del Mundo estaba a tan sólo tres meses de distancia. El tiempo se estaba agotando. Necesitaba volver al campo de juego tan pronto como fuera posible, y recuperar su forma, si quería impresionar al entrenador del equipo nacional. Taeyong podría ser el jugador más talentoso de Inglaterra en generaciones (en su humilde opinión), pero tenía, relativamente, poca experiencia a nivel internacional y sabía que eso obstaculizaba sus posibilidades de ser elegido. El entrenador era bastante anticuado y prefería a veteranos fiables antes que a las jóvenes estrellas en ascenso. Y ahora su lesión sólo lo había complicado todo. Cuanto más tiempo estuviera lesionado, menores serían sus posibilidades de participar en la Copa del Mundo. Y para empeorar las cosas, estaban en marzo y todavía no tenía un fisioterapeuta, o mejor dicho, su fisioterapeuta aparentemente había decidido que tenía mejores cosas que hacer que su jodido trabajo.
Taeyong desvió su mirada de nuevo hacia Choi.
—Llama al Dr. Wong y pregúntale dónde está ese inútil idiota. Detrás de él, alguien se aclaró la garganta.
—Eso no será necesario —dijo una voz seca— El idiota inútil está aquí.
Taeyong hizo una mueca. Incómodo. Y un poco inconveniente. Le gustaba causar una buena primera impresión en la gente. Tenía una imagen pública que mantener, después de todo.
Fijando una sonrisa en su rostro, Taeyong se dio la vuelta.
Su sonrisa vaciló un poco y se humedeció los labios con la punta de la lengua.
El hombre que estaba a unos pocos pies de distancia —Jung JaeHyun— no era el hombre más guapo que había visto. Él no lo era. Pero exudaba tal confianza, fuerza y virilidad, que daba la impresión de ser increíblemente apuesto. Era alto, con un cuerpo firme y musculosos hombros anchos. Su espeso cabello castaño tenía destellos de oro en él. Tenía una fuerte mandíbula, mejillas magras, piel oliva, y un par de acerados ojos grises. Su boca estaba finamente moldeada, con un ligero rasgo irónico en ella, pero no suavizaban la dureza de sus rasgos en absoluto. Había un surco entre las cejas del tipo mientras que estudiaba a Taeyong.
—Estás descargando todo el peso en una pierna —dijo— Ve adentro. Taeyong parpadeó— ¿Discúlpame?
Jung se acercó, lo agarró entre sus piernas y le apretó el muslo.
Con los ojos ampliándose, Taeyong se quedó sin aliento, en parten por el shock y en parte por el dolor.
—¿Estás loco?
—Como pensaba —dijo Jung— No debes estar parado. Deberías descansar.
—¿Ya acabaste de manosearme? Jung retiró la mano.
—¿Manosearte? Pensaba que fui contratado para ayudarte a recuperar de una lesión de tercer grado en la ingle. Entra y siéntate. No deberías estar de pie si un simple toque continúa siendo doloroso.
Taeyong cruzó los brazos sobre el pecho.
—Estoy bien aquí, gracias.
—Eso no fue una petición —dijo Jung.
El calor se precipitó a las mejillas de Taeyong. Nadie le ordenaba que hacer. Nadie.
Detrás de él, Choi rió —pequeña traidora— y, rápidamente, empezó a toser.
—Estás despedido —Taeyong dijo apretando los dientes.
—Taeyong, lo siento —comenzó Choi.
—No, tú —dijo Taeyong y miró Jung— Tú.
Jung no se veía preocupado. En todo caso, algo así como diversión brilló en sus ojos.
—No puedes despedirme por hacer mi trabajo. En realidad, tú no me puede despedir y punto. No eres quien me contrató: el club de fútbol para el que juegas lo hizo. Ahora, ve adentro, Sr. Lee —Los labios de Jung se arquearon ligeramente.
Dios, Taeyong quería borrar esa sonrisa de su cara. Le frunció el ceño al tipo, pero antes de que pudiera decir nada, Jung se dirigió a Choi.
—Jung JaeHyun —dijo con una agradable sonrisa, estrechando la mano de Choi.
—Kwon Choi—dijo en voz baja, lamiéndose los labios. ¿Estaba realmente batiendo sus pestañas para el tipo?
—Deja de babear y guarda la lengua dentro de tu boca —Taeyong le dijo— es repugnante.
Choi se ruborizó hasta las raíces del pelo y se quedó mirándolo. Taeyong sólo se levantó sus cejas y sonrió.
—¿Siempre eres así de pendejo cruel y sin tacto? —dijo Jung. Taeyong amplió sus ojos y le dedicó su mejor mirada inocente.
—¿Yo? Creo que estás confundido.
—Sí, estoy confundido —dijo Jung, evaluando a Taeyong— Tienes reputación de ser un hombre agradable, con los pies sobre la tierra. Todavía me estoy preguntando dónde está él.
Taeyong sonrió.
—¿Oíste hablar de mí? Espera, ¿eres un fan?
Los labios de Jung se torcieron —Difícilmente. Soy fanático de Arsenal.
Lo imaginaba. Perdedor.
Como si pudiera leer sus pensamientos, Jung dejó escapar una carcajada.
—Incluso si me gustara tu equipo, yo no sería un fanático tuyo. Creo que tu hermano es el mejor jugador y debería ser el que esté jugando en el ala izquierda para el Chelsea.
Palideciendo de furia, Taeyong apretó los puños. En su vista periférica, podía ver a Choi haciendo una mueca por la observación de Jung. Ella sabía que era muy mala idea incluso dar a entender que su hermano adoptivo era mejor jugador que él —porque Jungwoo no era el mejor jugador, maldición.
Al carajo con dar una buena primera impresión. Este pendejo no se merecía desperdiciar ninguna sutileza en él.
—¿Ah, sí? —dijo Taeyong, dando un paso más cerca de Jung. Sus caras estaban a pulgadas de distancia ahora. De cerca, la mirada de Jung era algo inquietante. No es que Taeyong dejara que lo notara. Y era molesto que el tipo fuera medio cabeza más alto que él — y Taeyong era de una estatura perfectamente normal, muchas gracias.
Trabó los ojos sobre los de Jung y dijo suavemente:
—Se requiere muy poco para arruinar la carrera de una persona, ya sabes. Unas pocas palabras a la persona equivocada harían el truco. Si yo fuera tú, querría ser un poco más respetuoso. Me sorprende que no te estés muriendo de hambre en las calles, si esta es tu actitud habitual hacia los clientes. Ten cuidado —Él sonrió con dulzura— Sólo un consejo amistoso.
Los ojos de Jung se estrecharon, todos los rastros de diversión desaparecieron de ellos.
—Se necesitaría mucho más que las palabras de algún malcriado niño rico para arruinar mi carrera.
—¿De verdad? —dijo Taeyong, ladeando la cabeza— ¿Tan seguro de ti mismo?
—Creo que estás malentendiendo algo —dijo Jung lentamente— No necesito este trabajo. Mis servicios son reservados normalmente con meses de antelación. Acepté hacer esto, sólo como un favor a Wong Lucas. Así que no soy yo quien debe tener cuidado, mocoso. Si no te gusta que yo no vaya a lamerte las suelas como todos los demás...
—¿Cómo sabes eso? —dijo Taeyong, curioso a pesar de sí mismo— ¿Que la gente me “lame las suelas”?
Una sonrisa apareció en los labios de Jung.
—He oído hablar de ti. He sido advertido sobre ti.
—¿Por quién? —preguntó Taeyong, pero una sospecha ya se estaba formando en su mente. Ahora la actitud del tipo estaba empezando a tener mucho más sentido— ¿No será por mi hermano, de casualidad?
—Sí. Por Jungwoo. Taeyong se echó a reír.
—¿Te importaría compartir la broma? —dijo Jung cuando la risa de Taeyong se calmó.
—Mi “llamado” hermano simplemente odia que la gente me quiera más —Taeyong levantó la mano y acarició la mejilla bien afeitada del tipo— Pobrecita, cosita ingenua. Snoopy(Jungwoo) solo está celoso de mí, siempre lo ha estado. Soy más talentoso, guapo e inteligente.
—Y más humilde —dijo Jung.
—La humildad está sobrevalorada —dijo Taeyong con una sonrisa, mirándolo desde bajo sus pestañas.
La cara de Jung permaneció impasible. Él cogió la muñeca de Taeyong y le apartó la mano.
—Puedes terminar con esto. Tus dramáticos ojitos azules de bebé no funcionan sobre mí.
Taeyong parpadeó, apenas dándose cuenta de lo que había estado haciendo —intentando hacer. Estaba tan acostumbrado a intentar tener a cada persona comiendo de su mano, que apenas se daba cuenta cuando lo hacía.
—Hábito —dijo con el ceño fruncido, evitando su mirada— Y, ¿Eres daltónico? Mis ojos no son azules de bebé. Son más verde que azules.
—Son de un azul extraño —dijo Jung, por lo que el ceño de Taeyong se profundizó. Miró a la ingle de Taeyong— Te dije que entraras y te sentaras.
—Y yo te dije que estoy bien aquí —dijo Taeyong. Él no estaba siendo del todo sincero. Sus músculos de la ingle estaban doloridos y la incomodidad crecía cada vez que se desplazaba incluso mínimamente, pero estaría condenado si lo admitiría y demostraría que este gilipollas insoportable tenía razón.
—Si tú lo dices —dijo Jung, encogiéndose de hombros. Asintiendo a Choi, que estaba observando con curiosidad, Jung se alejó.
Taeyong frunció el ceño.
—¿A dónde vas?
—A casa —Jung disparó por encima del hombro. Taeyong fue tras él.
—¿Qué? ¿Qué hay de mi lesión? ¡No puedes irte sin hacer tu trabajo!
—Voy a volver cuando dejes de ser un bebé y, dehecho, me dejes hacer mi trabajo. Yo trabajo con adultos.
—No he dicho que podías irte —Taeyong silbó, la ira acelerando sus pasos. Qué hijo de puta presuntuoso— Si no te dejo mandonearme, eso no quiere decir que puedas simplemente abandonar el trabajo por el que te pagan....¡Ow! —Taeyong se agarró el área superior del muslo y se detuvo, maldiciendo floridamente mientras que un fuerte, agonizante dolor, se disparó por su pierna. Cayó sobre una rodilla, maldiciendo.
Jung estaba a su lado inmediatamente.
—Jodidamente te lo dije. Deberías estar descansando una lesión de ingle, no poniéndola bajo un estrés innecesario.
—Cállate —dijo Taeyong, silbando mientras trataba de lograr ponerse de pie. Tratando y fracasando. Hizo otro intento por ponerse de pie y gimió.
Jung suspiro.
—Por el amor de Dios —dijo antes de inclinarse y recogerlo en sus brazos. Lanzó a Taeyong por encima del hombro como un saco de patatas y se dirigió hacia la casa.
—Bájame —dijo Taeyong, sonrojándose por la humillación— puedo caminar —Jung resopló ante eso.
—Guía el camino —dijo a Choi — A su dormitorio.
—Por aquí —dijo ella, caminando por delante. Al menos no fue riéndose a costa suya de nuevo.
Para el momento en que llegaron a la habitación, el labio de Taeyong estaba ensangrentado; había estado mordiéndolo para evitar hacer algún ruido. Dios, eso dolía.
Se sintió aliviado, y un poco sorprendido, cuando Jung lo bajó con cuidado sobre la cama: él había esperado que fuera brusco.
Cuando Jung agarró la cintura de los pantalones de chándal de Taeyong, Taeyong le agarró la mano.
—¿Qué estás haciendo?
El tipo le dio una mirada extraña.
—Mi trabajo. Necesito examinar la ingle.
Sintiéndose tonto, Taeyong asintió a regañadientes y le dijo a Choi,
—Fuera.
—Tráeme una bolsa de hielo, una toalla húmeda, y vendas —Jung le dijo. Ella asintió y salió a toda prisa de la habitación.
Taeyong miró al techo, mientras que Jung tiró de sus pantalones de chándal, dejándolo solo en calzoncillos. Fuertes dedos tocaron sus muslos, y a continuación, la parte baja del estómago y la ingle. Taeyong hizo una mueca. No se sentía exactamente agradable.
—¿Y bien?
—Han pasado alrededor de diez días desde que te lesionaste, ¿verdad?—dijo Jung.
—Sí.
—El dolor debería haber disminuido para ahora—dijo Jung, sonando un poco molesto— Mi presencia aquí es prácticamente inútilsi no podemos empezar a hacer masajes y ejercicios, y no podemos hacerlo durante la fase aguda inicial. Debería haber pasado ya. ¿Has seguido las instrucciones de Lucas?
Taeyong se encogió de hombros.
—Más o menos.
—¿Más o menos? —repitió Jung.
—No soy del tipo de sentarse quieto y girar los pulgares durante todo el día —dijo Taeyong, todavía mirando al techo.
Jung respiró hondo y exhaló audiblemente.
Taeyong reprimió una sonrisa. Enloquecer a la gente era una de sus cosas favoritas en el mundo.
—Mírame cuando estoy hablando contigo —dijo Jung. Taeyong lo miró a los ojos.
—¿Qué? —dijo, extrañamente consciente de las manos de Jung en sus muslos.
—Lucas me dijo que querías regresar al juego, tan pronto como sea posible —dijo Jung— Gracias a tu propia imprudencia y terquedad, has empeorado tu lesión. No puedes empezar a entrenar hasta que el dolor se haya ido en su mayoría. Sólo te puedes culpar a ti mismo si te pierdes la Copa del Mundo.
Los labios de Taeyong se adelgazaron.
Choi volvió a la habitación y le entregó a Jung lo que había solicitado antes de salir de nuevo. En silencio, Jung se sentó junto a él, envolvió la bolsa de hielo en una toalla húmeda, y la presionó firmemente contra la ingle de Taeyong.
—¿Ahora entiendes lo estúpido que has sido?
—Realmente no me gusta tu actitud —contestó Taeyong.
Jung sonrió. Era una de esas personas cuyo rostro no se suavizaba mucho por una sonrisa.
—Acostumbrarse a ella. Yo no trato a mis pacientes con guantes de seda.
Taeyong solo lo fulminó con la mirada.
Durante unos largos minutos, sólo hubo silencio, mientras se miraron uno al otro. Estaba haciendo que Taeyong se sintiera un poco raro, pero se negaba a apartar la mirada primero.
Minutos después, Jung fue el que finalmente lo hizo. Quitó la bolsa de hielo y empezó a envolver la venda elástica alrededor de su muslo.
Pasando el vendaje alrededor de la parte posterior de la cintura de Taeyong, lo aseguró allí.
—Ahora debes descansar —dijo Jung, quitando las manos— Y, cuando digo descansar, lo digo enserio. También, hielo tres veces al día por quince minutos.
Taeyong no dijo nada.
—¿Entendido? —dijo Jung, en un tono que no admitía réplica.
—No puedo estar en cama todo el día —dijo Taeyong, tratando de sonar razonable y adulto. Arañaba sus nervios el que Jung lo tratara como si fuera un bebé medio tonto— Mis músculos se están debilitando cada día. ¿Cómo se supone que voy a recuperar la forma si soy una papa tirada en un sillón?
—Vamos a recuperar tu musculatura después de que la fase aguda haya terminado.
Taeyong sacudió la cabeza.
—¿Tienes alguna idea de cuánto tiempo trabajé por este cuerpo? —Él podría no haber sido nunca tan escuálido y bajito como su hermano, pero era naturalmente, muy delgado y le había tomado un montón de trabajo duro para ganar y mantener la masa muscular que tenía. Y aún con todos los entrenamientos diarios, nunca sería tan musculoso y fuerte como la mayoría de los futbolistas. Por lo menos era lo suficientemente fuerte como para no ser acosado por la pelota, como Jungwoo lo era a menudo.
La mirada de Jung barrió sobre el cuerpo de Taeyong.
Taeyong se removió un poco. Era una tontería. No tenía nada de qué avergonzarse —aunque sólo era de mediana estatura, tenía un cuerpo genial— pero el escrutinio de este tipo le hizo sentirse extrañamente consciente de sí mismo, y odiaba sentirse cohibido. Era Lee Taeyong. Era rico, guapo y popular. Sus días de ser un niño delgado y sucio, fueron superados hace mucho.
Cuando Jung volvió a mirar la cara de Taeyong, sus ojos eran ilegibles.
—No es nada que no podamos arreglar.
Taeyong frunció los labios.
—Bien. Pero quiero un masaje de cuerpo entero.Puedo sentir mis músculos poniéndose débiles y tiesos.
Jung le dio una mirada taimada.
—Muy bien —dijo después de un momento de consideración, abriendo el bolso que había tenido colgando del hombro. Sacó una botella de aceite de masaje— Sácate la remera y vuélvete sobre tu estómago.
Taeyong se quitó la remera, rodó sobre su vientre, y cerró los ojos.
Atrapó su labio entre los dientes, repentinamente muy consciente de que llevaba solo los calzoncillos y nada más. Su propio malestar lo desconcertó un poco. Estaba acostumbrado a recibir masajes de los fisioterapeutas del club —Demonios, él estaba acostumbrado a estar completamente desnudo durante esos masajes. De hecho, la única razón por la que Jung no le dijo que se quitará también los calzoncillos, probablemente fuera debido a que la ingle de Taeyong no podría ser masajeada, mientras que su lesión todavía estaba inflamada.
—¿Qué estas esperando? Me está agarrando frío —Taeyong dijo, su irritación creciendo junto con su auto—conciencia. Este hombre le hacía sentir demasiado incómodo y en el borde, sin razón aparente.
Oyó a Jung abrir la botella. Y entonces.
—Se supone que debes calentar eso, ¡idiota!
—Es la segunda vez que me llamas idiota. Me estoy ofendiendo—Jung puso sus manos aceitadas en la base del cuello de Taeyong.
—¡Ay! ¡Eso duele!
—No seas una niña.
—Pero duele.
—Vamos, no es tan malo.
—Tú no eres el que está siendo...¡Ah!
Jung se rió entre dientes, hundiendo sus dedos con más fuerza.
—Bebé.
—No creo que te conozca lo suficiente como para dejarte usar apodos cariñosos —dijo Taeyong, con voz suave y sedosa.
—Te dije que lo cortaras —Jung dijo con sequedad— Tu ridícula voz de dormitorio está desperdiciada en mí.
Sonriendo, Taeyong dijo en voz baja, íntima:
—¿Mi bromeo te hace sentir incómodo, Jaennie?
Jung resopló, sus grandes manos acariciando y amasando a lo largo de la columna vertebral de Taeyong.
—Mi nombre es JaeHyun. Sólo mi madre me llama Jaennie.
—No has contestado la pregunta. JaeHyun hizo un sonido irritado.
—No, no me hace sentir incómodo. Simplemente no me gustan los juegos. No me gusta la mierda.
—¿Y qué te gusta?
—Prefiero la honestidad y los avances directos.
—Aburrido —dijo Taeyong, arrugando la nariz— Entonces, ¿qué haces para divertirte?
—Ver fútbol. Follar —dijo Zach en un tono coloquial.
Taeyong se echó a reír.
—Espera, déjame adivinar: Has estado follando con la misma persona durante años.
—He tenido una novia desde hace años.
—¡Ves!
—Voy a tener que decepcionarte —dijo JaeHyun, presionando sus pulgares en la espalda baja de Taeyong, con fuerza— Estamos en una relación abierta.
—Que progresista de su parte —dijo Taeyong, aunque estaba realmente sorprendido. El chico no parecía ser del tipo que estaba en una relación abierta— ¿Por qué? ¿Cómo incluso funciona?
—No es que sea nada de tu interés, pero cuando dos personas confían entre sí, tan solo es práctico. Ella es periodista deportiva. Los dos estamos alejados mucho, y muchas veces no nos vemos por meses.
JaeHyun continuó masajeando su espalda baja. Se sentía... no apestaba.
—Hmm, ¿Por lo que ambos son libres de dormir con quienes quieran?
—Sí.
—¿Y nunca te sentiste asqueado de que otro hombre tocara a tu novia?— El concepto era un poco difícil de entender para Taeyong, pero por otra parte, nunca había sido bueno en compartir sus cosas.
—No soy del tipo celoso —dijo JaeHyun— Los dossomos adultos, y ambos tenemos necesidades físicas. No es más que práctico.
—¿Y ella no se pone celosa tampoco? —Eso, Taeyong tenía problemas para creerlo, teniendo en cuenta... bueno, él no era ciego. JaeHyun sería un idiota, pero era un idiota sexy.
—Ella sabe que el sexo no significa demasiado si no hay un vínculo emocional real. Ella sabe que es la única que importa.
Taeyong ahora como que quería conocer a la mujer. Ella debía ser muy segura de sí misma... o muy tonta.
—De todos modos —dijo JaeHyun, todavía masajeando su espalda baja— Pronto ya no importará. Hemos acordado que seremos exclusivos después de la boda.
Taeyong abrió los ojos.
—¿Te vas a casar? ¿Cuándo?
—En tres meses.
—Mis sinceras condolencias.
JaeHyun rió mientras se movía para masajear las piernas de Taeyong, salteando sus nalgas y muslos.
—¿Eres compromiso—fóbico?
—No le veo el punto. Las relaciones a largo plazo son restrictivas y aburridas.
Las manos cambiaron hacia sus pantorrillas, masajeándolas con fuerza.
—¿Alguna vez has estado en una relación, pequeño? —La voz de JaeHyun prácticamente chorreaba condescendencia.
Taeyong le dio una patada y luego se quejó de inmediato cuando una sacudida de dolor disparó a través de su ingle.
—Si sigues así, no te recuperarás en el corto plazo —dijo JaeHyun.
—Lo dice el chico que me provocó —Taeyong se quejó, suprimiendo la necesidad de voltear la cabeza y sacar la lengua. Dios, ¿qué tenía este tipo que sacaba lo peor de él? No podía recordar la última vez que se sintió tan al límite e infantil.
—Voltéate sobre la espalda —dijo JaeHyun.
Gruñendo, Taeyong lo hizo, y Jung empezó a masajear su frente.
Taeyong se retorció un poco. Estaba tan acostumbrado a recibir masajes que había dejado de sentirlos extraños e intrusivos desde hace mucho tiempo, pero por alguna razón... Esta vez era diferente. El toque de JaeHyun era impersonal, sus manos deslizándose sobre la piel de Taeyong con una eficiencia practicada, pero Taeyong no podía apartar la mirada de las manos de JaeHyun, mientras que masajeaban y acariciaban los músculos de su brazo.
Sintió la mirada en su cara y levantó la vista. JaeHyun estaba observándolo.
Tan pronto como sus ojos se encontraron, JaeHyun apartó la mirada, centrándose en la tarea en cuestión.
Eso hizo a Taeyong cuestionarse —¿Qué?
—Nada —JaeHyun dijo bruscamente, moviéndose para sentarse justo por encima de la cabeza de Taeyong. Colocó las palmas de sus manos por debajo de la clavícula de Taeyong. Luego presionó sus manos hacia abajo, con las palmas en los pectorales y masajeándolos.
Taeyong vio las manos de JaeHyun deslizándose sobre su pecho, cubriendo sus pezones, las palmas de las manos frotando contra ellos, una y otra vez. Taeyong se mordió el interior de la mejilla, sintiendo una agitación en la ingle. Mierda. Esto no le había ocurrido durante un masaje desde hacía años. Él sabía que era una reacción bastante normal, y la mayoría de los fisioterapeutas no se molestaban cuando ocurría, pero el hecho de que le estaba pasando con este come—mierda era mortificante. Cerró los ojos, pensando en las cosas más repugnantes que pudo.
—Necesitarás una nueva cama —dijo JaeHyun. Los ojos de Taeyong se abrieron.
—¿Qué? ¿Por qué?
—El colchón es demasiado blando.
Taeyong apretó los dientes. Increíble.
—Nadie te pidió opinión sobre mi colchón. Debes saber, estoy bastante apegado a mi colchón.
Las manos de JaeHyun, finalmente, dejaron de acariciar su pecho. Se movió hacia abajo, para trabajar en las piernas de Taeyong.
—Es malo para tu columna.
—Mi colchón es perfecto.
—No, no lo es —dijo JaeHyun— Debería sostener tu cuerpo en una postura neutral, en la que la columna vertebral tenga una buena curvatura y los glúteos, hombros y cabeza estén soportados en una alineación adecuada. Es necesario para tus huesos que ofrezca alguna resistencia. Tu colchón es demasiado suave para ello.
—Pero si el colchón es firme, empujaría en esos puntos de presión—dijo Taeyong.
—Sí, pero sólo si el colchón es demasiado firme. Si es demasiado suave, como tu colchón, los puntos de presión no serán adecuadamente soportados, por lo que todo tu cuerpo descansará mal —JaeHyun lo empujó hacia un lado— Mira —dijo JaeHyun, poniendo una mano en su nuca. Pasó lentamente la mano por la espalda de Taeyong hacia su baja espalda, justo por encima de su culo— La columna vertebral se curva debido a que el colchón se hunde demasiado bajo el peso. Puede causar varios problemas a largo plazo. Puede empeorar...
JaeHyun todavía estaba diciendo algo —casi dándole una conferencia— pero Taeyong tenía problemas para concentrarse. La mano de JaeHyun estaba descansando justo encima de su culo.
—¿Entiendes ahora por qué necesitas un colchón nuevo?
—Está bien, ¡lo que sea! —Taeyong se quejó, retorciéndose lejos de la mano de JaeHyun— Todo lo que siempre haces es criticarme.
—¿Siempre? — dijo JaeHyun, sus ojos grises destellando con humor — Nos conocimos hace media hora.
—Precisamente. He oído más críticas en media hora de las que he oído en medio año.
—Eso significa que estás rodeado de lame—botas —JaeHyun se puso de pie, limpiándose las manos con una toalla— Voy a elegir un nuevo colchón para ti. Vas a ser un buen chico y dormir en el colchón que ordene para ti.
Por alguna estúpida razón, la polla de Taeyong se sacudió. Él trató de ignorarlo.
—Estás cruzando la línea —dijo Taeyong, muy, muy suavemente. JaeHyun sonrió.
—No lo creo. Es trabajo del fisioterapeuta asegurarse de que su paciente está en plena forma. Y encontrarás que tomo mi trabajo muy en serio —Él agarró su bolso y se dirigió hacia la puerta.
—¿Alguna otra orden? —dijo Taeyong a su espalda.
—No hagas nada estúpido sólo para fastidiarme —dijo JaeHyun por encima del hombro— Voy a volver mañana por la mañana y espero encontrarte todavía en la cama.
—¿Se me permite levantarme a hacer pis, mi señor?
—Sólo si realmente tienes que hacerlo —dijo JaeHyun— Puedo decirle a Choi que compre pañales para ti. Bebé.
Taeyong agarró una almohada y la arrojó a la cabeza del gilipollas.
JaeHyun se agachó, riendo.