Turno de medianoche

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Summary

Genna y el resto de sus compañeros, pasantes de patología forense, se preparaban para una guarda similar a todas las otras que habían tenido; lo que ignoran sin embargo es que esta noche será todo menos normal, sus ojos verán cosas que desafiarán ampliamente su sentido lógico y sus creencias, resurgirán asimismo verdades ocultas durante mucho tiempo, en la que será la noche más larga de sus vidas.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Genna llega como todas las noches a aquel edificio gris plomizo ubicado a unos 2 kilómetros del hospital central de Valle frío, aunque formando parte del mismo complejo. Hoy cumple exactamente un año desde que comenzó su residencia en medicina forense y sin embargo aquello no parecía importarle menos.

Era una chica práctica y austera, pero sin llegar al pragmatismo inmisericorde y oportunista. Para ella todos aquellos cuerpos que yacían allí, cuidadosamente empaquetados y etiquetados, tenían dignidad aún entonces; esta fue una de las principales razones por las que nunca toleró bromas de algunos de sus compañeros, como “¡Que bien armada estaba! “ o “! Vaya, este si que era responsable! “, frente a estos comentarios tan deshumanizantes siempre resonaba su voz tranquila y sobria por encima de las de ellos: ¿si estuvieran vivos cómo creen que responderían?

Esto solo bastaba para que obtemperaran, sin embargo, Bastián, el más reacio a dar su brazo a torcer, siempre desempolvaba del cajón de su mente un argumento certero, según él, mismo que había usado antes, pero sin recordar en que conversación.

- Mira Genna, después que morimos lo que queda son las fundas—le comentó aquel día- Tengo unos testículos de burro, el día que mis despojos estén en una de estas mesas dará igual si alguien nota y comenta esa peculiaridad o lo pasa por alto.

Genna no pudo evitar indignarse ante aquella disparatada reflexión de Bastián; era ciertamente una ocurrencia genial, pero Genna no estaba dispuesta a concedérselo de ninguna forma, ni siquiera a dar rienda suelta a la hilaridad que le producía imaginarlo expuesto allí con s,us bolas gigantes al aire; ya que detrás de sus salidas tan ingeniosa y su sinceridad se escondía una carga de cinismo insoportable.

- ¿No puedes ser un poco más insensible? – le espetó mientras tomaba la carpeta de entrada de registros.

Genna salió en dirección a una de las salas de autopsias con la carpeta bajo el brazo. No estaba dispuesta a permitir que Bastián se quedara con la última palabra.

Recorría el pasillo muy decidida; era alta y espigada, condición que resaltaba aún más debido a sus zapatillas de plataforma; uno de los pocos caprichos que se permitía en su vida y en su trabajo, que puede decirse que era lo mismo, ya que con frecuencia dejaba que su trabajo la definiera.

-¿Qué tal, Paola? ¿Qué tenemos para hoy?

Aquella última era por supuesto una pregunta retórica, ya que Genna había leído cada uno de los expedientes de camino allí; no le gustaba perderse un solo detalle de su trabajo.

-¿Es en serio? – le cuestionó Paola- Apuesto a que tú puedes decirlo mejor que yo.

Se encontraban frente al cadáver de un hombre de mediana edad, con marcas violáceas en el cuello y rastros de cianosis. La causa de muerte no podía ser más evidente para ambas.

- ¿El tercero de este mes, no?

- Así es— confirmó Paola- Es una epidemia.

Ambas comenzaron con el procedimiento de rutina. Primero tenían que comprobar que no llevarán ningún accesorio y de haberlos, eran puestos en bolsas cerradas, registrados y posteriormente entregados a sus familiares; luego debían escrutar los cuerpos en busca de lesiones externas; realizar las disecciones, documentadas con medios audiovisuales y finalmente, rendir los informes escritos.

Un anciano de unos 80 años entró a la sala, era un hombre de cabello entrecano, mirada acuosa y nariz puntiaguda, los gruesos cristales de sus lentes destacaban aún más lo cansado de su vista. Aparte de su bata y su gafete, no había prácticamente nada que lo hiciera parecer familiarizado con todo aquello, parecía más un abuelo jubilado que contara anécdotas personales a sus nietos.

- Buenas noches Doctor Salvatierra- saludó Genna.

La ley de salud pública en Valle frío impedía a los residentes de medicina forense realizar autopsias sin contar con la presencia de un forense certificado; ni siquiera los de último año, como Genna, escapaban a esta disposición.

- Buenas noches, niñas—replicó con el tono cortés y cariñoso que siempre empleaba con ellas—¿Otro inconforme con su vida?

Las dos lo miraron y suspiraron.

********

Glenis no se sentía nada cómoda, hiperventilaba y le corrían sudores profusos; sus compañeros la habían ayudado a sentar y Gastón iba de camino al bebedero por un vaso de agua.

-Se los juro, no estaba así-insistía Glenis- tampoco la moví yo.

Se refería por supuesto al cadáver, se trataba de una joven en sus veinte que ya presentaba la mancha verde abdominal, el primer signo de descomposición, y en cuya cabeza, vuelta hacia la derecha, destacaba aquellos ojos de mirada vacía y desencajada.

- Probablemente se trate de una decapitación interna- sugirió Bastián con suficiencia- Por eso se rodó sola la cabeza.

-¡Murió de sobredosis, no accidentada, genio!- le soltó Glenis sarcástica- Además, ya tiene rigor mortis.

- Puede que el temor de Glenis no sea infundado- resonó a sus espaldas la voz de Marlennys, otra de las compañeras residentes.

-Cuando necesitemos de una bruja te consultaremos... - anunció Bastián sin volverse.

Marlennys le sacó la lengua a sus espaldas.

Sin embargo, Bastián no tenía tampoco una respuesta y por primera vez, optó por el silencio.

- Debemos consultar al doctor Salvatierra- propuso Glenis.

- Y a todas estas ¿Por qué no vuelve Gastón? - inquirió Bastián- hace rato que fue por tu agua.

- Iré por Salvatierra- añadió el gigante- Tal vez me tope de paso con Gastón.

La salida de Bastián de aquella habitación dejó un tenso silencio que nadie se atrevía a interrumpir.

- ¡Ahhhhhgggg!

Aquel espantoso grito provenía del pasillo y no podía ser nadie más…

********

- ¡Doctor Salvatierra, debe venir ya!- reclamó Bastián irrumpiendo de repente en la sala.

- Bien, bien, voy tan rápido como puedo—confirmó—En breve estoy con ustedes, niñas, aguarden aquí.

Bastián abandonó la habitación precedido por Salvatierra.

Paola aún no lograba adaptarse a la atmósfera tan cargada de lugares como aquel, misma que se hacia aún más pesada a medida que se incrementaba la soledad.

Decidió compartir aquello con Genna, ella era comprensiva, pero a la vez directa.

- Es increible, llevo un año aquí y es como si fuera el primer día; aun me pongo nerviosa por momentos…

- Ya te acostumbrarás— la tranquilizó—A mi me pasaba lo mismo en mi primer año.

Le agradaba saber que alguien más entendía por lo que pasaba; aun cuando eso no la tranquilizase del todo.

********

Todos se reunieron en el pasillo central, desde donde provino el grito; pero ninguno de ellos, estaba preparado para lo que vio.

- ¡Oh, por Dios!¡Oh, por Dios! – clamaba Glenis, abrazada a Bastián.

Gastón yacía recostado de la pared, a unos pasos de ellos y en un gran charco de sangre. Tenía una gran herida del lado derecho del cuello, de donde aún brotaba sangre a raudales de manera intermitente, lo que sugería que se trataba de la carótida . Su cuerpo se estremecía con movimientos espasmódicos.

El doctor Salvatierra le tomó el pulso.

-Quizás aún podamos hacer algo—aventuró Genna.

- No—corrigió el doctor—No hay nada que hacer ya, salvo permitirle irse en paz y rogar por su alma.

Unos segundos más tarde, los ojos de Gastón estaban mirando hacia la nada.

- Alguno de los perros guardianes debe haberse escapado… - aventuró Bastián.

Aquella era la observación más tonta que cualquiera de ellos pudo haber hecho; pero nadie se lo hizo notar. Ninguno, incluyendo Genna lo culpaba en ese punto; ya que solo estaba, al igual que todos, tratando de poner en orden sus ideas frente a algo que escapaba a su comprensión.

- Las puertas están aseguradas, los perros no pueden entrar- observó Glenis.

Pero si aquello fue inaudito, lo que sus ojos divisaron a continuación sobrepasaba cualquier posibilidad de entendimiento.

Uno de los cuerpos de la sala C se desplazaba pesadamente desde dentro hacia el pasillo. Sus movimientos eran torpes y descoordinados, pero avanzaba directamente hacia ellos; aunque su lentitud les daba un amplio margen de maniobra.

- ¡Esto es una aberración!- exclamó el doctor Salvatierra- Un atentado contra las leyes de Dios y la naturaleza...no tiene explicación alguna.

No solamente era él quien no encontraba explicación, ninguno tenía una explicación racional para aquello; ninguno excepto Marlennys, solo que su explicación ni siquiera era racional y entendía que aún no estaban listos para escucharla.

- Harán justo lo que les diga, por más irracional que parezca- pidió Marlennys a todos.

Nadie se atrevía a objetar nada a Marlennys en aquel momento, ni siquiera Bastián, con todo y lo que disfrutaba contradecirla. Una cosa era oírla hablar de magia sin nada extraño ocurriendo alrededor y otra muy diferente era escucharla mientras un sujeto que llevaba horas de muerto se dirigía hacia ellos. Hasta Genna siendo la más escéptica se rindió ante la evidencia.

- De acuerdo – convino Genna- ¿Cómo debemos proceder?

La chica le pidió que extendiera su mano y acto seguido derramó un poco de sal en ella.

- Arrójala hacia su cara cuando esté lo suficientemente cerca.

Bastián dio un paso adelante y le arrebató la sal; colocándose directamente en el camino del cuerpo.

El cadáver de aquel chico, avanzaba pesadamente con su bata. Cuando estuvo a la altura de Bastián iba ya a tomarlo del cuello. Bastián aguantó en aquel momento las ganas que tenía de aflojar los esfínteres, hasta arrojarle la sal en plena cara.

En aquel mismo momento, el cuerpo cayó pesadamente al suelo, como si de un muñeco de trapo se tratase; volviendo a ser un cadáver como cualquier otro.

- ¿Tienes más? – preguntó Genna.

-Solo esta—señaló Marlennys mostrando un salero.

- Únicamente una maldita bruja iría por ahí con un salero—bromeó Bastián.

Genna no podía creer que aquel sujeto se diera a las bromas en medio de una situación como aquella.

- La maldita bruja que acaba de salvar tu pellejo—expresó Marlennys con cierto orgullo.

Aún estaban en medio del pasillo.

- Lo mejor es que si son así de lentos, nos dan oportunidad para todo…me pregunto como el infeliz de Gastón se dejó sorprender por una de estas tortugas.

- Solo son lentos los que ya tienen rigor mortis— explicó Marlennys.

-Entonces debemos atar el cuerpo de Gastón, ya—sugirió Paola.

Al doctor Salvatierra aquello lo había dejado atónito, no había visto nada parecido en toda su carrera.

- Sí, tienes razón, debemos atarlo—explicó Marlennys—Pero no por lo que te imaginas…

Bastián se llevó la mano a la cabeza.

- ¡Ya! Esta bien, no te hagas la enigmática- explotó- Si lo que quieres es una disculpa por haber dudado de que lo paranormal existe, perfecto, tienes mis más sinceras disculpas; ahora ataré a este sujeto antes que se levante y nos vuelva fiambre.

Se saco el cinturón e iba a acercarse al cádaver para abrocharlo en torno a sus brazos.

No llegó ni a moverse hacia él cuando el cuerpo de Gastón comenzó a agitarse junto a ellos; por instinto todos optaron por alejarse lo más que pudieron.

Todos excepto el doctor Salvatierra, que no consiguió alejarse a tiempo y fue embestido de frente por Gastón; el cadáver de su compañero lo atacó con una agilidad aún mayor de la que tuvo en vida; tan súbito fue el ataque que ni siquiera Bastián pudo hacer algo, pese a ser el más corpulento y el único hombre que quedaba.

Luego del zarpazo mortal dado al octogenario médico en pleno abdomen, el cuerpo reanimado de Gastón se quedó por un momento quieto, mirándolos con sus ojos sin vida.

-Vayamos todos despacio, retrocediendo de espaldas hacia aquella oficina abierta— propuso Bastián- Yo las cubro y cuando empiece a correr, entran, las alcanzo y cerramos con llave.

Todos iban retrocediendo, sintiendo sus propios latidos en sus sienes. El cuerpo de Gastón avanzaba despacio, pero luego empezó a correr hacia ellos.

Las chicas corrieron raudas hacia la oficina sin cerrar la puerta, mientras que Bastián esperó de frente, con una pizca de sal entre los dedos. Gastón se le abalanzó encima y buscó con la mandíbula abierta su carótida; pero una vez más, el corpulento residente consiguió arrojar a tiempo la sal en la cara de aquel cuerpo.

Las chicas apremiaban desde la entrada de la oficina; Bastián se quitó como pudo el cuerpo de Gastón de encima y se dirigió a gatas al cuarto.

Ninguno de ellos había cerrado una puerta tan rápido en su vida.

-Por fin estamos a salvo—suspiró Bastián, tras asegurar la puerta.

-¿No conseguirán abrirla? – aventuró Glenis.

- No son espectros, sino cuerpos reanimados- informó Marlennys- Tienen las mismas limitaciones que los vivos, aunque con algo más de fuerza.

- Pero aun así, debemos salir pronto—advirtió Genna- Podrían rodearnos.

- No creo que sean tan listos—sugirió Paola.

- Sí lo son, porque es el hechicero quien los maneja—corrigió Marlennys- Pero de todos modos se necesita tener varias almas cautivas y ser un bokor muy poderoso y experimentado para controlar varios a la vez;; este no creo que lo sea, ya que los cuerpos nos están atacando de uno en uno.

- Por desgracia, estas artes no son precisamente mi especialidad; solamente sé lo básico para protegernos- añadió- Aún así, creo que podemos salir de esta.

Paola recordó algo en ese momento.

- ¿Recuerdas Genna lo que hablamos sobre Paco?

- ¿Crees que haya sido él?

- Esa rata de alcantarilla es perfectamente capaz de algo así—corroboró Marlennys con desprecio— Nunca lo soporté.

Bastián lucia más inquieto que las chicas.

- ¿Alguna sugerencia para salir de aquí?- preguntó- Ellos ya están muertos y el sujeto que los controla, sea o no ese bastardo, tiene todo el tiempo de su lado, nosotros no.

- ¿Podemos herirlos? – cuestionó Glenis.

- Ya están muertos—observó Genna—me imagino que la única forma de eliminarlos es destruir su cuerpo con calor o por cualquier otro medio.

- Tienes razón—convino Marlennys- calor intenso o nitrógeno, pero no contamos con nada de eso aquí.

- Afortunadamente para nosotros, a los que se les rocía sal ya no pueden volver a ser poseídos- añadió.

- ¿Cuántos cuerpos hay aquí esta noche?

- Veinte, incluyendo ahora el del doctor Salvatierra- informó Genna—Aunque solo el suyo está fresco.

De pronto sintieron un golpeteo en la rejilla de aire. Posteriormente esta colapsó con gran estruendo y el cuerpo del doctor cayó desde el ducto.

Quien en vida fuera un amable y servicial maestro y jefe, lucía ahora un aspecto amenazante.