Alguien de aquí | NCT dream | Markhyuck | Chenji | Renmin | Nomin

Summary

Todo comenzó con un juego: alguien de aquí tiene un secreto, alguien de aquí rompió una promesa, alguien de aquí está a punto de enamorarse… o de arruinarlo todo. En este grupo, nada es tan simple como parece, y nadie sale ileso.

Genre
Romance
Author
Staring
Status
Ongoing
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
16+

Alguien de Aquí…

[Renjun]

—La suma del cuadrado construido en el cateto... —recitaba, intentando mantener cada palabra en su lugar— la suma igual... de... de...

Para mi mala suerte, mi madre, profesora con un doctorado en matemáticas, cruzaba la cocina justo en ese momento. Sentí el peso de su mirada crítica incluso antes de escuchar su voz.

—¡La hipotenusa! —Gritó exasperada— ¡Es uno de los temas más básicos! Lo has repasado cientos de veces. Y así quieres entrar a la academia de artes más prestigiosa ¿Tú crees que admiten a cualquiera que...

Las carcajadas y el sonido de disparos de un videojuego proveniente de la casa vecina interrumpieron su discurso. Me perdí en el ruido, imaginando lo que mis amigos podrían estar haciendo en ese momento. Seguramente, Jaemin intentaba mantener el orden en medio del caos, mientras sacudía los cojines y regañaba a Haechan por devorar los feos snacks veganos de su madre. Jisung y Jeno se peleaban por el primer lugar en el ranking, y Chenle jugaba alegremente con el control... desconectado, como siempre.

—Esos hippies siguen robando nuestro internet —refunfuñó al oír el bullicio. Sin más, desconectó un par de cables, y casi al instante, los gritos de protesta resonaron desde la casa de los Na. Con una sonrisa de triunfo, volvió a dirigirme su atención, lanzando comentarios despectivos sobre mis sueños artísticos y mis supuestamente pocos esfuerzos al perseguirlos. Pero apenas unos minutos después, las risas volvieron a llenar el ambiente, más fuertes que antes. Esboce una sonrisa a sus espaldas; ya no había manera de silenciarlos.

—Te juro que cuento los días para irnos de este vecindario. Parece un manicomio.

—Yo... puedo... —murmure con la mirada clavada en el suelo.

—Está bien. No te quedes a hablar, todavía no has terminado con los temarios.

La puerta de los Na, como de costumbre, estaba abierta tanto literal como figurativamente. Desde el marco, pude ver a todos sentados en el suelo, envueltos en la luz cálida de la sala con decoración propia de los 70′s, mientras jugaban a “alguien de aquí“. Jaemin era el único que tenía un libro de texto abierto en sus piernas, aunque su mirada se deslizaba hacia el juego de vez en cuando.

No alcance a poner un pie en el salón cuando Haechan alzó la voz con una sonrisa astuta: —¡Alguien de aquí nos viene a callar otra vez!

—A alguien de aquí si le preocupan los exámenes de admisión —me defendió Jaemin.

Haechan se inclinó hacia adelante, con una sonrisa juguetona. Ese comentario le dio la apertura, bajo la premisa “el que se lleva, se aguanta”.

—A alguien de aquí le gusta alguien de aquí —miro retador a Jaemin, y Jeno comenzó a prestar atención a la conversación.

El silencio se hizo pesado, respondí con rapidez, apuntando mi dedo hacia Haechan.

—A alguien de aquí le gusta alguien que vive en Los Ángeles.

Chenle, que hasta ese momento jugueteaba con Jisung, nos miró con asombro. Al parecer sus sospechas sobre Haechan y su hermano mayor acababan de confirmarse. Haechan sonrió con una mezcla de sorpresa y desafío.

—¡A alguien de aquí le gusta Jaehyun!

—¿El profesor de literatura? —Jeno casi se atragantó de la risa— ¡Renjun, por favor! ¡Está casado!

—Freud pagaría por escuchar esto —agregó Jisung, balanceando una lata vacía entre sus manos.

Me encogí de hombros, manteniendo la calma con una sonrisa confiada: —Al menos tengo más posibilidades que tú con Mark.

—A que no le dices —desafió Haechan, señalando a todos— Ni tú, ni ninguno de aquí.

—¿Cuánto quieres perder? —extrañamente mi voz sonaba segura, desafiante.

—Saltarás desnudo de la cascada del Andén —respondió, alzando la ceja.

Jaemin, que ya estaba acostumbrado a este tipo de apuestas, tomó un bolígrafo y comenzó a redactar el acuerdo en una hoja arrancada de su cuaderno de estudio. Cada uno firmó su sentencia. Jeno y Jisung, sin participar, se limitaron a mirar divertidos desde el fondo de la sala, disfrutando del espectáculo que sabían que se desarrollaría en los próximos días.