CAPÍTULO 1 – “Primera Dosis”
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Suena una alarma vieja. Elian Vega, 19 años, se levanta en su habitación modesta: cama mal tendida, ventilador ruidoso, una pequeña televisión en la esquina. Vive solo en un barrio residencial de clase media baja.
En la cocina, mientras se prepara café, en la TV se escucha un comercial:
> Anuncio en la TV:<
"¿Ansiedad? ¿Desánimo? ¿Irritabilidad? Pregunta por Azul 3.0.Ahora con liberación emocional más estable.Serenis Corp: bienestar al alcance de todos.”
Elian apaga la televisión sin mirar. Toma su mochila y sale.
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Calles con ruido de motores, gente que va al trabajo, algunos saludan por rutina.
Pequeñas farmacias con afiches de Azul 3.0 en la vitrina: una mujer abrazando a su hijo, ambos sonriendo, con el eslogan:
“No necesitas sentir. Solo obedecer.”
Elian trabaja como mensajero para una empresa subcontratada de Serenis Corp. Su tarea: entregar paquetes a clientes que compran directamente desde la web de la farmacéutica.
En cada casa, lo reciben con amabilidad robótica:
“Muchas gracias. ¡Dios te bendiga!”
“Gracias, joven. Esta pastilla me salvó el matrimonio.”
“No sé qué haríamos sin Azul.”
Todo parece normal. Demasiado normal.
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En la tarde, Elian entrega una caja en un edificio viejo, zona más silenciosa. Una mujer abre la puerta. No sonríe.
Ella (en voz baja):
—Tú no la tomas, ¿verdad?
Elian, desconcertado:
—¿Qué?
Ella mira a los lados, le pasa un pequeño sobre de papel doblado:
—Ábrelo cuando estés solo. No te fíes de las noticias.
Le cierra la puerta con firmeza. Elian guarda el sobre.
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De camino a casa, ve a un hombre en una parada de autobús, quieto, mirando al vacío con una sonrisa tensa.
Otro pasajero le habla, pero el hombre no responde.
Después de unos segundos, como si despertara, responde con voz mecánica:
—Disculpe, tuve un lapsus emocional. Ya pasó.
Nadie parece alarmarse. Solo Elian se detiene a mirar.
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De noche. Elian está solo en su habitación. Saca el sobre que le dio la mujer.
Dentro hay una pequeña hoja escrita a mano con solo una frase:
“Tú aún puedes sentir. No dejes que te quiten eso.”
La televisión suena de fondo con un presentador diciendo:
>“Serenis Corp garantiza que Azul 3.0 es segura y aprobada por expertos. ¡La paz mental es un derecho!”<
Elian apaga la tele. Mira la pastilla que aún no ha tomado.
Se queda en silencio, mientras afuera, todo sigue… extrañamente e orden.
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Afuera observo por la ventana a un hombre barriendo la acera…
de repente se queda quieto.
Una gota de sangre cae de su nariz.
Pero sigue barriendo como si nada hubiera pasado.
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El hombre que barría la acera sigue moviendo la escoba con la misma cadencia, la misma sonrisa serena. La gota de sangre en su nariz no parece afectarle. Una segunda gota cae, tiñendo de rojo el polvo gris del pavimento. Nadie lo mira. Nadie pregunta.
Elian observa desde su ventana. No sabe por qué no puede dejar de mirar. Siente un nudo en el estómago. Esa sensación de que algo no está bien, aunque todo siga funcionando como debe.
Un perro ladra en la distancia, rompiendo el silencio. El hombre de la escoba se detiene por un segundo, parpadea rápido, como si algo en su sistema se hubiera reiniciado. Luego sigue barriendo.
Elian cierra la cortina. Se sienta en el borde de la cama y vuelve a mirar la nota escrita a mano. La repasa con los dedos, como si pudiera encontrar alguna pista más allá de las palabras.
“Tú aún puedes sentir. No dejes que te quiten eso.”
¿Sentir qué?, se pregunta. ¿Rabia? ¿Miedo? ¿Tristeza? ¿Quién querría quedarse con eso?
Se acuesta con los ojos abiertos, sin encender la luz. Afuera, los sonidos de la ciudad bajan poco a poco. Todo está tranquilo. Demasiado tranquilo.
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Mañana siguiente
Elian despierta con la misma alarma chirriante. Se siente más cansado que el día anterior. Durante el desayuno, mira la caja de pastillas encima del microondas. Azul 3.0. El diseño es limpio, minimalista. Un azul suave, relajante. Parece confiable.
Toma la caja en la mano. Lee el reverso:
> “Uso diario recomendado. No suspender sin orientación médica. Puede causar estabilidad emocional, obediencia proactiva y disminución de pensamientos intrusivos.”<
¿Obediencia proactiva?
Deja la caja donde estaba. Sale al trabajo con la misma mochila de siempre, los audífonos sin música puestos. Solo quiere aislarse del murmullo general.
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Esa tarde, entrega un paquete en una zona residencial nueva. Edificios idénticos, calles perfectamente alineadas. Todo limpio. Demasiado limpio.
Una mujer joven abre la puerta. Lleva un delantal de cocina, huele a cloro. Le sonríe.
—¡Qué bueno que llegó! Hoy era mi última dosis.
Toma el paquete, firma el recibo digital y luego, de manera abrupta, se le queda viendo.
—¿No tomas Azul, verdad?
Otra vez la misma pregunta. Elian duda.
—No... todavía.
Ella sonríe más amplio.
—Aprovecha mientras puedas.
Le cierra la puerta sin más.
Elian baja los escalones despacio, con el sobre aún en el bolsillo, ahora más consciente de su peso. Se da cuenta de que ha comenzado a mirar diferente a las personas. A dudar de sus sonrisas. De su calma.
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Mientras camina de regreso a casa, Elian se detiene frente a una pequeña tienda. En la pantalla de un televisor colgado en la pared, un noticiero repite la misma frase de siempre:
> “Azul 3.0 cuenta con la aprobación total de la Asociación Nacional de Salud Emocional. Serenis Corp trabaja por ti.”<
Las palabras le suenan vacías. Automáticas.
A su lado, un grupo de adolescentes ríe con entusiasmo exagerado. Se empujan entre ellos como si estuvieran jugando, pero hay algo extraño en la forma en que ríen: demasiado fuerte, demasiado sincronizados. Uno de ellos se cae y se raspa el brazo. Se queda en el suelo por unos segundos, mirando la sangre. No grita. No se queja. Solo sonríe.
Los otros lo rodean y repiten en coro, como un mantra:
“Todo está bien. Todo está bien. Todo está bien.”
Elian da un paso atrás. Nadie más parece notarlo. Un hombre a su lado mastica chicle mientras revisa su celular. Una anciana sigue caminando con su carrito de compras.
Y entonces, por un instante, siente que el suelo se mueve bajo sus pies. No literalmente, sino como si algo invisible hubiera cambiado de lugar.
Levanta la mirada. El televisor ahora muestra un nuevo mensaje, en letras blancas sobre fondo azul:
> “AZUL 3.0. La paz no es una opción. Es un deber.”<
Elian guarda las manos en los bolsillos. Aprieta los dedos contra el papel doblado. Lo siente como un ancla. Algo real.
Luego, sigue caminando.
Sin mirar atrás.
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