Secuestrando al hombre perfecto

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Summary

Dani iba a casarse. El vestido, las flores, los invitados... todo estaba listo. Todo, excepto el novio. Que huyó como un cobarde, directo al aeropuerto y sin mirar atrás. Con el corazón en ruinas y las damas de honor más desquiciadas y leales del universo, Dani hace lo que cualquier mujer sensata haría tras ser plantada en el altar: Secuestra al amor platónico de su adolescencia. Sebastián Herrera, galán de telenovelas y rompecorazones profesional, jamás imaginó que acabaría atado a una silla en el sótano de una casa suburbana, rodeado de vino barato, snacks, y cuatro mujeres armadas con cinta adhesiva y planes dudosos. Pero lo más inesperado no fue el secuestro. Fue lo que ocurrió después. Entre sesiones de "terapia" forzada, cenas que parecen citas y confesiones a media noche, Dani y Sebastián descubrirán que a veces, el amor necesita un poco de locura para empezar y mucha verdad para sobrevivir. ¿Y si la peor idea de tu vida fuera el mejor comienzo?

Genre
Humor
Author
Fer BG
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El Vestido Que Nunca Bailó

La iglesia de San Miguel nunca había estado tan perfecta. Las flores blancas y rosas se alineaban en cada banco como soldados esperando órdenes, las velas proyectaban sombras doradas sobre los rostros expectantes, y el órgano susurraba melodías que prometían finales felices. Dani García ajustó el velo por decimoséptima vez, sus dedos temblando ligeramente mientras verificaba que cada pliegue del vestido estuviera en su lugar.

—Tranquila, mija. Estás radiante —murmuró su madre, Elena, acomodándole un mechón rebelde detrás de la oreja.

Pero Dani no se sentía radiante. Se sentía como si hubiera tragado una colonia de mariposas que ahora hacían acrobacias en su estómago. Desde su posición en la entrada lateral de la iglesia, podía ver las cabezas de doscientos invitados girándose ocasionalmente hacia la puerta principal, esperando. Todos esperando.

El padre Martínez revisó su reloj por tercera vez en cinco minutos. Su sonrisa paternal comenzaba a mostrar grietas de preocupación. Dani sintió una gota de sudor deslizarse por su espalda, empapando la seda del vestido que había tardado ocho meses en elegir. El vestido que había soñado usar desde que era una niña jugando a las bodas con las muñecas de su hermana.

—¿Dónde está Ricardo? —preguntó Valeria, su hermana mayor, con esa voz controlada que usaba cuando algo estaba terriblemente mal pero no quería admitirlo.

6:47 AM - Seis horas antes

La mañana había comenzado con todo saliendo perfectamente. Dani se había despertado cinco minutos antes de que sonara la alarma, señal de que el universo estaba de su lado. El cielo estaba despejado, sus amigas habían llegado puntualmente con café y pasteles, y el maquillista había logrado crear exactamente el look que quería: natural pero radiante, como si el amor la hubiera tocado con un pincel mágico.

—¡Señora García! —había gritado Yuli, su amiga más joven, irrumpiendo en la habitación con una sonrisa que podría haber iluminado toda la ciudad. —¡Hoy es tu día!

Carla, siempre la práctica, había comenzado inmediatamente con la lista de verificación. Sofía había documentado cada momento con su cámara, y Valeria había supervisado todo con la precisión de un director de orquesta. Todo perfecto. Todo según el plan.

Pero cuando Dani había intentado llamar a Ricardo para escuchar su voz antes de la ceremonia, había saltado directamente al buzón de voz. "Es la tradición", había dicho Val. "No se pueden ver antes de la ceremonia". Y Dani había aceptado esa explicación porque quería creerla.

11:30 AM - Tres horas antes

Durante el peinado, volvió a intentar llamar. De nuevo, buzón de voz. Esta vez, el nudo en su estómago se apretó un poco más. Sofía había notado su expresión en el espejo.

—¿Todo bien? —le había preguntado, colocando una mano reconfortante en su hombro.

—Sí, solo... no logro contactar a Ricardo. Debe estar nervioso.

—Los hombres procesan las emociones diferente —había dicho Carla con autoridad. —Probablemente está en el gimnasio descargando tensión.

Dani había querido creer eso también. Ricardo siempre corría cuando estaba ansioso. Había corrido después de su primera pelea, después de conocer a sus padres, después de que ella mencionara casarse por primera vez. Siempre corría, pero siempre regresaba.

2:15 PM - Cuarenta y cinco minutos antes

El vestido estaba puesto, el maquillaje retocado, el ramo perfecto. Dani se había mirado en el espejo y por un momento había visto exactamente lo que siempre había soñado: una novia feliz, radiante, lista para comenzar su vida para siempre. Había tomado una foto para enviársela a Ricardo, pero el mensaje no se había entregado.

—¿Probaste llamar a Miguel? —había sugerido Yuli, refiriéndose al padrino.

Valeria había marcado inmediatamente. La conversación había sido breve, tensa, llena de pausas que duraban demasiado.

—Dice que Ricardo salió temprano del hotel. Que tenía... cosas que hacer.

Cosas que hacer. El día de su boda. El nudo en el estómago de Dani se había convertido en un puño.

3:00 PM - Tiempo presente

Ahora estaba aquí, en la iglesia, con doscientos invitados susurrando cada vez más fuerte. El padre Martínez ya no sonreía. Su madre tenía esa expresión que significaba que estaba a punto de tomar control de la situación de la manera más diplomática pero implacable posible.

—Voy a llamar a Miguel otra vez —anunció Valeria, pero su voz sonaba hueca.

Dani observó a los invitados desde su posición. Reconoció a la tía Carmen, que ya estaba sacando su teléfono, probablemente para actualizar a toda la familia extendida. Vio a los compañeros de trabajo de Ricardo, que se veían tan confundidos como ella se sentía. Notó a las amigas de la universidad, que comenzaban a intercambiar miradas significativas.

El órgano siguió tocando, pero ahora la música sonaba fúnebre en lugar de festiva.

3:00 PM - Simultáneamente, en un taxi rumbo al aeropuerto

Ricardo Vega tenía las manos temblando mientras marcaba el número de su hermano por quinta vez. El taxista lo miraba por el espejo retrovisor con una mezcla de curiosidad y disgusto, como si pudiera oler la cobardía emanando de su pasajero.

—Ándale, contesta —murmuró Ricardo, pero sabía que Miguel no le contestaría. Su hermano, su padrino, había sido muy claro esa mañana: "Si no quieres casarte, díselo a Dani. Pero no seas cobarde, Ricardo. Ella no se merece esto."

Pero él había sido exactamente eso: un cobarde. Había despertado en el hotel, había visto el traje colgado en la puerta del armario, había pensado en caminar por ese pasillo, en decir esas palabras, en firmar esos papeles, en ser esposo de alguien para siempre, y había entrado en pánico.

No era que no amara a Dani. La amaba. Pero amarla y estar listo para casarse con ella eran dos cosas completamente diferentes, y él había tardado hasta la mañana de la boda para darse cuenta.

El vuelo a Monterrey salía en dos horas. Su primo le había ofrecido trabajo en su empresa. Podría empezar de nuevo, lejos de las miradas acusadoras, lejos de la culpa, lejos de la mujer que merecía mucho más que un hombre que huía el día más importante de su vida.

Escribió un mensaje que nunca envió: "Perdóname, Dani. No soy el hombre que necesitas. Algún día me lo vas a agradecer."

3:15 PM - De vuelta en la iglesia

El padre Martínez se acercó a Dani con pasos cautelosos, como si se aproximara a un animal herido.

—Hija, tal vez deberíamos... considerar postponer la ceremonia. Solo hasta que podamos contactar a Ricardo.

Las palabras cayeron sobre ella como hielo. Postponer. Como si fuera un partido de fútbol cancelado por lluvia. Como si sus sueños, sus planes, su futuro fueran algo que se podía reprogramar para la próxima semana.

Dani miró hacia los invitados y vio el momento exacto en que todos se dieron cuenta. Vio cómo las sonrisas se desvanecían, cómo los susurros se convertían en murmullos, cómo las miradas de expectación se transformaban en compasión. Y la compasión, descubrió, era infinitamente peor que la curiosidad.

Su madre la tomó del brazo, pero Dani se soltó suavemente. Caminó hacia el altar con pasos medidos, digna incluso en su humillación, y se dirigió al micrófono.

—Buenas tardes a todos —su voz sonó más fuerte de lo que esperaba. —Parece que... parece que no va a haber boda hoy.

El silencio que siguió fue ensordecedor. Dani sintió como si estuviera en una película mala, como si las palabras hubieran salido de la boca de otra persona. Pero los rostros de shock, las manos cubriéndose bocas abiertas, los teléfonos comenzando a sonar, todo eso era terriblemente real.

3:16 PM - El momento de la verdad

Fue la tía Carmen quien rompió el silencio con un "¡Ay, Dios mío!" que resonó por toda la iglesia. Como si hubiera sido una señal, todos comenzaron a hablar a la vez. Preguntas, exclamaciones, teorías sobre qué había pasado, especulaciones sobre dónde estaba Ricardo.

Dani bajó del altar lentamente, cada paso una pequeña muerte. El vestido que había sido su sueño ahora se sentía como una mortaja. Las flores que había elegido con tanto cuidado se habían convertido en decoración para un funeral. Su funeral social.

Valeria apareció a su lado inmediatamente, seguida por su madre. Pero fue cuando vio a Carla, Sofía y Yuli corriendo por el pasillo central, con expresiones de furia y determinación, que Dani finalmente se quebró.

—¡Ese hijo de puta! —gritó Carla, olvidando completamente que estaba en una iglesia. —¡Cómo se atreve!

Sofía, siempre la psicóloga, tomó el rostro de Dani entre sus manos. —Respira. Solo respira. Esto no es sobre ti, ¿okay? Esto es sobre él y su cobardía.

Pero Dani no podía respirar. Podía ver a los invitados levantándose, recogiendo sus cosas, mirándola con esa mezcla de lástima y curiosidad morbosa que la gente reserva para los accidentes automovilísticos. Podía imaginar las conversaciones que tendrían esa noche en sus casas, en sus trabajos, en sus redes sociales.

"¿Viste lo que pasó en la boda de Dani García?"

"La plantaron en el altar."

"Qué vergüenza."

"Pobrecita."

Y esa palabra, "pobrecita", resonó en su cabeza como una campana funeraria.

Yuli fue la primera en notar que algo más estaba pasando. Mientras Carla maldecía en voz baja y Sofía intentaba consolar a Dani, ella había sacado su teléfono y había visto las notificaciones. Instagram, Facebook, Twitter. Las fotos ya estaban circulando.

—Chicas —dijo con voz temblorosa, mostrando la pantalla. —Ya está en redes sociales.

La foto era devastadora en su claridad: Dani en el altar, sola, con el vestido blanco extendido a su alrededor como las alas de un cisne herido. Alguien había capturado el momento exacto cuando se había dado cuenta de que no habría boda, cuando toda esperanza había abandonado su rostro.

El hashtag ya tenía cientos de publicaciones: #NoviaPlantada.

Dani miró la pantalla y algo se rompió dentro de ella. No era solo dolor ahora. Era furia. Una furia fría y cristalina que comenzó en su pecho y se extendió por todo su cuerpo como hielo ardiente.

—Me quiero ir a casa —murmuró, pero sus ojos seguían fijos en la pantalla. En los comentarios. En las reacciones de risa. En los memes que ya estaban apareciendo.

Carla la tomó del brazo con firmeza. —Vamos. Ahora mismo.

Pero mientras caminaban hacia la salida, Dani no podía dejar de pensar en una cosa: Ricardo había huido. Había tomado la decisión más importante de su vida y había huido. La había dejado ahí, frente a doscientas personas, para que enfrentara las consecuencias de su cobardía.

Mientras el coche se alejaba de la iglesia, Dani miró por última vez el edificio donde había planeado comenzar su vida para siempre. El vestido que nunca bailó se arrugaba contra el asiento de cuero, y por primera vez en su vida, Dani García comenzó a planear su venganza.

No sabía qué forma tomaría. No sabía cuándo llegaría el momento. Pero mientras las lágrimas se secaban en sus mejillas y la furia se cristalizaba en determinación, una certeza creció en su pecho: Ricardo Vega había cometido el error más grande de su vida.

Y algún día, de alguna manera, él se iba a enterar.