THAT NIGHT﹁ Myg-Pjm]Omegaverse[ [ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏ́ɴ ]

Summary

That Night toma el contexto de un protagonista fuerte y apasionado, que esconde un amor no correspondido por su mejor amigo de la infancia. Jimin ha estado soltero toda su vida, pero no es tan inocente como su apariencia deja creer a los demás. Y después de pasar una noche de fiesta con sus amigos y emborracharse, da su primer beso, sin embargo al día siguiente, aunque puede recordar el beso, no recuerda la persona que se lo dio.

Genre
Fantasy/Drama
Author
DREA
Status
Complete
Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

¿Es posible conocer la sensación que produce un beso, cuando nunca se ha dado uno?

El roce de una mano que toca tu boca, y un dedo que acaricia el borde de esta, mientras dibuja el trazo de tus labios como si fueran sus dedos quienes se adueñaran de aquel apetitoso tormento. Exigente. Como si por primera vez tu boca se entreabriera y bastara con cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar. Un inicio que nace del deseo por una boca de deleitable figura. La boca que tu mano elige y te dibuja en la cara. Una boca elegida entre todas. Porque no hay otra igual que con solo la satisfacción de mirarla, te apague la sed.

¿Es lo que piensan todos cuando la necesidad de pertenecer al otro los consume? o… ¿Es tan solo la percepción de alguien que sueña con ahogarse en la bruma del deseo y la incesante sensación que causa besar?

Jimin mantiene tal incógnita como una necesidad en su inconsciente, cada día. Incluso cuando ya sabe la respuesta.

Pues no hay otro que desee besar más que a Min Yoongi. Su mejor amigo de años y amor platónico.

Aún recuerda cuando fue la primera vez que se sintió diferente en su presencia.

Estaba en el jardín de su casa pescando estrellas fugaces, con la mirada al cielo y los ojos grandes. Habían dicho en las noticias que habría una lluvia estelar a media noche, y Jimin, quien amaba todo sobre los cuerpos celestes, convenció a sus padres y arrastró a su mejor amigo, a un picnic lunar, a mitad de semana, con un clima helado y mucha comida chatarra.

Era su decimoquinto cumpleaños, y la excusa no podía ser mejor que esa.

Ambos yacían sobre sábanas acolchadas y rodeados de dos capas de ropa gruesa.

La emoción por tal espectáculo, hacía que el frío fuera más llevadero. El cielo lleno de estrellas, acaparaba la atención de Jimin por completo, y el silencio de la noche, volvía aquel encuentro entre él y el universo, como unos besos dulces en los labios.

Jimin no podía parar de pensar, en cómo su corazón latía tan rápido. Como sus pies cosquilleaban y la sequedad de su boca le abría la sed.

¿Es acaso esto la emoción de un primer beso?, pensó.

No podía parar esas ideas.

Ni siquiera cuando la vista de aquel hermoso paisaje estelar, exponía su belleza ante sus ojos. No cuando hace algunas horas atrás, pudo conocer la respuesta.

—¿Sigues enojado? —preguntó Yoongi, quien al contrario del omega, no veía a las estrellas. Su atención, únicamente en Jimin, y el rubor que el crudo frio de la noche, obligaba a sus mejillas a cubrirse de color.

—Te dije que no hablaras.

—No puedo creer que me hagas la ley del hielo por ese idiota.

—Arruinaste mi primer beso.

—Ese tipo te estaba engañando.

—Sigues diciendo eso y aun no entiendo a qué te refieres.

—Te llevó a la fuente de los besos. Es obvio lo que quería, ¡y tú ibas a dárselo! Esa clase de chicos solo te usa y luego te abandona —ante eso, Jimin tuerce el gesto y rueda los ojos—. ¿Permitirías que una basura como esa te mire con desprecio?

—No me importa que mi primer beso sea con alguien a quien no amo —responde, no mirándole a los ojos—. Se a lo que iba cuando me pidió almorzar lejos de la cafetería.

—No te creo.

—¿Qué? —pregunta con ironía, jadeando ante la risa nerviosa que se le escapa de entre los labios, mirando a su vez a Yoongi, quien sin haber dejado de observarlo, le sonríe de lado.

Jimin borra su semblante burlón y traga en seco. Sus ojos se mueven ante los movimientos lentos de su mejor amigo para acercarse a él. Y el oxígeno se le escapa, cuando el rostro del otro llega al suyo.

—Nunca darías tu primer beso a alguien que no amas —murmuró, llevando su mano al rostro de Jimin, en un gesto ansioso por su necesidad de tocarlo—, ¿te digo por qué?

Fue algo fugaz. Pero se sintió como una sacudida en su interior.

—¿Por qué? —pregunta el omega, sintiendo las caricias del alfa, como fuego en la piel y el sonido de su respirar, como una melodía dulce y suave que poco a poco lo adormecía.

Sus ojos no se apartaban de los suyos. A pesar de lo mucho que quería mirar su boca. Una boca que ya había visto muchas veces, pero no de tan cerca.

Jimin se preguntaba si a esa distancia aquella boca tendría un color más intenso. Cuántas líneas lo adornaban. Cómo se sentirían sus dedos al dibujarla sobre esta o si el aliento que se escapa de entre sus dientes se camuflaría con el suyo y en un beso, ambos darían oxígeno al otro.

Tantas preguntas… y Jimin no podía apartar la vista de aquellos grandes orbes negros, de ojos rasgados y mirada afilada, que le eran tan similar al cielo nocturno que segundos antes observaba con tanta intensidad.

—Puedes dar mil excusas —empezó diciendo Yoongi, causando que el aire de su exhalación estremezca al omega, quien ante aquello se anima a acercarse a él—, pero sé cómo piensas y en qué sueñas. Y nunca besarías los labios que con ni siquiera una mirada algo te provoca.

—Seo Joon es muy atractivo —Jimin dice, lo que enseguida a Yoongi hace reír.

El omega lo sigue con la mirada. Aturdido. Y repentinamente, Yoongi se aparta bruscamente de él y vuelve a su sitio, abrazándose a sí mismo.

—Yo no hablo del físico.

—¿Y de qué? —logra decir, pero él lo ignora.

En cambio mira el cielo y de la nada exclama señalando algo sobre ellos.

—¡Jimin mira! ¡Woooo! ¡Son muchas!

De repente las estrellas se volvieron aburridas. Jimin tenía un nuevo espectáculo que admirar. Aquellos labios que se ensanchaban y se movían. Estuvieron tan cerca y solo su aliento pudo saciarse de la repentina sed que ahora lo ahoga.

Y desde aquel día, todo fue diferente. Los años pasaron y Jimin no podía apartar aquellas alocadas ideas. Sobre todo cuando Yoongi parecía haber olvidado lo que pasó. Como si solo el omega lo hubiera sentido.

Esa conexión.

El picor que experimentó aquella noche aún permanece en sus labios, y es tan frustrante. Especialmente hoy, que en su cumpleaños número veintitrés, en pleno auge de su juventud, Jimin aún no ha podido probarle a su mejor amigo que está equivocado.

Cada oportunidad que el destino le proporciona, falla una tras otra.

No puede.

No cuando lo tiene tan cerca.

Sus acciones y palabras lo confunden.

No entiende qué significan sus sonrisas, sus miradas y atenciones. La mente de Jimin debate entre su capricho de adolescencia o el cariño fraternal que tiene hacia él.

Lo que siente cuando lo ve con omegas bonitos, no sabe cómo percibirlo y no entiende sus emociones. Todo es tan difícil.

—¿Jimin? —pregunta Seokjin, uno de sus mejores amigos, que al no encontrarlo en la fiesta, empezó a buscarlo por el edificio.

Estaban en el local de los padres de Yoongi, celebrando el cumpleaños de ambos pues los mejores amigos de años comparten más que secretos.

El lugar tiene dos pisos, donde el primero es el bar cocina y el segundo la zona de almacenaje y baño. Sitio en el cual ambos se encontraban.

—¿Estás bien? —preguntó el beta.

—Si —responde Jimin con dificultad, saliendo del baño luego de remojarse las manos.

—¿Qué haces aquí arriba?

—Yo… necesitaba estar un minuto solo. Estoy bien.

—¿Seguro?

—Si.

—No estarás escondiéndote de Yoongi, ¿verdad?

—¡Qué! —Dice entre risitas—. ¿Por qué haría eso? —Pregunta él, vacilante. Mirando a sus costados como si la poca iluminación del pasillo lo dejara ver algo.

Seokjin quien observaba a detalle todos sus movimientos, lo miró con ojos curiosos y pequeños. No le creía nada y Jimin lo sabía, pues hasta él se daba cuenta de su nerviosismo, por lo que, tras dar un gran suspiro, dijo: —No me estoy escondiendo de él. Si no de Hoseok. Ambos de hecho.

—Decídete, ¿te escondes de él o de ambos?

—De los dos.

—¿Por qué?

—Se supone que hoy es el día en que me atreveré a dar el gran paso. Pero no puedo hacerlo estando Yoongi aquí —responde—. Siento que lo estoy engañando o alguna cosa ridícula como esa. No sé.

—¡Oh, Dios! —murmuró Seokjin apenas, cubriendo su boca para reprimir una carcajada.

—No te burles —dijo Jimin señalando al otro con el dedo. En un reclamo tierno que solo hace a su mejor amigo intensificar su risa.

—Lo siento, pero… ¿No habías superado ya aquel día en que pescaron estrellas fugaces?

—Es más fácil decirlo que hacerlo.

—Oww —murmura Seokjin, pellizcando las regordetes mejillas de su amigo—. ¿Sabes lo que necesitas? —Jimin lo miró expectante—. Alcohol.

—No. Me rehúso a dar mi primer beso borracho.

—¿Por qué?

—Quiero recordarlo.

—¿Por qué?

—¿Cómo qué por qué Seokjin?

—Yo desearía no recordar el mío.

—Tenías doce años, no sabías nada de besos y a quien elegiste parecía gustarle Birdo de Mario Bros.

—¡Hey! —Exclamó, riendo una vez más—. Muy valiente de tu parte burlarte de alguien, cuando ni siquiera has besado a nadie.

—Incluso si no lo he hecho, lo sé, veo, ¡escucho besos!

—¿En la televisión? ¿Los libros?

—¿No conoces la ley del millón de horas? Si una persona entrena algo durante millones de horas…

—¿Has visto a otros besarse durante millones de horas? ¿A eso te refieres? —Jimin lo fulmina con la mirada y pasa por alto su interrupción, empezando a caminar—. Ten cuidado a quien le dices esas cosas. Creerán que eres un pervertido.

—Ah, cállate.

En eso, Jimin tropieza con algo duro que lo hace perder el equilibrio, pero mucho antes de que caiga al suelo, unas grandes manos lo sujetan.

—¡Oh! Aquí están. Me preguntaba a donde se habían metido.

—Yoongi —susurró Jimin sin aliento.

—Te dije que lo encontraría, ¿Por qué dejaste el pastel solo con esos salvajes? —dijo Seokjin uniéndose a ellos, quien se echó a reír al ver la expresión de su mejor amigo.

—Les advertí no hacerle nada —respondió Yoongi.

—Vamos abajo.

Jimin agradeció en silencio a Seokjin por alejarlo de Yoongi, permitiéndo que lo tomara por los hombros para bajar al primer piso. Y fue cuando descendieron por las escaleras que Jimin entendió porque había tanto escándalo.

En su huida al baño, la cantidad de invitados había aumentado.

La mayoría eran amigos de Yoongi, pero los conocía a todos. Sobre todo a Hoseok, que desde que lo vio llegar hasta donde un bonito pastel yacía en la mesa, no le quitó la mirada de encima.

Seokjin lo obligó a permanecer a un costado de esta, junto a Yoongi, mientras sacaba una cámara de fotos y gritaba indicaciones.

—Me has estado evitando —dijo el alfa, tan cerca que la piel de Jimin se erizó ante el cosquilleo que aquella voz siempre le produce—. Ni siquiera he podido desearte feliz cumpleaños.

—Hablamos en la mañana —responde él, a medias. Interrumpiéndose abruptamente a sí mismo, en cuanto comenzó a escuchar a sus amigos cantar.

—Fue en el grupo para la organización de la fiesta y solo respondías a los mensajes de Seokjin.

—Lo siento, he estado distraído.

—Chicos —escuchan al beta llamarlos y enseguida vuelven su mirada al frente—, pidan un deseo.

En sus manos, Seokjin extiende dos vasos con licor de kahlua, flameante.

—¡Lindo! —Exclama Jimin, al tiempo que le daba un codazo lleno de entusiasmo a Yoongi, quien lo miró enseguida—. Lamento no haber contestado el celular en todo el día. No lo hice a propósito —dijo el omega en voz baja, mientras ambos tomaban los vasos que le ofrecía Seokjin—. ¿Todo bien?

—Todo bien —contestó Yoongi con una sonrisa tímida.

Jimin lleva su bebida a la contraria y hacen que choquen en un brindis.

—Feliz cumpleaños Yoongi.

—Feliz cumpleaños —repite él.

Cada uno sopla el fuego que yace sobre el vaso y beben de este. Para luego cerrar los ojos y pedir un deseo.

Sus amigos aplauden y a los pocos segundos la música empieza a sonar.

El resto de la noche pasa muy rápido. Jimin no sabe dónde está Yoongi la mayoría del tiempo, y honestamente lo agradece. Mientras más alejado esté de él, más se concentrará en otros alfas.

Sin embargo, para cuando eran más de las dos de la mañana, Jimin perdió conciencia de sus actos y el resto se volvió una hoja en blanco en su mente.

Al despertar, ocho horas después, Jimin siente el cuerpo pesado. La espalda le duele y la luz en la habitación le molesta en los ojos.

Lentamente se remueve en su sitio y el olor particular del lugar le advierte en donde se encuentra. No podría jamás confundir con otro, la fragancia a rosas que mantiene su apartamento. Por lo que se estira, cómodo con la idea de haber llegado a su casa a salvo, y se retuerce en el frío piso.

Abre poco a poco los ojos, e inmediatamente se encuentra con el borroso reflejo de su persona a la distancia, gracias al enorme espejo que tiene en su habitación.

Sigue un poco atontado, así que se sonríe a sí mismo. Repara en cada detalle de su rostro y sus ojos se detienen en su boca.

Tiene restos de su bálsamo color coral fuera del contorno de sus labios, y parte del producto está corrido alrededor de su boca.

La sorpresa lo invade, y como primer impulso, se sostiene de sus manos para acercarse a ver mejor, pero una punzada en una de ellas lo detiene. Baja la mirada y se topa con un vendaje en torno a esta, aturdiendo sus sentidos; Su respiración se vuelve errática y los latidos de su corazón se aceleran. No entiende nada y el dolor en su cabeza solo empeora las cosas.

Tiene la ropa en su sitio, su habitación está intacta. No nota nada diferente en sí mismo, y lo único fuera de lugar es su cabello rubio desordenado y su maquillaje corrido.

No sabe si eso lo tranquiliza o solo lo confunde más. Siente que está a punto de caerse en un abismo de preguntas, mientras todo su cuerpo parece sacudirse.

Está espantado.

O cree estarlo, pues en cuanto el sonido de un celular vibrando a lo lejos resuena en su apartamento, su cuerpo brinca y reacciona de mala manera, helándole la sangre.

Por lo que rápidamente se acerca a este, levantándose del suelo, para luego mirar con ojos grandes y sin aliento un teléfono que no es el suyo, mientras no deja de sonar una y otra vez.

Lo que sea que pasó anoche, dejó un souvenir.

—¡Oh, mierda! ¿Qué fue lo que hice?