La Cruda Soledad de Kenji Hitoichi

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Summary

Kenji Hitoichi ve la soledad no como una condena, sino como una verdad inamovible para quienes, como él, rechazan la hipocresía social. Cuando el instituto lo fuerza a interactuar con compañeros que encarnan lo que detesta, su filosofía es puesta a prueba. A través de conexiones inesperadas y confrontaciones inevitables, Kenji deberá decidir si la autenticidad es un camino solitario o si hay espacio para una conexión genuina en su mundo de apariencias. Una historia cruda sobre la verdad de las relaciones humanas y el inevitable abrazo de la soledad.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

¿Para ustedes qué es la soledad? ¿Algo bueno? ¿Algo malo? ¿Un sentimiento? ¿Un estilo de vida? ¿Algo momentáneo?

Seguro que muchos habéis pensado: “depende”. ¿Pero no es eso lo mismo que decir que no tenéis ni idea de lo que es?

Como persona solitaria que soy, no puedo evitar tener una opinión crítica y sesgada al respecto: la soledad es algo inamovible en la vida de aquellos que han sido seleccionados.

O al menos, esa es mi opinión. La de un chico que ha sido solitario toda su vida.

∆ ∆ ∆

—Tú eres Kenji Hitoichi, ¿cierto?

Aquella chica me habló sin razón aparente.

—Eh, sí...

Pareció extrañada por mi respuesta tan corta, entonces se señaló a sí misma.

—¿Eh?

—¿Qué ocurre? Cuando alguien demuestra que sabe tu nombre, tú deberías demostrar que también lo sabes.

¿Eso es alguna moda? No estoy interesado.

—Esto... Lo siento.

No me sabía su nombre.

—¿En serio? Me vas a deprimir... —dijo en tono de broma—. En fin, Yuki Manabe, un placer.

—Sí, igual.

Miré por la ventana y seguí con mis pensamientos.

A ella no pareció gustarle mucho mi reacción; mostró una sonrisa molesta.

—Bueno, yo me marcho...

Se fue con un grupo más grande.Vi cómo me señalaba y cómo me miraban sin discreción.Algunos se rieron con falsa precaución.

A mí, sinceramente, me dio igual.

Parecía que Manabe quería ser agradable y animarme a socializar, pero al ver que no estaba muy por la labor, se marchó. O quién sabe, quizá solo fue una excusa para burlarse de alguien.

—Bien, clase, sentaos.

Entró al aula nuestro tutor, Hinata Fujiwara, y nos pidió que tomáramos asiento.

—Ahora que estáis todos en vuestros sitios, dejadme explicaros el primer proyecto del año. Será un trabajo grupal, divididos en grupos de cinco personas. El tema es libre, elegidlo entre vosotros. En base a la calidad del contenido, el trabajo en equipo y el mensaje que transmita, os evaluaré individualmente y formaré un ranking en el que competiréis con las demás clases del curso y entre vosotros. Así que no solo importa el trabajo en grupo, también el esfuerzo individual. Los primeros puestos de cada clase recibirán un premio, y lo mismo con los mejores de toda la escuela.

Esto ya lo sabíamos. Son cosas que firmamos para entrar.

Aunque Fujiwara-sensei lo presente como algo crucial, tampoco es para tanto.

Si bien esta es una buena preparatoria, no garantiza el 100 % de plazas en la universidad o el trabajo. Es como un Harvard u Oxford japonés, pero sin tanta pomposidad.

Los premios probablemente tampoco sean gran cosa. En el improbable caso de que sean monetarios, seguro que es una cantidad baja.

—Dicho esto, sois libres de formar grupos con quien queráis durante el descanso. Los demás cursos harán lo mismo.

Ya veo, eso es un problema.Si tenemos que escoger grupos, los que tenemos poca o nula presencia social no tenemos opción real de elegir.

En cualquier caso, solo hace que todo sea más incómodo. Acabaré en algún grupo de amigos donde seré la quinta rueda. Bueno, ni eso... ni siquiera el repuesto.

∆ ∆ ∆

Durante el descanso salí del aula y fui a comprar algo en una máquina expendedora.

Para evitar momentos incómodos, lo mejor era desaparecer un rato. Así, cuando volviera, ya estaría en un grupo por descarte.

Me compré una soda con tranquilidad mientras esperaba que acabara el descanso.

—Parece que también eres un solitario.

—¡Aaaeeh!

De repente alguien me habló y me asusté.

Casi tiro la bebida. Como se agitó, ahora tendría que tener cuidado al abrirla.

—Oh, lo siento. No quería asustarte.

Una chica de pelo corto se puso junto a la máquina.

—Está bien... ¿Querías algo?

Negó con la cabeza.

—Simplemente pareces igual que yo: alguien solitario y sin amigos.

Parecía de otra clase, y claramente en la misma situación que yo.

—Ya veo...

—¿No te fastidia la gente popular? Intentan imponerte sus ideales como si fueran lo correcto, y si no los sigues, tú eres el malo.

—Pero ellos están en la cima social, ¿no? No creo que tengamos razones para decir que están equivocados.

—¡Claro que lo están! Su forma de actuar solo beneficia a quienes tienen habilidades sociales.

—Actúan en base a cómo funcionamos las personas. No vamos a gustarle a nadie sin una razón.

No pareció gustarle mi respuesta.

—Solo eres un sumiso ante esa gente... Y pensar que eres un solitario como yo.

—Simplemente no somos lo mismo.

—¿Eh? —Se extrañó ante mi afirmación.

—Yo he aceptado la soledad como algo inamovible en mi vida. Tú aún deseas y buscas amistad. No digo que esté mal, pero no me metas en tu mismo saco.

Ante mis palabras, se quedó en silencio.

Tiré la lata vacía y me dispuse a marcharme.

—Maki Uji.

Se presentó antes de dejarme ir.

—Kenji Hitoichi.

Me presenté y me fui.

Cuando regresé al aula, ya parecían estar todos los grupos hechos.

—¡Oi! Tú eres Hitoichi, ¿cierto?

Un chico me llamó.

—... Así es.

—Ven con nosotros. Estás en nuestro grupo.

Me dio palmaditas y empujones animados para llevarme con él.

Era el grupo de Manabe.

Aunque juraría que era más grande.Vi que dos chicas del grupo estaban con otros.

Por un momento pensé que me habían reservado el sitio, pero en realidad se separaron para no dejar a nadie excluido.

En otras palabras, sigo sobrando.

—Te has tardado en venir. A ver si evitamos meter en problemas a los demás.

—Bueno, Ike, tranquilo. La cosa es que ya está aquí.

Ike Watanabe era curioso, pero no parecía que le cayera bien.

El chico que me llevó al grupo, Reigen Miyagi, lo calmó.

—Tsk.

Chistó. ¿Tan mal le caigo?

—Ah, ¿cómo te llamabas?

La chica junto a Manabe me preguntó, a pesar de que acababan de decirlo.

—Kenji Hitoichi.

—¿Eh? ¡Era broma, hombre! ¿De verdad pensaste que no me acordaba?

Se rió de forma muy efusiva. No pude saber si era de mí o conmigo.

Al ver que no me hacía mucha gracia, se calmó.

—Lo siento, lo siento. No te lo tomes así. Me presento: soy Cho Mochizuki. Yuki ya nos contó que no eres bueno recordando nombres. Fue muy gracioso.

—Ya, bueno...

—Pareces del tipo antisocial. Solo espero que no hagas nada sospechoso a Yuki o a mí...

Se abrazó a sí misma simulando miedo.

—Oye, que no soy un acosador.

—¡Jajajajaja! Era broma. Eres muy gracioso. Esto... ¿Cómo te llamabas?

...

—Venga, Hitoichi-kun, no te lo tomes así.

Me dio varios golpes en la espalda, demasiado efusiva.

—Venga, chicos, esforcémonos todos en el trabajo grupal. ¡Yeih! —Manabe levantó la mano con ánimo, instando a los demás a imitarla.

Todos hicieron lo mismo con entusiasmo.

Entonces me miraron.

—Tú también, Hitoichi-kun —Mochizuki me dio unos codazos para que lo hiciera.

—Ye... Yeih...

Levanté el brazo con desgana y los imité con la mínima energía posible.

El grupo rió nerviosamente. Watanabe fue el único que no, claramente molesto por mi actitud.

—Bueno, ¿de qué deberíamos hacer el trabajo?

La primera en iniciar el debate fue Manabe.

—Yo creo que deberíamos hacerlo sobre los distintos tipos de pechos femeninos. Si lo hacemos con pasión, seguro que nos ponen buena nota.

—Buen intento, Reigen-kun, pero el contenido también importa. No creo que eso nos dé buena puntuación.

Mochizuki se opuso por completo.

—En cambio, hacerlo de las relaciones homosexuales entre hombres podría darnos buenos puntos.

Pasó de rechazar una tontería a proponer otra.

—¿Y si lo hacemos sobre el valor de la amistad y su fuerza? —añadió Manabe, ignorando la anterior.

—Es un mensaje muy típico. ¿Creéis que nos darían buena valoración?

Sorprendentemente, Watanabe parecía el más sensato del grupo, junto con Manabe.

—Tienes razón. A lo mucho nos darían una nota promedio. Pero entonces, ¿qué propones?

—¿Qué os parece un taller sobre la importancia de la unidad grupal?

—¿Pero no es básicamente lo mismo que la idea de Yuki? —preguntó Manabe.

Watanabe negó.

—No hablo de la amistad, sino del poder del grupo sobre el individuo. Dejamos la idea del “poder de la amistad” y nos centramos más en sus utilidades. Así, la amistad es solo una variable, no un hecho innegable.

—Oh, ya veo. Trataríamos la amistad como una opción, no como una verdad absoluta. Me parece interesante —añadió Mochizuki.

¿Qué narices?

Se pueden tomar las cosas más en serio de lo que parecen.

—A mí me parece buena idea. ¿Quién está de acuerdo? —Manabe levantó la mano y miró al grupo esperando lo mismo.

Todos levantaron la mano.

Yo no estaba del todo de acuerdo, pero levantar la mano parecía lo más conveniente.

Entonces...

—Oi, Hitoichi-kun, tú no has propuesto nada. ¿Tú qué piensas?

Mochizuki me detuvo y me pidió opinión directamente.

—¿Yo?...

Me sorprendió que me pidiera opinión cuando ya estaba todo decidido.

Los demás no parecían querer cambiar los planes, pero como Mochizuki me dio paso, tenían que escuchar.

—Yo... Creo que estaría bien hablar de la hipocresía del poder grupal. Las falsas amistades, las dobles caras usadas para mantener estatus social...

Se quedaron todos en silencio por un momento.

—Eso es raro... —dijo Manabe.

Todos cruzaron los brazos en forma de X.

—Denegado —dijeron al unísono.

No sé para qué hablo.

—Siento rechazar tu idea cuando yo te insté a hablar —se disculpó con una risa nerviosa.