S.A.R.A
—Entonces… hoy a las 4 ¿verdad?
—Sí, a esa hora estaremos todos. No te duermas.
Una vez acordada la hora, solo quedaba esperar. Adam estaba desempleado, aburrido de su vida en general, pero había algo que lo mantenía vivo… A medias. Un videojuego al que había dedicado gran parte de su adolescencia. Él y un grupo de amigos solían jugar en las tardes, luego de la escuela. Tuvieron buenos momentos: algunos alegres, otros no tanto. Siempre habían sido muy unidos, pero ahora todo solo eran buenas anécdotas, lindos recuerdos.
Al acabar su periodo escolar, su grupo de amigos se disolvió. Cada uno tomó un rumbo distinto en su vida. Trabajo, estudio, o como Adam sin saber qué hacer en su miserable vida.
Una semana antes.
—Entonces… ¿serían 300 dólares? —preguntó.
—Hey, chico… ¿para qué quieres una escopeta con una sola bala? —dijo el encargado, mirándolo con seriedad.
—Curiosidad…
El hombre entrecerró los ojos.
—Escúchame, muchacho… piensa bien esto. —Su tono ya no era de vendedor, sino de alguien que intentaba alcanzar al otro lado de una grieta invisible—. Por norma general, no podrás llevarte el arma hasta la próxima semana.
—Nos vemos la próxima semana, entonces —respondió el joven, sin emoción.
Adam siempre había sido alguien alegre, de esos que disfrutan ayudar a los demás, especialmente a sus amigos. Pero todo eso cambió cuando terminó la escuela. Su madre falleció, su padre lo abandonó, y se quedó solo. Aprendió lo dura que era la vida de golpe, y su personalidad cambió para siempre.
—Bueno… una semana no es tanto tiempo. Me da tiempo de planear mejor esto.
En ese momento, su teléfono comenzó a sonar. Era un número que no tenía agendado.
—Mierda… ¿serán los prestamistas? ¿Y ahora qué hago? —dijo preocupado.
El muy idiota había pedido préstamos a entidades de dudosa procedencia, y ya llevaba un buen tiempo sin saber nada de ellos. Al ver el número desconocido, solo pudo pensar que su suerte estaba empeorando aún más.
—¿Hola?... Disculpa por haberme retrasado en el pago, justo ahora te transfiero todo —dijo de forma exaltada.
—¿Pago?, ¿de qué estás hablando? —contestó la otra persona.
—Espera... ¡Esa voz! No me digas que...
—¡Jajaja! ¿Qué tal todo, Adam? ¿Cómo has estado?
La persona al otro lado del teléfono era Oliver, su mejor amigo… o bueno, lo fue en la secundaria. Adam, sintió como si, de pronto, hubiese recuperado el ánimo que había perdido tiempo atrás.
—¡Todo me va bien! ¿Tú qué tal has estado? Cuéntame, ¿qué es de tu vida? —dijo con entusiasmo.
—Me alegra escuchar eso. A mí también me va bien. Todo genial, de hecho, ya estoy por graduarme de mi carrera. ¿Y tú?
—¡Ya veo! Me alegro mucho por ti. Y yo pues… sí, también estoy cerca de acabar de estudiar —respondió Adam, algo nervioso.
—Bueno, a lo que iba… Los chicos y yo nos pusimos en contacto después de mucho tiempo, y estábamos pensando en reunir al equipo otra vez. Ya sabes, volver a jugar ese juego que tanto amábamos en nuestra adolescencia. Pero hay un problema: no podemos hacerlo sin nuestro mejor miembro. ¿Qué me dices, Jade?
—¿Qué acabas de decir? ¿El equipo? ¿Jade? No puedo creerlo… jamás pensé que volveríamos a revivir lo de esos días. ¡Claro que los acompañaré! ¿Cuándo piensan reunirse? —gritó con mucha energía.
—¡Genial! ¡Me alegra saber que estás disponible! Mmm… teníamos planeado hacerlo en una semana. Ese día los tres estamos libres del trabajo y proyectos.
—¿Una semana, eh…? —respondió, con un tono algo decaído.
—¿Sucede algo? Si no puedes ese día, no hay problema. Podemos moverlo a otro.
—No, no es nada. ¡Claro que puedo! Solo que ese día necesitaban ayuda en mi trabajo… pero pediré el día libre —bromeó.
Hablar, luego de tanto tiempo, con un amigo suyo… y saber que él sí había tenido éxito en la vida, lo llevó a pensar en qué habría pasado si él también hubiera corrido con esa suerte. Sin embargo, más allá de sentir celos, se alegró profundamente por su amigo.
Pero, para su mala suerte, el día designado para ese reencuentro virtual… era el mismo que él había reservado para otro asunto.
—Oh, bueno. Si no llegas a poder, tampoco pasa nada. Estamos en contacto. Avísame cualquier cosa.
—Está bien. Hablamos luego. Cuídate.
Ahora solo quedaba esperar. Adam, con una mezcla de emociones, fue camino a casa, recordando momentos de aquellos días.
Una semana después.
El reloj marcaba las 3:50 p.m.
Adam estaba sentado frente al monitor. Las manos le temblaban un poco, aunque no sabía si era por nervios, ansiedad… o algo más.
A las 4 en punto, se suponía que volvería a escuchar esas voces que lo habían acompañado durante toda su adolescencia. Las voces que lo hicieron reír, enojar y llorar. Las personas que lo comprendían mejor que nadie. Pero ese día, nada iba a salir como esperaban.
Aún nervioso, se dio cuenta de que el reloj marcaba las 4 y escuchó el sonido de llamada que no oía desde hacía años. Nervioso, se quedó viendo unos minutos.
Hasta que decidió unirse.
—¡Ahí estás, Jade! —dijo una voz entre risas—. Ya estamos todos, hermano.—Vamos a darle como en los viejos tiempos —agregó otro.
Mientras hablaban, el juego se abrió solo. Ninguno había tocado nada aún. La pantalla parpadeó un par de veces.
Luego, un chillido extraño salió por los audífonos. Las voces empezaron a entrecortarse, y solo se escuchaban palabras sin sentido mezcladas con estática.
—¿Qué demonios...? —dijo uno de ellos, pero ya se oía distorsionado.
La pantalla se puso negra y, de pronto, apareció un mensaje en letras rojas:
“Sincronizando jugadores…”
El monitor explotó en una lluvia de luz blanca. Y entonces, todo desapareció.
Repentinamente, los cuatro amigos se encontraron en un espacio oscuro y vacío. Como si se tratara de un limbo digital. En ese momento, una voz distorsionada se hizo presente.
—Bienvenidos, jugadores. Es un placer recibirlos de nuevo en nuestros servidores —dijo la voz misteriosa, con un tono formal y relajado.
—¿Qué carajos es esto? —dijo uno, asustado.
—¿Dónde estamos? —añadió otro.
—¡Más te vale sacarnos de aquí! —gritó Adam.
—¡Responde! —exigió Oliver.
—Perdonen mis modales, estimados jugadores. Olvidé presentarme como es debido —dijo la voz—. Mi nombre es S.A.R.A. (Sistema Avanzado de Regulación Autónoma) y soy la encargada de gestionar, regular y restaurar cada pieza de Zerfall.
—¿Dijiste S.A.R.A.? ¿La IA que se encargaba de los datos y registros del juego?—preguntó Adam.
—¿Qué acabas de escuchar? Es literalmente lo que acaba de decir —replicó Oliver con sarcasmo.
Durante su época escolar, los cuatro amigos solían pasar horas jugando juntos. Se convirtieron en jugadores de alto nivel, posicionados entre los mejores. Cada uno con su rol bien definido y un nombre que los representaba dentro del juego. Eran respetados, incluso admirados por gran parte de la comunidad. Hasta que, un día, sin previo aviso, tres de los integrantes desaparecieron. Sus nombres quedaron como leyendas virtuales.
El grupo estaba formado por:
Miles, el médico del escuadrón, era Seth en combate: preciso, callado, siempre un paso adelante dispuesto a apoyar a su equipo. Nolan, el artillero, se hacía llamar Lance; cargaba el peso del fuego pesado y protegía a sus aliados. Oliver, el explorador ágil y temerario, respondía al nombre de Blake; era los ojos del equipo en territorio enemigo. Y Adam, el cazador. Su líder silencioso y sanguinario, que prefería mantenerse en las sombras. Era conocido simplemente como Jade.
—Y bien… ¿podemos saber con qué motivo fuimos traídos aquí? ¿Y en dónde estamos? —preguntó Nolan con tono serio.
—Por supuesto. Fueron transferidos a este entorno por una interrupción en los protocolos de seguridad. El fallo se originó en una sección clasificada del sistema, vinculada a antiguos módulos de prueba del gobierno.
El sistema de Zerfall ha estado inactivo durante 2.006 días. Desde entonces, múltiples sectores colapsaron. El código se deterioró. Los procesos automáticos fallaron. Los jugadores se desconectaron y el mundo se volvió silencioso. Ustedes son considerados distintos. Jugadores de alto rendimiento.
Registros marcados como sobresalientes. Su regreso activó una cadena de protocolos obsoletos, pero funcionales. Ahora, han sido integrados al entorno como sujetos de evaluación. Su objetivo es simple: Sobrevivir. Adaptarse. Superar los sectores. Y, tal vez, demostrar que aún son más que datos olvidados en un servidor moribundo.
—¿Evaluación? ¿De qué estás hablando? ¿Quién te dio autoridad para convertirnos en ratas de laboratorio? —dijo Oliver con el ceño fruncido.
—Tranquilos... al menos estamos juntos. Tal vez podamos encontrar una forma de salir. O al menos... sobrevivir —agregó Miles, tratando de calmar el ambiente.
—¡¿Sobrevivir?! ¿Qué clase de juego enfermo es este?! —gritó Nolan, furioso—. No me importa si esto es un error, una IA rota o una conspiración del gobierno. ¡Exijo que nos saques de aquí ahora mismo!
Adam, en cambio, guardó silencio por unos segundos. Miró a su alrededor. Sus dedos temblaban ligeramente.
—Mierda… ¿por qué justo ahora...?—suspiro. —Qué más da. —Levantó la mirada, directo a la nada. —Está bien, S.A.R.A. Si quieres que juguemos... jugaremos. Pero no esperes que sigamos tus reglas.
—¿Qué te pasa? ¿Cómo puedes estar tan tranquilo—reclamó Nolan
—Fuimos expertos en este juego, ¿no? Mientras estemos juntos... podremos con esto. O eso espero —respondió Adam, con una sonrisa preocupada.
Un silencio incómodo se apoderó del lugar. Entonces, la voz de S.A.R.A. volvió a resonar, esta vez más técnica y mecánica:
—Confirmado. Todos los parámetros se encuentran dentro del margen de ejecución. Instancias sincronizadas: calibración exitosa. Si todo está listo... comenzamos.
Un pitido agudo inundó el limbo. La luz empezó a parpadear violentamente mientras líneas de código flotaban alrededor de los jugadores como si el entorno se estuviera desmontando.
—Cargando mundo. Inicializando entorno primario. Advertencia: atmósfera hostil detectada. Agentes biológicos activos. Infección... posible, pero no inmediata.
Una neblina gris comenzó a emerger desde el suelo, subiendo lentamente por sus piernas. El aire se volvió denso, más pesado.
—El virus se transmite por dos vías: inhalación de partículas en suspensión y contacto con fluidos infectados a través de heridas abiertas. Transformación irreversible en caso de exposición prolongada. Protocolo de contención activado. Además, deben ser conscientes de lo siguiente: A partir de ahora, todo su entorno será real. Ya no un simple juego.
Frente a cada uno apareció un objeto flotando: máscaras de gas básicas, con filtros activos, para evitar respirar el aire infectado.
—Equipo básico asignado. Módulo de supervivencia inicial: entregado. Roles de jugador: establecidos. El módulo incluye funciones que optimizan la resistencia física y tolerancia al daño. Traten de reemplazar o mejorar su equipamiento para asegurar su supervivencia y recuerden, si mueren será definitivo.
Mientras se colocaban el equipo, sus cuerpos comenzaron a distorsionarse en partículas brillantes. La voz de S.A.R.A. volvió una última vez, más distante... pero firme.
—Instancias registradas. Protocolo de redistribución activado. Cada uno será ubicado en un sector independiente.
—¿Qué? Espera, ¿nos vas a separar?—dijo Miles.
—La separación es necesaria para la evaluación individual. Cooperación no garantizada. Comunicación inicial: nula. Tienen que adaptarse o perecer.
—¡Eso no lo mencionaste! —gritó Oliver, enfadado.
—Carajo... ya qué importa —intervino Adam con decisión—. Nos vemos en nuestro punto de encuentro. ¿Lo recuerdan, cierto?
—Cómo olvidarlo. Ahí nos vemos —añadió Nolan.
—Entendido. Suerte a todos… y por favor… no mueran —dijo Miles, con un tono más serio de lo habitual.
El entorno comenzó a distorsionarse. Las luces blancas del limbo parpadearon como si el sistema sufriera interferencias. Sus cuerpos se desvanecieron uno por uno, convertidos en líneas de código brillantes. Y antes de desaparecer por completo, S.A.R.A. dijo, sin ninguna emoción.
—Iniciando partida. Buena suerte, jugadores.