Parte 1: El castigo del primer asesino
Desde los tiempos infinitos se cuenta una leyenda que iba de boca en boca. Esta leyenda se ha ido perdiendo a lo largo de los días, meses, años y siglos, pero con pecado se ha hecho, pues es una historia que ha determinado y sembrado el curso de la historia. El tiempo ha hecho factura, y ya el temor en ella se ha perdido, pero se olvida que, aunque muchos de los elementos en ella no fueran ciertos, la base en sí, sí lo es. A continuación se cuenta esta fabulosa leyenda:
Adán y Eva, en principio, fueron las primeras personas creadas por Dios. Un hombre y una mujer. Juntos, tuvieron dos hijos, a los que llamarían Caín y Abel. Abel ejercía la labor de ganadero y Caín la de agricultor. Entre ambos alimentaban a su familia.
Sin embargo, un día Dios pidió a ambos que les proporcionara una ofrenda. Caín ofreció toda la cosecha que le quedaba y Abel sacrificó a su ganado. Dios, expectante, aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín.
Caín sintió un terrible enfado hacia su hermano, pues Dios había rechazado su cosecha prefiriendo la propuesta de Abel. Caín, incapaz de canalizar su odio e ira, llevó a su hermano Abel al campo. Engañándolo, lo mató allí. Abel había muerto a manos de Caín.
Caín regresó a su arado tras ello y continuó con su labor. Sin embargo, Dios se apareció ante él y lo miró. Le preguntó dónde estaba Abel, a lo que Caín respondió:
—¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano?
Dios sabía lo que había sucedido. Caín se había convertido en el primer asesino de la historia.
Dios castigó a Caín y lo hizo vagar por las tierras del mundo, sin lugar al que llegar ni lugar del que partir. Lo castigó sin poder arar la tierra e, irónicamente, lo dejó sin su mayor habilidad: la agricultura. Todo esto fue lo que se escribió en el Antiguo Testamento, libro sagrado de numerosas religiones. Sin embargo, lo que no es sabido es que Dios castigó a Caín de otras maneras:
Le hizo estar maldito y le creó una sed de supervivencia con la sangre. Lo hizo inmortal, para que así cumpliera su condena y, además, le proporcionó ciertas habilidades sobrehumanas y solo algunos puntos débiles para que la gente no lo pudiera matar y así, una vez más, cumpliera su condena. Hizo que la luz del sol lo quemara.
Habiéndolo castigado de numerosas formas, Caín no tuvo más remedio que huir de aquel lugar. Se refugió entre cuevas y permaneció allí durante unos días.
Allí encontró a una bruja que le mostró artes oscuras y le enseñó su potencial. Sin embargo, Caín seguía pensando que el poder que se le había otorgado era una terrible maldición, como así había dictado su Dios.
Durante mucho tiempo ambos vagaron por las cuevas de la zona, llegando incluso a otros lugares. Juntos cruzaron numerosos parajes, pero siempre caminando al anochecer, para que así Caín no fuera quemado por el sol. Tras tanto tiempo juntos, acabó enamorándose de aquella dama.
Sin embargo, Caín sabía que no podía mantener relación con ella, pues la maldición que lo envolvía dificultaría las cosas. Esto no fue problema para la bruja, pues insistió y finalmente Caín cedió. Ambos eran felices, abandonados por el destino entre aquellas cuevas sombrías en las que se escondían.