"Lunares" ●2025 ●HikaYoshi

Summary

■PREMISA: 《Ya es él último año de instituto de los chicos. Hikaru y Yoshiki a sus dieciocho años tienen planeado mudarse apenas se graduen y estudiar la Universidad afuera de este pueblo, vivir y trabajar juntos. Y aunque siguen sin ser nada oficial y el pueblo los ven solo como amigos, gracias a un conejo y la obsesión de "Hikaru" por los lunares de Yoshiki, sus cuerpos despertarán nuevos estímulos haciendo que se vuelvan más íntimos.》

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3
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n/a
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18+

1. Atascado

Si le preguntan a Indou 'Hikaru' cual es su hobbie favorito aparte de estar pegado a Yoshiki, mucho más de lo usual y el cual toda la escuela se ha dado cuenta, su respuesta sería bastante honesta que dejaría a varios aturdidos, incrédulos o tal vez horrorizados. Porque en un pueblo tan cerrado donde todos se conocen, la atracción entre personas del mismo sexo es etiquetado como una enfermedad.

"Ver los lunares de Yoshiki".

Hikaru adora, le deleita apreciar cada lunar grabado en la piel tersa del azabache. Los tres que están por todo su amasable rostro, aquel que oculta en el interior de su labio inferior y del cual casi nadie sabe, el par que tiene en el cuello, los que esconde en su hombro por el uniforme escolar y, si pudiera, le gustaría ver más de lo que hay debajo de esa ropa que esconde.

Por eso el albino no logra entender porque a Yoshiki no le gusta tener tantos lunares, si para Hikaru, es un rasgo muy atractivo y propio del chico que definitivamente adora de ver. Es algo único y adorable.


Tsujinaka Yoshiki se ha dado cuenta que hay rasgos de la personalidad y carácter de éste Hikaru que son distintos al Hikaru fallecido.

No es un miedoso por lo que muy difícilmente se asusta con algo que resulte aterrador. A éste le gusta mucho estudiar a diferencia del original, es directo y no teme decir la verdad cuando le preguntan algo aunque eso signifique meterse en problemas o herir a la otra persona si es una verdad dolorosa. Es más malcriado pero sincero con él, y sobre todo, aprendió a ganar los juegos de feria para así ganarse una alta recompensa.

Otro año más acompañando a su hermana al festival de verano, el albino ganó uno de esos juegos donde tienes que tener muy buena vista y también puntería, y le dan la oportunidad para escoger entre tantos premios como su recompensa, que van desde balones, cupones especiales para obtener comida gratis de otros puestos del festival, chaquetas geniales hasta peluches grandes.

¿Qué escogió Hikaru? Uno pensaría que sería los cupones gratis, así los tres comerían hasta reventar, especialmente el albino que es un glotón. Pero en realidad escogió algo impredecible.

Es bastante tierno.

—¿Te gusta mucho, verdad?—Pregunta con la mirada fija en el más alto, analizando cualquier gesto que delate su emoción y lo maravillado que está.

—Uh...

Su hermana está asombrada cuando Hikaru le entregó su recompensa, y lo que escogió específicamente para dárselo a Yoshiki, sabiendo que no podría rechazar lo.

Su punto débil.

Un enorme peluche de abeja. Un insecto bastante hermoso y que el contrario lo ha estudiado mucho. Además que la textura del objeto se siente bastante suave, una mezcla de algodón y felpa. Los colores son vivos y sus ojos parecen brillar de lo adorable que es. Son los colores de un girasol, esos que siempre siguen al sol.

—Es bastante bueno.—Admite sin saber que más decir, pero el albino suspira inconforme, como si aquella respuesta no fuese suficiente para calmar su corazón.

—Tienes que ser más honesto.—Pide insistente, arrugando ligeramente el ceño.

Hikaru estira su brazo para jalar su mejilla, mirándolo con reproche.

Se dirigen a un puesto donde venden elotes (maíz) recién cocido, mientras lo comen, se van acercando al punto de encuentro.

Las amigas de la pequeña Kaoru llegan en grupo, junto a tres señoras que saludan a los chicos, las madres de las otras niñas. Ellas explican que vienen a recoger a su hermana para ver un concierto cerca de ahí. Que si quiere, para que disfruten y no se aburran yendo con ellas, pueden dejarla a su cuidado y ellos pueden salir a divertirse por el resto del lugar, si es que todavía siguen algunos puestos abiertos ya que muchos igual irán a ver dicho concierto de una celebridad famosa de la ciudad vecina.

Yoshiki le entrega el peluche de abeja a su hermana para que lo cuide y lo presuma con sus amigas, ya que un peluche tan bonito y grande como ése no es fácil de conseguir, se lo prestara de manera temporal. La despide revolviendo su cabello y un apretón en su mejilla.

Como Yoshiki sabe quienes son las madres de las amigas de Kaoru, confía en ellas y les agradece por el gran favor, quedan en verse ahí mismo dentro de dos horas. Por cualquier cosa, su hermana lleva su propio celular si surge alguna emergencia.

—Deberías cortarte el pelo, Yoshiki.

El nombrado siempre fuerza una sonrisa de cortesía, amable cada que una persona mayor y cercana a la familia le suelta siempre el mismo molesto comentario.

Los chicos se alejan, Hikaru le entrega un lindo broche para que se recoga el flequillo, a lo que Yoshiki se sorprende ya que tiene bastante tiempo que no lo veía.

Indou, al verlo con éste ligero cambio donde se aprecia más sus largas cejas desaliñadas, su frente y esas gruesas pestañas oscuras, suelta algunas risas enternecido por la apariencia del contrario sin su largo flequillo y le toma rápidamente una fotografía con su móvil, haciendo que Yoshiki se avergüence por la atención exagerada, pero el albino le pide que no se lo quite, a lo que el contrario suspira rendido.

—¿Qué quieres hacer?—Pregunta Yoshiki, mientras caminan hacia dirección contraria en donde los demás se dirigen.

—Podríamos...

Hikaru se interrumpe así mismo cuando ve una bola de pelos grande saltar sobre los pies de ambos, de un pelaje brillante y abundante, oscuro y orejas largas que resulta imposible de ignorar. Se queda tan embobado que no es capaz de formular una sola oración.

—Oh, es un conejo grande.—señala Yoshiki, encogido de hombros. Murmura para si mismo un:—Es lindo.

El conejo parece quedarse quieto a medio metro de ellos, mueve su rabo y observa su alrededor. Hikaru lo mira con especial atención, luego mira a Yoshiki que sigue con su expresión tranquila y de desinterés terminando de comer su maíz, arruga la nariz y se limpia los labios los restos del elote, y nuevamente regresa la mirada hacia el conejo que casualmente, también mira a Hikaru.

Pelaje negro, grande y lindo.

—¡Es igual a Yoshiki!

El grito hace que el conejo se asuste y se vaya de ahí corriendo y entre largos saltos. El mencionado voltea a ver al albino confundido, sin saber si es un halago o una ofensa que lo comparen con un conejo.

—¿Cómo puedes decir que se parece a mí?—Suelta en desacuerdo, tirando el maíz en el bote de basura más cercano.

—¡Hay que seguirlo!

—Debes estar bromeando.

No, Hikaru no bromea. Arrastra a Yoshiki corriendo a varios metros, alejándose cada vez más de las atracciones de la feria, de los vendedores y la gente, quienes la mayoría van a la misma dirección: ese concierto y otros tantos se quedan en su puesto pero bastante distraídos en sus propias cosas.


—¿Donde se metió Hikaru?

No sabe en que momento perdió de vista esa bola de cabello blanco con sonrisa amistosa, estuvieron un buen rato tomados de la mano, casi tropezó en más de una ocasión con sus propios pies, y de repente, se separaron, más de lo que le gustaría admitir.

Tsujinaka observa el cielo, aquel basto cielo con sus nubes esponjosas, no hay señal de lluvia, el sol es brillante pero está descendiendo.

—Ya va anochecer dentro de poco.

Ver a su alrededor, lo solitario del lugar es algo aterrador. Están en una parte donde los puestos le dan la espalda a varios metros, casi nadie pasa por ahí y los árboles dan mucha sombra.

Hay una enorme barda de madera que cubre alrededor de la extensión de tierra, el final del festival, el límite de la feria. Definitivamente se ha alejado demasiado.

Suspira cansado, debe regresar pronto.

Escucha un sonido sospechoso que hace que brinque del susto en su propio lugar y voltee a ver a todos lados, sudando frío, hasta descubrir que es...

—¡Conejo!

Después de varios minutos, por fin encuentra ese animalito de apariencia adorable que le ha traído tantos problemas.

Piensa que si lo atrapa, Hikaru también podría aparecer o al menos tendrá una excusa para no seguir buscándolo y regresar al interior del festival, tiene ganas de probar unas manzanas acarameladas, comprarle a su hermana y seguir jugando juegos para ganarse muchas recompensas.

Piensa que "Hikaru" últimamente quiere simpatizar con los animales. Primero fue con ese gato blanco callejero el cuál ya a estas alturas se acostumbro a la presencia sobrenatural de Hikaru, luego con la colmena de hormigas que Yoshiki cuida, después con los capullos de mariposas en el pequeño huerto de la escuela, ahora es éste conejo. Tiende a obsesionarse con las cosas que le parecen extraordinarias o muy lindas a su perspectiva.

Casi al instante recuerda que Hikaru indicó que el conejo se parece mucho a él, o sea, igual de lindo como abrazable, eso le causa incomodida y que sus mejillas se sonrosen un poco. Sacude su cabeza para alejar esos pensamientos tontos.

—Ni siquiera te pareces a mi...—Murmura con el ceño fruncido mirando al conejo fijamente que apenas se da cuenta de su presencia, trata de atraparlo pero nunca debes subestimar a un conejo.

Yoshiki se pregunta como alguien tan alto y grande puede saltar tan lejos y rápido. Definitivamente sus patas son especiales.

Éste conejo entra por un hoyo. Al parecer no le han dado mantenimiento a la extensa barda de madera. Entre la lluvia y los días de calor abrumadores, crea grietas en la barda, y a veces, enormes o pequeños huecos. Ese círculo perfecto pero un poco estrecho hace que el conejo se meta y salga del otro lado con facilidad, donde está acorralado porque del otro lado, parece que hay un enorme muro de ladrillos y arbustos. No puede huir pero tampoco quiere salir de ahí, así que solo se recuesta con su enorme panza de lado esperando alguna señal para moverse.

—Ahora si, te tengo...—Forma una mueca que simula apenas una torcida sonrisa para si mismo, satisfecho de por fin alcanzarlo y tenerlo en un solo lugar. Está acorralado.

Yoshiki se detiene en seco y su sonrisa se borra. ¿Qué debe hacer exactamente? Meter su brazo ahí no es suficiente, al parecer no logra alcanzar al animalito quien ni se inmuta por el intento del azabache de atraparlo.

Mira hacia los lados pensando en otras vías, otras opciones. Rodear la barda es inútil, tardaría al menos cinco minutos sino es que hasta más para llegar al otro lado, y probablemente si logra llegar el conejo vuelva a huir metiéndose al mismo hueco y seria perder el tiempo.

Yoshiki alza su vista.

—¿Saltar?

La barda es muy alta, aunque puede hacer el intento, siente que es peligroso. Así como puede funcionar puede fallar y caerse de trasero contra el suelo. No es alguien especialmente bueno trepando de todos modos. Si Hikaru estuviera aquí, fácilmente le ayudaría a subirlo, así el albino iría por el conejo. Total, no le pasaría nada si sale arañado y se golpea un poco.

Suspira frustrado, ¿Por qué tiene que angustiarse tanto por un tonto conejo que le llamo la atención a Hikaru?

—Maldición.

Como una chispa, una idea que atraviesa cual ráfaga su mente, se da cuenta que el agujero en la barda es grueso para reposarte, pero demasiado chico para que un adulto entre por completo ahí.

—No soy tan grande.

Es delgado, su cabeza entra perfectamente así que el resto del cuerpo no debe haber problema.

Con una chispa de ilusión y su corazón agitandose decidido, lleno de determinación, decide meterse al agujero con cuidado y sin asustar al conejo. Aunque igual, no parece tener escapatoria... de todas formas, si logra escapar de manera escurridiza, se rendirá y podrá regresar por el mismo agujero. Sólo está haciendo el intento, el esfuerzo de capturarlo.

—Aquí vamos.

Tiene que forzar un poco la parte de sus hombros: apenas logra meterse, pero al momento de traspasar más haya de su pecho, comienza a tener complicaciones. El agujero le empieza a parecer más pequeño de lo que había medido por vista, y al final, solo logra cruzar hasta la mitad de su torso, por encima de su ombligo.

—No puede ser.

Parece que se aprieta convenientemente en la parte de su cintura, no puede pasar por completo como había creído en un principio.

—Da igual.

Con fastidio, decide ignorar que al parecer si es demasiado alto y robusto para éste hoyo, y estira su largo brazo para alcanzar al conejo.

Dibuja una media sonrisa en su rostro cuando efectivamente logra alcanzarlo. Pero para que a esté no se le ocurra morderlo, primero debe ganarse su confianza. Primero hace que huela su mano, especialmente sus nudillos, el conejo mueve su nariz y por consecuencia sus largos bigotes de forma adorable y acerca más su nariz, luego lo acaricia un poco sobre la cabeza hasta las orejas, cuando se da cuenta que lo tiene, está por tomarlo con una sola mano, mientras que con la otra se sostiene apenas de la barda para que su cuerpo no quede colgado, ya que el hueco en realidad está alejado del suelo.

—Tsk. ¿Cuántas zanahorias comes al día? Estas tan pesado...—Se queja, sintiendo que su brazo tambalea.

Suspira frustrado, tendrá que levantar lo con sus dos manos, aunque sabe que puede quedar suspendido y le será más difícil salir luego.

Niega, él es fuerte, puede cargarlo con una sola mano. No es un debilucho.

Inhala y exhala, gruñe entre dientes y con una sola mano levanta al enorme conejo de pelaje oscuro. Sonríe satisfecho, y cuando está por salir, abre bien los ojos desconcertado y su sonrisa se deforma, preocupado, sigue intentando hasta que se da cuenta de lo peor:

No puede salir.

Está atascado.

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