Capítulo Uno
JUNGKOOK
—Necesitas un tutor para aprobar esta clase —La voz de mi profesor de química hace eco en mi cabeza, y solo es superada por el tono brusco de mi entrenador: —Si tu promedio cae más bajo, tendremos que enviarte a la banca.
Mierda.
Esto es imposible. Paso una mano por mi cabello húmedo y rizado, luego suspiro. Uno pensaría que he llegado tan lejos en UC Berkeley porque soy inteligente. Pero no es así, solo estoy aquí porque me reclutaron para jugar en su competitivo equipo de waterpolo y soy el mejor en lo que hago. Puedo nadar más rápido que todos esos imbéciles de por ahí. Y puedo tirar la pelota por toda la piscina. También puedo flotar en el agua durante horas. Soy todo un ganador. Ganar es todo lo que sé hacer.
Excepto que, en lo que se trata de lo académico, me estoy ahogando.
Mi cabeza apenas sobresale del agua y me estoy hundiendo rápidamente. Necesito una balsa salvavidas.
Ejemplifico mientras estoy de pie en este sucio pasillo y golpeo mis nudillos contra la puerta del departamento frente a mí. Necesito esto. Lo necesito a él, y sólo a él. Jimin Park. El mejor tutor de ciencias en el campus. Dicen que el tipo hace milagros, y llegados a este punto, es un maldito milagro lo único que me salvará.
Si fallo en química, pierdo mi lugar en el equipo y luego no me quedará nada. No soy nada sin el waterpolo.
Mi teléfono vibra en mi bolsillo, y rápidamente lo miro.
Mierda, es mi mamá. La llamaré más tarde, si es que reúno el coraje.
Oigo el suave ruido de unos pasos que se abren camino hacia mí y la puerta se abre de golpe. Mis ojos se posan sobre un tipo delgado con cabello rubio desordenado y ojos de un azul claro. No lleva camisa, lo que me permite notar los músculos magros de su abdomen y un gran tatuaje con forma de texto que se extiende por todo su lado derecho.
—¿Quién diablos eres tú? —Me dice con voz áspera e irritación recubriéndole la voz. Se mete detrás de la oreja un lápiz que venía sosteniendo, y luego se cruza los brazos sobre el pecho. Sus pantalones de chándal cuelgan bajos en sus caderas estrechas y parecieran que están en peligro de caerse.
—Uh, hola. Estoy buscando a Jimin —Digo, forzando mi mirada hasta sus ojos.
—Yo soy Jimin, ¿qué es lo que quieres?
—Hola, hombre —digo, plasmando una amplia sonrisa, haciendo todo lo posible para dar una buena primera impresión—. Soy Jungkook. Me dijeron que viniera a verte por clases particulares y…
Levanta una mano y niega con la cabeza. —No. Nope. No tengo tiempo para ayudarte, pareces una causa perdida. Mi agenda está llena, ya estoy reservado hasta el próximo año.
Ligeramente aturdido, resoplo y me froto la nuca. Quiero decir, nadie nunca suele decirme que no. No me ha sucedido, y nunca sucederá.
Eventualmente consigo todo lo que quiero.
Soy encantador como el infierno, un maldito príncipe. Lo miro tímidamente con una pequeña sonrisa.
—Sí, hombre, lo entiendo. Pero eres muy recomendado, y yo no puedo fallar en esta clase. Tampoco puedo retirar el curso, porque el período de retiro ya pasó. No creo que tenga otras opciones.
Quiero decir, tengo otras opciones de tutoría, pero ninguna es tan buena como este tipo. Ayudó a uno de mis compañeros de equipo a aprobar química el año pasado, y ese otro es una verdadera causa perdida. Cómo… increíblemente perdido, a mar adentro con tiburones. Yo al menos, todavía puedo ver la orilla.
—Qué diablos… —Resopla, sus ojos azul claro inspeccionan los míos, y por un momento, creo que va a ceder, pero luego solo arquea una ceja hacia mí—. Ese no es mi problema, ¿No es así? A veces, los más débiles solo necesitan fallar. Sería una buena lección de vida para aquellos, como tú, que se creen invencibles.
Frunzo el ceño ante esas palabras. Ya lo he escuchado demasiadas veces, pero aun así no me doy por vencido. No soy un desertor. Mi vida está en la línea con esto. El waterpolo lo es todo para mí. Fue para lo que nací.
—Vamos, dime tu precio. Todo el mundo tiene un precio. Te pagaré el doble. Pagaré cualquier cosa.
Entrecierra los ojos y se humedece los labios. Su mirada se mueve lentamente desde la parte superior de mi cabeza hasta los dedos de mis pies. Me está evaluando, de eso me doy cuenta, y mi espalda se endereza un poco bajo su escrutinio.
—No quiero tu dinero —Abro la boca para protestar, pero luego él dice—. Aceptaré ser tu tutor si me dejas follarte.
Mi mandíbula cae y mis músculos se tensan. Él está sonriendo, su mirada como el acero está clavada en mí; cierto desafío brilla en sus ojos.
—¿Qué carajos? Ni siquiera soy gay.
Se encoge de hombros y se apoya contra el marco de la puerta. —Ese es mi precio. Un favor sexual por cada lección. Tómalo o déjalo.
Observo su postura casual y me pregunto si de verdad está hablando enserio. Podría estar jodiéndome. Pero, ¿y si no lo está? ¿Podría yo realmente estar de acuerdo con esto? Nunca he estado con un chico antes. Quiero decir, sí, hubo algunas sesiones de masturbación en conjunto en la escuela secundaria con un par de compañeros de equipo, pero nunca nos tocamos las pollas. Puede que los haya mirado discretamente mientras me la jalaba, pero en realidad nunca he hecho nada con un tipo.
No me malinterpreten, la idea no me repugna por completo. Mi pene es asombroso, así que asumo que todos los penes son asombrosos.
Simplemente no sé cómo me siento acerca de acostarme con un tipo al azar para obtener buenas calificaciones.
Aunque realmente necesito su ayuda. Mierda, sí que estoy en un lío. Me muevo sobre mis pies, mordiéndome el labio mientras trato de entender el punto de este tipo.
—¿Hablas enserio? ¿Ese es tu precio? ¿Estás seguro de que no quieres dinero o, no sé, la fama? Podríamos ser amigos y pasar el rato públicamente. Quiero decir, soy el Jungkook Jeon.
Me señalo el pecho con el pulgar e inclino un poco la cabeza hacia atrás, pero Jimin solo pone los ojos en blanco.
¡Está poniendo sus malditos ojos en blanco hacía mí!
—No tengo idea de quién diablos eres, y aunque lo supiera, me importaría dos mierdas. Sin embargo, necesito un buen polvo, y he estado demasiado ocupado este semestre para hacer el esfuerzo de salir y encontrar a alguien.
Bueno, el tipo es demasiado honesto.
Miro con cautela alrededor del oscuro y vacío pasillo. —¿Juras que esto no es una broma? ¿No te estás burlando de mí?
Se saca el lápiz de detrás de la oreja y lo mueve entre sus dedos.
—Adiós.
La puerta comienza a cerrarse en mi cara, pero rápidamente presiono mi mano contra ella, manteniéndola abierta. —¡Espera! No tan rápido. No he dicho que no.
Trago saliva y Jimin golpea con impaciencia en el suelo con su pie descalzo. Está girando el lápiz entre sus dedos mientras me observa.
Mierda. Si no acepto este trato, podría fallar en mi clase, y con eso se irá mi tiempo en el agua. Me echarán del equipo, perderé mi beca y tendré que dejar la escuela.
Diablos.
¿Qué pensarían mis padres si supieran que siquiera estoy considerando esto? ¿Mi hermano? ¿Mis amigos? No sería bueno, eso es seguro. Podría simplemente decirle que lo olvide y marcharme ahora mismo. Pero mi ritmo cardíaco se triplica y me duele el estómago solo de pensar en perder mi lugar en el equipo. La jodida verdad es que lo necesito, desesperadamente.
Puedo hacer esto. Tengo que hacerlo. Y si realmente lo pienso, prostituirme por unas clases particulares ni siquiera es lo más vergonzoso que he hecho. Siendo honestos, probablemente ni siquiera está entre los cinco primeros puestos.
—Bien. Está bien. Haré lo que sea. Sólo ayúdame, hombre. Te estoy rogando.
El lápiz se congela en su mano y ladea la cabeza, con los ojos ligeramente abiertos. Lo he sorprendido al aceptar, lo sé, pero esa pequeña reacción desaparece al segundo siguiente y su máscara de indiferencia vuelve a ocupar su lugar.
—De acuerdo, vuelve mañana a las seis en punto. Trae tu mierda de estudio contigo. Y una copia de los resultados negativos de tus pruebas.
Parpadeo hacia él, sin palabras.
—Asumo que los tienes.
—Sí, pero…
La puerta se cierra de golpe en mi cara antes de que pueda terminar la oración, y solo parpadeo. Bueno, eso fue… interesante.
Miro a uno y otro lado del pasillo, medio esperando ver cámaras de video escondidas en alguna parte. Tal vez mis compañeros de equipo me están gastando alguna clase de broma pesada. Sin embargo, cuando nadie aparece, simplemente me muevo hacia las escaleras desvencijadas que conducen al estacionamiento. Gimen y crujen bajo mi peso, pero apenas me doy cuenta.
Porque, en serio, ¿en qué carajos me acabo de meter?
—Perdón, ¿qué hiciste qué? —Mi mejor amigo, Finn, pregunta mientras me hundo en el sofá de la pequeña sala de estar que compartimos. Es un departamento pequeño de una sola habitación en las afueras del campus, que está escasamente amueblado. No es que realmente pasemos mucho tiempo aquí dentro. Normalmente estoy en clases o en el agua, y Finn pasa cada segundo libre con su otro mejor amigo: mi hermano, Brandon.
Gimo y me paso una mano por la cara. Finn jamás me dejará vivir después de esto. Demonios, ni siquiera sé si yo mismo me dejaré vivir después de esto. Estoy vendiendo mi cuerpo por unos servicios de tutorías. ¿Acaso este es mi nuevo “momento más bajo”? Porque se siente así. Aunque, no estoy tan molesto como probablemente debería estarlo.
—Me escuchaste la primera vez. No finjas que no lo hiciste.
Se quita un mechón de su cabello castaño desgreñado de sus ojos y luego cruza los brazos sobre su amplio pecho. Los dos jugamos en el mismo equipo y somos amigos desde la secundaria. Hemos sido inseparables durante años, incluso decidimos ser compañeros de cuarto en la universidad. Así que, él me conoce, y no debería sorprenderme lo bien que puede leerme.
—¿Cómo diablos te las arreglaste para meterte en eso? —Pregunta, ladeando la cabeza y mirándome fijamente.
Mírame bien, amigo. Estoy tan confundido como tú.
—No lo sé, hombre. Estoy desesperado.
—Entonces, déjame aclarar esto sin ningún juego de palabras. ¿Irás a la casa de un desconocido y follarás con él con la esperanza de tal vez, aprobar tu clase de química?
Suspiro. —Sí, esa es la única forma en que me ayudará.
Finn solo me mira como si me hubieran crecido dos cabezas. Probablemente sea así. Obviamente no estoy pensando con claridad. Tal vez ninguna de esas cabezas tenga cerebro.
—Pero, ni siquiera eres gay.
—Sí, ¿Y? La sexualidad es una línea ondulada, ¿verdad? Tal vez soy un poco gay o bisexual o lo que sea. No lo sé porque nunca lo he probado. Tengo mente abierta. Las pollas son geniales y estoy dispuesto a probar cualquier cosa. Demonios, tal vez incluso lo disfrute. No es mal parecido, ¿sabes? Sus ojos son un poco... inquietantes, pero él es algo… ¿sexy?
Finn parpadea como si no pudiera entender las palabras que salen de mi boca.
—Maldito infierno —Murmuro, sintiendo un poco más frustrado por momentos ante lo denso que está siendo. Si alguien tiene que ser el denso de los dos, ese tengo que ser yo. No él.
Deja de fingir ser yo, Finn.
—Qué más debo hacer, ¿eh? No hay nadie más bueno que él. Todo el mundo me lo ha dicho. El mismo asistente a profesor de la clase me dijo: “Jungkook, si quieres una oportunidad de pasar, necesitas a Jimin Park”.
¿Prefieres que me quede fuera el resto de la temporada? Porque eso es lo que sucederá si no paso esta clase. Mi promedio se está aferrando a mi vida, y el entrenador me está gritando por eso. Me hizo llorar, hombre, lloré como un bebé.
—Jesús, no quiero que te quedes afuera, Jungkook, pero lo que este tipo está haciendo tiene que ser ilegal o algo así. Él no puede obligarte a tener relaciones sexuales. Eso es acoso o una cosa como esa.
—No, no creo que sea ilegal. Sus servicios de tutoría no están afiliados a la universidad, así que sí creo que puede hacer lo que quiera. Parece un poco granuja de todos modos. Sin embargo, él no me está coaccionando y no estamos intercambiando dinero. Llegamos a un acuerdo. Hagamos lo que hagamos, seré un participante dispuesto.
Finn se deja caer a mi lado y me mira. —¿Qué pasa si no se te levanta o algo así? ¿Entonces qué harás?
—No lo sé. No me voy a preocupar por eso hasta que suceda.
Intento imaginármelo: inclinando el esbelto cuerpo de Jimin mientras empujo mi camino dentro de su apretado agujero, y mi pene se contrae dentro de mis pantalones. Luego, cuando invierto los papeles, y soy yo el inclinado y el que lo toma por el culo, mi polla se endurece por completo.
Oh, por el amor de Dios. Estoy tan jodido.
Nos sentamos en silencio. El único sonido es el televisor que se reproduce suavemente de fondo. Finn juguetea con su teléfono, dándole vueltas y vueltas en su mano.
—¿Cuándo irás? —Pregunta, de repente, y yo salto. Mierda, me siento tan nervioso. Si pienso demasiado en ello, empiezo a sudar. Eso no puede ser bueno.
—Mañana a las seis.
—Wow —Finn dice y luego deja escapar una risita—. Diablos, hombre, este tipo de cosas solo te pasan a ti. Lo juro por Dios. Tienes la peor de las suertes.
Paso una mano por mi mandíbula. —Es la maldición familiar. Eso es lo que es.
Se recuesta y se ríe a carcajadas porque piensa que es una broma, pero la verdad es que no lo es. Mi familia está jodidamente maldita. Nadie me cree, pero es una cosa real. Soy como el niño en ese libro Holes. El ciclo nunca termina.
Solo mira mi maldita suerte. Mi virginal agujero será perforado por un nerd de la ciencia, todo para poder mantener mi lugar en el equipo de waterpolo. Y luego mira a mi hermano...
Mierda. Mi hermano.
Mi corazón se aprieta en mi pecho, y froto ese punto. Necesito llamarlo o enviarle algún mensaje de texto o algo así. No puedo continuar evitándolo. Ya ha pasado un año desde el accidente, y he estado actuando como una mierda, y él sabe que algo está pasando.
—Deberías ir a verlo. Te echa de menos —dice Finn, leyendo mi mente.
El imbécil siempre está haciendo eso.
—Ya lo vi el mes pasado.
Finn me da un codazo y yo resoplo. Mi hermano Brandon y yo solíamos ser cercanos. Hablábamos casi todos los días antes del accidente, pero la inmensa culpa que siento me ha impedido acercarme otra vez. Verlo me recuerda a ese día y es sofocante.
—Sí, sí. Lo llamaré. Lo prometo.
—Él no te culpa.
Froto mi pecho de nuevo y luego asiento.
—Sí, está bien —le digo, cerrando la conversación. No puedo pensar demasiado en ello, o voy a ponerme triste.
—Está bien, te lo dejaré pasar, pero tienes que mantenerme al tanto con lo de esa tutoría. Dime que tal te va —Me dice Finn, golpeándome bruscamente en la parte posterior de la cabeza.
Mierda, eso duele. ¿Por qué tiene que ser tan duro conmigo? Él no es así con mi hermano. Lo sé, de hecho. Todos hemos sido los mejores amigos durante mucho tiempo, y cuando se trata de Brandon, él siempre es amable y atento. Incluso le lleva donas, por el amor de dios. ¿Y a mí me da comida? No, yo recibo los coscorrones y los golpes “juguetones” en el estómago.
—Sí, imbécil, sigue soñando —murmuro. De ninguna manera le voy a decir una mierda.
Me llevaré a la tumba todo lo que pase entre Jimin y yo.








