El Bosque

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Summary

Quema al llenar mis pulmones. El olor a hojas viejas, tierra húmeda y muerte me invade. Mi cuerpo tiembla de miedo. Escalofríos recorren mi piel, recordándome constantemente que me están cazando. *Esto es un cuento corto de horror*

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

El Bosque

¡Alto! Me grité mentalmente, mi instinto de lucha o huida obligando a mi cuerpo a detenerse de golpe.

Busco en la oscuridad.

¿Qué estoy buscando?

Maldita sea.

Respira, me recuerdo, mientras el aire entra en cortos y dolorosos jadeos.

Quema al llenar mis pulmones. El olor a hojas viejas, tierra húmeda y muerte me invade. Mi cuerpo tiembla de miedo. Escalofríos recorren mi piel, recordándome constantemente que me están cazando.

El bosque está en silencio.

Pero, de algún modo, parece suplicar. Suplicar por sangre. Por el sabor de la carne.

Una ligera neblina se enrosca en la luz de la luna que se cuela entre las ramas.

Y allí—

No muy lejos de mí, lo veo a él.

También está escondido, con los ojos abiertos por el mismo terror que siento dentro.

Su suave gemido resuena en la inquietante quietud del bosque.

Silencio.

Le hago señas, rezando que me vea a través de la oscuridad.

Entonces lo oímos—

Un crujido.

Tan suave que nadie lo notaría... a menos que estuvieran tan alertas, tan desesperadas, como nosotros.

Mi corazón late tan fuerte que juro que él puede escucharlo.

Olerlo.

Olerme.

Me clavo las uñas en las palmas para mantenerme firme. Le hago un gesto con la cabeza—No corras.

Pero no me escucha.

Corre.

Corre directo hacia él.

La figura grotesca se cierne sobre él, su ruido de clics perforando el cielo como cristales rompiéndose dentro de tu cráneo.

Sus ojos pequeños y vacíos lo miran fijamente, prometiendo muerte.

Tentáculos que se extienden—lentamente. Oh, tan lentamente, comienzan a envolver su cuerpo.

Huele a podredumbre y descomposición.

El grito nunca llegó.

Su lengua se desliza por su garganta, devorando su interior.

La visión se me nubla mientras las lágrimas recorren mis mejillas, silenciosas e impotentes.

Ahora. Corre.

Mis músculos arden de agotamiento, pero obligo a mis piernas a seguir.

Una pendiente—

Luego un arroyo—

Caigo.

El dolor me atraviesa, pero lo ignoro. Me obligo a levantarme.

Me doy la vuelta…

Fin.