Prรณlogo
Dicen que el rostro de una princesa no debe mentir. Que en los palacios, la verdad es deber, no elecciรณn. Pero en Noveria, incluso los reflejos aprendieron a mentir con gracia.
Durante generaciones, los jardines reales de Noveria florecieron bajo la promesa de paz. El pueblo creรญa en la utopรญa que los muros del palacio proclamaban, en la armonรญa pulida de un reino que evitaba la guerra y cultivaba el orden. Pero la paz tambiรฉn se negocia, y en ocasiones, se sacrifica.
El Consejo Real lo supo cuando Aerlon, el reino vecino, extendiรณ una propuesta: una uniรณn por conveniencia, entre su joven rey Elion y la heredera de Noveria, la princesa Brielle. Un matrimonio entre naciones. Un pacto sellado en oro, firmas... y destino.
La reina Leora no vacilรณ. Ni lo hizo el Consejo. Tampoco los nobles, que vieron en el acuerdo la estabilidad que tanto predicaban.
Solo Brielle dudรณ.
Y sus dudas no tenรญan que ver con el rey de Aerlonโฆ sino con otro hombre. Uno cuya armadura no llevaba bordados ni coronas. Uno que caminaba tras ella en silencio, y cuya presencia habรญa sido su refugio desde niรฑa.
Pero los sentimientos no pesan en los informes del Consejo. Y el destino de una princesa no le pertenece.
Brielle sonriรณ ante las cortes, como se esperaba de ella. Aceptรณ el compromiso con la elegancia que le enseรฑaron. Pronunciรณ discursos de gratitud. Se dejรณ vestir, preparar, exhibir como sรญmbolo de prosperidad.
Pero en las noches, sola en su habitaciรณn, el pecho le ardรญa con un temor que no era miedoโฆ sino impotencia.
Ella deseaba un futuro diferente.
Un amor distinto.
Y cada dรญa ese deseo se volvรญa mรกs imposible.
Hasta que, sin anuncio ni estruendo, todo cambiรณ.
Una noche como cualquier otra, los pasillos del ala este quedaron en silencio. Las antorchas ardรญan sin novedad. Los guardias hacรญan sus rondas. Las criadas dormรญan. La princesa, supuestamente, tambiรฉn.
Pero cuando el sol se alzรณ, la habitaciรณn de Brielle estaba vacรญa.
Las sรกbanas frรญas.
El vestido de ceremonia, intacto.
Y la corona, abandonada sobre la mesa.
No hubo testigos. No hubo notas.
Solo la ausencia.
Y el inicio de una mentira que cambiarรญa el rostro del reino.