Jaque Mate: Coronas Rojas

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Summary

Un castillo donde vive la familia real. Tres príncipes y los reyes. Así mismo, dentro de las murallas, se encontraba la institución de entrenamiento de los caballeros del centro del reino. El caballero más joven por récord, Alexander, recibiría una carta que le obligaría a robar pertenencias reales, sin embargo, lo que no esperaría es que durante el camino de regreso, se enteraría que el primer príncipe era homosexual, y no solo eso, estaba enamorado de él, y los dos príncipes sabían de su robo. Ambas partes deben callarse, en un reino homofóbico no cabían los príncipes. Y en un castillo real, no cabían los ladrones.

Status
Ongoing
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1. Roderick.

Roderick colocó un puñal bajo su cinturón, sobresaliendo ligeramente por este, pero tapado por su abrigo rojo. Estaba meticulosamente escondido, lo suficiente para sorprender a cualquier hombre violento que se le acercase. Tenerlo a su alcance y la posibilidad de desenfundarla rápidamente le reconfortaba por encima de cualquier guardia o supuesta seguridad.

Esa misma tarde se celebraría la Danza de las Espadas, bajo su nombre teatral e interesante se encontraba una aburrida festividad en la que los caballeros deberían demostrar su fuerza y capacidad para defender el reino. Roderick, como segundo príncipe, era obligado a asistir en familia con su padre y hermanos, dejando a su madre descansar, como llevaba haciendo los últimos cinco años.

A Roderick no le hacía la mínima gracia ese evento, estar sentado por horas obligado a mirar como un puñado de hombres se encaminaban, probaban sus capacidades y demostraban su habilidad de combate no era su definición de tarde entretenida. Si siquiera le hubieran dejado vestir su ropa normal o llevar algún libro, su día podría mejorar, pero no era así. Ese día solo servía para contentar a las masas y para desorganizar totalmente su horario.

Tal vez, saber que Valentino se encontraria allí le reconfortaba. Generalmente su hermano mayor y Valentino se aburrían tanto como él y en los descansos conversaban y paseaban por la zona.

Repaso de nuevo su atuendo. Un abrigo rojo por encima de una camisa negra con unos pantalones tan sosos como los que llevarian el resto de su familia. Roderick amaba desencajar de forma agresiva, no era tanto como llamar la atención de los demás, solo deseaba la de su padre, infundida en rabia y molestia. Era lo suficiente para alegrar el día. Pero también sabía que su hermano amaba ese día, él amaba genuinamente ver la fuerza y desempeño de los demás. Tanto que parecía suyo propio y su alegría se esfumarian al ver como padre pensaba castigar a su hermano.

Salió de su habitación, aún tenía tiempo antes de que el carruaje real saliera. Pensó en las posibilidades de convencer a su hermano de que fuera en el suyo y cambiase asientos con el enano, pero ninguna de sus conclusiones daba como resultado ese susodicho cambio.

Los pasillos del castillo eran anchos, con menos guardias que lo acostumbrado por la festividad. Las paredes eran de un color beige, algo oxidado. Había columnas decorativas que se fusionan con el techo, creando figuras geométricas y circulares. Roderick pensó que estaría planeando el arquitecto al poner una decoración tan intrascendente. Cinco pisos completos por pasillos mayormente vacíos y, decorados vagamente por figuras insustanciales era a lo que él llamaba casa, desgraciadamente. No podía comprender por qué Padre amaba tanto el castillo central del reino.

Los caballeros, que generalmente vestían de atuendos simples o algunos pedazos de armaduras poco pesadas, hoy iban de completa armadura y vestuario. Los más jóvenes padecían ligeramente de fatiga, Roderick decidió culpar a la poca costumbre que el capitán les daba de usar el atuendo normal, eso o, asumir que los caballeros de su reino eran terriblemente débiles e ineficaces, con un sistema obsoleto e inadecuado, más teniendo en cuenta las potencias que se formaban por el continente. Aunque no es que Roderick debiera preocuparse en ello, no iba a heredar el reino, ni mucho menos, su opinión se tendría en consideración. Roderick sabía desde que nació que la gran magnitud de hijos de su padre provenía de su incapacidad de mantenerse quieto a, realmente, querer tenerlos. Su único hijo era realmente su hermano mayor, el heredero. No era algo que a él le afectase mucho, usaba esa información para enseñarle la mala decisión que tuvo en tener un segundo hijo. Para un niño de 12 años esta actitud era divertida y una de sus principales fuentes de diversión.

Tras un par de vueltas pensando, juzgando y repasando la clase de historia del día anterior, finalmente era la hora de ir a la ciudad. Bajó y se encontró con una gran cantidad de caballeros. A unos pasos delante de él se encontraba su hermano mayor, conversando amigablemente con uno de ellos.

Su hermano, Kaedrick Emmeric Velcrath, era un palmo más alto que él. Su cabello era negro y un poco largo, al igual que su piel resaltaba por ser el único sin la tonalidad pálida y moribunda que todos poseian en su familia, seguramente debido a su afán de escabullirse y ejercitarse con los caballeros. Asimismo, también eran remarcables sus afilados ojos, de herencia familiar paterna; con el oscuro iris negro, la única característica símil con madre y el único que las poseía de ese color de entre sus hermanos.

Su hermano vio en la mirada de los caballeros con los que hablaban la llegada de alguien más y se giró. Roderick sabía que su hermano no solo era alguien extrovertido sino también altamente cariñoso. Su rasgo más diferenciador de toda la familia Velcrath. Se lanzó rápidamente a abrazarse a su hermano, quien tras dos intentos de zafarse del gesto terminó aceptando su inevitable destino. Kae sonrió y dio unos pasos atrás tras su gancho cariñoso.

—Que extraño es verte asi vestido Rod -bufó Kae, intentando no reírse mientras le miraba de arriba a abajo.

—Siéntate conmigo en el carruaje -cambio de tema.

Kae abrió la boca y la cerró inmediatamente, miró más allá de su hombro, hacia Padre. Padre, como rey, era increíblemente imponente. Su altura era gigantesca, sus rasgos viejos agudizaban su mirada ya de por sí, genéticamente fina y penetrante, con sus ojos color oliva, dejándote sin aliento mucho antes de siquiera dirigirte a él. Hace tiempo que Roderick se acostumbró a su mirada de desprecio. Sin embargo su hermano aún dudaba. Ambos sabían del favoritismo entre hermanos que tenía y por igual, lo preferible a que al menos hubiese uno como enlace entre ambas partes. Kaedrick le miró, su lastimera expresión ya advertía su respuesta.

—Lo siento…

—Comprendo -cortó Roderick antes de que terminase, intentando evitar una disculpa más larga que ambos sabían que era innecesaria.

No dio tiempo a hablar mucho antes de que Padre se adentrara en el carruaje delantero seguido de Kae, que intentó despedirse con la mano con una fingida sonrisa. Su hermano siempre era muy honesto y aunque era capaz de ocultar sus sentimientos reales, siempre optaba por no hacerlo frente a sus seres queridos.

Roderick se adentro en el segundo y último carruaje. Los carruajes eran cómodos y acolchados, de colores apagados y con asientos en ambos lados de la puerta. Su hermano pequeño ya estaba sentado en el delantero y le miró. Cuando estaban a solas, Alzareth Corven Velcrath, siempre le miraba despreciativamente. Su hermano era la única excepción respecto a la altura familiar. Aunque tenía cerca de 10 años, sus pies caídos volaban sin poder llegar al suelo. Ambos hermanos a su edad le habían duplicado la edad. Su cabello blanco y liso tapan ligeramente sus ojos oliva y su piel pálida producían que su hermano se asemejara más a un espectro a realmente un niño.

—Hola.

—Hola… -Aza esquivo la mirada y prosiguió- Hoy leí que los pájaros a veces empujan a sus hermanitos del nido si no hay comida. Solo dejan al más fuerte.

Levantó la mirada con una media sonrisa.

—Me pareció interesante.

—Si, ciertamente interesante -respondió Roderick mirando fijamente a su hermano mientras se sentaba frente a él.

Este viaje, que ya de por si era largo, se sintió interminable.

Durante las horas que duró el trayecto, su hermano miró la ventana. A veces serio, otras con una larga sonrisa, nacida de la nada. Otras veces le miraba fijamente y Roderick, cruzado de brazos no pensaba dejar que su hermano sintiese que ganaba terreno. Los hermanos legítimos más jóvenes siempre eran así entre sí. Obligados a convivir bajo el desprecio de su propio padre, se odiaban. Roderick aún recordaba a su pequeño hermano abrir los ojos en sus brazos. En su momento él quería cuidarlo tanto como Kae lo hacía con él. A día de hoy ese instinto fraternal había desaparecido en su totalidad. No recordaba en qué momento ocurrió este cambio. Sólo la existencia y carencia de ese sentimiento. Roderick odiaba recordar.

Cuando llegaron, Roderick bajó del carruaje apresuradamente. Su hermano y Padre ya habían salido. Kae se acercó a ambos hermanos mientras Padre se dirigía a la inmensa construcción.

—¿Qué tal el viajecito?, tengo ganas de estirar un poco, ¿os venís conmigo?

Aza camino y le empujó con el hombro, golpeando la cintura de su hermano. Roderick apretó los labios para no reírse.

—Que labia tiene siendo tan joven… -Kae hizo un mohín mientras suspiraba y cambió rápidamente a su sonrisa mirando a Roderick- ¿Qué hay de ti?

—Sabes que me cuesta correr.

—Caminar -se corrigió rápido, poniéndole ojitos a su hermano.

Roderick no le contestó y comenzó a caminar hacia la entrada del edificio.

—¿Vienes? -preguntó al ver que su hermano no le seguía.

Este sonrió ampliamente, entornando sus finos ojos y alegremente se puso a su lado con dos zancadas. Kae charlaba animado mientras exploraban el aún vacío edificio. En unas horas se llenaría de caballeros, y seguido de eso, de animados espectadores que rebosarían las gradas del lugar.

Anualmente cumplía la función de campo para la Danza de las Espadas, sin embargo, según lo que Roderick creía recordar de sus estudios, también se hacían corridas de caballos, representaciones y otro tipo de espectáculos de los cuales Padre solía abusar mucho. Era la mejor forma de que todos se olvidasen de las desgracias que la monarquía de Padre no iba a arreglar. Así mismo de que los nobles recordasen lo superiores que eran a los no privilegiados. Seguramente el mayor problema de Roderick era que gustaba la política más de lo que debería. En su futuro incierto no existía esa posibilidad. Miró a Kae, ¿Cómo pensaba su hermano llevar el reino? No es que considerase a su hermano idiota, pero sentarse a leer por horas informes y hablar con nobles no era su fuerte, por no decir del tema político.

Padre no podía importarle menos. Pero Valentino y Kaedrick si lo hacían, eran las únicas personas por las cuales debía mantenerse sobrio, no exceder los límites ni mucho menos hacer imprudencias.

Llegaron al último piso, una de las puertas daba a otra, que daría como destino final, sus asientos. Cuatro sillas se encontraban repartidas y distribuidas dentro del ámbito. Las butacas del frente estaban reservadas para el rey y, en este caso, su heredero. Mientras que detrás de estos, ligeramente movidos al exterior del centro, se encontraban los asientos que Aza y el usarían.

Ambos hermanos hablaron un poco antes de que su hermano pequeño llegase, y, finalmente Padre. Su presencia provocó un largo silencio que solo él podría romper y que, solo lo haría para hablar con su hijo favorito durante el espectáculo.

Roderick decidió, a la hora del evento, mejor entretenerse con sus propios pensamientos. Amaba leer y entre sus géneros favoritos entraba la fantasía. Un mundo donde la magia no era individual y de nacimiento, si no donde todos podían poseer todos los dones que ellos estudiasen y no solo los seres de a pie tuvieran la habilidad de controlarlos. A veces su fantasía trataba de vehículos que no necesitaban de caballos, de árboles que hablaban y de seres enormes, más que Padre. A veces se preguntaba si su fantasía era real dentro de los países del continente. Sabía que el futuro era incierto y su idea de él era vago y coherente de expectativas, pero tal vez, pudiera viajar o escribir. No mientras Padre viviese, claro. Padre siempre controlaria sus acciones hasta el día de su muerte y a Roderick no le importaba lo suficiente su libertad como para asumir el exilio.

Sus pensamientos fueron interrumpidos con la ruidosa carcajada de Padre. Roderick miró con desgana que había producido eso. Un par de caballeros se habían caído de sus caballos. Parecía que estaban mostrando sus habilidades de combate a lomos del animal hasta momentos antes. Todos eran muy jóvenes. No todos los caballeros se presentaban, por obvias razones, sino que generalmente eran los más titulados y los más jóvenes. Uno de los pocos chicos que no se habían caído miró hacia su dirección, en el preciso momento en el que Roderick lo había hecho.

El chico tendría su edad y había sido el escudero más joven en pasar el examen a caballero. Su contacto visual duró apenas unos segundos y Roderick dudó de si siquiera ese niño había sido consciente de ello. Su cabello rubio era extremadamente corto y sus ojos azules se pronunciaban sobre sus párpados curvos. Unos ojos que no correspondían con la mala fama que poseía. Roderick miró a su hermano mayor, y, como él sospechaba, también estaba mirando al caballero. A Roderick le dieron ganas de patear a su hermano, al menos podría intentar ocultar sus sentimientos tan cerca de Padre.