Capítulo 1
✦ Capítulo 1: El Encuentro
El olor a café tostado y pan recién horneado llenaba el aire, envolviendo el pequeño local como un cálido refugio contra la lluvia de la tarde. Arianna llevaba puesta su delantal beige, manchado en la parte baja por gotas de leche y jarabe de vainilla. El cabello recogido en un moño desordenado dejaba escapar algunos mechones castaños que le rozaban las mejillas, húmedas por el vapor de la máquina de espresso.
—Una mocha sin crema y una galleta de avena para la mesa seis —anunció en voz baja, dejando la bandeja sobre el mostrador.
—Te ves agotada, Ari —comentó Clara, su compañera de turno, mientras limpiaba tazas con rapidez—. ¿No dormiste bien?
Arianna no respondió enseguida. La preocupación se le había vuelto costumbre: su madre seguía empeorando, la medicina cada vez más cara, y el alquiler ya había vencido. Solo logró dibujar una media sonrisa.
—Dormí lo suficiente —mintió.
La campanilla sobre la puerta sonó. Arianna, sin mirar, tomó la jarra de café para servir a los nuevos clientes, pero algo en el ambiente cambió. El murmullo habitual del local bajó como si el mundo contuviera el aliento.
Entonces lo vio.
Un hombre alto, traje oscuro perfectamente entallado, caminó con paso seguro hasta el mostrador. Tenía el cabello negro peinado hacia atrás, y una mirada tan penetrante que hizo que Arianna se enderezara instintivamente. No por atracción… sino por una alerta interna que no supo explicar.
—Un café negro. Solo. —Su voz era grave, con un acento que no logró ubicar.
Arianna asintió, evitando sostenerle la mirada.
—¿Desea algo más?
—Tu nombre —respondió, sin inmutarse.
Ella frunció el ceño, sorprendida. No por coquetería… sino por la forma en que lo dijo. No fue una pregunta. Fue una orden suave, envuelta en cortesía.
—Arianna —murmuró, casi como una respuesta automática.
—Elías —dijo él, con una leve sonrisa. Luego bajó la mirada hacia su tarjeta de identificación, como si supiera que ella mentiría si tenía la oportunidad.
Arianna giró hacia la cafetera, sintiendo la piel erizarse en la nuca. ¿Por qué la incomodaba tanto un cliente que ni siquiera la había tocado?
Le sirvió el café sin decir palabra. Él lo recibió sin prisa, rozando sus dedos con los suyos. Sus ojos se detuvieron en ella un segundo más de lo necesario.
—Nos volveremos a ver, Arianna.
Ella no respondió. Pero por dentro, algo se estremeció.
Elías salió del local y, por primera vez en mucho tiempo, Arianna sintió frío.