1|| 𝑮𝒆𝒔𝒕𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒓
Era de mañana y como de costumbre Hibari estaba en la entrada de Naminori, viendo a los alumnos entrar sin problemas. Ahí, como siempre, iban llegando el herbívoro castaño y su pandilla detrás, riendo y teniendo un agrable momento, llevándose siempre bien por qué no eran tan serios o recervados como él.
Hibari se preguntaba a veces que, si fuera así de alegre, podría tener más compañía. Pero luego recordaba que, a pesar de su fría personalidad, Kusakabe lo seguía fielmente al igual que otros miembros del comité, recordándole que así como era él, era sumamente importante pues demostraba lo serio que era respecto a proteger Naminori.
Y bueno, también lo tenía aél, quién le recordaba todos los días que, así como era, lo amaba. ¿Quién? El sujeto menos inesperado: Ryohei Sasagawa.
Desde hace un tiempo, no sabe cuándo, empezó a recibir visitas frecuentes del capitán del club de boxeo en su su oficina, a veces también se topaba con el moreno en los pasillos y este no dudaba en saludarlo, o por las mañanas cuando lo encontraba trotando, le dedicaba una sonrisa mientras le decía palabras incoherentes.
–Buenos días Kyoya, hoy también te ves lindo
Ante eso, el guardián de la nube, al principio agarro sus tonfas y persiguió al peliblanco por todo el parque para darle una paliza y que dejara de decir tonterias, pero en lugar de eso, su persecución pareció más bien un juego para Ryohei, pues solo se mantuvo riendo mientras corría lejos del azabache, contento de haber llamado la atención.
Ese día, solo se detuvo porque Mukuro apareció de la nada y se burló diciendo.
–¿Oyá? Parecen tortolitos persiguiendose, no sabía que eras un romántico, alondra–
Y ahora a quien perseguía con intensiones asesinas, era al sujeto de ridículo cabello.
Entonces, las siguientes veces fueron menos frecuentes, pero no menos molestas cuando Ryohei lo saludaba al entrar en las mañanas y decirle más cursilerías.
–Buenos días, Hibari, ¡Te amo!–
Recordaba siempre haberlo oído decir eso con tanta naturalidad y luego, con poca vergüenza, avanzar hacía su salón de tercer año.
Y hoy, tampoco fue la excepción de esa conducta por parte del guardián del Sol.Ya cada vez menos alumnos llegaban y la hora de entrada estaba llegando a su fin, el azabache ya se preparaba para recibir otra ridícula confesión y luego golpear–no tan severamente– con su tonfa, al tonto guardián.
–Llegas tarde, herbívoro–regaño él cuando se toca el timbre justo cuando el peli–blanco puso un pie dentro.
–Lo siento. Me entretuve tratando de conseguir esto para ti–
Y antes de que Ryohei pueda extender una rama con flores de Sakura ya florecidas, que encontró tirada y no arrancó; Hibari detiene una tonfa frente al pecho del guardián.
–Escucha herbívoro, tienes que parar con eso–mira con ojos fríos, a los siempre grises cálidos de Ryohei
–¿Porque? ¿Te molesta?–pregunta un poco cauteloso ante la mirada.
–No, pero es una perdida de tiempo–
Y de nuevo, sin remedio alguno, el moreno le sonríe tontamente.
–¡No importa! ¡Mientras no te sea una molestia, puedo continuar! ¿Verdad?–y sin querer recibir respuesta, extiende las flores hacía el azabache, dejándolas caer sobre su pecho obligándolo a tomar rápido la rama y luego él salir corriendo.
–Estupido herviboro, lo morderé hasta la muerte–lanza una amenza al aire y luego se retira a su oficina admirando las flores de Sakura que, actualmente, no representan una debilidad para él.
Las flores de Sakura antes eran su debilidad, lo hacían sentirse mareado y desorientado; sin embargo, ahora que las toca y recuerda la sonrisa con la que le fueron dadas, unos raros síntomas lo invaden haciéndolo sentir confundido.Si las Sakura ya no eran su debilidad ¿Entonces por qué sentia sus latidos acelerados? ¿Porque sentía como si su interior se calentará?
Talvez esa estúpida piña estaba interferiendo de nuevo. Pensó.
◜❁◝
Con las confesiones abiertas que el boxeador siempre decía hacía el azabache, ahora la mayoría de los estudiante sabían sobre los extraños gustos de Sasagawa; incluso la familia de Tsuna se pregunta si no era un juego o alguna especie de ilusión, incluso el castaño llegó a pensar que era una broma de Reborn. Y sin embargo, su tutor siempre lo negó, repitiendole que tuviera más atención a los sentimientos e intereses de cada guardián suyo, además le reitero que, lamentablemente, se trataba todavía de un amor unilateral.
Asi como todo la escuela sabía que Sasagawa Ryohei estaba enamorado del prefecto demonio, también se sabía que no era correspondido y ya todos conociendo como era su prefecto, quizás jamás se fijaría en el alborotador boxeador.
Ante la insistencia del guardián del Sol, Hibari tenía planes que investigar por si solo, que trucos se traía entre manos el boxeador para no hartarse o ya haberse dado cuenta que él no era un romántico ni fanático de lo romántico.
Entonces cuando fuera la próxima vez que Ryohei viniera a su oficina para interrumpirlo, es cuando abordaria el tema y le preguntaría seriamente, sin aceptar respues como “Porque si” “Porque me gustas”. No, Kyoya quería saber ¿Porqué? ¿Que había en el que le gustará?
Sabía muy bien que pensaban todos de él, tanto entre alumnos, como entre los Vongola; él ya tenía la etiqueta de ser frío y calculador, poco paciente y que odiaba las multitudes. Y si, no se equivocaban, odiaba los alborotos, pero curiosamente no los alborotos de Ryohei.Odiaba que personas invadieran su espacio, sin embargo no cuando lo hacía Ryohei. En realidad, el guardián del sol venía y todo a confesarse, pero nunca cruzaba sus límites de tolerancia.
Fue en ese momento que la nube empezó a recordar, una por una, cada visita del boxeador; y empezó a notar que en todas ellas, Riohey siempre respeto su espacio.No iba tan cerca de él, siempre se lo dijo de lejos, también cuando lo interrumpía en la oficina, cuidaba de no alzar su voz como siempre. Si lo hayaba sumamente ocupado, simplemente le dejaba alguna flor, sea natural o de origami, pero dejando en claro que estuvo ahí.
Entonces se dio cuenta que si, que todos lo conocían por odiar multitudes y odiar a herviboros débiles, pero de entre todos ellos, sentía que el que más lo conocía era el guardián del sol. Conocía hasta los detalles más quisquilloso de su personalidad, sus gustos y preferencias.
Al haber explorado los recuerdos de los últimos tres meses de haber sido “acosado” (como lo había pensado) por Ryohei, recordar todos los pequeños obsequios, los gestos de saludo y amabilidad recibidos; todas esas atenciones inmerecidas que recibió por parte del guardián, de repente hicieron que su corazón latiera muy deprisa.
Nadie le había prestado tanta atención, nadie se había detenido realmente a observarlo, solo había asumido toda su personalidad de una mirada; y el único que lo consigo fue Ryohei. El Guardián más desordenado y ruidoso. El Guardián que menos espero llamar su atención, porque no tenía nada especial como para conseguir una segunda mirada del chico.
Por primera vez, en mucho tiempo, Kyoya se sintió avergonzado de solo pensar cuánto tiempo fue observado por el moreno, como para que supiera todo sobre él. Pero a pesar de la vergüenza que empezaba a sentir, no sintió más allá que eso, aún no sentía preparado para corresponder sentimientos que no puede comprender.
◜❁◝
–¡Hibari,buenos dias!–entraba saludando el sol a la oficina de Hibari,donde esté estaba por empezar su papeleo.
Al estar el escritorio frente a la puerta, el azabache vio de inmediato la sonrisa y el entusiasmo del guardián, como todos los días, trayendo algo en manos para darle.
–Herviboro–respondio en un suspiro, ha este punto, mas de rendición que de enojo
Entonces Ryohei camino hasta el escritorio con una bolsa de papel en mano, la poso sobre la superficie y de ahí saco una bufando morada.
–Escuche que más tarde va a nevar, podrías usar esto–dijo con otra sonrisa radiante, colocando con un rubor leve en sus mejillas, la bufanda al rededor del azabache.
Para su sorpresa no fue detenido ni reprendido por el guardián de la nube, solo fue observado con ojos metálicos, causandole nerviosismo.
–B–bueno, eso era todo ¡Nos vemos más tarde, Kyoya!–despidio del boxeador, dando la espalda y caminando a la salida.
–¿Nunca te vas a cansar de hacer esto?–cuestiona el azabache, sin intenciones de escucharse enojado
Ryohei se detiene y mira confundido al chico por la pregunta. Luego lo piensa un poco y responde.
–¡Nunca tengo suficiente de ti!–exclama sin pena y vuelve a dar la espalda para finalmente salir.
Ignorando por completo que dejó a un ruborizado prefecto.
╔═.✵.═══n o t a s
Como dije, estos relatos o cosas que publique aquí, serán muy cortos y poco profundos.
Piensen en este libro como una recopilación de One-shot cortos sobre está pareja.
Los quiero!!
Feliz madrugadauwu








