UNA LUNA CRECIENTE 🌙

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Summary

Una vez, en una noche tan oscura que solo la luna se atrevĂ­a a reflejar su luz, brillaba en lo alto con una calma tan profunda que cualquiera podrĂ­a mirarla por horas. Pero mientras mĂĄs crecĂ­a la luna... mĂĄs crecĂ­a ella. Soy Kil. Y esta es mi historia. Soy la descendiente de la Diosa Luna, y he venido a gobernar las tierras que alguna vez le pertenecieron a mi madre. Kil es una omega. ÂżPero podrĂĄ una omega mandar mĂĄs que los alfas mĂĄs poderosos? ÂżPodrĂĄ demostrar que ser obediente no es su destino... sino su elecciĂłn? No copiar Es totalmente original mio

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1

𝗟𝗼 đ—œđ—żđ—Œđ—łđ˜‚đ—»đ—±đ—ź đ˜€đ—¶đ—Č𝘀𝘁𝗼 đ—±đ—Č đ˜‚đ—» 𝗼đ—čđ—ș𝗼

En un bosque desconocido y oculto entre la espesura, se encontraba una cueva grande y rocosa. A su alrededor había símbolos raros, tallados en las piedras como si alguien, o algo, quisiera dejar un mensaje olvidado. Al final de la cueva, una niña dormía profundamente. Un agujero en el techo permitía que la luz de la luna iluminara justo donde ella descansaba.

Vestía apenas un trapo largo y desgastado. Su cabello, enredado y sucio, caía sobre su rostro. Su cuerpo, delgado por la falta de alimento, temblaba ligeramente. A su lado, algunas frutas que había recolectado la noche anterior descansaban junto a ella, esperando ser su cena... o su desayuno.De repente, una gota de agua cayó sobre su mejilla. La niña despertó de golpe, incorporåndose asustada.

—Oh no... —susurró en voz baja, aferrando sus frutas con fuerza.Se dirigió rápidamente hacia la entrada de la cueva. Desde allí pudo ver cómo la lluvia empezaba a caer con furia. Se sentó a un costado, abrazándose a sí misma por el frío que la envolvía. Cerró los ojos con fuerza. Quería llorar, pero al mismo tiempo, no. Sabía que debía ser fuerte... aunque no entendía cómo lograrlo.

Cuando la lluvia por fin cesó, se levantó con lentitud y caminó hacia el frente de la curva que daba al exterior. A unos metros, un río fluía suavemente, aunque el lodo ya se había apoderado del camino, ensuciando sus piernas al pasar.Se acercó a una roca junto al agua y sacó una trampa que ella misma había construido con palos y hilos arrancados de su trapo. La revisó con esperanza. Había pocos peces, pero para ella era suficiente. Sonrió, apenas.Con los peces en las manos, la niña regresó a la cueva. Caminaba con cuidado para no resbalar en el barro.

El viento seguĂ­a soplando con fuerza, y el frĂ­o le calaba los huesos. A veces pensaba que el bosque estaba vivo, que los ĂĄrboles la observaban... o al menos, eso le gustaba imaginar para no sentirse tan sola.Una vez dentro, acomodĂł las frutas y los peces en una piedra plana. TomĂł dos ramas secas que habĂ­a guardado bajo un rincĂłn de la cueva —sabĂ­a que si se mojaban, no podrĂ­a hacer fuego— y con esfuerzo, logrĂł encender una pequeña llama. El humo se elevĂł hacia el agujero en el techo, y el calor, aunque dĂ©bil, le dio un poco de consuelo.

AsĂł el pescado lentamente. El olor llenĂł la cueva, haciendo que su estĂłmago rugiera. ComiĂł en silencio, con las manos sucias y los ojos pesados por el cansancio.DespuĂ©s, abrazĂł sus piernas y apoyĂł la barbilla sobre sus rodillas. Miraba el fuego, pensativa.—¿Hasta cuĂĄndo tendrĂ© que seguir asĂ­...? —murmurĂł para sĂ­ misma.No recordaba cuĂĄnto tiempo llevaba sola. A veces soñaba con una voz, un rostro... pero al despertar, todo desaparecĂ­a. Nadie venĂ­a. Nadie la buscaba.

Solo ella, la cueva, el bosque... y el cielo.Salió nuevamente cuando el sol empezó a bajar. Tenía que buscar mås frutas antes de que anocheciera. Con un trozo de trapo atado a la cintura, caminó entre los årboles, revisando cada arbusto, cada raíz. Ya conocía bien qué frutos podía comer y cuåles la hacían doler el estómago.

Aprendió a escuchar el canto de los påjaros, a evitar los caminos donde crujía demasiado el suelo, porque sabía que algo mås podía estar rondando.De pronto, algo se movió entre los arbustos. La niña se congeló, agachåndose detrås de un tronco.Esperó.

Nada.Solo el sonido del viento entre las hojas.Suspiró, aliviada, y siguió caminando.Esa era su vida.Despertar, resistir, comer lo justo
 y dormir.

Esa noche, el viento silbaba mås fuerte que de costumbre. Las hojas del bosque crujían como si susurraran secretos que nadie entendía. La niña se acurrucó en su rincón favorito de la cueva, envuelta en su trapo, con el estómago apenas lleno y los pårpados pesados por el cansancio.

El fuego ya se habĂ­a apagado, y solo quedaban las brasas. CerrĂł los ojos lentamente, deseando que al menos esa noche pudiera dormir tranquila
 sin frĂ­o, sin hambre, sin miedo.Y entonces soñó.Todo era blanco, suave, como si flotara entre nubes. No habĂ­a tierra, ni ĂĄrboles, ni lluvia. Solo un espacio inmenso de luz tranquila.

Y en medio de esa calma
 una voz. No, dos voces. Una suave y cĂĄlida, como la de una mujer que canta para calmar a un bebĂ©. La otra, firme y profunda, como el eco de una montaña.

—𝘔đ˜Ș 𝘯𝘩𝘯𝘱
—𝘔đ˜Ș đ˜©đ˜Șđ˜«đ˜ąâ€Š

La niña miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Solo sentía. Una calidez en el pecho, como si algo la envolviera.

â€”đ˜›đ˜¶ đ˜”đ˜Șđ˜Šđ˜źđ˜±đ˜° đ˜ąđ˜¶đ˜Ż 𝘯𝘰 đ˜©đ˜ą đ˜­đ˜­đ˜Šđ˜šđ˜ąđ˜„đ˜°â€Š —dijeron las voces al unĂ­sono, como si fueran una sola alma.—𝘗𝘩𝘳𝘰 𝘩𝘯 đ˜”đ˜°đ˜„đ˜° đ˜źđ˜°đ˜źđ˜Šđ˜Żđ˜”đ˜° đ˜Šđ˜Žđ˜”đ˜ąđ˜łđ˜Š đ˜€đ˜°đ˜Żđ˜”đ˜Ș𝘹𝘰.â€”đ˜•đ˜¶đ˜Żđ˜€đ˜ą đ˜±đ˜Šđ˜łđ˜źđ˜ąđ˜Żđ˜Šđ˜€đ˜Šđ˜łđ˜ąđ˜Ž 𝘮𝘰𝘭𝘱.

La niña quiso hablar, preguntar quiĂ©nes eran, quĂ© significaba todo eso. Pero no podĂ­a. Solo las lĂĄgrimas salĂ­an de sus ojos cerrados mientras dormĂ­a.Y justo antes de que despertara, sintiĂł algo extraño: un cosquilleo en la frente, como si alguien le hubiese dejado un pequeño beso.Entonces se incorporĂł, jadeando. La cueva seguĂ­a en silencio. La luna, aĂșn arriba, entraba por el agujero del techo. Todo parecĂ­a igual. Pero no lo era.Su corazĂłn latĂ­a distinto.Como si una parte de ella
 finalmente hubiera escuchado lo que necesitaba.