🖤 CAPÍTULO 1: “Yo no me enamoro… yo poseo.”
Desde que lo vi supe que me iba a joder la cabeza.
No fue por su cara —aunque, claro, esa barba mal afeitada y ese acento ronco eran pa’ desmayarse—.
Fue por cómo hablaba.
Por cómo me miró la primera vez, cuando entró al salón con su aire de “me da igual todo, excepto la literatura y los pecados”.
Un tipo que parece salido de una novela negra.
Y yo, como toda una protagonista desequilibrada, no hice más que sonreírle.
Y escribir su nombre en mi libreta con tinta roja como si fuera una maldita adolescente en celo.
Él. Se llama Ezra Velarde.
Tiene 35.
Da Filosofía y Literatura Erótica Contemporánea.
Y está mal que me guste.
Pero más mal está lo mucho que me calienta.
Las primeras semanas me limité a observarlo.
A estudiar sus gestos.
A grabar su voz en mi cabeza.
A imaginarme su cuerpo encima del mío mientras él leía a Henry Miller con ese tono de voz como si estuviera narrando una fantasía sucia directo en mi oído.
Yo no estaba enamorada.
Estaba maldita.
Poseída por una lujuria que me hacía temblar las piernas con solo verlo escribir en el pizarrón.
Una noche, lo seguí.
No como una loca —aunque bueno, ¿qué es ser loca si no tener coraje para hacer lo que todos sueñan pero nadie se atreve?
Fui a su bar favorito.
Me senté a dos mesas de distancia.
Y lo vi.
Beber.
Leer.
Tocarse el cuello.
Reírse con un amigo que hablaba más que él.
Y me mojé sin querer.
Sí, así mismo.
Porque no sé qué demonios tiene ese hombre,
pero yo me estaba volviendo una adicta a él sin ni siquiera probarlo.
Y entonces pasó.
Me vio.
Y me sonrió.
No una sonrisa amable.
Una sonrisa como diciendo “yo sé que tú sabes que yo sé”.
Mi corazón se me fue pa’l pecho.
Mi entrepierna se activó como si fuera una alarma de incendio.
Y yo…
yo solo le sonreí de vuelta.
Como la Bonnie que no se asusta.
Como la Bonnie que planea.
Lo que él no sabe…
es que yo no soy como las demás estudiantes.
Yo no quiero su atención.
Yo quiero su alma.
Y te juro que la voy a tener…
aunque tenga que arrancársela con los dientes.