Prólogo
Cuando las promesas se pudren
Me levanté de golpe. El mareo me revolvía por dentro y corrí al baño a vomitar. Ni siquiera pensé. Solo reaccioné.
Al volver a la cama, Kenneth ya no estaba. La puerta entreabierta dejaba entrar la luz tenue del pasillo, como si me invitara a seguirle el rastro.
Lo hice. Mis pies están descalzos sobre la alfombra, mi respiración está contenida. Y entonces los oí. Voces en el despacho. Una discusión. Su voz... y la de Jean.
Mi hermano.
Caminé despacio, instinto puro. Sin ruido. Sin intromisión. Me detuve de golpe cuando escuché que hablaban de mí.
—¿Qué mierda planeas con mi hermana? —espetó Jean, con rabia cruda—. ¿Dónde quedó nuestro trato? Me lo prometiste, Kenneth.
¿Trato? ¿Promesa? ¿De qué están hablando?.
La sangre me empezaba a silbar en los oídos.
—No te quedes callado, joder... Responde de una maldita vez. ¿Qué pretendes con mi hermana?
Kenneth no respondió de inmediato. Pero cuando lo hizo, lo rompió todo.
—¡Lo de tu hermana se me está saliendo de las manos, OK! — golpeó el escritorio. Un sonido seco, violento, irreversible.
—Dime la verdad. ¿Te enamoraste de Nicole?.
Silencio.
Un silencio que pesó como una piedra sobre mi pecho. Yo quería que dijera que sí. Que se enfrentara a todos. Que me escogiera.
Que fuera valiente. Pero mi cabeza me gritaba que no, que no fuera tan idiota.
Él tenía un compromiso que le habían impuesto. Promesas con otras personas. Un legado que nunca me incluyó.
Y entonces, lo dijo.
—No. No me enamoré de la tonta y ridícula de tu hermana. Además... es imposible enamorarse de alguien que no se conoce...
No escuché más.
No pude.
Esa frase fue el disparo, el último golpe. El adiós que no se pronunció.
Sentí mi corazón partirse en mil fragmentos. Llevé mis manos al vientre, instintivamente, como si pudiera proteger algo que aún no sabía que estaba ahí. Me tapé la boca para ahogar el sollozo que amenazaba con salir sin permiso.
Corrí de vuelta al cuarto. Me puse los zapatos. Agarré el abrigo. Recogí el dinero del bolso. Y me fui.
Sin mirar atrás.
Sin dejar notas.
Sin despedidas.
Porque las promesas de Kenneth se quedaron flotando. Palabras vacías que hoy son cuchillas dentro mío.
¿Cómo pude pensar que rompería su compromiso por mí? .
¿Cómo pude creer... que me amaba?.