Capitulo único
Todo comenzó en un día cualquiera Lía mi hermana y yo jugábamos juntas mientras nuestros padres hacían la comida, todo era perfecto, hasta que madre empezó a toser, y esa no fue la única vez, cada día que pasaba madre empeoraba más y más, hasta que simplemente se fue, el día era hermoso, despejado parecía que nada malo iba a suceder, pero ella se fue, nos dejó, la dejó. Y desde entonces todo empeoró, desde la partida de Madre, Lía era la que me cuidaba, ella me peinaba, me ayudaba a vestirme bien, y sobre todo me leía cuentos, con esos ojos rojos tan hermosos, pero ocultos por su largo cabello que solo la hacía parecerse a madre, aunque ella lo odiaba.
Una vez intento cortar su cabello, pero ese monstruo al cual alguna vez llamamos padre al ver lo que ella intentaba hacer la golpeó tan fuerte que la tiro al suelo, diciéndole –las señoritas no desobedecen, ¡Ya te habia prohibido cortarte el cabello! Así que haz caso, o Lu pagara las consecuencias de tus acciones– Lía se quedó helada, no lo podía creer, así que simplemente asintió sin decir ni una sola palabra, ella me abrazó con fuerza entre lágrimas aquella noche, y aún recuerdo claramente sus palabras. –solo quiero ser libre~ y volar lejos~ es que él aún no lo entiende… Lu, tu eres la única que me comprende, si tan solo no me pareciera a mamá tal vez así él me dejaría ser libre, ser yo– dijo mientras me acariciaba la cabeza, en ese momento yo no sabía porque mi hermana decía aquello, yo era muy pequeña como para entenderlo, pero para Lía todo era muy claro, ella no se sentía como Lía, si no como Lión.
Los años pasaron ella y yo crecimos, cuando madre se fue teníamos apenas 7 años, pero ahora teníamos 12, y Lía era más parecida a Madre que nunca antes, y padre lo había notado, el siempre llegaba borracho, y si Lía no hacía caso, le golpeaba hasta que no se pudiera levantar, gritándole –¿¡Porque no simplemente puedes escucharme Margaret, es por tu bien carajo!?– le gritaba como si ella fuera mamá, Lía siempre intentaba vestirse con pantalones anchos, playeras olgadas y de mangas largas, pero en la casa era obligada a usar los vestidos de madre que resaltaba su figura, su piel morena radiante, las cortadas en su brazos por las cuales era tan reprendida, los moretones de sus piernas, y las marcas de cinturón en sus brazos.
Sabían ocasiones en las que padre llegaba muy borracho, y era entonces cuando Lía me decía que jugáramos un lindo juego, que yo me escondiera y que por nada del mundo saliera hasta que ella me encontrar, y yo como buena niña obedecía a mi hermana, a mi ángel, solo para cuando llegara padre yo desde mi escondite escuchará los gritos, y súplicas de Lía mientras era golpeada sin piedad y algo más, algo de lo que nunca se atrevió a hablar, pero que se escuchaba con claridad, sus súplicas, súplicas de que padre se detuviera, que la soltara, que ella no era mamá, que ella era un chico, pero padre nunca escuchaba diciéndole que ella era una mujer, su mujer y de nadie más, por lo que él se encargaría de que ella nunca lo olvidar, o si no, yo pagaría las consecuencias de sus acciones.
Después de un tiempo los gritos sedian y Lía me encontraba abrazándome con fuerza mientras se veía aún más demacrada cada vez, mientras me acariciaba el cabello susurrando en mi oído –mientras yo esté con vida, el nunca te va a poner ni un dedo encima… de eso voy a encargarme lo juro Lu, lo juro…– no se que era peor verla llorar, o ver la determinación en sus ojos, de seguir sufriendo con tal de que yo nunca pasará por lo mismo.
Sigo sin entender cómo era posible que todos los días en la escuela nuestros “compañeros” y maestra veían a Lía en tan deplorables condiciones, y nunca se atrevieron a decir nada, a preguntar, a ayudar, a tan siquiera mirarla a los ojos como a cualquiera otra persona, pero no, nadie hacía nada, nadie decía nada, estábamos nosotras solas contra el mundo, solo Lía y yo, mi dulce ángel, mi herido ángel, mi dañado ángel, el cual siempre me cuidaba, siempre me protegía, siempre me dormía, pero al cual nadie miraba, nadie ayudaba, nadie, solo yo, como siempre.
Un día como todos los demás, padre llegó, Lía me dijo que me escondiera, pero ese día el me encontró, por primera vez me encontró, me jalo el brazo y después el cabello para que fuera con el, mientras Lía lo apartaba de mi, y en un arranque de irá, ella agarró un cigarro y se lo apagó en el brazo, haciendo que padre se enfadara aún más, pero centrando su atención en ella solamente, para que yo pudiera escapar, ese día no pude dormir, y cuando baje al ya no escuchar ruidos, padre estaba en el sofá, completamente dormido mientras que Lía destrozada, bebía de aquella botella de alcohol que tanto daño le hizo solo para agarrar un cigarro y fumarlo, esa imagen me destruyó el alma, como nunca antes, y esa será la última vez que le vería sufrir así por el monstruo.
Solo una semana después la casa ardió en llamas, Lía me tomó del brazo, me cargó en sus brazos y salimos de ahí juntas, pero el monstruo no, el ardió en llamas hasta que no quedó nada más que su cuerpo completamente incinerado, los bomberos nos interrogaron pero no descubrieron nada, se declaró que el incendio ocurrió por un corto circuito, y después de eso, fuimos libres al fin
Lía se volvió Lión, mi hermoso ángel, mi hermoso hermano, su cabello corto, su sonrisa auténtica y su alma más libre que nunca antes, al final éramos felices juntos, y lo mejor es que nadie nunca supo que el incendio lo provoque yo, dormí al monstruo con medicamentos para el sueño, y lo electrocute vivo, después de eso solo fue cosa de generar un corto circuito cerca de él para que se quemará su cuerpo, después desperté a mi hermoso ángel y nadie se imaginó que yo, lo había provocado todo, pero no mentiré la sonrisa en el rostro de mi amado ángel al escuchar que el monstruo murió lo valió completamente, nuestra libertad lo valió. Tal vez las personas aún no puedan comprender el porqué de mis acciones, a fin de cuentas, era mi padre, pero ver a mi dulce ángel consumido por la bebida, y el tabaco simplemente me destruyó el alma haciéndole escoger entre nuestras vidas, nuestra libertad, o la vida del monstruo, y al final la decisión fue clara.
Libertad.