Capítulo 1: Estoy aquí… pero me siento lejos
A veces me dan ganas de gritar.
No por rabia.
Por desesperación.
Por sentir que estoy en un cuarto lleno de gente y aun así nadie me ve.
Tengo veinte y algo.
No tengo la vida resuelta.
No soy lo que mi mamá quería.
Y últimamente, ni siquiera me reconozco en el espejo.
Todo el mundo habla como si tener esta edad fuera “la mejor etapa de la vida”.
Y yo solo me pregunto: ¿en qué momento se volvió tan difícil simplemente existir?
Mi mamá me grita desde el otro cuarto:
—“¡Deja ese celular! ¡Tú no haces nada con tu vida!”
Y yo quiero contestarle:
“Tú tampoco haces nada por entenderme.”
Pero no lo digo. Nunca lo digo.
Porque aprendí que decir lo que siento en esta casa se traduce como ‘ser malagradecida’.
Mi mamá dice que todo lo hago mal.
Que soy floja.
Que no me esfuerzo.
Que todo me lo tomo personal.
Pero… ¿cómo se supone que viva tranquila cuando hasta respirar se siente como cargar una mochila de dudas?
Hoy lloré en silencio en el baño.
Me senté en el piso, con el pantalón a medio subir,
porque simplemente no podía más.
Y ni siquiera sé por qué lloraba exactamente.
Es como si todo me pesara: el futuro, el presente, mi nombre, mi forma de pensar, mi cuerpo, el silencio…
el hecho de que me siento sola incluso rodeada de gente.
Mis amigos me mandan memes.
Nos reímos. Hablamos de series, de lo mal que dormimos, de los ataques de ansiedad disfrazados de “ay, qué risa, casi lloro”.
Y al final, cuando cierro el celular…
el cuarto se siente más grande.
Y yo, más chiquita.
Yo sé que no soy la única que se siente así.
Sé que allá afuera hay miles, millones, igual que yo.
Pero eso no quita el vacío que siento cuando entro a la cocina y mi mamá me mira con esa cara de decepción muda.
Esa que dice “esperaba más de ti” sin abrir la boca.
Y aquí estoy.
Con veinte y algo.
Cansada.
Confundida.
Pero viva.
Y aunque todo duela,
aunque nada tenga sentido ahora mismo,
me prometí escribir esto… para no olvidarme que estoy intentando.
Aunque nadie lo entienda.
Aunque me sienta sola.
Aunque mi mamá nunca me escuche.
Aunque mi sonrisa sea una excusa mal puesta.
Estoy aquí.
Y por ahora, eso es suficiente.