Capítulo 1: ¿Y yo por qué soy migajera?
Mira, todo empezó cuando yo no sabía ni qué era eso de ser migajera. Yo, como cualquier chamaquita, creía que cuando alguien te daba “un poquito” era porque te quería así, poquito a poquito. Pero no, mi reina, eso es una trampa más peligrosa que las empanadas que venden en la esquina con “quesito” sospechoso.
Yo estaba en una relación donde siempre era la que daba más: más llamadas, más mensajes, más planes, más ganas… y ¿qué recibía? Apenas un “ok” o un “ta bien”. Y tú sabes cómo duele eso, ¿verdad? Que tu amor se sienta como una limonada aguada, sin azúcar ni nada que te endulce la vida.
Y ahí fue cuando empecé a cuestionarme, “¿será que yo soy migajera?” Porque a veces me veía rogando por atención, por tiempo, y eso no era amor, era mendigar. Y no hay peor cosa que mendigar cariño, bro.
Pero, ¿sabes qué? También aprendí que para salir de ahí tenía que mirarme al espejo, ponerme mis tenis y decirme a mí misma que yo merezco el plato lleno, no las sobras.
Consejo #1: Identifica cuándo estás dando más de lo que recibes. Si te sientes agotada y sin ganas, es porque algo no está bien. No tienes que ser tú la que mendigue amor, ni que se conforme con migajas.