Capítulo 1 — Desde chiquita supe
Desde que tengo memoria, to’ el mundo ha intentado “arreglarme”.
—“Muchacha, siéntate bien”
—“Eso no es de señorita”
—“Tú no puedes andar haciendo esos shows”
—“¿Tú no puedes ser más… normal?”
Y yo como que… ¿normal pa’ quién?
Porque si ser normal es callarme lo que siento, vestirme pa’ complacer a otros, hablar con vocecita y no hacer ruido, entonces yo vine dañá del cielo, mi amor.
Yo me acuerdo en sexto de primaria, cuando me mandaron a la oficina porque me reí muy duro. ¿Tú puedes creer? Una se ríe porque algo da risa y ya es “inapropiada”.
Desde ahí supe que el mundo no estaba hecho pa’ gente como yo, pero también entendí que eso no era malo… eso era especial.
Y claro, hubo un tiempo en que lo intenté, bro. Lo intenté con to’ mi corazón. Me puse ropa que no me gustaba, fingí estar de acuerdo con cosas que no sentía, me metí en grupos donde me sentía más sola que en mi casa.
¿El resultado? Terminé más vacía que una funda de Chippy después de recreo.
Hasta que un día, sin drama ni nada, solo me harté.
Me paré frente al espejo, despeinada, con los ojos rojos de tanto aguantá y me dije:
“Brendally Marie, tú no naciste pa’ encajar. Tú naciste pa’ brillar”.
Y no es que ahora ande en un unicornio tirando purpurina, no. A veces tengo días raros, días tristes, días donde me quiero esconder.
Pero al menos soy yo.
Con todas mis locuras, con mi risa escandalosa, con mi ropa sin combinar, con mis ideas rebeldes y mi corazón grande.
Si tú estás leyendo esto y sientes que vives disfrazándote pa’ caer bien… suéltate, mami.
No hay peor cárcel que vivir una vida que no es tuya.