Capítulo #01
Zoe Rogers
12:30pm
Me encuentro en la sala de espera del aeropuerto, con el corazón latiendo de emoción mientras espero la llegada del vuelo de mi hermano. Según el horario, su avión debería haber aterrizado hace veinte minutos, pero aún no ha llegado. Estoy un poco ansiosa por verlo, ya que ha pasado un año desde la última vez que lo vi. La idea de volver a abrazarlo me llena de alegría.
— Vuelo 502, aterrizando — anuncian, y la emoción aumenta.
Corro hacia donde se supone que él debe salir y me quedo ahí esperando a que aparezca. Pasan unos diez a veinte minutos y no sale, hasta que cinco minutos después logro ver a un chico alto, blanco, con cabello negro rizado salir.
— ¡Zion! — grito exaltada, corriendo hacia él.
Él, al verme, me muestra una gran sonrisa. Sin quitarme sus ojos grises de encima, corre hacia mí y nos envolvemos en un gran abrazo. Zion y yo siempre hemos sido muy unidos; nunca habíamos estado más de un mes separados.
— Tienes que contarme todo, ¿cómo te fue en la gira?
— ¿A nosotros no nos saludas, ratita? — pregunta George, al lado de Zion, mientras se acerca a abrazarme.
Entre risas, me acerco a él y lo abrazo.
— También te extrañé, George, pero dejé de llamarme así.
George es como mi mejor amigo; nos conocemos desde que éramos niños. Cuando los amigos de Zion iban a casa, él siempre se quedaba conmigo y jugábamos a lo que yo quería, ya que Zion me ignoraba. Siempre ha sido un chico muy atractivo: es alto, tiene un cabello castaño algo rebelde, la piel trigueña, unos ojos que no sé si son verdes o marrones, pero son hermosos y un físico muy bien trabajado.
— Hola, chimpancé — me saluda Marcus.
— Hola, imbécil.
Marcus, desde que lo conozco, siempre ha sido muy atractivo y, sobre todo, amable y muy inocente. Tiene una altura adecuada, un cabello rubio que siempre está desordenado, la piel blanca, unos ojos marrones muy lindos y un cuerpo no tan tonificado, pero igual de ardiente, con uno que otro tatuaje en sus brazos y piernas.
Él se acerca a mí y yo me alejo con cautela, pero Zion me toma sin darme tiempo de huir.
— Por favor, aquí no, estamos en un aeropuerto — gimo, mientras intento soltarme del agarre de Zion.
— Aquí sí.
Él me toma como si fuera un saco de papas y comienza a darme vueltas. Yo le golpeo en la espalda pidiendo que pare, pero él me ignora y sigue girando. Cuando por fin me suelta, estoy tan mareada que tengo que agarrarme de George para no caerme. Miro a mi alrededor y todos los chicos se están riendo, lo que me molesta un poco. Cuando me repongo, corro detrás de Marcus y comienzo a golpearlo.
— ¡Eres un pesado! — grito, mientras me subo en su espalda y comienzo a jalar su cabello.
— ¡Zoe! ¡Basta! — grita Zion, muerto de risa.
Suelto a Marcus, aún enojada, y me acerco a saludar a los dos chicos que no había saludado.
— Hola, Hunther.
Hunther, como todos los integrantes de esta banda, es la perfección en persona. Solo que, debido a mis preferencias, él me parece más atractivo. Es un hombre alto, con el cabello rojo y sedoso, más hermoso que he visto. Tiene una piel trigueña muy ardiente, unos ojazos marrones que te cautivan, un cuerpo super bien cuidado y una sonrisa matadora.
— Hola, guapa.
Yo le sonrío y le extiendo mi mano para ayudarlo a levantarse. Cuando ya está de pie, le dedico mi mejor sonrisa y él me envuelve en un abrazo que no sabía que necesitaba.
Lo admito, me gusta. Me gusta desde que tengo memoria. A veces hace cosas que me hacen creer que sí le gusto y me confunde, pero luego me cuenta cómo va su relación con Sophie y lo mucho que la ama. Todo se vuelve aún más confuso para mí. Sé que no tengo oportunidad de estar con él; Sophie es demasiado hermosa, tiene ojos azules, cabello rubio y un cuerpo bien trabajado. No soy una persona que se haga menos ni que se compare con otra mujer, pero, Dios, Sophie es modelo.
Siento un pequeño toque de un beso en mi frente que me hace reaccionar. Subo la mirada para verlo y sonreírle.
— Cásense mejor.
— Cállate, Matthew — digo mientras me separo de Hunther.
Matthew es un chico muy atractivo y, cuando digo atractivo, no exagero. Es de esos hombres que ves y te transmiten la necesidad de estar con ellos, aunque sea el peor hombre del mundo. Es el más alto de los cinco, tiene el cabello negro con pequeñas ondas, la piel blanca que a veces lo hace parecer sonrojado, los ojos azules más llamativos y atractivos del mundo, un cuerpo muy bien trabajado y lleno de tatuajes, desde el cuello, uno que otro en el abdomen y un montón en los brazos, y una sonrisa muy cautivadora.
— No nos casamos porque ella no quiere — agrega Hunther en modo de broma, y yo trato de ocultar mi emoción.
Comienza a sonar un teléfono y todos nos miramos entre sí para saber de quién era. Era el de Hunther. Era Sophie quien lo estaba llamando.
— Ya vuelvo — nos avisa, y se dirige hacia un lugar alejado.
— Disimula tu cara de decepción, por favor, hace que me dé lástima — me susurra Matthew.
— ¿No sabes cuándo callar? — pregunto, y él solo se ríe.
— Yo también te extrañé, Campanita.
Yo lo miro mal al escuchar el apodo y le golpeo el hombro. Me dice Campanita porque dice que soy linda, pero que me comporto como albañil. Yo no considero que me comporte como albañil. Matthew me envuelve en un abrazo, apretando cada vez más su agarre para evitar que pueda separarme de él. Me quejo durante cinco minutos hasta que llega Hunther y me suelta.
— Vámonos, nuestras madres los están esperando.
Ellos asienten y, después de tomar sus cosas, salimos de la sala. En el área en la que estábamos anteriormente, era privada y no había fans detrás de nosotros, pero en la que estamos ahora hay tantas chicas y chicos que no podemos ni caminar.
Los guardaespaldas de los chicos intentan quitarnos de encima para poder salir, pero sus intentos están siendo un fracaso.
— No podremos salir de aquí — me quejo, tomando el brazo de Zion.
— Ya lo solucionaré - me susurra, y yo asiento. — Chicas, sé que están emocionados de vernos; nosotros también lo estamos. Pero en este momento estamos un poco apresurados - comienza, y todos se callan. — Así que, por favor, de todo corazón, les pedimos que nos dejen pasar. Llevamos un año sin ver a nuestra familia debido a la gira y ya las queremos ver.
— Les prometemos que en el concierto de cierre, mañana, nos tomaremos el tiempo de sacarnos fotos y firmar autógrafos — agrega Hunther con una sonrisa.
Todas las personas que nos rodeaban comenzaron a abrirnos paso y, por fin, pudimos salir del aeropuerto sanos y salvos.
— ¡Five Elements! — Corean las fan y yo río.
— Por cosas como estas no voy a sus conciertos — me quejo, y ellos ríen.
Todos nos dirigimos a la camioneta que nos estaba esperando. Después de que los chicos guardaran sus cosas en ella, nos fuimos a casa. En todo el camino, los chicos me iban contando de la gira y de lo bien que la pasaron; yo les conté cómo iba mi primer trabajo y lo bien que la estaba pasando en ese psiquiátrico.
— ¿Qué se siente al trabajar con locos y psicópatas? — pregunta George, mientras come una galleta.
— No son locos ni psicópatas, George. Son personas — el tono cortante de mi voz dejaba en claro lo mal que sonaba aquel prejuicio.— Y es emocionante, no es algo que verías en un consultorio como psicólogo, cada caso es diferente.— mis ojos brillaban al hablar de mi profesión, dejando pasar lo de George. No tenía intención de discutir por el comentario.— Ríanse lo que quieran, pero aparte de que la paso bien, tengo un buen salario — digo indignada. — Además, no tengo planeado quedarme ahí toda la vida; es solo por la experiencia. En mis planes está abrir mi propio consultorio.
Ellos siguen riéndose y yo los miro mal para luego ignorarlos y ver mi teléfono. El camino a casa no fue tan largo, así que, unos cinco minutos después de que ellos dejaran de burlarse de mí, ya estábamos en casa.
Mi mamá y las mamás de los chicos estaban tan emocionadas que hasta lloraron. No fue fácil para ellas no verlos y, menos para mí, para Amarantha y para Kassandra, tener que lidiar con cinco señoras que extrañan a sus hijos.
Desde que los chicos comenzaron en la banda, las familias se volvieron muy unidas y, literalmente, parecemos una gran familia. Está la familia Carson, que dentro de ella están George, Elizabeth y Gregory; la familia Rogers, que somos Zion, Zack, Samantha, Oliver y yo; la familia Morgan, que están Hunther, Kassandra, Lana y Theo; la familia Stevens, que son Matthew, Stella y Peter; y la familia Brown, que son Marcus, Amarantha, Isabella y Tyler.
Kassandra y Amarantha se parecen mucho a sus hermanos; son igual de guapas que ellos.
— Ya que ellos volvieron, por favor, les pedimos de todo corazón que no nos molesten por un año — avisan Kassandra y Amarantha, y yo las apoyo con la mirada.
— Qué pesadas son, no las molestamos tanto — dice mamá Lana, haciéndose la indignada.
— ¿No? ¿Seguras? — pregunto, y ellas asienten con descaro. — Cuando me hicieron salir del trabajo haciéndome creer que Amarantha se había partido la cabeza, solo porque querían que las llevara a jugar tenis, ¿no se acuerdan de eso?
— Cuando hicieron que faltara a mi partido de vóley solo porque querían tener a un maniquí humano para probarle su ropa rara, ¿se les olvidó?
— No, o cuando me hicieron creer que mamá Ellie estaba en su casa y se había caído de las escaleras, solo para que fuera a buscar una mermelada, porque las señoras no querían mermelada de naranja, ¿lo olvidaron?
— Mamá, ¿en serio hiciste eso? — le pregunta George a su mamá.
— Jamás, mi amor.
— Están calumniando a nuestras hermosas mamás — dicen los chicos al unísono, y nosotras los miramos indignadas.
— No las están calumniando, es cierto — dice mi padre, saliendo del cuarto junto a los otros papás.
— Ellas, desde que se fueron, se volvieron medio insoportables — agrega el señor Peter, y mamá Stella le pega en el hombro.
Y en eso consistió toda nuestra tarde: en burlarnos unos de otros, contar qué hicimos mientras ellos no estaban y ellos contarnos qué hicieron en la gira.
Cuando cae la noche, todos se van a sus respectivas casas y yo me quedo junto a Zion a ordenar la cocina.
— Los extrañaba demasiado — digo mientras seco los platos.
— Y nosotros a ti, enana.
Cuando termino de secar los platos, me siento en la isla y comenzamos a hablar sobre una chica con la que está hablando.
— ¿Cómo se llama mi futura cuñada?
- Charlotte Miller.
— ¿La ex modelo?
— Sí - dice con la sonrisa más enamorada que he visto en mi vida. — Tienes que conocerla, Zoe, es demasiado maravillosa.
— Se nota que te gusta mucho.
— Me encanta, tiene los ojos azules más hermosos del mundo; parece que el cielo se refleja en ellos. Cada hebra de su cabello castaño es tan suave y brillante que hace que su piel blanca resalte aún más. Sus labios rosados carmesí me llaman la atención, y tiene el corazón más grande y bondadoso del mundo — dice, frotándose la cara. —. Es la mejor.
— Tú estás enamorado ya — indico, y él niega.
— Solo me gusta.
— Si tú lo dices.
Ambos reímos por un rato, para luego quedarnos callados y ver hacia la ventana de la cocina. Desde ahí se puede ver muy bien el cielo, y la verdad es que las estrellas están hermosas.
— Cuéntame tú ahora, ¿cómo va ese corazón? — pregunta mientras me acaricia.
— Está igual, amando a alguien que solo me ve como su hermana — comento, bajando la cabeza.
— Todavía no logro entender cómo es que te llegó a gustar Hunther.
— Solo confundí las cosas — digo en un hilo de voz. — No sé cómo me pude confundir; él jamás podría fijarse en mí.
A veces es algo incómodo hablar con mi hermano de lo mucho que me gusta uno de sus mejores amigos y compañero de trabajo. Pero él sabe escuchar y nunca me ha juzgado por eso, por sentirme como me siento. Recuerdo que cuando se lo confesé estaba muy nerviosa, tan nerviosa que antes de decírselo lo ignoré como por dos días. Luego de decírselo, él se burló de mí por hacer tanto drama solo por eso.
— Zoe, tú eres una de las mujeres más hermosas, de buen corazón, inteligentes y bondadosas que conozco en el mundo. Eres una persona maravillosa, incluso un sueño difícil de alcanzar.
— Lo sé, tengo claro lo que soy — concuerdo y él ríe. — Pero mi corazón se confundió está vez, él ama a su novia y yo soy feliz de que él sea feliz.
— Ya verás que llegará un hombre que sí se dé cuenta de lo valiosa y extraordinaria que eres.
— Te amo, Zion - chillo, bajando de la isla para abrazarlo.
— Yo también te amo, enana — responde mientras acaricia mi cabello. — Ahora, vamos a terminar de acomodar la cocina para ir a dormir; muero de sueño.
— Vale.
Después de terminar, cada uno se va a sus respectivas habitaciones. Tomo una ducha rápida y busco en mi viejo armario algo para ponerme. Después de cepillarme los dientes, me duermo.
Nota de autor: ¡Hola de nuevo! ¿Que les ha parecido este primer capítulo? ¿Les gustó? ¿No les gustó? Espero saber.
¡¡¡¡Byeee!!!!