Yo elegí el infierno

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Summary

❝Todos hablan del amor como si fuera fácil. Como si bastara con querer. Yo quería. Pero no podía. Crecí en una casa donde ser yo estaba mal. Donde si hablaba, molestaba. Donde si elegía distinto, me juzgaban. Donde tenía que ser perfecta o no ser nada. Quise amar muchas veces. Pero siempre terminaba escapando. Hasta que los conocí a ellos. Por primera vez, sentí que quería quedarme. Pero quedarme también dolía. Me llamo Kira Solari. Y esta es la historia de cómo elegí el infierno...❞ © Todos los derechos reservados

Genre
Romance
Author
Samira
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

CAPITULO 1: Nadie me esperaba

“No sé cómo llegué a esto. A que me duela mirarlos. A que no pueda abrazarlos sin sentir que traiciono al otro.

A que los dos se peleen por una versión de mí que no termina de elegirse por completo… Aunque yo sí tenga bien claro lo que valgo.”

Porque sí. Tengo mil dudas. Me cuesta confiar, me cuesta sentir. Pero de algo estoy segura: Yo no soy el problema.

El problema es que me quieren a su manera.

Y yo no pienso encajar en ninguna forma que no sea la mía.

— Tenemos que hablar— dijo Bruno serio.

— Siento que esto no me va a gustar— respondí

— Tienes que elegir. ¿Con quién te quedas? — preguntó Thiago.

— ¿Por qué? Puedo estar con los dos— Solté mientras sonreía.

Y no saben que yo ya elegí hace rato:

Elegí seguir siendo yo, con todo lo bueno y todo lo oscuro.

Y entonces, como una ráfaga, el recuerdo me arrastra de nuevo. A cuando… Nadie me esperaba.

MESES ATRÁS…


Llegué sola a Seattle, arrastré mi valija por calles desconocidas, con la cabeza explotando y el pecho apretado. No elegí venir acá, pero acá estoy, tratando de escapar de un lugar que me asfixiaba.

— ¿Y esa cara? Eres nueva ¿No? — escuché a una chica en el pasillo.


No le contesté, solo apreté más fuerte la mochila. No estaba para explicaciones.

— Seguro sos la típica que cree que viene a cambiar todo — siguió, con una sonrisa torcida.

No dije nada. Quería desaparecer.

Mis padres me compraron un apartamento cerca de la escuela, pero ellos no entienden nada. Cada decisión mía es un error para ellos, cada gusto, es motivo de crítica.

“Queremos lo mejor para vos”, me dicen. Error. Lo que quieren es que sea perfecta, pero no como yo quiero, sino como ellos ordenan.

La puerta del colegio se alza frente a mí. Entro con los auriculares puestos, sin ganas de hablar con nadie, aunque sé que no voy a pasar desapercibida.

En el pasillo, dos chicos cruzan mi mirada. Uno sonríe con falsa seguridad, el otro me observa con ojos fríos que parecen leerme sin permiso. No sé sus nombres, ni sé si quiero saberlos.

Me siento en la última fila. Cerca de la ventana. No porque quiera parecer misteriosa, sino porque ahí puedo estar sola sin que me rompan. Igual ya sé cómo es esto. Siempre hay alguien que se cree dueña del aula.


— Esa es mi silla — dice una chica, parada al lado mío con voz aguda.

La miro sin sacarme los auriculares.

— ¿Quieres que te aplauda? Busca otro asiento— le contesto, con una media sonrisa. De esas que parecen amables pero no piden permiso.

Frunce el ceño como si le hubieran arruinado el año entero. Se va a otro banco sin decir nada.

Me re acomodo en el asiento como reina del drama. Adentro tengo mil cosas girando… pero afuera, ni una grieta.

La profesora entra. Alta, seria, con esa energía de “no me molestes hoy”.

— ¿Vos sos la nueva? — me pregunta, mirándome desde la puerta.

Me saco un auricular.

— Sí, Kira Solari.

— Bienvenida, Kira. Cualquier cosa que necesites… — arranca, pero ya perdió mi atención.

— Estoy bien, gracias — le corto con amabilidad medida.

La profe asiente, anota algo, y empieza a hablar de la materia.

Dos bancos adelante, los veo de nuevo.

El de sonrisa fácil se mueve inquieto. El otro, el serio, tiene esa mirada que no habla, pero dice mucho. Se empujan el uno al otro, se pasan una hoja, se ríen sin hacer ruido. No sé por qué los estoy mirando. No quiero mirarlos. Pero me sale solo.

Y justo en ese momento, el serio —el que no sonríe— gira la cabeza.

Nuestros ojos se cruzan.

Me congelo.

No me mira como los demás.

No con juicio.

Ni con deseo.

Me mira como si… me viera.

Agarro el cuaderno y vuelvo la cara.

No me quiero ilusionar.