Prologo
Desde tiempos antiguos, las leyendas hablaban de los Seldari: seres alados nacidos de la luz, que surgían cuando la galaxia temblaba al borde de la ruina. Nadie sabía de dónde venían ni a dónde iban. Pero siempre que los relatos los mencionaban, un destello multicolor precedía su llegada, seguido por el silencio absoluto... y una pluma.
Los Seldari eran mitos vivientes. Representaban las fuerzas vitales: el alma, el clima, la noche, el día, las plantas y los animales. Entidades que sanaban y restauraban, pero sin intervenir directamente. Solo mantenían el equilibrio.
En Elyrion, un planeta olvidado en el borde galáctico, ese equilibrio ya se había roto. Las autoridades callaban. Las estrellas no respondían. Una oscuridad crecía, liberada por fanáticos que jugaron a ser dioses. Y con la condena sellada, la esperanza se deshacía como cenizas en el viento.
Pero justo cuando todo parecía perdido, los sueños regresaron.
No sueños cualesquiera: visiones intensas, repetidas. Una figura alada. Una laguna bañada por la luna. Una aurora que no pertenecía a este mundo.
Elaris no era una heroína ni una guerrera. Era una hija del polvo, nacida en los márgenes de un sistema podrido. Pero las leyendas no buscan linajes. Solo a quienes aún creen.