Capítulo 1_Parte1
Sigo aquí - Alex Ubago.
¿Qué ganas? - Morat.
-”La brisa era suave, cálida, el sol estaba en su punto más alto, las hojas de los árboles volaban en el viento.
Todo parecía estar en total tranquilidad, me encontraba de regreso a Towerkuns de la reunión semanal que he tenido con Kiara los últimos siete años.”
Un estruendo se escuchó, golpeando su cabeza contra el techo de la carroza, interrumpiendo los pensamientos de Conall. Kiara y él salieron para observar lo que pasó hace un momento.
–Increíble una rueda rota, esto me sucede por estar contigo, siempre me has dado mala suerte– bufo Kiara al observar la rueda rota.
–No se de que hablas, soy un trébol de cuatro hojas. Aún podemos llegar.
–¿Con magia? no gracias, esa cosa me marea.
–Eso mismo decía Evangeline cuando llegó– sin pedir permiso, sin decir otra palabra, Conall alzó su mano, trono los dedos y los transportó al inicio de Towerkus, junto con la carroza.
–Odio que hagas eso, un buen día vas a pagarlo. Ahora que la mencionas, ¿has tenido noticias de ella?.
–Es más sencillo que caminar, ahorras mucho tiempo en los caminos; y sobre Evangeline, no he sabido mucho de ella, me envió un mensaje hace unos días diciendo que volvería pronto, más no dijo cuándo.
Ambos entraron al reino mientras los guardias de Kiara arreglaban la rueda.
–Me dijo lo mismo a mí. ¿Qué tan lejos fue esta vez?.
–No lo se, cada vez va más lejos; no me molesta, ella es libre de hacer lo que quiera pero la extraño.
–¿No has tenido suficiente de ser padre soltero?
–Sabes muy bien que no fui un padre presente durante toda su vida.
–Llegó contigo cuando tenía 18 años, sus años difíciles pasaron; es difícil entender que ya no es una niña, ya tiene 25 años.
–Ya es una mujer, quisiera que su fiesta de cumpleaños fuera aquí, después de todo las últimas dos fiestas fueron en tu castillo.
El pueblo prosperaba fructíferamente, tanto Conall como él se veían más vivos desde que llegó Evangeline a su vida, cada que regresaba a su hogar era como si pudiera volver a ver a la niña que vio hace siete años, siempre la recibía con un abrazo, se sentaba a escuchar las historias de sus viajes, le gustaba escucharla hablar por horas.
–Majestad, debo informarle algo. Oh reina Kiara lo siento, no la vi.
–No te preocupes, Freya.
–Kiara, Freya ha hecho un excelente trabajo, se ha encargado de entrenar a los jóvenes para pelear.
–Creí que no habrían soldados.
–No los habrá majestad, aunque en Towerkuns sea un reino pacifico, los demás reino no lo son, por lo que después del incidente de la princesa, se decidió que lo más conveniente sería enseñar a los jóvenes a defenderse .
–Y hace unos años ella se ha encargado de eso, ha hecho un trabajo excelente.
–Aprecio los halagos majestad, pero debo informar de algo importante– agregó con un tono de seriedad.
–¿Es muy serio?.
–El rey Kellan está en la entrada.
Tanto Kiara como Conall sintieron su sangre congelarse, un tono fantasmal, una mueca de sorpresa se formó en sus caras, desde que fue a buscar a Evangeline no volvió a poner un pie en Towerkuns, tal y como la última vez que se presentó, no podía traer buenas noticias consigo.
Se apresuraron a llegar a la entrada del reino donde Kellan y una docena de soldados se encontraban esperando, quince armaduras se encontraban rodeandolos, sin embargo no parecía venir para provocar una discusión.
Al llegar los tres, un par de armaduras se apartaron para que pudieran continuar con su camino, Kellan al verlos llegar bajo de su caballo.
–Rey Conall, que gusto verlo. Reina Kiara– destacó haciendo una reverencia ante ella
–Quisiera decir lo mismo, ¿a que debemos su visita?.
–Y tan amable.
–Quisiera ver a mi nieta, le he enviado cartas pero no he recibido una respuesta.
–Ninguna de ellas estaba pidiendo su presencia en un evento, además mi hija no se encuentra, sigue de viaje.
–Así que podría decir que desperdició su tiempo viniendo hacia aquí–señaló Kiara con una sonrisa burlona en su rostro.
–¿Tienen noción de cuándo volverá?
–Temo decirle que no.
La tensión era evidente, a pesar de que pareciera que conversaban tranquilamente los cuatro presentes no parecían tener ánimos de estar ahí.
–Entonces esperaré.
–¿Disculpe?- Inquirió Conall, volteo a ver tanto a Kiara como a Freya que tenían en su rostro la misma cara de sorpresa que él, ya que no esperaba esa respuesta.
–Quiero hablar con mi nieta, hace meses que no la veo y la extraño, se que las cosas no terminaron bien la última vez..
–Y por esa razón he decidido acompañarla a los eventos que tu la obligaste a ir, para cuidarla.
–No hay nada peligroso en Verklig.
–Por supuesto que no, todo es felicidad y armonía. Por cierto puedes recordarme,¿el joven Trista sigue vivo? – comentó Kiara sarcásticamente.
–¿Dónde puedo esperarla?, tengo todo el tiempo –inquirió Kellan ignorando a Kiara.
–Lo guiaré a donde podrá quedarse– Conall hizo que las armaduras abrieran su paso, dejándolos pasar, se acercó sigilosamente a ambas– Kiara debes irte.
–Estas loco no voy a dejarlos solos, menos con ese loco.
–A mi tampoco me agrada la idea, pero no debes exponerte de esa manera, aun eres la reina, hay personas que dependen de tus decisiones; vete, si llega a pasar algo te lo haré saber.
–Tienes razón, en cuanto sepas algo de lo que trama no dudes en informarme, en el caso de que tengas noticias de Evangeline, avísame de inmediato.
Conall transportó a Kiara y sus guardias hacia Impius, poniéndolos a salvo, no parecía que Kellan hubiera llegado con intenciones de pelear, pero prefería estar seguro.
–Freya, necesito que envíes un mensaje para mi hija, no le comentes lo que está pasando, solo que necesito que llegue este mismo día, por favor.
–De inmediato majestad.
–Informa a Dandara de la situación, que mantenga vigilados a los hombres de Kellan, yo no me separaré de él ni un segundo, pero no quiero correr ningún riesgo.
Freya se alejó con discreción como si no estuviera pasando nada fuera de lo normal, aunque por dentro estuviera muerta de miedo, curiosidad, por la visita de este hombre, no podía creer que solo viniera para ver a su nieta. Conall se acercó a Kellan que observaba a su alrededor.
–¿Nos vamos?.
–Después de usted, después de todo es su reino, yo solo estoy de visita.
–Resguardamos a sus caballos con los demás, síganme por favor.
Los soldados que se encontraban acompañando a Kellan bajaron de sus caballos, Conall les ofreció pasar, donde al instante se escucharon murmullos de la gente que los veía pasar, algunos con miedo, otros con curiosidad, enojo, a pesar de que todos tienen sentimientos diferentes, todos tenían un mismo pensamiento, querían que se fueran lo más pronto posible, por una vez los soldados que por mucho tiempo vieron al pueblo de Verklig por encima del hombre; por primera vez, ellos eran los que se sentían observados.
–Majestad, que gusto verlo, lo estaba buscando.
–Forgaty, ahora no es un buen momento– Conall con sus ojos señaló detrás de él, haciendo que Forgaty se diera cuenta de la persona que se encontraba presente, al percatarse de esa presencia Forgaty se puso pálido, de los pies a la cabeza, por un momento sintió que podía desmayarse.
–M-majestad, ¿qué hace ese hombre aquí?, le dijo algo, sabe que no puede confiar en él.
–Calmate Forgaty, a mi también me incomoda la visita de esta persona; parece que estás más nervioso que yo, no te preocupes, solo ha venido a hablar con Evangeline y se marchará de inmediato. Nos veremos luego, amigo.
Conall dio una palmada en su hombro para darle la vuelta y seguir con su camino, al momento de que Kellan paso a su lado, visiblemente podía darse cuenta que Forgaty tenía el color de un fantasma, en su mente se preguntaba sobre lo Kellan tenía que hablar con Evangeline, se preguntaba si ese sería el día en que todo lo que hizo saldría a la luz.
–”Este hombre me ponía los pelos de punta, por mi cabeza pasan miles de formas de como libros de la situación, si fuera el caso en que Evangeline no llegue esta noche”.
Al llegar a casa de Conall, la puerta se abre, le ofrece pasar a Kellan lo que acepta sin embargo sus soldados se quedan afuera, como si vigilarán.
–¿Va a dejarlos afuera?.
–Vinieron a servirme, no es una visita social para ellos.
Al estar ambos dentro de la casa Kellan observó minuciosamente la casa, con una expresión de inconformidad difícil de ocultar.
–Se que no soy de su agrado, aun así, ¿tenía que dejarme en la casa de los sirvientes?.
–Esta es mi casa, “se parece a su nieta”.
–Tienes un pésimo gusto.
–Tome asiento, ¿puedo ofrecerle algo?, ¿té, galletas?, acabo de hornear un pastel de vainilla, de haber sabido que nos visitará lo hubiera envenenado– mencionó Conall con sarcasmo.
–¿Horneaste?, deberías dejarle esas cosas a las sirvientes, no soy tareas dignas de un rey.
–Las tareas domésticas son responsabilidad de todos los que habitan una casa, si tienen una casa deben mantenerla limpia por lo tanto al ser yo el rey debo poner el ejemplo a mi gente, además con la magia la mayoría de tareas son relativamente fáciles, aunque no creo que este familiarizado con el tema; ya sabe, la magia.
Kellan lanzó una mirada asesina, desde hace siete años no había parado de comentar su repentino “don”, lo que molestaba a Kellan. Conall dio media vuelta para dirigirse a la cocina sin embargo podía sentir la mirada de Kellan en su espalda.
⧫⧫
–Niños, tomense de las manos y no se separen, recuerden que no debemos temer al bosque más se debe tener cuidado.
–Sí señorita Lana– Dijeron al mismo tiempo los niños que se tomaron de las manos mientras seguían a su maestra, las risas, los pequeños pasos, inundaban el bosque.
–Señorita Lana, ¿por qué hemos venido al bosque?- preguntó una de sus niñas, curiosa.
–Muy buena pregunta Sasha, hoy decidimos venir al bosque, para practicar cómo relacionar nuestra magia con los cuatro elementos, ¿alguien puede recordarme cuales son los que veremos hoy? – les cuestiono, al instante el grupo entero comenzó a gritar la respuesta, a presenciar tal escándalo Lana se giró para ver a su grupo, mirándolos con una mueca seria– Silencia por favor, no deben gritar en el bosque; el bosque es el hogar de muchos animales y nosotros somos visitantes, ¿a ustedes les gustaría que sus visitas gritaran en su casa? – cuestionó Lana a sus estudiantes, a lo que ellos más serios contestaron que no– Entiendo que están emocionados, yo también era inquieta cuando era niña, pero debemos entender cuales son los espacios donde podemos expresarnos con libertad y cuales son los espacios donde debemos comportarnos con respeto; el bosque, es uno de ellos, muy bien sigamos con el camino– Lana dio media vuelta de nuevo retomando el recorrido, siguieron caminando por el bosque– Entonces dijeron que hoy practicamos con el elemento de la tierra, fue sencillo, ¿no es así?.