El encuentro bajo el cielo de París
El combate final contra Lucifero sacudía los cielos. Los rugidos del Rey Demonio se mezclaban con la furia de un caballero que se negaba a rendirse.
-¡Desvanécete, desgraciado! -gritó Asta, impulsando con todas sus fuerzas su espada Zanma.
La hoja negra vibraba con la energía de Liebe, su demonio hermano. Alzó el arma y atravesó el pecho del demonio supremo con un golpe que resonó en todo el campo de batalla.
Lucifero tosió sangre, pero su sonrisa era fría, casi burlona.
-Je... je... je... Disfruta tus segundos de victoria, defecto -dijo con voz áspera.
Confundido, Asta dio un paso atrás y observó cómo una grieta oscura y etérea se abría justo detrás de él. Un vórtice que parecía absorber toda la luz a su alrededor, mientras el aire se tornaba denso y la gravedad cambiaba.
-¿Qué estás... haciendo? -preguntó Asta, sin apartar la vista de la grieta.
Lucifero, con una voz cargada de desprecio, contestó:
-Antes de desaparecer... te mandaré a otro mundo. Uno que pronto será mi nuevo campo de juego. Ahí, la Tríada Oscura y yo volveremos... Y tú estarás solo.
Con un gesto brutal, el demonio usó su magia de gravedad para empujar a Asta hacia la grieta.
-¡Nooo! -gritó Asta mientras era absorbido por el vórtice.
Cuando Asta volvió en sí, ya no estaba en su mundo. La fría brisa parisina acariciaba su rostro mientras caía en picada hacia el suelo, aún con la forma demoníaca activa: un ala negra, cuernos afilados y ojos rojos brillantes.
Frente a la Torre Eiffel, una figura emergió con rapidez. Zoé Lee, portadora del miraculous de la abeja, ahora transformada en Vespira, sintió la perturbación en el aire justo antes del impacto.
-¿¡Qué fue eso!? -exclamó, poniéndose en guardia.
Del polvo y la sombra emergió Asta, jadeando y con la mirada seria, pero aun así cortés.
-Lo siento... ¿te lastimé? -preguntó con una voz firme pero amable.
Vespira lo examinó con cuidado.
-No, estoy bien... ¿Y tú? Pareces herido... -respondió, alerta y preocupada.
Asta miró hacia atrás, donde la grieta aún parpadeaba levemente.
-No importo. Lo que importa es que esa grieta no quede abierta. ¡No dejaré que el mal entre a este mundo! -declaró con determinación.
Alzó su espada Zanma, concentrando todo el poder de su anti-magia.
-¡Zona de Anti-Mana: Corte Dimensional... Nirvana! -gritó.
Con un corte limpio y brillante, la grieta se cerró por completo. Pero el esfuerzo fue demasiado para Asta. Su Unión Demoníaca se desactivó y su cuerpo, agotado, cayó desplomado al suelo.
-¡Oye! ¡Resiste! -gritó Vespira, corriendo hacia él.
Zoé sostuvo a Asta con cuidado, notando cómo su respiración era débil pero estable. El poder oscuro que lo había acompañado momentos antes ya no estaba visible, dejando solo a un joven exhausto y vulnerable.
-Tranquilo, no dejaré que te pase nada -murmuró Zoé, mientras con una mano invocaba un pequeño destello de luz para examinar sus heridas.
Asta abrió los ojos lentamente, encontrándose con aquellos ojos dorados llenos de preocupación.
-¿Dónde estoy...? -susurró, aún aturdido.
-En París -respondió Zoé con una sonrisa amable-. Pero no te preocupes, estás a salvo aquí.
Con esfuerzo, Zoé llevó a Asta a un pequeño apartamento que había alquilado temporalmente. Allí, mientras preparaba algo de agua y curaba sus heridas con un poco de su poder miraculous, notaba cómo él observaba todo con mezcla de asombro y cautela.
-Tu poder... es muy diferente -dijo Zoé-. Nunca había sentido algo así en París.
-Es anti-magia -explicó Asta, esforzándose por hablar con claridad-. Es una fuerza que anula la magia, pero también me agota mucho.
Zoé asintió, fascinada.
-¿Quieres decir que en tu mundo la magia es real?
Asta sonrió levemente, aunque sus ojos reflejaban la preocupación.
-Sí... y ahora que estoy aquí, no sé qué esperar.
Durante los días siguientes, Zoé enseñó a Asta cómo moverse por París, a adaptarse a la cultura y a usar su espada solo cuando fuera necesario. Entre paseos por los jardines y cafés, él comenzó a bajar la guardia y a abrirse un poco más.
Una tarde, mientras caminaban cerca del Sena, Zoé se detuvo y miró a Asta.
-Nunca pensé que conocería a alguien como tú -confesó, ligeramente nerviosa-. Eres valiente, pero también amable.
Asta la miró con sorpresa y una tímida sonrisa.
-Gracias, Zoé. No sé si este mundo es mi destino, pero... me alegra haberte encontrado.
En ese instante, una silueta familiar apareció en el horizonte: la emblemática Ladybug, protectora de París, junto a Chat Noir.
-Parece que nuestro pequeño secreto está a punto de cambiar -pensó Zoé, mientras una nueva aventura comenzaba para ambos.