Capítulo 1: ¿Sólo contigo?
La universidad Crestwood se ubica en el rincón más elegante de Washington todas las mañanas siempre se ha distinguido por el entusiasmo y la alegría. Los pasillos del edificio de artes plásticas siempre se encontraban llenos de estudiantes los cuales comentaban entre risas y murmullos especialmente sobre el nuevo profesor de arte contemporáneo. Hanna Parker caminaba junto a Alice Fox su mejor amiga y compañera de cuarto mientras escuchaba de manera distraída aquellos comentarios sobre ese profesor.
—Dicen que es un ogro —comentó Alice, con su habitual tono dulce y animado—. Pero también que es guapísimo lo que para mí es una combinación perfecta y candente.
Hanna rodó los ojos, ajustándose la chaqueta de cuero negra.
—Nunca voy a entender tus malos gustos por eso no consigues a nadie que quiera algo serio seguramente ese dichoso profesor con un ego tan alto y con aires de superioridad qué cree que puede dar órdenes a cualquiera, pero conmigo está equivocado además no me interesa saber de él, si sabes algo no me cuentes nada que tenga que ver con el desde ya me cayó mal.
Alice sonrió, acostumbrada a las respuestas sarcásticas de su amiga, pero algo que tenía claro es que quería ver ese encuentro catastrófico entre su amiga y el profesor de arte. A diferencia de Hanna, Alice vestía con colores claros y siempre llevaba un aire de optimismo que iluminaba cualquier lugar. Aunque eran completamente opuestas, su amistad era inquebrantable porque siempre se han sabido complementar muy bien.
—Tal vez este sí logre impresionarte ya sabes que hasta los polos más opuestos se pueden atraer o del odio al amor solo hay un paso y tú pides estar a punto de cruzarlo—dijo Alice con una risita—. Nunca se sabe ponte que sea tu alma gemela.
-Te golpeaste acaso la cabeza esta mañana o necesito golpearte y que te que le dé claro antes muerta que enamorarme de esa persona arrogante y prepotente que seguro lo único que tiene de bueno es ser guapo-afirma Hanna con una mirada de enojo por los comentarios de su amiga.
-Tranquila solo fue una broma y si tú dices que no es no espero que así sea y cumplas cada una de tus palabras además ni lo conoces y ya dices que es guapo-dijo Alice.
Hanna bufó mientras ambas entraban al aula 214 que les tocaba. Al sentarse, Hanna eligió el último asiento, como siempre, mientras Alice ocupaba uno en el centro, saludando alegremente a varios compañeros.
La puerta se abrió y el silencio se apoderó del salón. Liam Hayes entró con paso seguro, sosteniendo un portapapeles. Alto, de complexión atlética, su presencia era abrumadora. Vestía una camisa blanca arremangada, dejando ver parte de los tatuajes que decoraban sus brazos. Su mirada gris recorría el aula como un escáner, evaluando a cada estudiante a pesar de que tenía su aura oscura a más de una estudiante le robó el aliento.
—Soy el profesor Hayes —dijo, con un tono grave y autoritario lo que lo define a él—. En esta clase, la mediocridad no tiene cabida. Si no están dispuestos a esforzarse, esta puerta siempre estará abierta para que se vayan y no se preocupen no les voy a poner ni falta solo no me hagan perder el tiempo.
Algunas miradas nerviosas se cruzaron entre los estudiantes, pero nadie se atrevió a moverse. Todos parecían estar cautivados, ya fuera por su imponente presencia o por miedo a desobedecer.
Hanna lo observaba desde el fondo, apoyando la barbilla en su mano. Algo en la manera en que él se movía y hablaba la irritaba profundamente, pero también la intrigaba. Alzó la mano, captando la atención del profesor.
—¿Alguna pregunta? Señorita...—inquirió Liam, deteniéndose frente a ella.
Hanna sonrió con un toque de desafío.
—Se hace llamar profesor y ni mi nombre se sabe pero no se preocupe, profesor solo con usted voy a ser disciplinada y obediente en todos los sentidos posibles.
El salón estalló en murmullos y risas contenidas. Alice, sentada unos asientos adelante, giró la cabeza con los ojos abiertos como platos, entre divertida y preocupada. Liam parpadeó, desconcertado por primera vez en mucho tiempo. Una leve sombra de rubor apareció en sus mejillas.
Hanna se recostó en su asiento, disfrutando de su pequeña victoria. No sabía por qué lo había dicho, pero algo en su físico y su actitud la impulsaron a provocarlo.
Liam, tras unos segundos de silencio, recuperó la compostura.
—Espero que lo cumpla o le haré señorita Parker pedirme perdón de rodillas y sí me sé su nombre señorita Hanna Parker. —respondió con firmeza, aunque la incomodidad en su voz era evidente.
Alice miró a Hanna cuando la clase terminó, con una mezcla de asombro y diversión.
—¿Qué fue eso? ¿Te volviste loca? Creo que la que necesito un golpe en la cabeza eres tú.
Hanna se encogió de hombros mientras salían del aula.
—Solo quería ver cómo reaccionaba y me gustó haberlo hecho si quiero un poco salir de sus casillas.
—Creo que acabas de encender una chispa peligrosa ten cuidado te puedes quemar te apuesto que el profesor de artes te va a ser arder y no de la manera que piensas —murmuró Alice, mientras ambas se dirigían al siguiente edificio.
—Sabes muy bien Alice qué peligro es mi segundo nombre además que te aclaro no porque me guste hacerle salir de sus casillas quiere decir que me atrae lo único que provoca en mí es ganas de hacerle la vida imposible hasta que me suplique que lo deje en paz—dijo Hanna con una sonrisa maliciosa.