Prólogo - Misma ciudad, mismo invierno
Narrado por Florian:
Ay, mi pequeño mundo de lirios y azucenas.
Vivo en Chiclayo, un rincón sofisticado donde todo parece ir a su propio ritmo. Urbanizaciones que se extienden llenos de jardines bien regados, casas grandes de alta clase, parques donde el silencio persiste siempre y caminos que crujen cuando llega el invierno costeño. Ese que ningún vecino nota, pero para mí, es la estación más linda de todas.
He vivido aquí desde siempre. Mis padres eligieron este lugar ya que era un lugar ideal para crecer, con calles tranquilas y árboles que daban sombra en verano. Mi papá, solía contarme sobre como era antes la ciudad. Y mi mamá nacida en japón, tan dulce, me relataba cómo fue venir a vivir al Perú. Chiclayo me recibió con cariño al nacer, pero fue la Urbanización los parques quien realmente me crió. Ahí crecí entre niños bien peinados, parques silenciosos, domingos de misa y vigilantes que saludan con amabilidad.
Mi colegio era el famoso San José, colegio católico de solo varones que quedaba en el centro de la ciudad entre calles antiguas. Colegio donde estudiaron mi abuelo, mi papá, algunos primos y ahora yo. Aquí todo se aprendía a base del respeto, el himno que siempre hablaba de honor y recreos donde reinaba fuerte el silencio.
Una mañana de julio, con el frío entrando por las mangas del uniforme, el director nos llamó a formación en el patio para darnos un aviso.Ese viernes seria muy especial.Las chicas del colegio Santa Magdalena Sofía iban a llegar el viernes para realizar una pequeña feria: poesía, música, comida y dulces.
Antes solo las veíamos en desfiles, cuando algunos iban a verlas a su colegio o concursos donde nos limitábamos a cruzar miradas fugaces.Eran diferente al resto de colegios. De uniforme elegante, moños en diferentes colores, y miradas que te mostraban la madures que tenían.
Pero esta vez era distinto.Unos días antes de esta feria, la conocí.
Amelie.Mi linda trigueñita de cabello corto con ondas, como el cielo de la plaza de armas cuando el sol baja, y ojos de un color otoñal que hipnotizaban a cualquiera.Apareció así en mi vida, como quien llega e ilumina todo tu mundo solo con su presencia.
Y aunque no compartíamos aulas, ni pupitres, ni libros, ni recreos...Con ella empezó algo.
Si alguien me pregunta si amo del invierno...No diría que es por el clima o por las lindas puestas de sol en esta estación.Diría que es por ella.Por Amelie.
Así empieza esta historia.Así empiezan a florecer los tulipanes...Incluso entre el viento helado y los eternos días de Chiclayo.
Narrado por Amelie:
Nací y crecí en Chiclayo, rodeada de una casa con olor a lavanda, café recién pasado y de tradiciones que llegaban con cuentos en cada ola del viento.
En mi casa la ternura jamás ha sido mal vista. Mi mamá me recordaba dia a dia cuánto me amaba mientras de fondo sonaban canciones criollas en la vieja radio. Ella me bordaba y hacía vestidos desde pequeña, dándose siempre tiempo de su trabajo de empresaria. Mi papá era igual, trabajaba en lo penal discutiendo siempre con algún colega sobre cómo mejorar las leyes peruanas. Dejando en claro que la justicia no solo era para los libros.
Crecí por calles donde el sol nunca parecía correr a toda prisa, por plazas adornadas con flores de todo tipo y cerca del Paseo Las Musas, donde cada tarde era como un ritual sagrado. Mi rincón favorito era la plaza de arma de Chiclayo, donde las palomas revoloteaban desde temprano, con los pasos de niños y señores mayores que conversaban de toda su vida.
Estudio en el Santa Magdalena Sofía Barat, donde las monjas no solo enseñaban a caminar como señoritas, sino a formarnos en que tipo de mujer queríamos ser. Las misas siempre eran obligatorias, una antes de entrar a clases y otra cuando finalizaban Casi todas odiaban esa rutina, yo... a veces, pero otras veces encontraba paz y tranquilidad en los silencios del rezo.
En los recreos, escuchaba a las chicas hablar sobre sus vínculos con chicos del San José, ese colegio emblemático solo de varones, donde habían chicos de todo tipo: guapos, misteriosos, fríos, brillantes, perdidos y bromistas.
Yo solo reía, jamas había cruzado palabras con un chico de ahí.
Pero, nunca pensé que conocería a uno de ellos.
No en la manera en que lo hice.No antes de la feria, en un parque donde Isabela me llevó. Una casualidad del destino o quizas ya uno escrito.
Una semana antes, se anunció la feria escolar.
Todas iríamos al San José a mostrar todo tipo de productos y trabajos. Algunas brincaron de emoción, otras se pusieron nerviosas y unas pocas no se explicaban porque se les formaba una sonrisa.
Pero yo sí sabía.Sabía que él iba a estar allí.
Florian.Mi chico ojeroso de piel canela, cabello un poco largo, sonrisa que me desarma y una forma de hablar que hace cosquillas al alma.Nunca imagine que desde ese primer encuentro, mi vida daría un giro muy lindo. Que pasaría mil cosas con él, incluso hasta en lo más trágico.Un amor que no solo me iba a aportar...Sino que me iba a durar toda la vida.
Así empieza esta historia.Así empiezan a florecer los tulipanes.Incluso en los inviernos más fríos de esta ciudad.