Prólogo
EZRA
Me zumban los oídos, puedo escuchar voces a lo lejos que no logro distinguir, suenan muy lejanas y no comprendo que es lo que dicen. Siento un escozor en los ojos debido a la luz que entra por la ventana cuando intento abrirlos, parpadeo un par de veces para de a poco aclarar mi vista. Cuando logro hacerlo me llevo una gran sorpresa, no estoy en mi habitación, ni siquiera en mi casa, es un lugar extraño. Giro la cabeza para ver mi entorno y a juzgar por la cantidad de máquinas en el cuarto y los cables conectados a mi cuerpo es que caigo en cuenta que estoy en el hospital.
Mi primer instinto fue levantarme y salir de ahí, pero las piernas no me responden y eso me hace entrar en pánico. Cómo puedo retiro los tubos de mi brazo pero un ruido me detiene. La puerta frente a mí se abre y puedo ver a mi hermana entrando despreocupada hasta que repara su mirada en mí.
Luce más delgada, con bolsas bajo sus ojos, la ropa desalineada y el cabello lo lleva aún húmedo, deduzco es porque recién ha tomado una ducha. Casi no logro reconocerla porque antes le llegaba a la cadera ahora casi está a la altura de sus hombros.
Al momento de hacer contacto visual las lágrimas comienzan a correr por su cara empapando sus mejillas.
Quería consolarla, pero la ahora incapacidad de mi cuerpo por reaccionar me detuvo, por fortuna ella fue más rápida y en un instante sus delgados brazos me rodeaban el cuerpo que apenas podía sentir. Fue un abrazo tan fuerte que me hizo gemir un poco del dolor. Ella no pareció darse cuenta.
—¡Oh, por Dios! ¡Estás de vuelta! —comenzó a decirme al oído. —Eres un verdadero imbécil, ¿Cómo se te ocurre abandonarme tanto tiempo?
—M... Me as... Asfixias —le dije casi sin fuerza. Sentía la boca seca y me costaba hablar. Lo que sea que haya pasado y no me mató seguramente lo terminará de hacer ella—. ¿Podrías darme un poco de agua?
Tomó un el liquido de una jarra que se encontraba al lado de la cama sobre una pequeña mesita, sirvió un vaso y me lo ofreció.
Tomé el agua y eso alivió la molestia, aclaré mi garganta.
—¿Qué le pasó a tu cabello? —sí, lo sé, pude haber preguntado que mierda hacía en un hospital, pero ver a mi hermanita con ese aspecto me sorprendió aún más.
Ella estaba a punto de decirme cuando alguien más entró a la habitación. A juzgar por la bata y el estetoscopio alrededor del cuello deduje inteligentemente que se trataba de la doctora. Tras ella venía la enfermera, una chica que simulaba unos veinte y tantos años, bajita, rubia y con cara de que si intento adivinar hablar con ella es capaz de clavarme la primera aguja que vea.
—Deberías relajarte un poco, muchacho— dijo la doctora, era pelirroja y de cabello rizado, tenía unas gafas gruesas que me recordaba a las de Miranda en El Diablo Viste a la Moda, su cara estaba llena de pecas y se podía notar que no tenía maquillaje, pero no le hacía falta realmente, era linda. Si fuera un chico definitivamente sería mi tipo.
Mientras tanto la rubia conectaba los aparatos nuevamente a mi cuerpo.
—¿Qué hago aquí? —pregunté a la pelirroja. Ella solo volteó hacia mi hermana y su cara no me gustó para nada. —¿Dónde está mamá? —me dirigí ahora a Sena.
—Soy la doctora Ray y estás en el hospital, sufriste de un trauma en la cabeza que te dejó inconsciente. ¿Recuerdas cómo pasó? —negué con la cabeza—. Muy bien, tranquilo. La amnesia puede ser normal en estos casos. ¿Tienes algún otro síntoma? ¿Algún dolor?
—No realmente, pero no puedo mover las piernas —contesté. Ella comenzó a hacer unas pequeñas pruebas en mis pies y piernas para comprobar que no hubiera perdido la sensibilidad, según entendí y por suerte aun podía sentirlas.
Suspiré internamente aliviado.
—La falta de movilidad provoca que las extremidades se pongan rígidas, con un poco de terapia y ejercicios debería estar bien.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
Una vez terminó de revisar que el equipo estuviera conectado adecuadamente y anotar algo, la enfermera se dirigió a la salida y al abrir la puerta mi madre entró y al verme, sus ojos se volvieron dos platos de la impresión. Se acercó a mí con la misma expresión que mi hermana y me abrazó y haciéndome sentir más relajado. Parecía que no la había abrazado en años.
—Mi niño —comenzó a decir—. Gracias a Dios que estás despierto, no sabes cómo te he extrañado.
Cuando nos separamos noté que de su cabello que siempre había sido de un negro azabache ahora sobresalían unas canas y estaba más largo. las arrugas en su rostro también delataban el paso del tiempo.
¿De qué me perdí mientras estuve aquí?
—¿Cómo está mi hijo, doctora?
—Como nuevo, solo fue una pequeña siesta.
Dije para aligerar el ambiente pero las tres voltearon a verme con desaprobación.
Okay, no más bromas por ahora.
Mensaje recibido.
—Haremos algunas pruebas más tarde para comprobar que todo esté en orden, lo tendremos en observación y si todo sale bien podrá irse a casa pronto. —dijo Ray—. Vendré más tarde a examinarte, pero si ocurre algo más estaré pendiente.
Y sin más nos dejó a los tres ahí.
—Cariño —comenzó a decir mi mamá y tras un silencio incómodo continúo —¿Recuerdas esa fiesta por la que me rogaste por meses para poder ir? —asentí. Era una fiesta de universitarios a la que me había invitado un chico que conocí en un bar. Era alto, de cabello castaño y largo y tenía esa pinta de bad boy que tanto me gustaba. Habíamos dormido juntos un par de veces después de conocernos y él no quería que nadie supiera de nosotros, así que, aunque parecía imposible, dijo que quería presentarme con sus amigos y por eso me invitó. Estaba realmente ilusionado y creí que por fin saldría del closet y me presentaría como su pareja. Si, lo sé, soy un iluso, pero vamos que soy swiftie y yo no sé querer poco, me entrego por completo. Sera decía que era solo una forma de justificar mi promiscuidad pero ella no entiende la vibra swiftie. Recuerdo solo algunas cosas, no sé si fue por los tragos que había tomado o por el golpe—. Cuando te fuiste no pasó mucho tiempo hasta que llegó tu padre —suspiró y la voz empezó a quebrársele pero continuó como pudo con el labio ya tembloroso—. Él estaba borracho y sabes que es algo difícil cuando está así.
No tenía que recordármelo.
Siempre que él bebía se ponía violento y atacaba a quien se le pusiese en frente. Nunca importaba quien era siempre y cuando pudiera descargar su frustración en alguien.
Ella ya había intentado dejarlo una vez cuando teníamos 12 años Sena y yo. Estaba harto de que agrediera a mi mamá, salí a defenderla y no terminó muy bien, fue mi primera vez en un hospital con algunas costillas rotas, un ojo morado —que de puro milagro no perdí— y hematomas por todo el cuerpo. Había dicho que me habían atropellado y el conductor se había dado a la fuga. Sabía que si decía la verdad nos iban a separar a Sena y a mí de nuestra madre cosa que no iba a permitir por culpa de ese lunático.
Nunca fue a verme al hospital. Él regresó a los tres días que me dieron el alta y llegó pidiendo perdón y asegurando que iba a cambiar como ya lo había prometido cientos de veces antes. Mamá no le creyó pero lo dejaba volver por temor a lo que le pudiera hacer a ella o a nosotros.
Solo de recordarlo comienza a hervirme la sangre. Dejé de apretar la mandíbula hasta que empezó a dolerme y comencé a morder mi mejilla interna.
Mamá se aclaró la garganta y soltó un largo y pesado suspiro para continuar. Le hice una seña para que se sentara a mi lado de la cama y ella lo hizo.
—Preguntó por ti cuando no te vio, pero se puso furioso cuando le dije que te habías ido a una fiesta —sus manos comenzaron a temblar, al notarlo extendí la mía para sostenerlas y le di un ligero apretón para que pudiese continuar— Y-y.. Y-yo... No... No quería decirle con quién habías ido porque sabía que iba a buscarte —las lágrimas comenzaron a abandonar sus ojos y los míos empezaron a escocer. Si había algo que yo no podía tolerar era ver a mi madre y a mi hermana llorar de esa manera. Un nudo se formaba en mi garganta.
Mi padre siempre tuvo problema con el llanto, hacía énfasis en que los hombres no lloran. Nunca me permití hacerlo frente a él, sabía que eso solo lo haría enojar y recibiría una paliza después, así que tomé aire y me contuve para evitar que salieran a flote.
Mamá se limpió la lágrimas y sorbió su nariz.
—Me obligó a subir al auto para buscarte y cuando llegamos a la fiesta... Él... Él te vio con ese chico.
Mierda.
No no no no no.
—Los vio besándose —dijo Sera con la mirada en el piso.
PUTA MADRE.
Él no sabía que me gustaban los hombres. No tenía por qué saberlo era algo que solo le había dicho a ellas.
En uno de esos juegos estúpidos de botella que solíamos hacer en las clases libres tocó mi turno y la botella apuntó a mi y a otro chico. Al principio me reusé a hacerlo porque quería evitar que comenzaran a molestarme, él en cambio no pareció importarle. Me tomó de los hombros y me atrajo hacia él para darme un pico. Luego de eso, me buscó un par de veces siempre en lugares donde no pudieran vernos para besarnos por ratos. Desde ese momento supe que me gustaban los hombres, pero no era algo que quisiera compartir con mi padre.
—Se puso como loco, salió del auto hecho una fiera y caminó hasta ustedes —siguió mi mamá—. Traté de detenerlo pero él me empujó y me lastimé el tobillo cuando caí en la calle —su rostro estaba empapado por las lágrimas y yo mordía mi labio inferior para no estar como ella. Sera se acercó a nosotros y la abrazó por los hombros para animarla a continuar—. Él comenzó a gritarte y comenzaron a forcejear, te empujó y te golpeaste con una piedra en la cabeza.
De repente sentí una punzada e instintivamente llevé la mano a mi nuca buscando la cicatriz, tardé un poco por que mi cabello estaba demasiado largo para sentirla o verla siquiera.
Lo que estaba a punto de preguntar me daba aún más miedo, porque si su intención era matarme le salió muy mal y ahora al ver el daño que les ha causado a ellas si lo tuviera justo frente le reventaría la cara a golpes.
—¿Dónde está? —apreté el puño clavando mis uñas en las palmas de las manos.
Ambas se miraron entre sí y como si temieran lo que hiciera después.
—No sabemos, él no ha vuelto—finalmente respondió mi hermana.
Maldito cobarde.
Casi me mata y no tiene el puto valor de verme a la cara.
Podría decir que me sorprende pero no es así. Siempre fue el tipo de persona que no se hacía responsable ni de él mismo.
Comenzaba a punzarme la cabeza por querer recordar lo que me contaban, así que cambié el tema.
—¿Cuándo volveré a la escuela? —dije como si no acabara de escuchar como mi padre casi me asesina.
Pero bueno, ¿Quién no necesita un poco de drama en su vida?
Otra vez intercambiaron miradas.
Ay no, ¿y ahora qué?
—Erza —habló Sera—. Estuviste en coma por dos años.
Bueno, no tanto drama.
Mierda.