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Luna
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Desde siempre sentí que no encajaba con mis padres, aunque una profunda unión a mis hermanos aparenta que somos adoptados. Mi cabello es de un inusual rojo escarlata, como la sangre, fuera de los libros, nunca he visto en otra persona. Me metí en muchos problemas en la escuela, ya que los maestros creían que me lo teñía; mis padres tenían que llevar fotos de cuando era recién nacida para que nos creyeran. Mi piel es clara y salpicada de pecas, especialmente en la nariz. Mi hermano mayor, Mark, es de tez morena y cabello castaño; en ocasiones, cuando él tenía que ir por mí a la escuela, no lo dejaban pasar creyendo que era un desconocido, y por último, Daiman, mi hermano mediano, es pelinegro y de piel pálida. Muchas veces estaba en detención, ya que pensaban que consumía drogas. Nos divertía mucho ver cómo cada día siempre nos pasaba algo. Si realmente hubiéramos sido acogidos, la coincidencia de haber nacido el mismo día y a la misma hora sería asombrosa, pero a pesar de nuestras marcadas diferencias, sabemos que somos hermanos, no somos adoptados. Recuerdo que cuando éramos niños el ambiente siempre estaba rodeado de risas y cariño entre nosotros; sin embargo, a medida que crecíamos, el ambiente se tornó tenso. O veía siempre preocupada a mi madre, notábamos que se empezaban a alejar de nosotros. Mi padre, ausente la mayor parte del tiempo, regresaba a casa y su presencia conjunta solo desencadenaba gritos.
— ¿Alguna vez se han puesto a pensar que ellos no son nuestros padres y que fuimos recogidos de un orfanato? — Mark interrumpió el silencio, articulando precisamente lo que estaba pensando hacía menos de 5 minutos mientras veíamos nuestra película favorita, Luna Nueva de la saga Crepúsculo, un ritual que repetíamos cada vez que nuestros padres discutían, es decir, a diario.
— Sí, siempre lo sospeché. Parece que fuimos adoptados de orfanatos distintos; estoy seguro de que los padres de Luna eran hippies — Daiman respondió con su habitual sarcasmo.
— Y yo creo que tus padres fueron mafiosos o drogadictos — le lancé una almohada.
— Pero apuestos — entorné los ojos y sonreí.
— Ah, y los padres de Mark, creo que eran aventureros que nunca se quedaban en un solo lugar — Mark me sobó la pierna.
— ¡Cállense ya, que va a empezar "Possibility"! — los tres nos giramos hacia la laptop.
— ¿Saben? Toda mi vida, o al menos cada vez que veo esta película, me siento identificada con esa escena. Aquí no me siento yo, no me siento viva — un silencio incómodo nos envolvió. Daiman me tiró una patada en una costilla, dada la escasa separación entre nosotros al estar los tres acostados en dos camas unidas.
No pertenecemos a una familia numerosa ni adinerada; nos situamos en un estatus socioeconómico medio. Nuestros padres adquirieron una casa modesta, con solo tres habitaciones y un baño. Una desventaja para dos mujeres rodeadas de tres hombres. No me quejo, pero anhelo privacidad, una necesidad que sé que mis hermanos también comparten. La primera habitación es de nuestros padres, la segunda, que bien podría ser otro dormitorio, se utiliza como un improvisado sótano. En esta estancia se almacenan todos nuestros recuerdos desde la infancia, un hecho que me intriga, ya que podríamos haber donado la ropa de bebé y no necesitamos una cantidad tan excesiva de fotografías. La tercera habitación es nuestro dormitorio compartido. Estos dos hombres crecen sin cesar, y yo, a su lado, parezco una enana.
— Tienes razón, hermana, me siento igual. Solo espero que, al finalizar nuestras carreras, abandonemos esta casa y nos encontremos a nosotros mismos — Mark retiró el pie de Daiman, y al lanzarlo, un fuerte estruendo resonó en el piso de abajo.
Los tres nos levantamos de la cama, temiendo lo peor. Mi padre nunca golpearía a mi madre, pero la intensidad de la discusión me hacía dudar si alguien había arrojado algo o si algo se había caído.
Bajamos las escaleras buscando a nuestros padres por la pequeña casa; no había nadie. Me dirigí a la cocina, sin éxito. Daiman buscó afuera, también sin encontrar a nadie. Nos sentamos en la sala, esperando su regreso, pues no habíamos escuchado sus pasos subir las escaleras; no podían haber desaparecido de la nada, o eso creía.
Mark regresó por segunda vez al "sótano" para asegurarse de no haber omitido ningún rincón, como si aquel espacio fuera inmenso. Al bajar las escaleras, y como por arte de magia (y enfatizo la palabra magia), nuestros padres aparecieron. Daiman y yo soltamos un grito; él me abrazó con tal fuerza que sentí su temblor. Es como un chihuahua, se asusta por todo. Volteé a verlo porque, ante un susto tan grande, suele desmayarse; afortunadamente, no lo hizo, pues no tenía fuerzas para sostenerlo.
— ¿Dónde estuvieron? ¿Qué fue eso? ¿Por qué parece que utilizaron polvos Flu? ¿Qué están ocultando? ¿Por qué escuchamos un golpe? — Mark estaba entrando en pánico; me levanté del sofá para tomar su mano. Otro dato peculiar sobre nosotros: siempre creí que, al tener contacto físico, podíamos percibir las emociones del otro y descifrar, en parte, sus pensamientos; una teoría algo delulu.
Al tomar su mano, sentí, y no solo por la obviedad de su expresión, sino que lo percibí profundamente, en cada vello de mis brazos, hasta en las pestañas, cómo lo invadía el miedo y, con claridad, escuché su pensamiento: "¿Quiénes son ellos?".
— Mark, es hora de decirles la verdad, pero esa responsabilidad no nos concierne. Alguien más vendrá a explicarles lo que está ocurriendo. Les ruego que nos perdonen por todo; una vez que les den las explicaciones, nosotros les contaremos lo que sabemos.
¿Qué era lo que acababa de escuchar? ¿Era real lo que oía? Mark me soltó ligeramente la mano, Daiman me miró y le extendí la mía para que la tomara. Estábamos confusos, lo sentía y sé que ellos también lo sentían.
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— Esto es demasiado extraño, es como cuando Luke Skywalker descubre que su padre es Darth Vader.
— Daiman, por favor, deja de comparar esto con películas.
— Mark, es que es imposible. Esto no nos debería estar pasando. Tendríamos que estar acostados viendo películas, bajando a comer, haciendo nuestra tarea, yendo a la escuela al día siguiente y así por el resto de nuestras vidas, llevando una existencia normal. No tendríamos que estar viendo y escuchando cómo nuestros padres, si es que realmente lo son, dicen que nos van a revelar la verdad y que no serán ellos quienes lo hagan — me hacía una trenza en el cabello para calmar mis nervios.
— Luna, nada en nosotros es normal. Nunca lo mencioné porque no quería parecer un loco, pero los tres sabemos que cuando tenemos contacto físico, percibimos las emociones del otro y hasta podemos escuchar nuestros pensamientos — Mark se apoyaba en la puerta.
— Y yo siempre pensé que estaba loco — Daiman comenzó a reír — ¡Qué genial, somos como Jasper y Edward!
— Que ninguno sea Jasper, es mi gran amor y... — los miré con desaprobación — ¡Wákala, no!
— ¿Qué creen que nos vayan a decir? — giré la cabeza hacia la ventana, observando cómo el árbol más grande y verde se mecía con el viento. Quería creer que nos dirían que fuimos adoptados, pero lo que había presenciado —mis "padres" apareciendo de la nada, rodeados de chispas, humo y una tenue luz verde— me hacía pensar que era algo más. Esto no es normal. Mi lado infantil comenzó a divagar, imaginando criaturas mágicas, hombres apuestos que brillan bajo el sol, mujeres lobo, metamorfos, magia, castillos, brujas, sirenas y dragones.
— No, Luna, no creo que esto tenga que ver con magia — miré a Daiman.
— Yo no dije nada.
— No, pero te escuchamos — Mark me sonrió.
— ¡Mierda! — solté una pequeña carcajada — Pero, ¡ay, por favor!, ¿cómo no van a aceptar que esto tiene que ver con magia? ¿Qué fue lo que vimos hace unos minutos? — mis hermanos se quedaron pensativos por un momento.
— Bueno, basta ya. Solo quiero saber la verdad, ¿bajamos?
Estoy segura de que escuché un "sí" por parte de ambos.
Descendimos a la sala y lo primero que vi fue cómo de un portal emergían tres hombres armados; eran mágicos, no se me ocurre otra palabra para describirlos, altos y apuestos. Recibí un codazo de Mark por mi último pensamiento.
Detrás de ellos apareció una mujer, un poco más alta que yo. Lo primero que noté fue su cabello verde y rizado, que le llegaba hasta las rodillas y estaba adornado con trenzas; a simple vista, parecía un hada.
"Pero es algo más, lo siento, no solo es un hada." ~ D
Escuché a Daiman, lo miré y asentí.
— Mis señores, por fin los puedo conocer — su voz era hipnotizante.
— Aguarda, ¿dijiste mis señores? — me acerqué un poco al hada, quien, al oírme, se enderezó de su reverencia y miró a mis padres.
— No les dijimos nada, no sabía cómo. Fueron mis niños — mi madre me miró a los ojos.
¿Cómo era posible que dijera que fuimos sus niños? ¿Ya no lo éramos? Mi vista se nubló y sentí un mareo. Unas manos grandes me sujetaron por la cintura; intenté enfocar a la persona que me sostenía, pero me era imposible. Siempre había bromeado con mis hermanos sobre no ser hijos de mis padres, pero que esto se hiciera realidad era imposible.
— Gracias, ya la tengo, suéltala — Mark me sentó en el sillón — Disculpe, ¿podría explicarnos qué está sucediendo?
— Claro, creo que será una charla extensa.
> > > Hace veintiún años nacieron tres niños singulares del mismo padre y de la misma madre. La peculiaridad de estos bebés residía en su falta de parecido; eran tan cautivadores que nadie deseaba separarse de ellos, todos anhelaban cuidarlos. Hasta que un día, una de las hechiceras blancas del reino recibió una profecía... <<<
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> > > El primer niño nacido de Priscianë y Vanderfel, moreno como el chocolate; el segundo, blanco como la gardenia; y la última, roja como la sangre, serán separados al nacer por una hechicera oscura. Ella codiciará el poder de los herederos al trono de Aeloria para destruir a su hermana Priscianë. Al cumplir los veintiún años, regresarán a su hogar para descubrir su gran poder y derrotar a la hechicera oscura. <<<
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> > > Los Reyes decidieron enviarlos lejos para proteger el gran poder del que se hablaba, sin conocer aún su naturaleza. Arriesgaron su propia felicidad para evitar que sus tres hijos, Mark, Daiman y Luna, fueran separados. Seguirían la profecía: cuando cumplan veintiún años, regresarán para unir su poder. <<<
> > > No dejé que el hada terminara. Sentí cómo la bilis ascendía por mi garganta, la cercanía del vómito. Me contuve de expulsar todo lo que había ingerido desde mi nacimiento al escuchar a Daiman.
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— ¿Nos está diciendo que somos como Harry Potter, a quien mataron a sus padres y tuvo que irse con sus tíos, o como los de Narnia, que eran los futuros reyes, o como Aurora, que se fue con sus tías para no caer en un profundo sueño al cumplir los dieciséis años?
"¡DAIMAN, DEJA DE COMPARAR ESTO CON LAS PELÍCULAS!"
Mark y yo gritamos internamente.
— ¿Perdón? ¿Quién es Harry Potter, Narnia y Aurora? — el hada nos miró perpleja.
— No, nada, son películas de fantasía que hemos visto — Daiman me masajeaba la espalda. Continué con las arcadas, pero sin expulsar nada.
— De acuerdo, ahora todo tiene un poco más de sentido. Por eso no encajábamos con nuestros padres, por eso sentimos nuestras emociones y escuchamos nuestros pensamientos — cada vez que se mencionaba esto, sentía mi boca llenarse de saliva, el vómito amenazando a cada segundo.
— Esperen, pueden sentir su magia. Eso significa que son muy poderosos. Los enviaron a este mundo porque aquí no existe ni una pizca de magia — los ojos del hada brillaron ante la afirmación de Mark.
— No es mucho lo que percibimos, pero honestamente, cuando vi ese portal, pude escuchar con claridad la mente de mis hermanos y, sin tocarlos, puedo sentir cómo Luna desea vomitar y cómo Daiman se emociona comparando toda esta situación con películas. Es muy extraño.
— Sabemos que es difícil de asimilar. Les pedimos disculpas por haber sido padres imperfectos, teníamos una gran carga sobre nuestros hombros. Cuando fueron entregados a nosotros, fue una maravilla al principio, solo debíamos cuidarlos, pero fue imposible no amarlos. No solo los veíamos como los niños que debíamos mantener a salvo hasta los veintiún años; yo los veo como míos, mis hijos. Sabíamos que un día se irían, y yo discutía con su padre, perdón, con Víctor, porque no quería dejarlos ir.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al mirar a mi madre, quien resultaba no ser mi madre. No podía hablar, en realidad, no podía hacer nada. No sabía cómo reaccionar. Me aterraba seguir adelante con todo esto; solo deseaba una vida normal, junto a mis hermanos y nadie más.
— Nora tiene razón, mis niños, al principio todo era hermoso. Guardar cada fotografía de ustedes, su primer cumpleaños, su primer día de clases, el primer diente que se les cayó, su primer corte de cabello, cada disfraz de Día de Muertos, su primera Navidad, Año Nuevo, y no solo el primer año, sino también el segundo, el tercero, el cuarto… todo para mostrárselo a sus verdaderos padres. Toda la ropa que fueron usando, queriendo que los reyes vieran todo su crecimiento. Fue imposible no amarlos como nuestros. Les pedimos que nos perdonen.
Desvié la mirada de Nora, mis ojos pasaron por mis hermanos, luego por el hada y, finalmente, por el portal, similar al del Doctor Strange, pero este era diferente; me transmitía tranquilidad y me hacía sentir que era yo.
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