Uno
Nápoles (Napoli)
Isabella
Las cosas cambiaron en mínimo segundo, ahora está enterrando a mi padre, no hay nada más que un recuerdo de él, no hay rastros de lo que sucedió exactamente ese día, ahora simplemente ya no estaba, el ambiente tenso de el cementerio era palpable, todos sabían que estábamos vulnerables y a punto de caer con el más mínimo ataque, mi hermano Emiliano iba a tomar el puesto de papá, las cosas dieron un giro de ciento ochenta grados y mi vida cambió totalmente y todo había sucedido solo en dos días.
— Isa debemos irnos, no estamos seguros ahora. - ordenó mi madre.
Solté el aire que no sabía que tenía retenido y mire la lápida una última vez donde ahora se encontraba el nombre del gran Marco Palmieri.
— Prometo saber que sucedió papá – susurré.
El trayecto a casa se basa en un silencio terriblemente incómodo, mamá parecía estar absorta en sus pensamientos y me imaginaba si era por papá o por lo que sucederá de ahora en adelante porque aunque esto fuera difícil teníamos que aprender a sobrellevar las cosas ahora que papá no estaba.
— Hija tengo algo que decirte – habló mi madre luego de un rato.
Fijé mi mirada en ella y veo como mueve sus manos con nerviosismo y estaba segura que lo que dijera a partir de ahora no iba a ser de mi gustó.
— ¿Sí? — respondí dudosa.
— He estado hablando con algunos líderes y capos que eran amigos de tu padres – habla pero sin fijar su mirada en mí.
Analizó sus palabras y sigo buscando su mirada.
— No comprendo a qué quieres llegar mamá – le digo expectante.
Veo que por fin fija su mirada en mí y toma una bocanada de aire antes de hablar.
— He tomado la decisión de que ya es hora de que te cases – dijo.
Quedé en shock, en serio me estaba pidiendo casarme justo ahora cuando apenas acabamos de enterar a papá, lo soltó como si nada.
— No puedo creer que estés hablando en serio – susurré aún atónita con su reciente confesión.
— Necesitamos una alianza hija, todo ésto es por nuestra familia, por el imperio que tú padre construyó, los capos no están dispuestos a aceptar a Emiliano como líder de la Camorra – se apresuró a hablar.
— Me estás pidiendo que me case para formar una alianza y quien sabe si luego cumplirán – solté histérica.
— No seas egoísta y pienses solo en tí, acabamos de perder a tú padre, es cuestión de tiempo para que nos ataquen y terminemos todos junto a él — gruño molesta
No podía creer que en serio pensará que era egoísta cuando todo en éste mundo era incierto no podíamos confiar en nadie, papá siempre lo dijo.
— Solo quería comunicarte que la propuesta ya había sido confirmada, no estás en opciones de negarte a nada – culminó la conversación y bajó apresuradamente.
Veo como se baja del coche dejándome completamente sola, veo a mi alrededor y ya estamos en casa, no sé en qué momento sucedió, ya que no me fijé en que momento habíamos llegado y menos cuando el coche se detuvo, estaba tan absorta en la discusión con mamá que no me presté atención a mi alrededor.
Me quedo mirando el techo del coche pensando en cómo las cosas están cambiando tan drásticamente si apenas han pasado dos días y ya debía casarme por el bien de todo el imperio.
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Ser mujer en la mafia era complicado, sobre todo si hablamos de lo tradicional que había y eran en las familias, cosas que no ha cambiado en décadas, la que todavía cree que los hombres son el centro del universo. En fin, así es el mundo en el que me he criado,
Los meses habían pasado relativamente rápido, mi madre estaba lo más insoportable posible, aún no podía creer todo lo que sucedió pero retomemos las cosas desde lo que sucedió en el coche.
« Veo como mi hermano revuelve su comida en el plato pero sin comerse ningún bocado. Levanta su mirada del plato y se fija en mí.
— ¿Qué sucede? – continúa meneando los huevos en su plato mientras hace la pregunta
— Emiliano sé que las cosas no van bien en el negocio – comienzo a hablar mientras yo también meneó la comida — Se que por eso es la insistencia de mamá en casarme pronto y tener una alianza en la familia.
Veo como tensa la mandíbula, comienza a negar con la cabeza y pienso que está a punto de explotar cuando escucho cómo resopla como si hablar de éste tema le costará más de lo normal . Y así era Emiliano, era cinco años mayor que yo, nadie quería ver a su hermana de veintidós años casarse con un extraño para mantener el negocio, pero así era nuestro mundo.
— Enana, tú muy bien sabes que dentro del negocio hay muchos pactos y arreglos de matrimonios, esto no es algo nuevo para tí – veo como deja su plato de lado y se acomoda en la mesa para así quedar frente de mí — Sé que el que se iba a encargar de todo los negocios era yo y tú te encargarías de vivir fuera de ésto como lo veníamos haciendo desde antes de la muerte de papá, pero las cosas se han complicado, los viejos capos no quieren que yo tomé el lugar como jefe de la camorra. – puedo ver los nervios de su cuerpo tensos mientras toma la bocanada de aire.
Dejó mi comida de lado también al ver que está conversación no terminará por dónde quiero.
— El líder de la Sacra Corona Unita ha pedido tú mano hace unas horas – admite.
Me alejo de la mesa con pánico por su confesión.
— No, no, no, ésto no puede ser – susurro en voz baja mientras siento como mis ojos se cristalizan. — No haré ésto, no lo quiero, no puedo hacerlo. – le grito mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.
— Ahora mismo no estás en condiciones de no aceptarlo. – murmuró — Mamá ya ha aceptado y el contrato está firmado, ahora estás comprometida con Mateo Ricci.
—¿No hay manera de librarse del matrimonio? —pregunto esperanzada.
— Lo intenté, en serio lo hice – murmuró
Muevo mi cabeza negándome a mi destino, mi hermano se acerca y toma mi rostro en sus manos haciendo que lo miré, se que a él también le cuesta decirme todo ésto, sabía que me amaba y no podía aceptar que ésto pudiera estar pasando.
— No es fácil para mí Isabella, estaba tratando de hacer todo lo posible para que ésto no sucediera, traté de convencer a mamá pero ya era muy tardé.
No tengo opciones ahora, no es algo que deseo, pero debo hacerlo.
— Lo haré, pero no voy a amarlo, tampoco le daré hijos, no obtendrá nada. – declaré
Veo como una sonrisa dolorosa se marca en su cara.
— Puedes darle una oportunidad, quizás y hasta te enamoras de él y tengan un buen matrimonio. – me dice mientras plasma un beso en mi frente.
— Eso jamás pasará – mencionó mirándolo. »
Se que fuí una oferta, se que me ofrecieron en matrimonio para que otra persona me llevará, fuí entregada y ahora veo que para mí madre esto solo es un medio para un fin.
Ahora me encuentro en el gran salón viendo cómo mi madre les está ordenando a todas las muchachas del servicio que deben hacer para la pedida oficial de mí matrimonio, hoy era el día del dichoso compromiso por fin conocería a mi prometido que felicidad, hoy también sería el día en que todos se enterarían que una de las hijas del difunto líder Palmieri está comprometida.
Respiró profundamente mientras observaba todo tratando de imaginar que esto es un sueño.
— Isabella anda a arreglarte antes de que lleguen los invitados y tú sigas en esas fachas – ordena mi madre llegando justo dónde estoy.
La volteó a ver dispuesta a decirle algo porque no podía creer que enserio haya dicho eso, pero teniendo en cuenta que era mamá todo se podía, mi madre era una persona desesperada por la aprobación del mundo, todo tenía que resaltar y ser en grande, que se notará y llamará la atención ese era el lema que tenía y a mí jamás me gustó resaltar.
Me mira con severidad antes de retirarse al ver que no recibirá una respuesta de mi parte.
Subo a mi habitación y me baño con rapidez, cuando me siento lista me preparó para salir del baño y me visto con un vestido largo de color negro con el escote de corazón, me maquillo bastante neutral, aplicó mi labial rojo que hace un contraste bonito con mis ojos grises y agregó mis joyas, suelto mi cabello rojo que ya hace en ondas, me colocó mis tacones y al terminar me lleno de perfume. Salgo de mi habitación y llegó a la de mi hermano y tocó la puerta una vez ya he recibido el “pase” por su parte entró y lo encuentro intentando hacerse el nudo de la corbata.
— ¿Está todo bien o necesitas ayuda con eso? – le pregunto mientras veo la batalla que tiene para hacer el nudo.
Se voltea y se me acerca para dejarme ayudarlo, una vez ya el nudo está listo lo miró.
— Ya está listo – veo como los músculos de su cuerpo están tensos mientras me mira.
— ¿Estás segura de que quieres hacer esto? – preguntó.
Y la verdad es que no, no lo estaba, pero no había de otra y ahora debía hacerlo.
— No, pero ahora no hay tiempo para eso, es por el bien del negocio no? – respondí con calma una que ni yo sabía de dónde había salido.
— Hey, sabes que siempre puedo ayudarte a escapar – menciona.
Si esa oferta la hubiera hecho hace meses la hubiera tomado, pero ahora ya es muy tarde y yo ya tomé una decisión.
— ¿Mamá o tú le mencionaron que estoy entrenada? – pregunté cambiando de tema.
— No y es mejor así, cualquier cosa que pase o que él te haga tú podrás defenderte sin que nadie se lo esperé.
Lo abrazo fuerte antes de salir.
Salimos de su habitación y bajamos las escaleras y vemos las muchachas del servicio se mueven de aquí para allá. Llegamos al salón que está repleto de personas que en mi vida había visto, estimó que hay más trescientas personas aquí, una vez comienzó a bajar las escaleras del brazo de mi hermano los nervios se hacen presente y cuando ya por fin terminó de bajarlas las miradas de todos se posan directamente en mi.
Emiliano me toma la mano y me da un apretón, me aparta de toda la multitud que no para de mirarme y seguimos caminando hasta donde está mamá.
Llegamos a una mesa donde hay varias personas alrededor de mamá, Emiliano carraspeó llamando la atención de todos pero sobre todo la de el chico cuyos ojos parecen querer traspasarme.
— Oh querida mía, que bueno que ya estás aquí. – habla mi madre mientras me sonríe falsamente. — Ven que los señores aquí presentes están muy emocionados por conocerte.
Me fuerzo a sacar una sonrisa que termina siendo más una mueca antes de acercarme a su lado. Justo cuándo llegó a su lado se disculpa con las personas de la mesa y me arrastra hasta un pasillo.
— Cambia esa cara, todas las personas que hay ahí en ese salón son personas importantes y no puedes arruinar nada.
Justo cuándo esas palabras abandonan su boca se escucha como las puertas del salón son abiertas. Volvemos al salón y enseguida mi vista se va a los hombres que están en medio del salón, hay un hombre mayor con barba y bien peinado que lleva consigo su mejor rolex en su muñeca izquierda y a pesar de que se ve mayor aún así se ve que se mantiene, ya que está fornido, junto a él están dos hombres más uno al cuál le calculo unos veintiocho años y el otro que se ve más joven el cual debe rondar entre los veinte o veintitrés años pero son bastantes fornidos.
Nos acercamos hasta donde están los hombres y veo como mamá intercambia miradas con el señor mayor que puedo identificar como el padre de los otros dos chicos.
— Hija él es Don Federico Ricci – señala al señor mayor.
El saber quienes son me caen como un balde de agua fría, ella sigue hablando pero yo aún no proceso lo que acabo de escuchar.
– Él es Enzo Ricci – señala ahora a él chico más joven y enseguida mi mirada se va al último y ya se quien es antes de que digan su nombre.
— Y él – señala al último. — es Mateo Ricci, tú prometido – me informa mamá antes de voltear a mirarme. — Ellos son la familia Ricci querida.
Veo como sus ojos de un marrón intenso me escudriñan, es alto, podría calcularse alrededor de un metro noventa o un metro ochenta y cinco, tiene su cabello corto y me quedo viendo su perfil hasta que de repente una sonrisa se forma en su cara, pero no es una sonrisa delicada ni amable, es una que promete crueldad y oscuridad y eso no me daba una buena corazonada.
Veo cómo mi ahora prometido me ofrecía su mano a modo de saludo.
— Es un placer, Isabella – dijo con su voz grave.
Colocó mi mano en la suya y la suelto de inmediato al recibir un escalofrío por la frialdad de su piel.
Veo cómo mamá toma una copa cuándo pasa el mesero y con el tenedor lo toca ligeramente llamando la atención del resto de los invitados. Alza su copa y comienza a hablar con su voz resonando por todo el salón.
— Hoy le damos la bienvenida a Mateo Ricci y su familia, que hoy es un día muy importante ya que se convertirá en parte de nuestra familia, fortaleciendo nuestros lazos y nuestro futuro. – anuncia al público.
Los murmullos y especulaciones no se dieron a esperar, obviamente todos están impresionados por tal declaración.
— Hija mía, ven aquí, no seas penosa – me llama.
Al ver que no me movería se me acercó y volvió a alzar su copa al público.
— Mi hija, Isabella Palmieri es quien se unirá en matrimonio con el jóven Mateo, un aplauso para ellos.
Los aplausos de los presentes fueron escasos, al parecer nadie estaba muy de acuerdo con ello y yo tampoco lo estaba.
Mateo se me acerca con su mejor máscara de frialdad y antes de que reaccione ya está arrodillado con la pequeña caja de terciopelo color vino abierta la cual dentro de ella está lo que me dictamina que sería suya.
— Isabella Palmieri, ¿me concedes el honor de ser tu esposo? – preguntó.
Estaba en shock, sentí cómo la bilis subió a mi garganta quemándome, veo sus ojos y no hay nada más que frialdad en ellos. Todo el salón estaba en absoluto silencio esperando mi respuesta.
— Aceptó – dije en un murmullo apenas audible.
Y a pesar de que mis palabras estaban vacías todo mundo en el salón comenzó a resonar en silbidos y gritos de supuesta felicidad por ésto. Veo como coloca el pequeño anillo en mi dedo y se levanta del piso. Se me acerca y coloca su mano en mi cintura cuando pega su boca en mi oído.
— Ahora estás en mis manos mocciosa – me susurró.
Un nudo en el estómago se hizo presente al oírlo hablar. Porque está noche mi libertad y mi vida las tenía que dejar atrás y todo por un maldito acuerdo.