Capítulo 1 - El inicio
En un lugar de Rusia. La tormenta cubría todo. Era como si el mundo hubiera sido borrado... Menos ellos dos...
Aleksandr Mikhailov respiraba con fuerza mientras arrastraba el cuerpo femenino por un bosque congelado. Dejando un sendero de sangre en la nieve virgen. Sus botas marcaban un ritmo frio. Mecánico.
La chica no se movía. Seguía viva. Apenas
Una cabaña apareció entre árboles. Vieja, silenciosa, olvidada. Ideal para lo que necesitaba hacer. O para lo que no quería hacer... Aún.
"Custódiala, eliminarla si despierta".
Una orden simple. Limpia.
Pero nada en ella era simple.
Lo había visto antes. No en persona, pero si en fotos de expedientes secretos. Lyuba Petrovna. Sospechosa de trabajar con la mafia enemiga, peligrosa. Fría. Letal.
¿Entonces por qué parecía tan... Rota?
La recostó en el colchón oxidado. Su rostro tenía moretones. Un corte en la frente. Labios resecos. Ató sus muñecas con firmeza, sin mirar demasiado. Pero el temblor leve de su barbilla lo detuvo por un segundo.
Demasiado joven, demasiado parecida a alguien que quiso olvidar.
Se alejó. Se sentó frente a ella, con pistola en mano.
Pasaron los minutos. La estufa no funciona. El frío se colocaba muy fuerte por cada grieta. Y entonces, al fin... Ella se movió.
Un suspiro débil. Un pestañeo.
Abrió los ojos de golpe.
Verdes.
Hermosos.
Peligrosos.
—¿Dónde estoy?. —pregunto ella, con voz ronca
—En medio de la nada—respondió Aleksandr.
Ella intentó moverse, pero notó las ataduras.
—¿Quién eres tú? —
—El que decide si sales viva de aquí.
—¿Y qué decides?.
Él se acercó, despacio, como un lobo que mide a su presa. Se agachó junto a ella. Sus rostros quedaron cerca. Demasiado.
—Eso depende de ti. Y de lo que recuerdes.
—Qué... Se supone que debo recordar?
—Por ejemplo... —dijo él. Tomando su rostro por la barbilla. —... Por qué tu nombre esta en la lista de personas que deberían estar muertas...
Ella lo miró fijamente. Sin parpadear. Y por un instante. Aleksandr vio algo en su mirada: no miedo... Sino rabia contenida. Instinto de lucha.
Pero también... Dolor.
—No lo sé—susurró ella—. No de quién soy.
Silencio.
Aleksandr se puso de pie. Fue hacia la puerta, pero antes de salir dijo sin volverse.
—No te esfuerces por escapar. El frío te matará antes que yo.
Ella lo miro con odio... Y otra emoción que no entendía.
—Y si quiero morir?
Él se detuvo. Abrió la puerta.
—Eso haría las cosas mas fáciles.
Y salió, dejando el sonido del viento como única compañía.
Pero algo en su pecho pesaba.
Demasiado.