El significado de ser nosotras

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Summary

Sumi es una fanática del control y nunca baja la guardia. Willow ve la vida como un bumerang: lo que das, lo recibes. Sumi creía que Willow era una niña que vivía en una fantasía. Willow creía que Sumi vivía en un constante pesimismo. Tú y yo sabemos que estas dos chicas terminarán enamorándose. Sin embargo, ¿qué enfrentarán en el camino? ¿Significará algo para ellas o será un amor que pronto olvidarán? ¿Los opuestos sí podrán atraerse o estarán destinados a alejarse siempre?

Genre
Lgbtq
Author
Sofi
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo

El movimiento brusco del auto en marcha me despierta de mi sueño, parpadeo repetidas veces, pero solo logro identificar una cosa: no estoy en casa.

Estoy acostada en el asiento trasero del que parece ser el auto de mi papi, pero ahora no es él quien conduce; en su lugar, al volante está el señor Wilson. Cambio que me parece extraño, papi odia que otros manejen su auto.

Aún somnolienta, me incorporo en mi asiento y me froto los ojos en un intento inútil por despertarme más rápido.

—Señor Wilson —Su cuerpo se tensa de pies a cabeza ante mi llamado—, ¿dónde estamos yendo? ¿Señor Wilson?

Espero una respuesta, pero lo único que recibo es silencio de su parte. No responde ni me mira cuando lo vuelvo a llamar y tampoco parece tener intenciones de hacerlo. Con recelo, miro por la ventanilla del auto, tal vez así puedo deducirlo yo misma, pero el paisaje no me resulta familiar.

—¿Señor Wilson? —insisto, mi voz empieza a temblar—¿Qué sucede?

Nada. Es como si no me escuchara, como si mis palabras flotaran en el aire sin llegar a él. Mis manos sudan y mi pierna no para de moverse de forma frenética. ¿Será que el señor Wilson me secuestró? No, él nunca haría eso, él es de la familia. ¿Me dará una sorpresa? Sí, eso suena más creíble.

Después de un rato, me canso de llamarlo y de hacer preguntas sobre a dónde vamos, sobre papi, mami o Sam. Solo me abstengo de observar por la ventana, escuchando el ruido del exterior filtrado por la ventana y callando esas voces en mi mente que asumen lo peor.

No sé cuánto tiempo pasa, pero por fin llegamos al destino desconocido. El señor Wilson estaciona el auto y baja de este para abrirme la puerta, como de costumbre. Tomo su mano para ayudarme a bajar e inmediatamente toco tierra logro identificar a lo lejos la casa de vacaciones. Una sonrisa de oreja a oreja no puede evitar dibujarse en mi pequeño rostro.

Lo sabía, me tenía una sorpresa y era la casa. El cariño que le tengo a esta casa no tiene sentido, no pensé que me llevarían aquí. Que tonta fui al pensar mal del señor Wilson, luego le pido perdón.

Entusiasmada, corro hasta la puerta soltando pequeñas risas. Al llegar a la puerta principal, le pido al señor Wilson, quien aún sigue al lado del auto, que se apresure en abrir la puerta. No es por nada, pero con mis poderosísimos 1.21 centímetros de altura no alcanzó del todo la manija, aparte tampoco tengo la llave. Pero su figura aún más tensa que antes y su expresión casi horrorizada ocasiona que mi felicidad vaya descendiendo.

Él se acerca a la puerta a pasos lentos y dudosos, como si le tuviera miedo a ser devorado o algo parecido, y es extraño, siempre que estamos acá es uno de los mejores días del año. ¿Por qué tendrá tanto miedo el señor Wilson?

Cuando inserta la llave y la puerta se abre, no dudo en entrar, pero antes de siquiera dar un paso adentro, me encuentro a papi y a un señor aún más tenebroso que él a su lado, ambos en frente de la puerta. Mi pequeño cuerpo se tensa también. Algo no está bien.

—¿Qué pasó, Wilson? ¿Qué son estas horas de llegar? —Regaña papi al señor Wilson, este solo mantiene la mirada al frente, pero es más que obvio que está nervioso, e incluso asustado.

—Discúlpeme, señor Jones. Sucedió un… inconveniente —responde con vacilación. Papi lo mira con esa expresión que indica que ya sabe de lo que habla, aunque no se lo haya dicho.

—Muy bien, luego me encargo de eso—dice, enfatizando la última palabra antes de darle su vaso con licor al desconocido calvo; él mira al frente, no parpadea ni hace ninguna otra cara—. A lo que vinimos. Sígueme.

Se gira sobre sus talones y se dirige hacia su despacho. Aunque no especifica a quién le habla, sé que la orden es para mí.

Asiento y empiezo a caminar detrás suyo, sin embargo, con cada paso que doy mi pulso se acelera de forma apresurada. Nunca antes había estado en su despacho, a la única que permite entrar es a mami, pero cuando lo hace solo significa que hay un problema.

Y ese es mi temor ahora, que haya un problema. Y que ese problema sea yo. No obstante, lo más inquietante en este momento no es solo eso, también es el hecho de que ese señor extraño que sigo sin reconocer está caminando al lado mío, solo sigue a mi papi, al igual que yo. Lo miro con recelo, tratando de disimular, pero su mirada está enfocada en la espalda de mi papi, que rarito.

Una vez dentro, el olor a tabaco entra por mi nariz, no es un olor fuerte, pero es lo suficientemente perceptible para casi hacerme estornudar. Nunca logré acostumbrarme a ese olor. La iluminación tenue del lugar y los libros en los estantes de madera me hacen sentir que estoy en esos libros clásicos que papi me hace leer. Se nota que es el despacho de papi, todo es muy él. Los muebles de madera, los colores marrones, el globo terráqueo al lado de su escritorio y la alfombra roja con detalles dorados, la poca presencia de plantas y aquel candelabro de cristal colgado del techo. Sin duda, este es mi papi.

No puedo creer que estoy en su despacho. El despacho de mi increíble padre.

—Bueno, Sumi, —Se sienta en su silla de cuero tras su escritorio—, sé que esto debe ser confuso para ti. Pero la respuesta es muy sencilla, hija: ha llegado el momento de que tengas Metanoia.

Tardo en procesar sus palabras, pero al cabo de unos segundos y que sus palabras antes de mi cumpleaños pasen por mi mente, mi mirada se ilumina y la sonrisa vuelve a aparecer. No puedo creer que por fin tendré Metanoia. Me dijeron que lo tendría después de mi séptimo cumpleaños, pero nunca imaginé que sería tan pronto. Al menos no al amanecer del día siguiente. Pero eso es lo de menos. ¡Tendré Metanoia!

Mis mejillas me duelen de tanto sonreír y casi me levanto de mi asiento para ir a abrazar a papi por este grandioso regalo. Pero mi alegría dura poco.

Una mano extraña se posa sobre mi hombro, sacándome de mi ensueño. Me vuelvo hacia el dueño de esa mano tan grande que podría cubrir mi rostro entero sin problema. Es el hombre calvo y tenebroso. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo cuando sus ojos se encuentran con los míos. El negro en su mirada tensa mis hombros y mi barbilla tiembla.

Algo me dice que debo huir. Que debo de hacer algo.

¿Qué hago?

¿Qué hago?

—No entiendo —murmuro temerosa, dirigiendo mi mirada a papi—. ¿Quién es este señor?

Papi se levanta y, sin emitir sonido, camina hacia mí con su mirada fija en la mía.

—Él será tu mentor.

Ladeo la cabeza. Su respuesta no me aclara nada, ahora las dudas se apoderan aún más de mí y mis ojos viajan por todo el lugar, como si de esta manera algo me revelará lo que está pasando. Pero al tener a papá detrás mío y la pesadez de su mano se hace presente en mi otro hombro, mi piel se eriza y un nudo en mi garganta me arrebata el aliento.

Ambos aferran su agarre en mí, aprisionando entre ambos.

—No debes preocuparte —la firmeza de su voz me hace tragar, no puedo ni voltear a verlo, solo me quedo viendo al frente donde se encuentran los libros en los estantes. Y por si no fuera poco para mí, acerca su rostro a mi oído y su aliento me golpea—. Solo acata sus órdenes.

Con su mano libre toma mi barbilla con algo de brusquedad, quedando cara a cara. Sus ojos miran los míos con manía, como si me lo estuviera ordenando. No, como si me lo estuviera imponiendo, su mirada me saca piel de gallina y mi respiración se agita de a poco, percibo una sed por parte de mi papi, una sed que no entiendo. Le sostengo la mirada, y aunque puedo romper el contacto visual, no lo hago. No debo.

Sin dejarme decirle algo, suelta ambos agarres y procede a irse de la habitación. No logro reaccionar hasta que el señor calvo sigue a mi papi, cosa que también imito. Ambos lo seguimos hasta la entrada de la casa, papi entra en su auto. Mientras que el señor Wilson sigue en el umbral de la puerta, me echa una última mirada cargada de tristeza y sigue las acciones de papi.

Quiero seguirlos, irme con ellos, aunque no esté segura del porqué quiero eso, una urgencia inexplicable de escapar se apodera de mí, las alarmas en mi mente mandan la advertencia por todo mi cuerpo y un pegamento de ansiedad hace peso en mis pies. Como si estuviera en una jungla donde debo cuidarme de un monstruo, pero el monstruo ya está a mi lado, listo para devorarme viva y yo lista para aquel destino.

En cuanto Wilson entra, enciende el auto y se van junto con papi. Me abandonan.

—Pasemos, debemos comenzar con la primera clase. —Posa su mano en la puerta, listo para cerrarla.

Lo veo desde abajo, y puedo ver en sus ojos la misma mirada de mi padre, lo que hace que me congele y asienta ante su orden.

Tal como quiso mi padre.