Lemon(jenlisa)

Summary

Jennie firmó un contrato creyendo que era el comienzo de su carrera. Lo que no imaginaba... Era que estaba a punto de conocer a Lalisa,y con ella, el amor, el caos, y una historia que cambiaría su vida. 🍋 Una comedia ácida con mucho corazón.

Genre
Humor
Author
K
Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Contratos,cafe y caos


—¿Está segura de que ha leído todo? —preguntó la asistente, con esa sonrisa corporativa que parecía pegada con silicona caliente.

Jennie Kim, sentada en una oficina minimalista con aroma a limón artificial, levantó la vista. Tenía el bolígrafo en una mano, un café helado en la otra y veinte pestañas sin leer en el contrato que le habían entregado.

—Sí, sí. Todo perfecto. —Forzó una sonrisa, moviendo la hoja sin mucho interés—. ¿Dónde firmo?

La asistente le señaló la última página.

Jennie no era irresponsable. Solo estaba... emocionada. Ese día marcaba su entrada oficial al mundo del modelaje, un universo de luces, cámaras, maquillaje caro y campañas de belleza. Y, claro, de contratos kilométricos que nadie en su sano juicio leería completos.

—Bienvenida a Lemon Models, Jennie —dijo la asistente, cerrando la carpeta con un golpecito. Y justo ahí, en letra pequeña, tamaño hormiga y con una tinta casi invisible, el destino de Jennie cambió para siempre.

Veintitrés minutos después, Jennie entró por primera vez a las instalaciones de Lemon Models. Una oficina moderna, con sillones amarillos, ventanas gigantes y carteles motivacionales que decían cosas como "Tu actitud es más importante que tu maquillaje" o "Sonríe aunque tengas ojeras."

Jennie iba sonriendo, sí… hasta que algo la golpeó.

—¡Cuidado! —gritó una voz desde el fondo.

¡PUM!

Una maleta negra, con ruedas hiperactivas y claramente sin control parental, chocó de lleno contra sus tobillos. Jennie perdió el equilibrio, su café voló por los aires como una paloma liberada y terminó sentada en el suelo, con una rodilla raspada y su ego por los suelos.

—¡OH POR DIOS! ¿Estás bien? ¿Estás viva? ¿Hablas? —preguntó la misma voz, que ahora venía acompañada de una chica corriendo en su dirección.

Jennie levantó la vista, esperando encontrarse con un demonio… y vio un ángel.

La dueña de la maleta asesina tenía el cabello castaño claro, una gorra al revés, sonrisa de comercial de dentífrico y unos ojos oscuros tan brillantes que parecían hechos con filtro de Instagram.

—¿Tú me atropellaste? —preguntó Jennie, entre confundida y molesta.

—Sí… pero te juro que fue con cariño. —La chica estiró una mano hacia ella—. Me llamo Lisa. Bueno, Lalisa, pero solo me dice así mi mamá cuando rompo cosas. Lo cual pasa seguido, así que... sí, mejor dime Lisa.

Jennie parpadeó. Una, dos veces.

—¿En serio acabas de decirme todo eso mientras yo estoy en el suelo?

—¿Quieres que me siente contigo? Soy buena cayéndome, lo practico mucho —bromeó Lisa, soltando una risa ligera.

Jennie no respondió. Más que nada porque su cerebro estaba demasiado ocupado procesando el hecho de que acababa de ser embestida por una modelo guapa, con carisma, y cero sentido del equilibrio.

Lisa la ayudó a levantarse y recogió la maleta culpable.

—Mi maleta es nueva. No tiene modales aún.

—Voy a demandarla —murmuró Jennie, sacudiéndose los pantalones.

Lisa se echó a reír, y fue entonces cuando Jennie sintió que algo muy extraño le hacía cosquillas en el pecho. Una mezcla de molestia, curiosidad... y algo que no pensaba nombrar todavía.

—¿Qué parte del contrato decía que tenía que convivir con una completa desconocida? —espetó Jennie minutos después, frente a la misma asistente sonriente.

—Página dieciséis. Cláusula 4B —respondió la mujer, hojeando la copia—. “Durante la duración del contrato inicial, la modelo convivirá con otra integrante del staff para fomentar vínculos de confianza, colaboración creativa… y contenido viral.”

—¿Contenido viral? ¿Esto es una agencia o un experimento social?

—Un poco de ambos —dijo la asistente con una sonrisa más falsa que nunca—. Además, la cláusula lo deja claro: el contrato busca fortalecer las conexiones emocionales sin afectar la profesionalidad.

—¿Qué significa eso?

—Significa que no puedes enamorarte de tu compañera de cuarto.

Jennie se atragantó con su propia saliva.

—¿Qué?

—Cláusula 4C. “Se prohíbe terminantemente el involucramiento emocional o romántico con la compañera asignada durante los tres meses de convivencia obligatoria.”

Jennie sintió que el mundo se detenía por unos segundos.

Lisa, mientras tanto, estaba al otro lado de la sala, tomando selfies con una lámpara amarilla como fondo. Al notar que Jennie la miraba, le hizo una pose de paz y le lanzó un beso exagerado.

Jennie se volteó rápido. Tenía que respirar. O gritar. O reescribir el contrato.

—Esto es una broma, ¿verdad?

—¿Qué parte?

—La de vivir con alguien.

—No. Y ya está todo organizado. Te mudas esta noche. Lisa ya está instalada.

—¿QUÉ?

—Firmaste el contrato. No hay vuelta atrás, Jennie.

Jennie cerró los ojos, apretó los puños y respiró hondo.

Tres meses. Solo eran tres meses.

Podía hacerlo.

¿Verdad?

Esa noche, Jennie llegó al apartamento compartido con una maleta, una bolsa de ansiedad y una idea muy firme: mantenerse alejada de Lisa.

Pero el universo, como siempre, tenía otros planes.

—¡BIENVENIDA! —gritó Lisa, abriendo la puerta antes de que Jennie tocara.

Llevaba pantuflas de limón, un vaso de jugo (¿limón también?) y el mismo entusiasmo de un cachorro feliz.

—No sabía qué te gustaba, así que preparé snacks variados. Tenemos ramen, papas, gomitas y... jugo.

Jennie entró en silencio. El departamento era amplio, moderno, con decoración colorida y una vibra que gritaba influencer de TikTok con dinero.

Lisa la guió por el lugar como si fuera un tour turístico.

—Este es el baño, la cocina, mi habitación... y la tuya. Es la más grande, por cierto. Me pareció justo.

—¿Por qué? —preguntó Jennie, aún en shock.

—Porque tú eres nueva en todo esto. Y yo ya me tropecé suficiente por aquí. Mereces empezar con buen pie.

Jennie sintió una punzada de culpa. Lisa era demasiado... buena. Divertida. Linda.

¡No, Jennie! ¡Prohibido enamorarse!

Lisa le entregó una pequeña caja decorada con cinta.

—¿Qué es esto?

—Un regalo de bienvenida. Es una vela con aroma a limón. Porque... bueno, Lemon Models, ¿no?

Jennie no pudo evitar reírse, aunque fuera por reflejo. Lisa era un torbellino de energía, humor y pequeños detalles que la dejaban sin defensas.

—Gracias —dijo, apenas audible.

—De nada. Y recuerda: nada de enamorarse. Lo dice el contrato.

Jennie alzó la vista de golpe. Lisa le guiñó el ojo.

¿Lo decía en serio? ¿O solo estaba jugando?

La respuesta llegó cuando Lisa tropezó con su propio pie, casi se cae, y luego dijo:

—Tú no viste eso.

Jennie se rió por primera vez en todo el día.

Esa noche, Jennie se acostó en su nueva cama, con la vela encendida a un lado, el jugo en la mesa y el sonido de Lisa cantando en la ducha (bastante bien, por cierto).

Había firmado un contrato sin leerlo.

Había sido atropellada por una maleta.

Ahora vivía con una chica que parecía salida de una serie de comedia romántica.

Y no podía enamorarse de ella.

Jennie suspiró.

—Esto va a ser un infierno.

Desde el baño, Lisa gritó:

—¿Dijiste algo?

Jennie se tapó con la almohada.

—Nada… solo me despido de mi paz mental.