ÁNGELES DEL INFIERNO

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Summary

Una historia de aventura, algo de comedia y drama Donde se viven aventuras con tal va pasando las situaciones

Genre
Adventure
Author
JK_Rios
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

Todo comenzó en el Infierno... En el temido Castillo de la Muerte, una explosión destruyó una sección del muro, abriendo un enorme agujero. De entre el humo y los escombros emergieron seis figuras oscuras.

El primero era una criatura gigantesca con cuernos, brazos enormes, patas pequeñas y una cola larga: el Sr. Kanky, la mascota del grupo y experta rastreadora. Le seguían dos gemelos pequeños, cada uno empuñando una espada gigante: Trainkor y Treinkor, expertos en armamento y artillería. Luego apareció una mujer demonio con alas y un látigo: Shakilly, médica del grupo, experta en pociones y brujería. Junto a ella caminaba un hombre alto, de cabello azul con reflejos grises y una larga katana: Keishon, co-capitán y asesino letal. Finalmente, liderando al grupo, un demonio de mirada feroz, con una cola ósea envuelta en energía roja y orejas de perro: Inu-Sama, el Capitán del escuadrón.

A estos seis se los conocía en todo el inframundo como “Los Colmillos Ferozes”.

Habían robado la Gem-Dead, una poderosa joya oscura guardada celosamente en lo profundo del castillo. Durante la huida, todos estaban malheridos, exhaustos y cubiertos de sangre. Inu-Sama, sentado sobre el lomo del Sr. Kanky, alzó la gema y sonrió.

—¡Es nuestra, muchachos! —gritó con orgullo.

Pero de inmediato, algo cambió. Los gemelos miraron a Keishon, quien asintió con la cabeza. Sin previo aviso, Trainkor y Treinkor aparecieron frente a Inu-Sama y, sin decir una palabra, hundieron sus espadas en su estómago y pecho. Inu-Sama cayó al suelo, sorprendido. Sr. Kanky lo sujetó por los brazos, inmovilizándolo.

—Shakilly, cúranos —ordenó Keishon con frialdad.

Shakilly alzó su mano, invocando pequeñas esferas de energía curativa que envolvieron a todos... menos a Inu-Sama.

Desde la distancia se acercaban numerosos generales demoníacos. Keishon sabía que era el momento de actuar.

—¿Qué están haciendo...? —gruñó Inu-Sama con dificultad.

—Cambio de planes, capitán —dijo Keishon con una sonrisa irónica, colgándose la gema al cuello.

—¡KEISHON! ¿A qué te refieres con eso?

—Verás, capitán. Ofrecen una gran recompensa por esta gema...

—Y por ti, capitán —añadió Trainkor.

—Por tu cabeza... —completó Treinkor.

—¿Qué...? —susurró Inu-Sama, incrédulo.

—Si entregamos la cabeza del gran Inu-Sama —dijo Shakilly con una sonrisa maliciosa—, no solo nos perdonarán, sino que nos dejarán libres.

—¡No hay recompensa que valga tanto! ¡No hay nada que puedan darles! —escupió Inu-Sama.

—¿Ah no? ¿Y el Poder Celestial? —replicó Keishon.

—¡¿QUÉ?! ¡Están locos! ¡Sus cuerpos no resistirán ese poder! ¡Serán cenizas en segundos!

—No nos asustas con eso... —dijo Shakilly, tomando a Keishon de los hombros y emprendiendo vuelo.

—Trainkor, Treinkor, mátenlo. Yo volveré con la recompensa. Nos veremos en el punto de encuentro —ordenó Keishon.

—Sí... —dijo Trainkor.

—...Capitán —añadió Treinkor con burla.

Pero Inu-Sama, furioso, no estaba listo para morir. Con un cabezazo, golpeó al Sr. Kanky, liberándose. Se arrancó las espadas del cuerpo, tomó a Treinkor por el cuello y lo estampó contra el suelo. Trainkor intentó atacarlo, pero Inu-Sama le dio una brutal patada.

Rápidamente tomó las espadas de los gemelos y las lanzó contra Shakilly, hiriéndole las alas. Ella y Keishon cayeron del cielo. Inu-Sama puso sus manos en el suelo, sus ojos se tornaron rojos, y un portal se abrió debajo de ellos, enviándolos a otra parte del Infierno. Los generales que se acercaban vieron cómo desaparecían sin dejar rastro.

Keishon, frustrado por el fracaso de su plan, estalló en furia.

—¡Maldita escoria! ¡Me las pagarás!

Sus brazos y piernas se envolvieron en fuego rojo. Atacó a Inu-Sama con furia, pero este esquivó sus golpes. Con un rodillazo en el estómago y un golpe en la cara, Inu-Sama contraatacó, sujetándolo con su cola y lanzándolo por los aires.

Keishon respondió disparando un rayo rojo desde sus manos, impactando de lleno en Inu-Sama, quien cayó de rodillas, humeante. Más rayos cayeron sobre él mientras Keishon descendía.

En ese momento, el Sr. Kanky quiso intervenir.

—¡NO! ¡ALÉJATE! —gritó Keishon.

Inu-Sama se incorporó, tomó a Kanky del cuello y lo dejó inconsciente con un rodillazo. Luego, con rapidez, arrebató la gema del cuello de Keishon.

—Esto es mío...

Le dio una patada y, sabiendo que no resistiría mucho más, abrió un nuevo portal, esta vez hacia el Mundo Humano.

—¡ESO NOOO! —gritó Keishon, saltando para sujetarlo. Ambos cayeron dentro del portal...

Mientras tanto, en la Tierra...

Era de noche. Trish, una alegre niña, salía de una tienda con su bolsa de compras.

—A ver... crema, frutillas, azúcar y chocolatada... je, esta noche no existe la dieta.

En un callejón cercano, Inu-Sama y Keishon se estrellaron contra el suelo. Keishon se levantó de inmediato y clavó su katana en el hombro de Inu-Sama, sujetándolo contra la pared.

—¡MALDITO! ¡ME TRAJISTE AL MUNDO HUMANO! ¡LLENO DE DIOSES Y ÁNGELES! —rugió, acercándose a su rostro—. Abre el portal y dame la gema. Quédate en esta porquería de mundo... pero yo volveré con ella.

Inu-Sama solo se rió.

—¿De qué te ríes? —dijo Keishon, irritado.

—¿En serio no sabes volver?

—¡No me importa cómo lo hiciste! ¡Solo abre el maldito portal!

—Fui general de la Primera División de la Muerte... Nos enseñaban a cruzar al mundo humano por almas. Pero no te daré nada.

Keishon lo levantó del cuello. Su cuerpo ardía en fuego rojo.

—Entonces... lo tomaré de tu cadáver.

Antes de dar el golpe final, una lanza de hielo se incrustó en su pecho. Sorprendido, Keishon giró la cabeza y vio a Trish, mirándolo con furia.

—¡Suéltalo, bastardo!

Keishon retrocedió. Trish le clavó otra lanza.

—¡AAARGH! ¡TE MATARÉ!

Corrió hacia ella, pero Trish invocó un martillo de hielo.

—No soporto a los que lastiman animales...

Keishon se lanzó al ataque.

—¡Y MENOS SI SON DEMONIOS! —gritó Trish, golpeándolo en la mandíbula con tal fuerza que lo mandó volando al bosque cercano.

Inu-Sama, asombrado, murmuró:

—Wow... esa fuerza... gracias, aunque no necesitaba ayuda...

Pero cayó de rodillas, exhausto. Trish corrió a socorrerlo y lo llevó a su casa.

Al día siguiente...

Inu-Sama despertó vendado, acostado en una cama. Trish lo atendía con cuidado.

—No te muevas mucho. Estás muy herido y sería peligroso.

—Tranquila, soy resistente... —respondió, aunque en su mente pensaba—: ¿Qué demonios...?

Corrió al baño con urgencia. Trish, sin sorprenderse, comentó:

—Durmió un día entero. Es obvio que tenía ganas...

Frente al espejo, Inu-Sama reflexionaba.

—¿Por qué demonios... tuve que orinar? ¡Eso no es normal! ¿Y ahora tengo hambre...? ¡Y mis heridas no sanan!

Entendió que en el mundo humano no podía regenerarse.

Trish golpeó la puerta.

—¿Todo bien? Te preparé algo dulce. Si no te gusta, puedo hacer otra cosa...

—No, no. Ya salgo...

Trish le entregó un plato con crema y frutillas, y un vaso de chocolatada. Inu-Sama lo probó, y quedó impactado.

—¡¿QUÉ ES ESTO?! ¡¡POR LOS DIOSES DEL CIELO!!

—Solo frutillas con crema... ¿Nunca las habías probado?

—¡Jamás! ¡Allá abajo no existen estas delicias!

—"¿Allá abajo?" —pensó Trish—. Oh no... es pobre. ¡Lo alimentaré bien!

—Lo que quise decir fue...

—¡No importa! Sé a lo que te refieres.

—¿Ah... sí?

—Quiero que te quedes conmigo. Como mi perro.

Inu-Sama la miró con desdén.

—¿Me acaba de llamar pobre... y quiere que sea su mascota?

Pero se dio la vuelta. Del bolsillo de su chaqueta sacó la Gem-Dead. Sentía su poder debilitado. Era perfecto: menos detectable.

—Está bien. Seré tu perro —dijo finalmente.

—¡Yujuuu! —gritó Trish.

—Pero nada de cucha ni comida para perros. Y quiero más de esa delicia.

—Está bien, pero el baño es afuera.

Se miraron. Rieron juntos. Así nació una nueva amistad...

En el bosque...

Keishon despertaba, adolorido, sujetándose la mandíbula.

—Voy a matar a esa niña... luego a Inu-Sama... —escuchó un ruido detrás—. Y a quien sea que se interponga en mi camino... ¡lo haré pedazos!