capítulos unidos y completos
Un cuarto con olor a humedad, mugre en las paredes, botellas tiradas, y una lámpara que parpadea. En un rincón hay una mesa llena de tubos de ensayo, frascos etiquetados con nombres raros, un mechero encendido y una notebook vieja. En el centro, un sillón gastado donde están tirados Franco y Luis, con la mirada perdida. Del otro lado, Marcos, concentrado frente a su “laboratorio”.
Franco:
(sacudiéndose como si tuviera frío)
Che, Luis… ¿te sentís como si tu esqueleto estuviera bailando cumbia por dentro?
Luis:
(con la cabeza apoyada en el respaldo, mirando el techo)
Yo siento que soy una papa, boludo. Literal. Una papa. Vos me pelás y me hacés puré, y yo ni me quejo.
Franco:
¡JAJA! ¡Sos una papa mística, loco! ¡Una papapa espiritual!
Marcos:
(sin mirarlos, concentrado)
Si mezclo 15 miligramos de beta-hexadrol con un reactivo de silicato crudo… esto debería estabilizar la base. Pero necesito que el pH no pase de 6,7 o explota todo.
Luis:
(sin moverse)
Explotalo igual… así viajamos con la onda expansiva.
Franco:
Eh Marcos… ¿esto que hacés es tipo Breaking Bad o más como... los Power Rangers?
Marcos:
(seco y molesto)
Esto es química orgánica avanzada con manipulación de catalizadores de cadena corta. No es un dibujito, imbécil.
Franco:
(se ríe solo)
Dijo “catalizador” y yo me acordé del gato del kiosquero, ¿te acordás Luis? El que tenía un ojo para cada lado…
Luis:
Catalizador… gato-lizador… ¡JAJA!
(pausa)
Che, ¿esto tiene mercurio? Porque siento como que estoy saboreando metal caliente.
Marcos:
No, eso es porque no lavaste los dientes en tres semanas, Luis. Lo que tiene es triclorometilamida y algo de benzopireno sintético. Es la parte que te hace ver voces.
Franco:
¿Ver voces? ¡Amigo, eso es poesía! ¡Me tatuo eso en la frente con corrector!
Luis:
(mirando al piso con ojos abiertos como plato)
Che… hay un caracol bailando tango con una cucaracha ahí… posta, boludo.
Franco:
(se inclina hacia Marcos)
Che, químico… ¿por qué no hacés una que te haga viajar… pero tipo... viajar a la infancia? Así me abrazo al peluche que perdí.
Marcos:
(sin levantar la vista)
Porque si viajás a la infancia te vas a acordar de por qué te drogás, y no sé si tenés el estómago.
Franco:
(quedándose en silencio un momento)
...Bueno, entonces haceme una que me haga olvidar de que quiero recordar.
Luis:
(levantando un dedo muy lento)
Y que tenga gusto a frutilla.
Marcos:
(con un suspiro largo, mientras mezcla líquidos humeantes)
Ustedes son los únicos clientes que me hacen dudar de si estoy fabricando droga… o ayudando a la evolución inversa de la especie.
Marcos:
(hablando solo, emocionado)
Esto no estaba en las fórmulas… El comportamiento del compuesto cambió... La reacción cruzada entre el metil-tetrahidroxinato y el cloruro de fensoacina se estabilizó... ¡sin catalizador!
Franco:
(levantando la cabeza como un perro confundido)
¿Dijo... fensoacina? Eso suena como una tía que hace empanadas con LSD.
Luis:
(acercándose al borde del sillón)
¡Yo tuve una tía así! Se llamaba Gladys. O por lo menos así le decíamos... capaz ni era mi tía, no sé.
Marcos:
(ignorándolos, casi en trance)
Esto es un hallazgo. Si lo mezclo con fenildracamina en estado líquido, y aplico microondas a 1200 MHz, podría... Dios. Podría inducir una sinestesia completa. Total. Vista del sonido, sabor del tacto, percepción expandida.
Franco:
(levantándose y caminando tambaleando hacia la mesa)
Eh, pará, ¿y eso te hace sentir que podés escuchar los colores?
Luis:
(ya al lado de Marcos, mirando los frascos como si fueran acuarios con sirenas)
Yo quiero tocar el azul. Quiero acariciarlo, como un perrito mojado.
Marcos:
(sin apartar la vista del tubo)
No entienden… esto puede reescribir los patrones de percepción. Es un viaje hacia la conciencia pura. Un alucinógeno de última generación. Puedo crear una versión estable... o un suero permanente.
Franco:
(agarrando un frasco al azar)
¿Y si me mando este? ¿Me despierto en la mente de un pato?
Marcos:
¡No toques eso, imbécil! Eso es acetilfosfonina reactiva… te chupa el calcio de los huesos. Terminás caminando como gelatina.
Luis:
(sorprendido, emocionado)
¡Amigo! ¡Ser gelatina! ¡Eso sí que es disolverse en la vida literal! ¿Lo grabás si me pasa?
Marcos:
(mirándolos con furia contenida)
Juro que si alguno de ustedes dos respira cerca de mis fórmulas, les hago tragar éter de sodio hasta que se olviden cómo parpadear.
Franco:
(bajando el frasco con cara de pibe retado)
Bueno, loco, era una pregunta nomás… tampoco para que me tires químicos por la frente.
Luis:
(con tono solemne)
Marcos, vos no hacés drogas… vos hacés milagros de mierda que te rompen el alma y te pintan el cerebro de purpurina.
Marcos:
(murmurando, volviendo al experimento)
Sí, y ustedes dos son las ratas más poéticas que me tocaron.
El líquido brillante sigue burbujeando en un tubo de ensayo. Franco y Luis están demasiado cerca del fuego. Marcos los empuja para recuperar su espacio.
Marcos:
¡Aléjense, parásitos neuronales! Esto es inestable. Si alguien estornuda, vuela medio barrio.
Franco:
(riendo)
¡Estornudá vos, Luis! Así viajamos en partículas por el universo.
Luis:
¿Y si estornudo para adentro? Capaz me convierto en un agujero negro...
(Se escucha un golpe fuerte en la puerta. Tres, cuatro golpes más. La puerta se abre sola: entra
Laly, despeinada, con un saco fluorescente mal puesto, medias de distinto color y unas gafas de sol sin cristales. Tiene una sonrisa como si hubiera ganado un concurso de gritos.)
Laly:
¡AYYYYYYY! ¡MI FAMILIAAAAAA DE MOCOS CELESTIALES!
Franco:
¡LALY! ¡La reina del viaje interdimensional! Vení que Marcos inventó una droga que te hace hablar con el gusto y oler con los ojos.
Laly:
(a Marcos, con voz dramática)
Dame algo que me haga sentir como cuando el microondas pita y no sabés si el tupper explotó o no.
Marcos:
(se lleva las manos a la cara)
Dios… otro organismo contaminado. ¿Se reproducen por esporas ustedes?
Luis:
No, por error de fábrica.
Laly:
Marcos, dale, no seas infértil de alma… dame una dosis de esa luz líquida que estás cocinando ahí.
Marcos:
(resignado)
Esto no está listo. Tiene componentes que ni siquiera entiendo del todo. Acabo de combinar fensoacina, metasilicato y cloroacetato en una reacción autorregulada. Ni en laboratorio controlado me atrevería a probarla todavía.
Laly:
(con mirada intensa)
Eso suena... absolutamente perfecto. ¿Pica?
Franco:
¿Tiene burbujas? Porque si no hace cosquillas en la lengua no sirve.
Luis:
Yo quiero que me deje sordo del alma.
Marcos:
(apretando los dientes)
Escuchen bien, formas de vida alternativas: si alguno de ustedes toca esta mezcla sin mi autorización, se van a volver translúcidos... por dentro.
Laly:
(con los ojos brillando de emoción)
¡Translúcida! ¡Como un pez tropical en un vaso de vodka!
Franco:
(señalando el frasco con entusiasmo)
Che, y si le ponés jugo Tang… ¿cuenta como bebida espiritual?
Marcos:
(murmurando mientras prepara un nuevo compuesto)
En otra vida fui violinista. En esta me toca fabricar iluminación líquida para tres mutantes con el coeficiente intelectual de una tostadora apagada.
Laly está tirada patas para arriba en el sillón con una bolsa de papas fritas vacía en la cara. Franco juega con un encendedor sin gas. Luis intenta meter una pajita dentro de una lapicera. Marcos ajusta una perilla mientras observa cómo un líquido fluorescente cambia de color.
Luis:
(mirando fijamente el tubo de ensayo)
Che Marcos… ¿eso que hacés es como una sopa de magia?
Franco:
¡Es sopa de marcianos! Yo la vi una vez en un documental que daban después de las peleas de gallo.
Laly:
(sacándose la bolsa de la cara)
¡Yo una vez me comí un jabón porque soñé que era un alfajor de la NASA!
Marcos:
(con tono seco)
Ustedes no merecen cuerdas vocales.
(pausa, luego suelta una exhalación pesada)
Yo no hago sopa ni magia. Lo que ven acá es síntesis molecular aplicada. Química de fusión. Esto es ciencia real.
Luis:
(rascándose la cabeza)
¿Y cómo sabés todo eso si nunca fuiste a la... a la... institución esa?
Franco:
Sí, ¿cómo sabés cosas si no tenés el… el cartón ese? ¿El diplómano?
Marcos:
(sin mirarlos, mezclando líquidos)
Porque la universidad es una cárcel con Wi-Fi. Profesores mediocres enseñando fórmulas que no entienden. Yo aprendí solo. En la calle. En libros viejos. En foros. En errores.
(se da vuelta, los mira con desprecio y orgullo a la vez)
No tengo un título, pero tengo 34 fórmulas ilegales creadas desde cero. Vendí una a un cartel de Bolivia, otra a un pastor evangélico que la llamaba “el aliento de Cristo”. Ustedes se están drogando con la historia de la química moderna… y no tienen ni idea.
Franco:
(mordiendo una esponja creyendo que es pan)
Sos como... como un Batman de la droga, pero sin capa… ni Baticueva.
Laly:
(admirada)
¡Sos un genio, Marquitos! Un genio sin escuela… como Messi pero con cosas que queman.
Luis:
(sincero)
Yo una vez traté de entrar a la escuela... pero me equivoqué y fui a una veterinaria. Me desparasitó una señora.
Marcos:
(volviendo al tubo, frustrado)
¿Por qué no nací sordo y mudo? ¿Por qué tengo que compartir aire con ustedes?
Franco:
Porque somos tus musas, boludo. Inspiración pura. Energía de burro con motor a cuerda.
Laly:
(acariciando una botella vacía como si fuera un perro)
Somos tu laboratorio vivo, Marcos… tu lienzo con patas.
Luis:
(mira el tubo de ensayo y se asusta)
¡Está burbujeando! ¿Nos va a comer?
Marcos:
No. Pero si lo siguen mirando como estúpidos, capaz les devuelve la mirada.
Marcos sigue trabajando. La mezcla que creó gira lentamente en una cápsula giratoria alimentada por energía. El tubo brilla con tonos verdes, violetas y un tenue rojo pulsante. Franco hace avioncitos de papel con envoltorios de alfajores. Laly mira el ventilador del techo como si fuera una constelación. Luis sopla por una pajita metida en un cenicero. De repente...
—ZUUUUMM—
La lámpara parpadea dos veces. Se escucha un crujido eléctrico. Todo se apaga.
Franco:
(en completo silencio, después de un segundo)
¿...Y si nos morimos?
Luis:
(desde el piso)
¿Esto es la muerte? Está bastante parecida al living de mi abuela.
Laly:
(tocando el tubo oscuro con el dedo)
Che, se apagó la poción... ¿esto significa que se durmió?
Marcos:
(con furia absoluta desde la oscuridad)
¡NO TOQUEN NADA! Si ese estabilizador pierde presión térmica me explota medio riñón.
Franco:
(agarrando su zapatilla y usándola como linterna imaginaria)
¡Tranquilo, Marcos! Yo tengo visión nocturna. Vi todas las pelis de Batman.
Luis:
(confundido)
Yo tengo visión borrosa… ¿sirve?
Laly:
(acariciando un frasco vacío)
Yo tengo visiones. Una vez vi a Jesús bailando reggaetón con una jirafa. Me guiñó el ojo y desapareció en una nube de humo amarilla.
Marcos:
(encendiendo una linterna vieja con cinta aisladora)
¡Cállense un minuto! Si la mezcla se enfría rápido puede cristalizar. ¿Saben qué significa eso?
Franco:
(serio)
Que se vuelve… un diamante comestible.
Luis:
(más serio todavía)
Que se convierte en... cubito de hielo con poderes.
Marcos:
(mordiéndose la lengua)
¡No, imbéciles! ¡Que se solidifica con energía residual y puede romper el frasco desde adentro! ¡Nos puede llover vidrio y droga líquida hirviendo!
Laly:
(entusiasmada)
¡Como fuegos artificiales de los que no están aprobados por ANMAT!
Franco:
(encendiendo un fósforo que apenas dura un segundo)
Yo tengo luz, maestro.
Luis:
(agarrando una sartén vieja)
Y yo tengo escudo, por si cae la droga desde el cielo.
Marcos:
(murmurando mientras conecta un generador de respaldo a manivela)
¿Por qué no hice inteligencia artificial en lugar de esta guardería radioactiva...
(sube el tono, hablando solo)
Yo podía haber trabajado en la Estación Polar, o en el Programa de Energía Lunar… pero no, elegí hacer metacristales psicotrópicos para tres residuos cósmicos con complejo de tostadora.
Laly:
(mirándolo con ternura)
Ay, Marquitos... tenés un corazón ácido pero calentito. Sos nuestro Walter Blanco.
Franco:
(riendo fuerte)
¡Walter Blanco! ¡Como el jabón! ¡Ese que arde en los ojos!
ZZUUUMMM...
Las luces parpadean, una chispa salta de una zapatilla colgada del techo, y finalmente todo se ilumina otra vez. El tubo que Marcos estaba trabajando burbujea de nuevo con un brillo inquietante y casi radioactivo.
Luis:
(tapándose los ojos como si viera el sol por primera vez)
¡LUZ DIVINA! ¡Revivimos! ¡Soy Gokú en Namekusei cuando se prende todo!
Franco:
(se pone de pie y alza los brazos)
¡Dame tu energía, Marcos! ¡Voy a hacer una Genkidama pero con papitas y birra!
Laly:
(señala el tubo)
Eso parece el Gear 5 de Luffy… mirá, vibra como si tuviera tambor adentro.
Luis:
(abriendo mucho los ojos)
¡SÍ! ¡Y el tubo es como Kaido en versión gaseosa! ¡Es Kaidrogas!
Marcos:
(mirando el tubo con tensión real)
Silencio, por favor... hay compuestos inestables, estamos a nada de un colapso endotérmico.
Franco:
(mirando su mano)
Ey... ¿si me inyecto cloroformo me convierto en Wolverine?
Laly:
(seria)
No. Te convertís en un vegetal con olor a pileta.
Luis:
(murmurando)
Yo me siento como si Hulk y Mickey Mouse hubieran tenido un hijo y lo abandonaran en una ferretería.
Franco:
(gritando)
¡Imaginate a Mickey en Breaking Bad!
(imita con voz chillona)
— ¡Yo soy el que hace el ratón! —
Laly:
(con voz profunda, dramática)
—El multiverso es un laboratorio... y yo soy el experimento fallido.
Marcos:
(sin mirarlos, ajustando válvulas)
Lo son. Todos lo son.
(suspira)
Tres mutaciones espontáneas de la estupidez, fusionados en un agujero negro de referencias pop y olor a chivo.
Luis:
(se acomoda el pelo con saliva)
Yo tengo el haki del idiota… siento el peligro, pero igual me acerco.
Franco:
(poniéndose una tapa de olla en la cabeza)
Yo soy Thor, el dios del bajón. Esta es mi cacerola mágica. ¡Invoco fideos!
Laly:
(tocando la mesa como si fuera un panel de nave)
¡Estoy piloteando la nave de Tony Stark, pero me olvidé el WiFi!
Marcos:
(sin levantar la vista)
Una molécula más… una gota más… y todo este lugar va a oler como la axila de Thanos después del chasquido.
Franco:
(mirando al vacío)
¿Te imaginás si el guante del infinito tuviera cuchara y servilleta?
Luis:
(fascinado)
¡Y que en vez de eliminar gente, te haga un guiso instantáneo!
El tubo se estabiliza. La mezcla burbujea lentamente, ahora con un color turquesa brillante y una densidad espesa como miel caliente. Marcos apaga un mechero, saca la solución con una jeringa, y la pasa a un pequeño vial de vidrio.
Marcos:
(con voz seca, firme, sin mirar a nadie)
Se terminó.
Es perfecta.
Estable.
Pura.
Letal.
Franco:
(acercándose como perro hambriento)
¿Letal tipo... “te pega zarpado” o tipo “te caes muerto”?
Marcos:
(separa el vial con una mano como si protegiera un hijo)
Letal como en “no toquen esto”.
Letal como en “te apaga hasta los sueños”.
Letal como en “cierra el orto y volvé al sillón”.
Luis:
(tratando de ver por detrás de Marcos)
Pero... dale, Marquitos... un poquito. ¡Solo un besito de química! Te juro que no lo mezclo con Nesquik.
Laly:
(cruzando los brazos)
Ay, no seas egoísta. Si la hiciste con nuestras energías cósmicas, mínimo merecemos una gotita.
Marcos:
(explota, se da vuelta de golpe)
¡¡CÓSMICAS LAS PELOTAS!!
¡Estoy HARTO! ¡HARTO de sus referencias de Gokú, de ratones diabólicos, de piratas con poderes de fruta!
¡Esto no es un manga, ni una serie de Disney, ni el laboratorio de Iron Man!
¡Esto es CIENCIA! ¡CIEN-CIA!
¡Reacciones, moléculas, proporciones, y equilibrio, no kamehamehas ni haki del bajón!
Franco:
(bajito, como si hablara con miedo)
¿Y vos... sos como el villano que explica todo antes de explotar?
Marcos:
(temblando de furia)
¡No soy ningún maldito villano!
¡Soy un químico!
¡Un científico sin título porque la universidad me daba ganas de arrancarme la piel a tiras!
¡Pero eso no me hace menos brillante!
(levanta el vial como si fuera un trofeo)
¡Esto es la culminación de años de prueba, error y soportar a los tres tarados más insoportables del hemisferio sur!
Luis:
(señalando el vial con una sonrisa boba)
¿Y eso se fuma o se inhala con la oreja?
Laly:
(medio ofendida)
No nos hables así, Marcos... somos parte de este proceso creativo, como... como... los colores en un cuadro.
Marcos:
(guardando el vial en una caja metálica con triple cerradura)
Ustedes son manchas de grasa en el marco del cuadro.
Franco:
(mirando la caja con ansiedad)
Dale, aunque sea abrila un toque... la olemos nomás. Prometo no meter la lengua.
Marcos:
(sin mirarlos)
Si alguno de ustedes toca esto, juro por la tabla periódica que lo disuelvo en ácido nítrico y lo guardo en frascos rotulados con faltas de ortografía.
Marcos se para firme, cierra su maletín con precisión quirúrgica, y con una mirada de desprecio metódico empieza a guardar frascos, tubos, apuntes llenos de fórmulas y una foto vieja donde está él con una bata manchada de azul y ojeras del tamaño de Plutón.
Marcos:
(mientras cierra el pestillo del maletín)
Voy a salir.
No para siempre, no tengan esperanzas.
Voy a dejar esto bajo triple candado, con contraseña, alarma y... una trampa de ácido.
(Camina hacia la puerta, se detiene, gira lentamente y lanza una bolsita diminuta con polvo brillante. Cae sobre el sofá como si bajara el maná de los dioses malditos.)
Marcos
(con tono seco):
Tomen.
Péguense el viaje.
Rebótense contra las paredes.
Sean felices. Sean idiotas. Sean lo que ya son.
(Abre la puerta y desaparece entre las sombras del pasillo.)
Franco:
(volando del sofá, grita como si viera oro)
¡¡¡ES EL POLVO SAGRADO DE NARNIAAA!!!
Luis:
(arrojándose de cabeza)
¡¡¡YO VI PRIMERO, HIJO DE LA PANTERA ROSA!!!
Laly:
(le mete un codazo a Franco y le rasguña la bolsita)
¡¡¡ESTO ES MÍO, GUSANO DE LUZ, VOS YA TENÉS LAS PUPILAS AGRANDADAS!!!
Se pelean, se gritan, se pisan. Al final, cada uno se queda con un montoncito diminuto que consumen sin pensar dos veces. Un silencio cae como si el universo dejara de latir por tres segundos. Luego...
Feanco:
(con ojos abiertos como platos y voz de documental)
...acabo de ver el tiempo comerse una naranja.
Y la naranja le pidió permiso.
Laly:
(tocándose la cara lentamente)
Chicos... chicos... me estoy derritiendo, pero... ¡en orden alfabético!
Luis:
(con voz grave y mirada perdida)
Yo... yo soy un mueble. Pero un mueble triste.
Porque nunca me sienten.
Franco:
(se ríe solo, muy bajito)
...¿Y si el piso es en realidad es el cielo, pero muy bajito de autoestima?
Laly:
(completamente ida)
Acabo de recordar todos mis nombres de vidas pasadas.
En el año 3044 me llamaba Fernandito, la toalla mojada.
Luis:
(se sienta sobre el respaldo del sofá como si fuera un trono)
¡Gente del reino del cartón húmedo!
¡Hoy declaro guerra al ventilador por traición al movimiento del aire!
Franco:
(a una cucaracha invisible)
¡No te metas, soldado! ¡Esta no es tu batalla, volvé a tu grieta!
Los tres se quedan mirando hacia distintas esquinas del cuarto, murmurando, cantando cosas inventadas, abrazando sombras, y repitiendo frases sin sentido como si fueran mantras.
Laly:
(desnuda su alma)
...me acabo de casar con una lata de atún.
Luis:
(con voz seria)
Felicitaciones, ¿van a tener sartenes?
Franco:
(mirando al foco de luz)
Che, ¿ustedes también escuchan al sol hablándome en francés?
Los rayos del sol apenas entran por las persianas sucias. En el suelo, hay manchas nuevas sin explicación, una media en el ventilador, y un cartel pintado con témpera que dice: "Ministerio de Locuras Ligeras – Entrada Solo con Calzoncillos".
Los tres siguen en estados semi-catatónicos. Luis está abrazando una silla. Franco intenta hablarle a una pared. Laly se pintó los labios con una salsa vencida.
Suena la puerta. Se abre. Entra Marcos, con un cigarro entre los labios, una bolsa llena de billetes, y la camisa salpicada de gloria económica.
Marcos:
(con una sonrisa cansada y soberbia)
Estoy de vuelta, demonios neuronales.
(Pasa por al lado de ellos como si fueran muebles sucios con voz)
Vendí esa fórmula.
Un tipo del mercado negro la probó con una rata y la rata empezó a hablar portugués antiguo.
Me pagó en efectivo. Me voy a Dubái en una semana.
(Se prende el cigarro con una chispa de su mechero recargado, y exhala el humo como si fuera el final de una guerra.)
Luis:
(con ojos derretidos por el flashback del viaje)
Eh Marquitos... ¿me das un pucho?
(levanta la mano como si invocara una espada mágica)
Marcos:
(saca uno del atado, se lo da a Luis… pero no le da fuego)
Tomá.
Y hacé con él lo que vos quieras.
Luis:
(saca una lapicera mordida, le clava el cigarro y empieza a usarlo como micrófono)
Hola, hola, ¿se escucha? Acá Luis, desde el planeta Taparí, donde el cielo huele a choclo.
Franco:
(levantando la cabeza de una alfombra enrollada)
¡Luís está transmitiendo en vivo! ¡Sáquenle la cámara a Laly, que graba con la nariz!
Laly:
(en cuclillas sobre una caja de cartón)
Yo soy la cámara. Yo soy la película.
¡LUIS, SONRÍE!
Marcos:
(exhalando otra bocanada de humo, les lanza una mirada que mezcla resignación y ternura confundida)
...Dios mío.
(Se sienta en una silla chueca, estira las piernas sobre un balde volcado y mira el techo con una sonrisa medio torcida.)
Laly:
(sin dejar de mirar su reflejo en una cuchara)
Che Marquitos...
¿Por qué no nos echás, en serio?
Somos tres limones sin jugo. No sumamos nada.
Marcos:
(la mira un segundo, luego clava los ojos en la nada)
Porque ustedes...
son mi experimento más largo.
(pausa dramática)
...Y porque nunca tuve amigos.
Nunca fui de los pibes del aula. Nunca me invitaron a los cumples.
La ciencia me fascinaba, pero la escuela me parecía una jaula.
La universidad era una secta de gente que repetía fórmulas sin entenderlas.
Yo quería ver qué pasaba si mezclabas bromo, litio y cafeína con una lágrima de cocodrilo.
(Los tres lo miran, flasheando una historia mística.)
Franco:
(con voz de telenovela)
¿Y qué pasó?
Marcos:
Explotó el inodoro.
Luis:
(llorando de la risa)
¡ESE ES MI CIENTÍFICO!
Laly:
(acercándose a abrazarlo mientras huele a trapo mojado)
Yo te banco, Marquitos.
Sos como… el Profesor X, pero sin escuela, sin poderes y con olor a cloro podrido.
Franco:
(desde el piso)
¡Somos tu X-Men, pero drogados y con sarna!
Marcos:
(mirándolos, con una media sonrisa derrotada)
Sí...
Ustedes son mi fracaso favorito.
(Y prende otro cigarro mientras los tres se abrazan a su manera: uno le chupa el codo, el otro le acomoda el pelo, y la última le dibuja una corona con ketchup en la frente.)
La habitación sigue siendo un pozo, pero ahora está vacía. Latas, envoltorios, un peluche sin cabeza y un maniquí desnudo de fondo. Entran los tres zombis de siempre, tambaleando entre risas, y Marcos detrás con una bolsa de consorcio.
Marcos:
— ¡Vamos, parásitos cerebrales! ¡Muevan el orto, que tengo una sorpresa!
Franco:
— ¿Es una jirafa? Decime que es una jirafa.
Luis:
— ¡O un horno que canta!
Laly:
— Yo quiero un lavarropas que me haga masajes.
Marcos:
(rodando los ojos)
— No. Es una habitación.
(Abre una puerta al costado y deja pasar a los tres. Entramos a un nuevo cuarto: los sillones son del 2007 pero no están rotos, hay una mesa sin moho, una tele sin señal pero limpia, una lámpara de lava sin lava y una ventana con vista a una pared grafiteada con la frase "No hay salida pero hay wifi".)
Luis:
(corriendo y tirándose de panza sobre el sillón)
— ¡ESTO ES UN HOTEL CINCO MISERIAS!
Franco:
(acariciando la mesa)
— ¡TÁCTIL! ¡Madera con textura! ¡NO CORTA!
Laly:
(mirando a Marcos, cruzada de brazos)
— Pará un poco...
¿No ibas a irte a Dubái con la guita esa?
Marcos:
(sacándose la campera como si bajara de una limusina imaginaria)
— Pude haberme ido.
Ya tenía el vuelo reservado, el departamento con pileta, y hasta una cita con una mina que se llamaba Naíma y hablaba cinco idiomas...
Pero me bajé del taxi.
(Los tres lo miran con ojos de "acá viene el momento telenovela otra vez")
Marcos:
— Porque me di cuenta que no necesito Dubai.
Lo que necesito... es saber qué pasa si les doy cafeína pura a ustedes tres después de meterlos en una bañera con helado de yerba mate.
(sonríe como un científico loco resignado)
Y, de paso, ustedes me hacen sentir... acompañado.
Idiotas, pero míos.
Franco:
(llorando con un pañuelo hecho de papel higiénico usado)
— ¡Marquitos! ¡Vos sos como un Piccolo mezclado con el Doctor House y un mecánico de Quilmes!
Luis:
(sentado al revés en una silla como si fuera un instructor de parkour)
— Yo sabía que nos querías. Por eso me tatué tu nombre en la espalda con una lapicera azul.
Laly:
(se tira en el sillón con las piernas para arriba)
— ¿Y qué es lo nuevo, Doc? ¿Qué vamos a mezclar hoy? ¿Yogur con nafta? ¿Plutonio con soda?
Marcos:
(saca una libreta llena de fórmulas y garabatos de penes y gatos dibujados por Franco)
— Hoy... vamos a trabajar con algo más elegante.
Tengo un derivado de disprosio y flúor, que al mezclarse con partículas de nitrógeno atrapado en espumas orgánicas genera una expansión molecular...
...y ustedes van a estar presentes.
No tocando, ni lamiendo, ni metiendo dedos. Solo mirando.
Franco:
— ¡Yo miro con los dedos!
Luis:
— ¡Yo huelo con los ojos!
Laly:
— ¡Y yo escucho con la lengua!
Marcos:
(mirándolos con esa mezcla de amor frustrado y resignación científica)
— Bienvenidos al laboratorio de los condenados.
(Se sienta, abre la libreta, saca unos tubos de ensayo y empieza a trabajar mientras ellos bailan, se empujan, se sientan mal en los sillones y discuten si Mickey Mouse puede vencer a Thanos si se droga con kriptonita líquida.)
Luis, Franco y Laly avanzan tambaleando como si fueran parte de una banda sin rumbo. Las calles son angostas, el sol pega fuerte, y los perros callejeros los miran con desconfianza.
Franco:
(con una caja vacía de vino en la cabeza)
¿Y si el vino lo están escondiendo bajo tierra como el oro de los nazis?
Laly:
(masticando un caramelo viejo que encontró en el piso)
Callate, que me estoy concentrando… estoy oliendo con la mente. Acá cerca hay tinto barato, lo juro por mi hígado.
Luis:
(parando en seco)
Che, ¿no íbamos por cigarrillos?
Franco:
¿Eh? ¿Qué?
Laly:
Cigarrillos… eso lo pidió Marcos, ¿no?
Franco:
¡Pero también dijo que si encontrábamos vino, era señal divina! Yo lo escuché clarito entre los borboteos del tubo ese azul.
Luis:
Sí, sí, el tubo le dijo: “andá por vino y volvé hecho un pelotudo”.
Laly:
(riendo como una foca fumada)
¡Misión aceptada!
[Llegan al kiosco]
El kiosco es un lugar angosto, con rejas, ventilador de techo sin hélices, y olor a poxi ran vencido. El kiosquero, un tipo de unos 60 años con la cara derretida por el calor y la vida, los mira con desconfianza.
Kiosquero:
¿Qué quieren?
Franco:
¿Usted vende vino que no se transforma en gas lacrimógeno al tomarlo?
Kiosquero:
¿Vos qué decís, nene?
Luis:
¡Y si tiene burbujas sin ser champán, es trampa!
Laly:
(mirando el ventilador sin aspas)
Señor... ese ventilador me está amenazando.
Kiosquero:
(resignado)
¿Van a comprar algo o están practicando para el psiquiátrico?
Franco:
Deme... tres botellas de vino o un boleto a otra dimensión, lo que salga más barato.
Kiosquero:
(ya sin paciencia)
¡Fuera de acá, drogadictos! ¡Vayan a joder a otro lado!
Luis:
(mientras retroceden)
Che… ¿y los cigarrillos?
Franco y Laly (al mismo tiempo):
¿Qué cigarrillos?
Los tres siguen caminando sin rumbo claro, sudando, re locos y cada vez más convencidos de que su misión es algo entre una profecía bíblica y un juego de mesa mal explicado.
Luis:
Pará… pará… ¿qué era lo que teníamos que comprar?
Franco:
Era un paquete de cigarrillos o… o…
Laly:
Un colisionador de drones, boludo.
Luis:
¡Eso! Uno de esos que te hacen levitar los pulmones.
Franco:
Marcos fue clarito. Dijo: “traigan cigarrillos o reescriban la física cuántica con una birome y una tapita de yogur”.
Laly:
(apunta a una alcantarilla)
¡Ahí abajo seguro hay drones! ¡Los esconden los topos rusos!
Luis:
No me gustan los topos… tienen manos raras. Me miran mal con el alma.
[Vuelven a aparecer frente al kiosco sin darse cuenta]
Franco:
Che… ¿este lugar no me suena?
Laly:
No sé, pero tiene olor a pan mojado.
Luis:
(gritando al kiosquero)
¡¿Tenés colisionadores de drones, maestro?!
Kiosquero (desde adentro):
¡La puta madre! ¡Otra vez ustedes NO!
Franco:
(a Laly, en secreto)
¿Nos está confundiendo?
Laly:
Yo diría que sí… nunca vi a ese tipo en mi vida.
Marcos está con la bata puesta, anotando fórmulas raras en la pared con carbón y una expresión mezcla de estrés crónico y odio a la existencia.
Los tres entran, felices, como si hubieran regresado de una expedición al Everest.
Luis:
¡Volvimos!
Franco:
¡Y trajimos TODO lo que pediste!
Marcos:
(sin levantar la mirada):
¿Los cigarrillos?
Laly:
(pone una esponja mojada sobre la mesa)
¡Esto absorbe el humo, es lo mismo!
Franco:
Yo conseguí Tang de durazno, pero se me cayó media bolsita, así que ahora es Tang light.
Luis:
Y yo traje… (levanta una lata de Fanta vacía)
…esta reliquia de aluminio que vibra si le hablás en francés.
Marcos:
(los mira, en silencio, los tres lo miran con sonrisas pelotudas)
Marcos:
(suspira profundo)
Tres idiotas. Tres inútiles. Tres agujeros negros de materia gris.
(se pasa la mano por la cara)
¿¡Saben qué les pedí!? ¡Cigarrillos! ¡Un puto paquete de cigarrillos, no la basura de un museo de indigentes interdimensionales!
Franco:
Pero… ¿no dijiste “consíganme lo más cercano a un milagro o a un ritual chamánico”?
Laly:
Eso dijiste. Lo juro por mi esponja.
Luis
(acariciando la lata vacía):
Shh… ella escucha todo.
Marcos
(gritando al cielo):
¡¿Por qué no me hice repostero?! ¡¿Por qué?! Al menos los bizcochuelos no hablan…
Marcos está poniéndose una campera mientras anota mentalmente lo que necesita.
Marcos:
Voy a comprar los malditos cigarrillos. No toquen nada. ¿Me escucharon?
Franco:
Sí, sí. Nada de tocar.
Luis:
Solo mirar.
Laly:
O… oler.
Marcos:
(los señala uno por uno)
Ni mirar, ni oler, ni respirar cerca de mis fórmulas. ¿Estamos?
Los tres (al unísono):
¡Sí, señor ciencia!
Marcos se va, cierra la puerta.
Los tres se miran. Franco levanta una probeta con un líquido verde fluorescente.
Franco:
¿Y si lo miramos sin que nos vea?
Luis:
Yo digo que si no lo tocamos con las manos, no cuenta.
Laly:
¡Miren este frasquito! ¡Dice “N4-Metilo-Tetraclorocrazy”!
Luis:
(huele el frasco y tose)
¡Huele a pie de Pikachu con dengue!
Franco:
¡Oh, este botón rojo brilla! ¿Lo aprieto?
Laly y Luis:
¡Sí!
(lo aprieta – suena un zumbido grave y se apagan
dos luces del techo)
Luis:
Capaz abriste un portal.
Laly:
O le cambiaste el idioma al laboratorio.
Marcos está saliendo del kiosco con los cigarrillos.
Marcos
(fumando):
Al fin, carajo… Un momento de paz. Ni un grito, ni una explosión…
(se congela)
...
(abre los ojos como plato)
NOOO… ¡Los dejé solos!
Los tres están cubiertos de polvo blanco, uno con gafas de laboratorio, otro con una bata, y Laly con guantes de cocina.
Franco:
¡Soy el Capitán Reacción!
Luis:
¡Y yo soy su fiel asistente, Fase Gaseosa!
Laly:
¡Vamos a hacer la cura para que los gatos hablen ruso!
(se escucha una pequeña explosión de fondo y una llama azul sale de un frasco)
Marcos
(gritando desde la puerta):
¡¿QUÉ MIERDA HICIERON?!
Los tres lo miran como si nada.
Franco:
(con voz tranquila):
Estábamos reordenando tus ideas…
Luis:
Sí, hicimos alquimia terapéutica.
Laly:
Le dimos cariño a tus frascos, estaban tristes.
Marcos
(desesperado):
¡La solución azul estaba en fase de reposo! ¡¿Quién mezcló el componente V con el isótopo líquido de niquelio oxidado en fase gamma?!
Franco
(señalando a Laly):
¡Ella!
Laly:
¡Mentira! Fue Luis.
Luis
(comiéndose una galleta de la mesa):
Yo solo toqué lo que brillaba…
Marcos
(revolviendo el maletín, viendo todo revuelto):
Me voy cinco minutos y transforman mi trabajo de años en una secuela de "Los Teletubbies al
Infierno". ¡Son tres parásitos con patas!
Franco
(señalando una mezcla burbujeante):
Pero mirá eso, bro. ¡Eso está vivo!
Luis:
Le pusimos nombre. Se llama Guille.
Luego de una hora de gritos, puteadas, limpieza forzada y control de daños, Marcos terminó de ordenar todo el desastre que dejaron los tres.
Marcos:
(suspira, agotado)
Listo… si no muero de un derrame cerebral antes de los 40, va a ser un milagro.
Marcos:
(a Franco y Luis, que siguen con cara de bobo)
Ustedes dos… a mirar eso.
Señala el clásico pajarito que sube y baja tomando agua, que hace tic-tic con cada movimiento.
Franco:
(fascinado)
¡Bro! ¿Está vivo?
Luis:
(mirando al pajarito con respeto)
Para mí es un Jedi disfrazado. Esa gota de agua es su sable láser.
Franco:
¿Creés que si lo besamos nos da poderes?
Luis:
Probemos de a uno, así no lo aturdimos.
Marcos:
(interrumpiendo)
¡Ni se les ocurra chupar el pajarito, imbéciles!
Laly está boca abajo, patas colgando, la cabeza torcida, mirando fijamente la pizarra llena de fórmulas químicas y cálculos complejos. Marcos, ya más tranquilo, la observa de reojo.
Laly:
(frunciendo el ceño)
Che, ¿no te olvidaste el coeficiente de difusión en la reacción de transposición al lado del ion fosfato...?
(pausa)
¿No sería… 0.37 por mol cúbico...?
(silencio pesado)
Marcos:
(se gira despacio, sin creérselo)
...¿Qué?
Laly:
(rascándose la nariz)
Onda... ¿eso no era lo que le daba la estabilidad al isótopo ese loco que tenés dibujado ahí?
Franco:
(desde el fondo)
¡Mentira! Laly sólo sabe calcular cuántos panchos entran en un pote de shampoo.
Luis:
¡Y ni siquiera le sale bien!
Marcos:
(se le acerca a Laly, intrigado):
¿Vos… entendés lo que anoté?
Laly
(encogiéndose de hombros):
No todo, pero… cuando hablás, yo escucho. Algunas cosas me suenan… como si me entraran derechito, ¿viste? Tipo… sin pasar por la idiotez.
Marcos
(con expresión entre asombro y ternura reprimida):
Laly… vos… vos no sos una idiota.
Laly:
(con cara de colgada)
Nah… soy re idiota. Pero eso no me impide entenderte a veces, ¿no?
(Marcos queda boquiabierto, sintiendo por un segundo que había una mente brillante ahí adentro)
Laly
(se levanta del sillón de golpe)
¡Ey, pará! ¡Soñé que era un microbio y bailaba reggaetón adentro de una papaya gigante!
Franco:
¡Yo también soñé con frutas! ¡Pero eran nazis!
Luis:
¡Yo soñé que me comía una tortuga ninja y era de banana!
Marcos
(volviendo a su expresión habitual de resignación)
Ahí está… volvió la programación habitual.
(enciende un cigarro y se lo lleva a la boca con el alma rota)
[Golpes secos en la puerta. Tres toques fuertes. Todos se quedan en silencio por un segundo.]
Laly:
(corriendo hacia la puerta, con una media en la cabeza y un tenedor en la mano)
¡YA VAAAA
(abre la puerta de golpe y se queda mirando a dos tipos de traje y cara de pocos amigos)
Hola, sí, Dominos Pizza... nos quedamos sin res de carne para combustible de avión, ¿quieren muzzarella con cloro o con galletitas húmedas?
[Los hombres se miran entre sí, confundidos. Laly los saluda haciendo una bienvenida militar.]
Marcos:
(aparece de repente con una bata blanca toda manchada de químicos y una carpeta en la mano)
¡Buenas, oficiales! Disculpen a mi... asistente clínica, está en una fase experimental. ¿En qué puedo ayudarlos?
Oficial 1:
(mirando hacia adentro, desconfiado)
Tuvimos reportes de olores extraños y actividad sospechosa. ¿Puedo saber qué están haciendo aquí?
Franco:
(aparece detrás con una caja de cereales en la cabeza)
¡Estamos viajando en el tiempo, señor! ¡Buscando el shampoo sagrado!
Luis:
(asoma por el costado con los ojos rojos y un embudo en la boca)
Yo soy el embajador de Júpiter. ¡Exijo respeto diplomático!
[Marcos se mete rápido entre ellos, bloqueando la vista del interior.]
Marcos:
(con una risa nerviosa)
¡Ensayo clínico con pacientes voluntarios! Proyecto... Neuroplasticidad Estimulada por Desorden Controlado. Tengo todos los papeles, pero no los imprimí, por el medio ambiente, usted sabe.
Oficial 2:
(mirando a Luis, que ahora se golpea con una tabla de planchar)
¿Y eso?
Marcos:
Estimulación cognitiva. Es parte del protocolo.
(tose, incómodo)
La ONU está enterada.
[Los oficiales se miran. Uno saca una libreta, el otro solo resopla cansado.]
Oficial 1:
(cerrando la libreta)
Mire… sinceramente, no sé qué carajo hacen acá, pero parecen más un experimento fallido que una red narco. No tenemos pruebas, así que… mantengan bajo el volumen y ventilen el lugar.
Laly:
(saludando con la mano)
¡Gracias por su visita a Dominos Pizza, vuelva pronto con su ticket!
[Los oficiales se van. Marcos cierra la puerta despacio, apoyándose contra ella con una expresión de horror contenido.]
Marcos:
(murmurando entre dientes)
Tres idiotas, un laboratorio y ahora encima agentes federales… estoy condenado.
Franco:
(tirado en el piso, usando una caja vacía de fideos como gorra)
¿Ya se fueron los supervillanos?
Luis:
(mirando por la cerradura)
Creo que uno de ellos era Magneto...
...pero sin casco.
Marcos está sentado en su escritorio, anotando fórmulas con una lapicera mordida. Los tres están tirados por la habitación: Laly colgada del respaldo del sillón como un murciélago, Franco tratando de meterle una media al ventilador, y Luis hablando con una cuchara.
Marcos:
(levantando la vista con desconfianza)
Hace días que están… raramente tranquilos. Osea, siguen siendo idiotas, pero no están explotando cosas. Me preocupa.
(Luis se rasca la cabeza con una pinza de depilar mientras le canta a la cuchara.)
Marcos:
(se acerca con un frasquito en la mano)
Luis, vení. Quiero que pruebes una nueva microdosis. Tranquilo, no arde, no pica, no te hace hablar en coreano… creo.
Luis:
(se levanta y se toma el líquido sin preguntar)
¿Esto tiene gusto a moneda de dos pesos?
(Diez segundos después, Luis se acomoda, se sienta bien derecho en una silla, cruza las piernas y empieza a leer un libro de física que estaba usando como bandeja para papas fritas.)
Marcos:
(mirándolo fijo)
¿Funciona? No sé si está sobrio o si siempre fue así y yo era el drogado…
Laly:
(colgando del sillón, con los ojos medio cerrados)
Es que… sí funciona, Marcos. Nosotros estamos drogados desde antes. Osea… esto es nuestro estado natural. Si funcionara mal, estaría haciendo flexiones en calzones o gritando que es un cactus, como el martes pasado.
Franco:
(trepado a la heladera con un casco hecho de pelapapas)
Claro, bro. Si está normal, es porque está al revés del reverso. Como el efecto espejo con mermelada.
Marcos:
(confundido y frustrado)
Entonces... ¿la droga que debería volver a alguien normal solo lo deja igual de pelotudo pero más ordenado?
Laly:
(asintiendo desde el sillón)Exacto. Es como tener un desorden… pero con turnos.
Luis:
(pasando la página)
¿Sabían que si un electrón se escapa puede ser adoptado por una molécula soltera?
Franco:
(Franco aplaude emocionado mientras le grita al ventilador.)
¡LUIS ESTÁ DE VUELTA, CHICOS! ¡LO PERDIMOS, PERO VOLVIÓ MÁS ESTÚPIDO Y CIENTÍFICO QUE
NUNCA!
Marcos:
(apoyando la cabeza en la mesa)
Estoy rodeado de milagros inversos.
(Laly se despereza, se sienta bien por primera vez en hora