Ark: La Aventura de Carlos y sus Amigos.

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Summary

Carlos el protagonista y su grupo de amigos despiertan en el mundo de Ark,en el mapa de The Island,sin saber cómo ni por qué están ahí,y tendrán que sobrevivir al peligro del mapa y buscar una forma de salir de ese mundo.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo y Capítulo 1

Prólogo: Despertar


El sonido de las olas rompiendo suavemente contra la orilla fue lo primero que escuché. Luego, una punzada aguda en la nuca, como si me hubieran arrancado de un sueño forzado. Abrí los ojos lentamente, cegado por el sol ardiente. La arena estaba caliente bajo mi cuerpo, y el sabor salado del aire llenaba mis pulmones.


No recordaba nada.


Me incorporé con esfuerzo, sintiendo la piel pegajosa por el sudor. Mi brazo izquierdo dolía. Al mirar, lo vi: un extraño implante metálico incrustado cerca de la muñeca. Brillaba tenuemente, pulsando con una luz azul. No era tecnología humana. No… no de la que conocía.


Giré la cabeza y vi cuerpos moviéndose. Ocho personas más yacían en la playa, algunos ya comenzaban a despertarse. Reconocí sus rostros de inmediato: Vanessa, mi novia, aún inconsciente; Bryan y Zair tosiendo mientras se levantaban con dificultad; Nicoli y Ángel intentando entender qué pasaba. Jared, a unos metros de mí, se miraba el brazo con expresión tensa. Adiel y Ulises estaban de pie, visiblemente desorientados, mirando el vasto horizonte.


—Carlos… —dijo Jared, su voz ronca—. Esto… esto es Ark.


Lo miré en silencio por unos segundos. El implante. El paisaje. Las criaturas a lo lejos, moviéndose entre los árboles. Un mundo donde la supervivencia lo es todo.


—Sí… —respondí, poniéndome de pie lentamente—. Pero esta vez no es un juego.


Me volví hacia los demás, que ahora me miraban buscando respuestas. Sentí el peso de la responsabilidad clavarse en mi pecho, como una lanza invisible. Si íbamos a sobrevivir… alguien tenía que liderar.

Y yo ya había tomado mi decisión.


Capítulo 1: Instinto de Supervivencia


El calor era implacable. Nuestros cuerpos estaban expuestos al sol, cubiertos solo por la piel y el polvo de la arena. No teníamos comida, no teníamos agua, no teníamos ropa. Solo el implante brillando en nuestros brazos… y la sensación creciente de que algo nos observaba desde el bosque cercano.


—Tenemos que movernos —dije—. Lo primero es lo básico: ropa y herramientas.


Jared asintió, ya arrancando fibra de unas plantas cercanas. Yo comencé a explicar lo que recordaba del juego, ahora convertido en realidad.


—Recolecten fibra de estas plantas. Busquen piedras pequeñas en el suelo, y golpéenlas con el puño o con una rama para obtener sílex. Vamos a necesitarlo para las herramientas. Y cuidado con los dilos… si los ven, corran o griten. No intenten pelear todavía.


Los demás obedecieron sin rechistar. Se notaba en sus ojos: miedo, confusión, pero también confianza. En mí. En Jared. Por ahora, eso bastaba.


Mientras todos buscaban materiales, le eché un vistazo rápido a la zona. Estábamos en una playa extensa, flanqueada por un acantilado al oeste y una espesa selva al este. A lo lejos, vi un parasaurio bebiendo agua en la orilla. Tranquilo. Aún no éramos una amenaza.


En menos de una hora, todos teníamos ropa básica hecha de fibra, y algunos ya cargaban sus primeras herramientas: picos y hachas improvisadas. El progreso era lento, pero se sentía bien. Real. Tangible.


—Necesitamos un lugar para establecernos —dije—. No podemos quedarnos aquí. En cuanto oscurezca, estaremos jodidos si no tenemos un refugio.

—¿Qué buscas en un buen spot? —preguntó Nicoli, limpiando el sudor de su frente.

—Agua cerca, buena visibilidad, recursos accesibles y un terreno alto si es posible. Vamos a necesitar defensas.


Comenzamos a caminar por la costa, en dirección norte. Jared y yo íbamos al frente, atentos a cualquier movimiento sospechoso. Nos cruzamos con unos dodos —tranquilos, fáciles de cazar— y con un par de trilobites. Buenas fuentes de quitina y aceite, pero ahora no era prioridad.


Después de unos veinte minutos de exploración, lo encontramos: una pequeña meseta elevada, rodeada de rocas y con vista al mar. Tenía acceso a un arroyo cercano, árboles, piedra, metal e incluso algunas criaturas dóciles pastando cerca. Era perfecto.


—Este es el lugar —afirmé, clavando el pico en el suelo.


—¿Lo llamamos base? —preguntó Bryan, sonriendo por primera vez desde que despertamos.


—No. Lo llamamos “hogar”. Por ahora.


Todos empezaron a trabajar. Recolectar madera, piedra, paja. Construir fundaciones, paredes de paja, cofres, fogatas. Era primitivo, rudimentario… pero era nuestro. Y sería solo el inicio.


Desde lo alto de la colina, miré el horizonte.


No sabía quién nos había traído aquí, ni por qué. Pero sabía una cosa: no íbamos a morir como presas.


Iba a convertir a este grupo en un clan. Y a este infierno… en nuestro territorio.

To Be Continued...