Prólogo
Antes del tiempo como lo conocemos, antes de que el cielo sangrara ceniza y el suelo pariera ruinas… hubo un susurro.
Un eco que nació de la traición, del miedo, y de la magia desbordada.
Y aunque el mundo intentó callarlo, ese susurro nunca murió. Solo esperó…
🜃🜄🜂🜁
Hace siglos, los tres reinos —el Bosque Sombrío, los Páramos de Sal y las Ruinas Rojas— ardieron en una guerra tan salvaje que hasta los dioses apartaron la mirada. Faes, Criaturas magicas, humanos… todos se desangraron por el control de una magia que nunca les perteneció del todo.
Cuando las últimas estrellas cayeron del firmamento, los supervivientes hicieron lo impensable: sellaron la magia misma. Fragmentaron sus fuentes, la maldijeron, y juraron nunca volver a tocarla.
Pero de todo juramento nace de una mentira.
Y de toda mentira, con el tiempo, exige un precio.
Ahora, siglos después, algo está despertando entre los restos calcinados de aquella guerra. El Vacío —una entidad antigua, anterior a los nombres y a los límites— comienza a agrietar el tejido del mundo desde lo más profundo de las Ruinas Rojas. No tiene rostro, pero lo oyes cuando odias. No tiene cuerpo, pero lo sientes cuando callas lo que duele. Se alimenta de lo que no se dice.
Si despierta por completo, devorará los reinos...o lo que de ellos.
No con fuego.
Sino con olvido.
Y aún así… hay una esperanza.
Naevira, nacida entre dos mundos —mitad fae, mitad humana— carga en su sangre los ecos de un linaje maldito. Ella no eligió ser la clave, ni pidió ser el recipiente del Silencio Ancestral. Pero el destino rara vez pregunta.
Zarick, Faerie marcado por un poder que no comprende, puede ver las grietas en la realidad. Su don es una maldición heredada… y una pista hacia lo imposible.
Ambos comparten un vínculo roto hace siglos. Un Juramento de Cenizas hecho por sus ancestros para sellar el Vacío… y traicionado antes de completarse.
Ahora, el pacto ha despertado con ellos.
No pueden romperlo.
Solo reescribirlo.
Juntos.
Aunque se odien.
Aunque sangren.
Aunque deban perderse en el intento.
Porque hay susurros que nadie escucha.
Magias que nadie ve.
Y promesas que solo pueden cumplirse con fuego…
…o con amor.