Capítulo 1
Querido Diario:
El verano comenzó con un regalo especial de mi papá: un cuaderno. Lo compró en la ciudad más cercana, y decidí que sería mi diario personal para contar mi historia. Hoy, por ejemplo, viví algo inusual.
La mañana comenzó como siempre al despertar se asomaba el radiante sol de la mañana y el olor a salitre se colaba por mi nariz, picándome un poco, me cambie para ayudar en la pescadería que dirige mi papá, mi trabajo es entregar las órdenes que habían realizado previamente, mí socia en esta tarea es Pegaso, mi fiel bicicleta blanca, un regalo de cumpleaños de cuando cumplí ocho y que todavía aguanta mis carreras por la arena.
Mientras tanto mi Papá con sus trabajadores se hacen a la mar antes de que abra la pescadería, el cargamento que mi padre consigue se reparte en dos partes una para la gran ciudad y la otra para venderla en la pescadería.
Aunque vivimos a la orilla del mar, este no es un lugar turístico. Por eso, al regresar de mis entregas, me sorprendió ver que habían terminado una casa en la zona más exclusiva de la playa. Aquí, la mayoría de las construcciones quedan inconclusas o solo se usan para veraneo. Estamos casi al final del verano, y las clases comenzarán pronto. Me pregunto si quienes se mudaron harán su vida aquí de verdad.
Los camiones de mudanza se acercaban a la nueva casa, lo que confirmaba mis sospechas. Me entusiasma la idea de tener nuevos vecinos. No quiero ser prejuicioso y pensar que por ser ricos serán malas personas, todos los veranos los ricos que llegan siempre son déspotas con la gente que vive aquí, a pesar de que llegan poco tiempo siempre vienen a denigrar a la gente; esperaré a ver qué pasa en estos días.
Mientras admiraba la casa —que no me parecía tan grande, con una elegante puerta beige y un amplio patio de arena blanca—, un auto deportivo azul claro con matrícula MTY_IY2553A apareció de repente. Me quité del camino rápidamente, pero me caí y me raspé las rodillas. Solo observé cómo el auto se alejaba, dejándome tirado. Con enfado me levante un poco de adolorido, me sacudí y seguí mi camino.
(Como se atreve a pasar así y no fijarse bien en el camino que es corto, de seguro es de los que se creen mucho con ese auto y pueden pasar sobre la ley.)
Al llegar a la pescadería, mi papá me esperaba en el garaje del negocio. Me dijo que habían recibido un pedido grande de último minuto de la casa nueva (¡justo la que había estado mirando!). La cantidad era tal que no cabía en mi bicicleta, así que tendría que ir en el auto.
Cuando llegué a la casa, toqué el timbre. — ¿Quién es? —preguntó una voz. Me identifiqué y me abrieron. El patio era grande, cubierto de arena, pero al acercarme vi que también tenía un tipo de asfalto blanco. Conduje hasta donde me esperaban.
Un chico, de tez blanca, cabello castaño y parecía de mi edad, vestido elegantemente, me recibió y me indicó dónde poner el pescado. (Al conocerlo me dio curiosidad el motivo de que me recibiera vestido de esa manera, ¿Quién era él? ¿Sera acaso hijo de los dueños?)
Un par de trabajadores salieron a ayudarme con las cajas de pescado. No intercambiamos ni una palabra más. Me subí al auto y me fui de allí lo más rápido que pude, con una extraña mezcla de ansiedad y resentimiento revolviéndome el estómago. Estaba ansioso por mi carta de la Preparatoria Ocelote, una institución de élite que ofrece beca completa a estudiantes de bajos recursos como yo. Solicité la beca hace tiempo, pero aún no tenía respuesta. Como dicen, la esperanza es lo último que muere, así que sigo esperando con ganas.
Regrese a la pescadería para cubrir a mi papá en lo que el volvía rápido a pescar de nuevo. Todos los peses del día se habían ido en esa entrega, por lo que tenía que esperar a que no viniera gente.
El tiempo pasó como un suspiro, mi padre llego derrotado, a esa hora ya no habían peces que cazar, por lo que cerramos la pescadería más temprano de lo habitual, al regresar a mi casa mi mamá nos esperaba con la comida lista, cuando termine de comer mi mamá con cara seria me dijo que tenía algo que hablar conmigo seriamente, por lo que nos fuimos al despacho que mi papa tiene en la casa para platicar a gusto.
Me extendió un sobre negro ya abierto, con una cara difícil de descifrar por parte de mi madre, abrí el sobre completamente negro, ¡Era la carta que estaba esperando! Sin perder el tiempo mi vista se fijó en las letras grandes ¡Me habían aceptado!, por lo que la cara de mi mama era para que no me enterara, cambio a una cara de orgullo, nos abrazamos y saltamos de felicidad, ¡Lo había, logrado!
Sin esperar tiempo corrí a enseñe a mi papa la carta me abrazo con frenesí, “todos se tiene que enterar que mi hijo es el mejor” por lo que nos alistamos y salimos esa noche a festejar en un pequeño restaurante administrado por mi tía.
Llegamos al restaurante y mi tía nos recibió con un beso a todos y nos pidió que nos sentáramos en la mesa que ella llamaba vip cerca de la cocina, cuando se desocupo le contamos a mi tía que había logrado entrar a la preparatoria, su cara se llenó de alegría y me abrazo, un enorme abrazo de oso. De regalo me obsequio mi postre favorito para llevar, la velada continuo llena de alegría y celebración, comimos como reyes y mi tía les ofreció en mi honor champaña a mis padres, quienes aceptaron una copa y enardecidos me gritaban felicitaciones y cumplidos, debo admitir que este es un día lleno de alegría y felicidad.
Después de la emoción de recibir la carta, en la cama leí más detenidamente su contenido donde explicaba las fechas de entrega de documentos, uniforme e identificación, como acotación venia que si terminaba la preparatoria tenia pase directo a su universidad, junto a demás detalles de importancia.
Las clases comienzan en tres semanas, por lo que tengo que prepararme para comenzar las clases.
