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"De la princesa Visenya Velaryon, cuya existencia se quiso borrar de tapices, cantares y aΓΊn de las memorias de la corta, apenas quedan rescoldos. El rey Aegon II, tras la larga y cruenta Danza, dispuso que su nombre fuese proscrito: quemΓ³ crΓ³nicas, silenciΓ³ testigos, y condenΓ³ a los bardos a la horca por componer versos que la mencionaran. No obstante, algunas pocas cartas veladas, diarios personales y testimonios de ancianos septones sobrevivieron al furor del rey usurpador.
De tales migajas compuse esta humilde semblanza, con la esperanza de que la historia no pierda para siempre el eco de aquella joven cuya vida fue fuego y sombra por igual."
βMaestre Altherion
AΓO 129 AC - La corte ardΓa en rumores
Dicen que fue en el decimosegundo dΓa del dΓ©cimo mes del aΓ±o 129 despuΓ©s de la Conquista, cuando las paredes de la Fortaleza Roja parecieron respirar con un calor distinto. Algunos cronistas susurraron que aquel invierno fue especialmente cruel, y que sin embargo, dentro del salΓ³n del trono, se alzaba una tensiΓ³n abrasadora que nada tenΓa que ver con el clima.
AllΓ, entre columnas de mΓ‘rmol y tapices que narraban las glorias de Aegon el Conquistador, se vieron por ΓΊltima vez juntos al rey Aegon II Targaryen y a la princesa Visenya Velaryon. El joven rey -ya ceΓ±ido con la corona de su madre, la difunta reina Alicent, tras la muerte del viejo Viserys- observaba con sus ojos pΓ‘lidos, casi translΓΊcidos, el porte de Visenya.
Ella se mantenΓa erguida, con la barbilla alzada y los labios curvados en un gesto que algunos llamaron desdΓ©n, otros simple coraje. VestΓa de negro y rojo, los colores de la casa Targaryen, pero su manto era azul marino, ornado con un sutil patrΓ³n de hipocampos, recuerdo inevitable de su linaje Velaryon. Su cabello castaΓ±o oscuro caΓa en ondas sobre los hombros, y sus ojos, profundos y marrones, no rehuΓan el fulgor casi febril del rey.
Aquella vez no hubo gritos ni amenazas abiertas. Fue un diΓ‘logo murmurante, cargado de veneno, que dejΓ³ a los sirvientes tensos y a los guardias de la puerta intercambiando miradas nerviosas. Solo despuΓ©s, en las cocinas y en los patios de entrenamiento, se atrevieron a repetir lo poco que escucharon:
"Eres tan orgullosa, Visenya... ΒΏde verdad crees que puedes alzarte contra mΓ sin pagar el precio?"
"Y tu tan necio, Aegon, ΒΏQue piensas que el miedo basta para doblegar corazones? Puedes tener el trono, pero no tendrΓ‘s la lealtad que deseas. Ni la mΓa."
Tras ese encuentro, comenzaron a circular Γ³rdenes para borrar su nombre de los registros, de los libros de linajes, de las canciones. Fue como si Aegon temiera que la sola menciΓ³n de Visenya pudiera encender brasas aΓΊn vivas bajo su trono reciΓ©n asegurado.
Aunque, eso no fue lo que realmente sucedio
AΓO 114 AC - El nacimiento de una estrella dΓscola
Visenya Velaryon naciΓ³ en el aΓ±o 114 AC, el primer retoΓ±o de la princesa Rhaenyra Targaryen y el caballero Laenor Velaryon. Algunos textos posteriores la llamarΓan La Llama Gris, por el peculiar contraste de su sangre: el ardor de los dragones por vΓa de su madre, mezclado con la templanza marina de los Velaryon.
Su llegada fue motivo de festejo en Driftmark y en RocadragΓ³n. El maestre Mellos escribiΓ³ en un pergamino casi ilegible:
"Ha nacido otra joya para el linaje del dragΓ³n. Tiene cabellos castaΓ±os oscuros, ojos profundos como la miel oscura, y llora con vigor. Su madre sonrΓe exhausta. Su padre brinda con vino del Rejo."
No obstante, pronto se alzaron las murmuraciones. Al igual que sus hermanos menores, Visenya mostraba rasgos mΓ‘s propios de un Strong que de un Velaryon. Mas la princesa Rhaenyra se mostrΓ³ impasible ante tales habladurΓas. A menudo se paseaba por los jardines del castillo con su hija en brazos, como desafiando a todos a que pusieran en duda la legitimidad de su sangre.
Se dice que desde muy pequeΓ±a, Visenya comprendΓa mΓ‘s de lo que aparentaba. Era una niΓ±a de mirada grave, que escuchaba con atenciΓ³n las conversaciones de los seΓ±ores y las discusiones acaloradas entre su madre y sus consejeros.
A diferencia de otras doncellas nobles, no se complacΓa en bordar cojines ni en el canto del septΓ³n. PreferΓa recorrer los pasillos de Desembarco del Rey, asomarse a las murallas para observar el mar rompiente, o seguir a su hermano Jacaerys cuando practicaba con espada de madera.
Un escudero de Lord Corlys Velaryon -cuyo joven habΓa crecido junto a los prΓncipes- dejΓ³ escrita esta observaciΓ³n en un diario privado:
"Visenya no rΓe con facilidad, pero cuando lo hace, sus carcajadas son como truenos breves. Tiene un genio rΓ‘pido y una lengua afilada, mΓ‘s propia de un caballero que de una doncella. Sin embargo, protege a sus hermanos con una fiereza que da escalofrΓos. Vi cΓ³mo enfrentΓ³ a tres pajes que se burlaban de Lucerys, y bastaron sus ojos para hacerlos huir."
Los cantares posteriores la describen con una hermosura austera, casi salvaje. No poseΓa la delicada palidez de la hija de Alicent, ni los rizos de plata tΓpicos de los Targaryen. Su piel era tersa pero dorada por el sol, y su cabello castaΓ±o caΓa pesado y brillante, a veces atado en trenzas simples que le permitΓan moverse con soltura.
TenΓa manos fuertes, marcadas por entrenar con daga y arco, algo que aprendiΓ³ a hurtadillas con sir Harwin Strong. No gustaba de joyas ostentosas; solΓa llevar un sencillo brazalete de plata con la figura de un dragΓ³n marino, regalo de su abuelo Corlys.
Se ganΓ³ el apodo de "La Tempestad de Driftmark", no solo por su carΓ‘cter, sino por la manera en que, incluso de niΓ±a, podΓa desarmar con palabras a seΓ±ores tres veces mayores.
Mucho se ha discutido sobre si Visenya tuvo o no un dragΓ³n propio. Algunas fuentes aseguran que nunca reclamΓ³ huevo ni crΓa alguna, considerΓ‘ndolo un gesto de discreta rebeldΓa contra un destino que otros querΓan dictarle. Otros, en cambio, hablan de un dragΓ³n pequeΓ±o, gris plateado, llamado Naelion, que habrΓa muerto prematuramente, dejΓ‘ndola sin montura.
Sea cual fuere la verdad, lo cierto es que Visenya parecΓa llevar el fuego en su interior, sin necesitar bestia alguna para intimidar.
Era ella quien advertΓa a su madre sobre la servidumbre de lengua demasiado suelta o quien preguntaba, sin tapujos, por quΓ© Alicent siempre los recibΓa con sonrisas tan tensas.
Cuando cumpliΓ³ trece, un septΓ³n afirmΓ³ que "ya poseΓa la mirada de quien conoce mΓ‘s pecados de los que ha cometido". Y quizΓ‘ era cierto.
Pero yendo al futuro de la joven princesa, algunos testimonios se atreven a decir que el odio mutuo entre Visenya y el joven Aegon II Targaryen no fue siempre tan claro.
Durante los festines en la Fortaleza Roja, siendo ambos adolescentes, se lanzaban pullas que al oΓdo incauto podΓan parecer solo travesuras juveniles. Pero bastaba ver cΓ³mo brillaban sus ojos -los de Γ©l claros como el acero pΓ‘lido, los de ella oscuros y cΓ‘lidos como tierra hΓΊmeda- para advertir una tensiΓ³n distinta.
"Parece que los Siete jugaron con sus corazones, dΓ‘ndoles razones de sobra para detestarse... y quizΓ‘s otras tantas para buscarse en la penumbra," escribiΓ³ el maestre Theomund, aunque ese fragmento fue tachado en la copia que sobreviviΓ³ en la Ciudadela.
El resto son sombras. Algunos afirman que tras la muerte de Lucerys, Visenya enloqueciΓ³ de pena y jurΓ³ venganza sin reparos. Otros dicen que intentΓ³ pactar con Aegon, en secreto, por el bien de Joffrey y de los pequeΓ±os Aegon y Viserys.
Lo ΓΊnico cierto es que su nombre desapareciΓ³ de documentos oficiales, sus retratos fueron arrancados de los muros, y ni siquiera los bardos se atrevieron a susurrar baladas donde figurara su figura recia, su voz firme, su sombra larga.
A veces pienso -pues incluso los maestres somos dados a soΓ±ar- que Visenya Velaryon fue la ΓΊltima llama de un linaje que se extinguiΓ³ no solo por guerras, sino por silencios impuestos. Un fuego que el propio Aegon II, en su miedo, decidiΓ³ sofocar para siempre.
"QuizΓ‘ en cien aΓ±os mΓ‘s alguien desentierre pergaminos que hablen de ella sin temor.
Hasta entonces, he cumplido con consignar lo que pude encontrar, por frΓ‘gil y fragmentario que sea, pues la historia merece recordar incluso aquello que los reyes desean enterrar, pero sobretodo, los enamorados."
βMaestre Altherion
130 D.C., en algΓΊn lugar de la Fortaleza Roja
La mano de Aegon temblaba contra su cuello, no por miedo, sino por la rabia de no poder controlarla. Visenya sonreΓa, los labios manchados de sangre, retΓ‘ndolo a que la estrangulara si tan valiente era. Entre ambos, el aire se sentΓa tan cargado de odio y deseo que habrΓa podido incendiarse con solo una palabra equivocada.
Dicen que cuando dos dragones se miran demasiado tiempo a los ojos, terminan devorΓ‘ndose el uno al otro. Aegon y Visenya eran demasiado orgullosos, demasiado jΓ³venes, demasiado parecidos. Y el fuego que empezΓ³ como un juego pronto consumirΓa algo mΓ‘s que su carne.
No fue el trono o las riΓ±as entre sus familias lo que los destruyΓ³. Fueron ellos mismos.
βΒΏPor quΓ© sigues buscΓ‘ndome si tanto me desprecias?βqSusurrΓ³ Visenya, con una sonrisa indolente mientras su pulgar limpiaba la gota de sangre que brotaba de su propio labio.
βPorque no he encontrado otra forma de callarte, ni de sacarte de mi maldita cabeza.βEspetΓ³ Aegon, tan cerca de su rostro que compartΓan el mismo aliento.
βΒΏY si algΓΊn dΓa decides hacerlo? ΒΏCallarme para siempre?
βEntonces tendrΓ© que matarte, o follarte hasta que dejes de hablar.
Visenya arqueΓ³ una ceja, divertida, aunque sus ojos ardΓan con la misma fiereza que los suyos.
βLo gracioso, Aegon, es que creo que ninguno de los dos sabrΓa detenerse. Ni siquiera si lo intentara.









hola, no sΓ© si esta sea tu historia, pero la estuve buscando ya que me gustΓ³ mucho y ahora me sale que no estΓ‘ disponible, creo que se llamaba TEARS OF LIGHTΒ© || Gwayne Hightower. ΒΏera tu historia?