Chapter 1
Hace más de 70 años, un club fue abandonado sin explicación. Desde entonces, algo más lo habita.
Muchos dicen que se infesto de las plagas más asquerosas del mundo, ratas, cucarachas, etc. Pero en realidad allí habitaban los mutans, para nada desagradables como las anteriores nombrada, sin embargo tratados como si lo fueran.
Un grupo de mutans tomó posesión de aquel lugar un mes después de que fue abandonado. Empezó con un grupo pequeño, pero con el tiempo fueron llegando más, que con el tiempo crecieron y se quedaron allí.
Estas criaturas observaban diariamente desde el techo del club para ver si veían algún humano pasar, pero eso no solía ocurrir, ya que toda una zona estaba igual de abandonada que el club. Parecería que todos los humanos se alejaron de allí, posiblemente por miedo a los mutans.
¿Pero por qué?
Los mutans eran vistos como criaturas salvajes, impulsivas y peligrosas. Para muchos, no eran más que bestias guiadas por instintos. Pero la verdad era distinta. Aunque compartían rasgos físicos con los humanos —altura, extremidades, estructura general—, había detalles imposibles de ignorar: uñas más afiladas, colmillos visibles y una forma de moverse y socializar que a veces recordaba a los animales. Algunos eran más salvajes, otros sorprendentemente tranquilos.
CLAB
Esas eran las siglas que significan Club Abandonado, es el nombre del clan de mutans que habitan allí.El club era espacioso, sin embargo no estaba muy bien mantenido, pero si bastante limpio.Tenía pequeñas canchas de Tennis, Basket y piletas de natación que se encontraban vacías y rotas... Y como todo clan, el club abandonado tenia un líder. Venda era su nombre. Se trataba de un joven mutan, con el cabello gris característico de los mutans y un vendaje cubriendo su cuello, frente y brazos.
El líder de este clan de Mutans se llamaba Venda, el mutan más alto allí, con apariencia de un muchacho de 16 años cubierto por varias vendas alrededor de su cuerpo, principalmente sus brazos. Él administraba el clan junto a su compañero, Glas.
Venda buscó entre todos esos cabellos de distintos tonos de grises a una persona, pero no parecía encontrarla, asi que posó sus ojos dorados en un joven mutan que parecía distraído atando su cabello con una liga.
- ¡Bio! – Exclamó Venda antes de bajar por las escaleras y caminar rumbo al joven.
- ¡Aquí! - gritó Bio, en lo que intentaba terminar de acomodar su cabello gris claro. Estaba muy nervioso, del susto por el llamado dejó el trabajo a medio hacer.
- ¡¿Dónde está Nodo?! - exclamo el joven líder visiblemente enfadado ante la ausencia de uno de sus hijos.
- Donde siempre, Venda.. - dijo Bio tímidamente jugando con sus manos, buscando no hacer contacto visual con el líder.
- Que molesto...Aislándose allí. Dile que tiene que ir a cazar con los otros. Y no tardes, los más pequeños necesitan comer...- A pesar de que tenían una pequeña huerta que los ayudaba a tener algo de comida, nunca era suficiente, necesitaban salir y necesitaban que Nodo fuera el encargado.
- Claro, señor, enseguida le informo.
Glas se acercó a Venda y apoyó su mentón en el hombro ajeno, haciéndole un par de caricias en su mano y una mordida leve en su hombro para que dejara de estar tan estresado. La labor de un líder no tenia descanso. Ambos observaron a Bio alejarse, preparándose mentalmente para el posible problema que iba a haber con Nodo. Conocían bien a su pequeño hijo rebelde.
Fue entonces que el joven mutan de ojos celestes fue corriendo a buscar a su compañero.
Tuvo que subir una escalera de aspecto deplorable cuyo escalón del medio había sido partido a la mitad, pero con los saltos que el poseía no fue problema saltarlo por encima. Entonces llegó a una pequeña terraza, en una esquina había una especie de pequeño refugio hecho con ramas y raíces de algún árbol. Dentro del refugio había un colchón y varias mantas para soportar el frio por la noche. Era el pequeño hogar que se había hecho el mutan Nodo. El refugio no tenia puertas ni ventanas ni siquiera paredes solidas, se podía ver a través por los huecos irregulares que dejaban las raíces y ramas, también estaba lleno de zarpados hechos por las uñas del joven mutan cada vez que se enfadaba.
- Nodo...- llamó Bio la atención del joven mutan, quien fue interrumpido en lo que parecía ser un buen sueño.
- ¿Que quieres Bio...? – Preguntó el mutan a la vez que bostezaba, dejando a la vista sus colmillos, más filosos que los de cualquier mutan de ese clan. Luego posó su mirada carmesí sobre Bio esperando una respuesta pronto.
- Venda dice que vayas con los chicos a cazar...- dijo el joven sonriendo. Nodo lo miró por unos segundos antes de dar una lamida a una herida reciente, la cual comenzó a brillar en un tono carmesí y de repente parecía menos importante.
- Que fastidio.... ¿Otra vez yo? - dijo Nodo frunciendo el ceño. Si bien era sabido que el joven disfrutaba de la libertad de poder salir de aquel sitio al menos unas horas... En ese día en especial no sentía aquella atracción por el exterior. - Siempre nos toca ir a los mismos mientras que otros se quedan aquí, podríamos turnarnos un poco para variar.
- Eso no lo hables conmigo Nodo...Sabes muy bien que no todos tenemos tus habilidades.
Bio miró en otra dirección con tal de no cruzarse con la mirada escarlata del contrario. Nodo suspiró y rodó sus ojos profundamente frustrado. No podía enojarse con Bio, simplemente no podía.
- Lo voy a hablar con Venda, entonces - bufó Nodo. El joven se levantó del suelo y se posicionó apoyando sus cuatro extremidades en el suelo para luego pegar un salto, sujetarse de un barrote y bajar deslizándose de su refugio.
Sus 3 sentidos más usados, la vista, el oído y el olfato funcionaban espléndidamente y con una coordinación maravillosa que hacía que pudiera identificar en donde estaba cada uno de sus compañeros.... Era tan simple. El mutan del parche, a la derecha dándoles un pequeño zarpazo de advertencia a los dos gemelos del clan por haber tirado un pote de pintura. Un joven mutan mordiendo su labio al haber perdido el gorro que siempre usaba e intentándolo reemplazar por otra cosa. Otro rascando una herida reciente y finalmente Venda hablando con un miembro del clan, uno sin importancia, al menos para Nodo.
Una vez localizado su objetivo, corrió en cuatro patas con manos y pies desnudos, sintiendo el frio del suelo y el polvo que había allí. Saltaba por las paredes y corría a una velocidad envidiable.
Nodo aterrizó frente a Venda con un movimiento ágil, dejando tras de sí un leve rastro de polvo. El líder del clan se giró de inmediato, como si ya hubiera anticipado su llegada. Sus ojos dorados se cruzaron con los carmesí de Nodo. El silencio entre ambos pesaba.
—A ver —dijo Nodo, cruzándose de brazos—. Quiero una buena explicación de por qué tengo que ir a cazar yo. Y que no sea la misma de siempre.
Venda soltó un suspiro pesado. Dos mutans se acercaron y se posicionaron a su lado, en silencio, como si presintieran lo que se venía.
—Es la misma de siempre, Nodo —respondió con firmeza, aunque evitó levantar la voz—. Sabés muy bien que sos uno de los pocos con un MOA útil para estas salidas.
Nodo chasqueó la lengua.
—Mi MOA no sirve para cazar. Si pensás eso, andá vos. Y no digas “cazar” como si fuéramos estúpidos humanos. Lo que hacemos es robar, Venda.
Le dio un pequeño empujón al líder, más como un desafío que como una agresión real. Los mutans que lo escoltaban se tensaron, pero Venda levantó una mano para calmarlos.
—Robar, cazar… da igual. También lo hacen los humanos. No estamos tan lejos de ellos como te gusta creer.
Nodo frunció el ceño. Había algo en su mirada, algo que ardía más allá del simple enojo.
—Siempre me mandás a mí —gruñó—. Porque sabés que vuelvo. Porque soy útil. ¿Eso soy para vos? ¿Una herramienta?
Venda apartó la vista por un segundo. La tensión en su mandíbula lo delató. Lo que dijo a continuación le costó:
—No tengo otra opción.
—Sí la tienes. Pero prefieres hacerte el líder fuerte mientras otros hacen el trabajo sucio.
Las palabras calaron hondo. Demasiado. Venda cerró el puño, temblando. Dio un paso adelante y, sin pensarlo, hundió sus uñas en el cuello de Nodo.
El silencio fue inmediato.
Una línea de sangre comenzó a deslizarse por el cuello del joven mutan, tiñendo el cuello de su camiseta. Nodo se quedó quieto, más por sorpresa que por miedo. Lo miró. Esa mirada... no era solo rabia. Era traición
—¡Nodo! —gritó Bio, corriendo hacia ellos—. ¡¿Qué demonios te pasa, Venda?!
Se arrodilló a su lado, pero Nodo lo apartó con un manotazo. Sin decir una palabra, llevó una mano a su herida, observando la sangre en su palma. Luego, levantó la vista y se la clavó a Venda, con odio frío.
No gritó. No respondió. Simplemente se alejó.
Venda no dijo nada. Su respiración era agitada, su expresión, una mezcla de culpa y orgullo roto. No había querido lastimarlo... pero lo había hecho.
Y lo peor de todo es que sabía por qué.
Los otros mutans, en cambio, no se sorprendieron. Algunos incluso asintieron en silencio, como si la escena fuera necesaria. Para ellos, Nodo era un problema: rebelde, difícil, impulsivo. Una cicatriz más en su cuerpo no parecía importarles.
Y sin embargo, algo en el aire había cambiado. Algo había cambiado entre ellos.
Con tal de irse de alli Nodo aceptó ir a cazar con otros dos mutans aptos para esa tarea. Los dos favoritos junto con él para encargarse de esas tareas tan arriesgadas.
Uno de esos mutans se burló del estado de Nodo, y este le miró de mala manera, pero no empezaria otra pelea, o podría terminar peor que la anterior. Simplemente se limitó a escapar por la ventana rota del club abandonado con tal de alejarse de alli. A lo desconocido, donde habitaba la raza más peligrosa del mundo, los humanos.