Capítulo 1: El Umbral de la Pureza
Sinopsis
Hina Kobayashi, una joven de 17 años, ingresa voluntariamente a un monasterio, buscando refugio en la fe y el silencio. De alma pura y mirada inocente, está convencida de que ese lugar sagrado será su nueva casa. A su lado llega Reiko Kurokawa, su mejor amiga, obligada por sus padres a dejar atrás una vida marcada por excesos, fiestas… y un embarazo del que ni siquiera sabe el origen.
Pero detrás de los muros del monasterio, la paz es solo apariencia. Se murmura en secreto que el Padre Rindou Haitani no es quien aparenta ser, y que muchas novicias han sido marcadas por su oscura influencia. Mientras tanto, su hermano menor, Ran Haitani —miembro de una pandilla, seductor y caótico— reaparece en el camino de Reiko, sin saber que su destino está irremediablemente entrelazado con el de ambas chicas.
Entre votos de castidad, deseos reprimidos y pecados escondidos, cada paso dentro del monasterio desata una tormenta. Porque incluso en el lugar más sagrado… el deseo encuentra la forma de abrirse paso.
Narrador
El sol apenas asomaba tras las montañas cuando Hina Kobayashi cruzó las antiguas puertas del monasterio. El aire fresco olía a incienso y madera vieja, y un silencio solemne envolvía el lugar. Con cada paso, su corazón latía con una mezcla de esperanza y miedo.
Vestida con un sencillo vestido blanco, cabello corto con tonos azul y morado que aún relucían bajo la primera luz del día, Hina sentía que por fin estaba dando un giro definitivo a su vida. Quería creer que aquí encontraría paz, un refugio lejos del ruido del mundo exterior.
—¿Estás segura de esto? —le había preguntado Reiko la noche anterior, con una expresión difícil de descifrar—. Entrar en un monasterio no es como una fiesta ni un refugio fácil.
Reiko, su amiga desde la infancia, llevaba una carga distinta. Sus padres la habían obligado a ingresar, cansados de sus constantes escapadas y noches de excesos. A Hina le dolía esa realidad, pero respetaba la decisión de ambas.
Al avanzar por los pasillos adornados con vitrales que filtraban una luz multicolor, Hina escuchó el eco de sus pasos y el susurro lejano de una misa matutina. Su mirada se posó en una figura que la observaba desde el fondo de la capilla: un hombre de mediana edad, de rostro serio, con una sotana impecable. Era el Padre Rindou Haitani.
Su mirada la atravesó, intensa y enigmática, y por un instante, Hina sintió un escalofrío recorrer su espalda. A pesar de su inocencia, algo en ese hombre despertaba una mezcla de curiosidad y precaución.
Aquel monasterio, que parecía un santuario, comenzaba a revelar sus sombras.