Entre Balcones y Secretos

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Summary

Una chica acaba de conocer a su nuevo vecino lo que no sabía era que se enamorarian pero ese amor sería prohibido...

Genre
Romance
Author
Liss
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Miradas que no Mienten

El verano había llegado temprano ese año. El calor caía pesado sobre las calles empedradas, haciendo que el aire se sintiera denso y los días eternos. Para Estefania, de diecisiete años, ese verano prometía ser igual de monótono que los anteriores. Hasta que llegó él.

Desde el balcón de su habitación, al segundo piso de la vieja casona colonial donde vivía con sus abuelos, Estefania tenía una vista perfecta de la casa de al lado. Era una de esas casas cerradas desde hacía años, de ventanas cubiertas de polvo y patio invadido por maleza. Pero un lunes por la tarde, los camiones de mudanza llegaron.

Primero escuchó el bullicio, luego vio los muebles. Y después, lo vio a él.

Era alto, de cabello oscuro y desordenado, con una expresión que combinaba misterio y tristeza. Llevaba una guitarra colgada en la espalda como si fuera una extensión de su cuerpo. Se llamaba David. Dieciséis años. Hijo de la nueva pareja que alquilaba la casa. Y desde el primer cruce de miradas entre los barrotes oxidados de sus balcones, algo invisible los unió.

Pero no todo era tan simple.

—No te acerques a los nuevos vecinos —le dijo su abuela esa misma noche, mientras servía café.

—¿Por qué? —preguntó Estefania, fingiendo desinterés.

—Porque son… diferentes. La mujer de ese muchacho es hermana de tu madre. Y tú sabes bien que tu madre no se menciona en esta casa.

Estefania se quedó en silencio, el café hirviendo en sus manos.

Su madre, a quien apenas recordaba, había desaparecido de sus vidas hacía más de una década, tras una pelea familiar de la que nunca se hablaba. Pero ahora, el hijo de su tía —su primo, técnicamente— vivía a unos metros de ella. Solo que David no era hijo de sangre. Había sido adoptado por su tía tras la muerte de sus padres biológicos.

Y aún así… estaba prohibido. Todo en esa familia lo era.

Esa noche, mientras la luna se asomaba tímida por entre las ramas de los naranjos, Estefania salió al balcón con una libreta en las manos. Fingía escribir. Pero sabía que él también estaría allí, como la noche anterior, afinando su guitarra, tarareando canciones viejas.

—¿Siempre escribes tan tarde? —preguntó David desde su lado.

—¿Siempre espías a tus vecinas? —respondió ella, sin mirarlo.

Se rió, con esa risa ronca que sonaba a música antigua.

—Solo a las que tienen cara de tener secretos.

Estefania bajó la vista, sintiendo que algo, muy dentro de ella, empezaba a desbordarse.

Sabía que estaba mal. Sabía que si su abuela los descubría, terminaría en problemas. Pero también sabía que algunas historias están destinadas a escribirse… aunque sean con tinta prohibida.