1. La Brujería en Tiempos Modernos
Odio los grandes párrafos por Whatsapp, la era moderna nos trajo muchas cosas buenas como los memes de animalitos, pero sin duda las discusiones de parejas por chat no era una de ellas.
Observe a la cara de la chica refregarse las lágrimas que le caían por la cara apenas iluminada por su teléfono. Debía de tener casi mi misma edad y sin duda esa discusión no tenía un buen puerto.
—Descubrió que su novio le fue infiel con la mejor amiga.
Mire hacia abajo, hacia la nube violeta con cara de enojo que llevaba abrazada en mi regazo.
—Malik dale privacidad.
—No te hagas, vos también querías el chisme.
Suspire una parte porque era una discusión que tenía perdida de entrada, otra por aquella chica y quizás un poco en mí, las rupturas amorosas son difíciles de por sí, hay mucha gente que no tiene tacto, pero por lo que más quieras asegúrate que quien recibe el ultimátum no está maldita... o si no te aseguro que no va a terminar en un “quedamos como amigos”.
La joven se levantó y se fue hasta delante del colectivo para abrir la puerta del baño, antes de que entrara pude ver como se limpiaba unas lagrimas de la mejilla.
Sin duda cortaron.
—Aún no entiendo porque me tenía que convertir en un peluche—expresó una voz frustrada en mi cabeza.
Suspire.
—Perdón Malik, no había presupuesto para pagar un asiento extra.
—Humanos…
No había forma de sacarle la irritación al demonio cuando se despertaba cruzado, solo quedaba rogar para que no tardará mucho en pasarse el mal humor.
Las luces de la ciudad empezaban a encandilar algo así como un ritual de bienvenida a los muy bienaventurados; en nuestro caso, habíamos aprovechado el feriado por Pascua para ir a visitar a mi abuela y a mi primo al norte, y de paso comer nuestro peso en pastas y roscas de Pascua; mire por el rabillo de mi ojo al humano que estaba a mi lado con sus auriculares mientras babeaba con la cabeza pegada al vidrio.
Ya era momento de volver a la rutina. Le hinque con el codo para despertarlo.
—Anís —me habló en medio de un bostezo enorme— ¿Ya estamos en Buenos Aires?
—Si ¿Qué tal la siesta de siete horas?
Se desperezó como si fuera un gato y haciendo una mueca de dolor, sonreí.
Estoy segura que nadie pensaría que su decisión de outfit era adrede, el cabello enmarañado en conjunto a su remera de Pulp Fiction desteñida y un jogging de Patricio Estrella. La pesadilla de cualquier señora mayor coqueta, como era mi abuela.
—Me duele la espalda —declaró—. ¿Tenemos que pedir un Uber?
—Nah, David nos busca al llegar a la terminal.
—¿Aún lo podemos adoptar?
—¿Solo porque sabe manejar?
—Un hombre tiene sus prioridades —se encogió de hombros.
—Como sea…
Woody [20:35]Galaxia, ya estoy acá.
Andy [20:42]Graciasss, ya estamos entrando a la ciudad.
✓✓
—¿Nuestro príncipe azul nos espera? —le pegué un codazo.
—Hey, es mi mejor amigo.
—Aún me acuerdo de cuando se vistió de Príncipe Azul.
—Lejos de mi amigo.
Tristán me miraba con una ceja levantada a lo que yo solo negué.
—Mal y sus novelas.
Mi hermano asintió a mi explicación y sacó su celular de su bolsillo.
—Foto para el grupo familiar.
Nos tomamos una selfie, Tristán con cara de recién levantado con su melena de león que le gritaba que se hiciera un cambio. Yo con mi cara agotada y ojerosa, los dos eramos muy parecidos, mismos colores mieles, casi mismo cabello castaño y las mismas mechas verdes que delataban a algunos nuestra herencia mágica.
—Necesito retocar el color, ya se está notando.
Revise las respuestas de la familia, en su mayoría alegrándose de que ya estuviéramos por finalizar el viaje; aún nuestros papás no habían visto el chat, una de las desventajas de que tus papás se creyeran hippies en pleno siglo veintiuno, no esperes que estén pegados a sus celulares... o que sepan donde los dejaron.
—¿Con qué necesidad? —tomó un trago largo de su sprite—. Los normales no pueden ver las marcas.
—Eso no significa que me quiera ver bien para mí.
—Perdona no sabía que estaba sentado al lado de una Miss —rodo los ojos.
Le di un almohadonazo con la almohada endemoniada.
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— Disculpen —me posaron una mano en el brazo— vengo a retirar un paquete de parte de Villalba.
—¡Woody!
Salté a abrazar a mi mejor amigo colgándose de su cuello, sentía su risa profunda y su olor a orégano mezclado con su perfume. Trabaja en la pizzería de su familia, por lo que generalmente era difícil que no oliera a los ingredientes de la pizza.
—Hola Galaxia —me saludaré cuando me baje de él, con su sonrisa de costado, marcando su hoyuelo— Hey Tristán.
Me puse a su lado, agarrándome de su brazo
— ¿Qué onda? —nos miraba mi hermano divertido—. Nos fuimos un fin de semana y ya actúan como si no se vieran hace un año, exagerados.
—El poder de la amistad.
Reconocí a la chica llorosa del colectivo yendo hacia donde esperaban las valijas.
—Ahí busco nuestras cosas.
Me aleje rápido de los dos chicos que no preguntaron mucho al ver como acelere el paso hacia el tumulto de gente que esperaba a que el encargado abriera el baúl, la joven pelirroja, estaba cabizbaja y podía estar segura que sus ojos combinaban con su cabellera.
Bien, el nudo en mi estomago ya estaba anticipando la descarga de adrenalina.
Abrí mis palmas con mis dedos mirando hacia el techo y mi cabeza viajo por medio de las letras que sabía de memoria, y tome entre mis dedos el frio collar de oro.
Lo que fue invisible, que sea presente,
saca las pistas que nunca escuche.
Su nombre era Sofía, 23 años, unos meses más grande que yo, oriunda del norte pero vivía en la capital mientras estudiaba.
—¿Sofi?—pregunte escondiendo un poco de cabello rubio detrás de mi oreja.
—¿Te conozco?
La pelirroja me miraba desconfiada y no la culpaba, la verdad, hay cada loco girando la esquina.
—En realidad no, pero unos chicos me dieron esto para vos.
Aún desconfiada tomó la tarjeta que le ofrecí y leyó la información que ahí se detalla, abriendo los ojos asombrada.
EMMA
Tu destino sabrá encontrarte
Para contactarnos, ve a la sección de Romántica de la biblioteca XXXX y deja esta tarjeta dentro del libro del mismo nombre, ese que tiene los cantos de las páginas rosadas.
—¿Quién...?
La pregunta se quedó flotando en el aire.
Yo ya no estaba.
Me mezclé entre los viajeros que se empujaban para recuperar sus valijas, cabizbaja solté el hechizo de camuflaje justo cuando los motores de micro rugieron para reanudar su marcha. El murmullo de las despedidas y el silbido ansioso de los colectiveros apurados, me sirvieron de cortina perfecta.
Nunca me giré para confirmar, pero sabía que esa tal Sofía debía de estar girando sobre sí misma, buscando algo o alguien que ya no existía.
La única evidencia era la tarjeta de presentación de EMMA.
Y yo, ya de vuelta al lado de Tristán quien llevaba a la almohada de Malik, mi hermano respiro hondo mientras se colgaba su equipaje al hombro.
—¿Todo bien? —preguntó con una ceja alzada.
—Sí. La ciudad volvió a necesitarme.
Escuché el bufido de Malik en mi cabeza como un golpe seco.
—Okey—Tristan no estaba muy conforme con mi respuesta pero no insistió y se giró serio a mirar hacia mi amigo—¿Viniste en la camioneta de Jaque?
—Si y traje pizzas —me arrebató el equipaje y caminó rápido hacia la salida—. Vámonos antes que siga jugando a ser Hannah Montana.
Mi hermano me miró y con los labios módulo mi príncipe haciendo un gesto soñador con las manos, yo solo rodeé los ojos, y los seguí a ambos sonriendo.
—Eros me dijo que mañana estaría la actualización —le informé a David una vez que subió a la camioneta.
—¿No duerme? Hace una semana le dimos el ok —puso en contacto la llave del vehículo—. Abrí el GPS que siempre me pierdo en esta zona.
—Eros era el novio de tu prima, ¿no? —miré a mi hermano por el retrovisor y asentí—. ¿Qué le están por hacer a la agencia?
EMMA era el proyecto de David y mío desde hace ya casi tres años, fuimos los creadores de muchos comienzos felices para muchas parejas y un oído para aquellos que se sienten perdidos.
Aunque era más que una fachada, para ayudarme a mí a ganar tiempo.
—Encontramos algunos problemas con algunas solicitudes, muchos queriendo subscribirse más de una vez, simultáneamente—empezó a contar mi amigo.
—David dobla hacia la izquierda.
Saqué la gomita que tenía en mi muñeca y me hice un rodete mientras me fijaba en el espejo que quedara más o menos descente.
—Por eso, dimos con esta nueva idea , una opción para acabar relaciones donde hay infieles.
—Una pandemia tan vieja como el tiempo—añadió Tris abriendo las manos de par en par.
—No ensucies los asientos—le advertí.
—No te preocupes —me sonrió mientras hacía unos cambios con la palanca—. Fíjate Tris, estoy seguro que te dejé un rollo de papel por ahí
La noche estaba encendida por las luces de los autos y los carteles. Aunque evitamos las avenidas principales, la ciudad parecía desperezarse igual.
El semáforo en rojo nos obligó a frenar.
Apoyé la frente contra la ventana y miré hacia la plaza. Estaba llena de chicos corriendo, riendo, persiguiéndose entre los juegos.
Pero no fue eso lo que me robó el aliento.
Había un grupo de niños jugando alrededor de lo que parecía ser la estatua de una mujer.
La escultura de hierro representaba a una mujer con velo: una novia eterna, congelada en plena huida.
Aparte la mirada de la imagen sintiendo el escozor en la garganta.
Baje la mirada hacia la mano de David que me tendía su celular, al mirarnos sonrió de costado, marcando su hoyuelo.
—¿Mi dj está inspirada hoy?
—¿Nuevo grupo? —pregunte desbloqueando su celular.
—Lo nuevo es el soundtrack de un kdrama, después te paso el nombre. Está genial, me lo termine en un día.
Asentí y le di play a la primera canción de su lista, su inicio era alegre, pero ya no me confío de las canciones de las cuales no puedo entender la letra. A David le fascinan las canciones en coreano, más de una vez me obligó a aprenderme alguna coreografía de su canción favorita del momento.
—Everry time ay see lluu —tarareaba alegre.
—Ustedes de verdad quieren dejarme sordo— se quejó mi hermano.
—Que aprenda a cantar tu amigo primero.
Ignore a Malik y empecé a tararear la melodía junto a David.